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viernes, 20 de mayo de 2016

Violencia y Perdón






 


                  La alegría y la tristeza


      Los instintos y las emociones primarias están íntimamente relacionados. En el anterior artículo abordamos las cuatro primeras emociones: miedo, sorpresa, ira y aversión; relacionándolas con los instintos de supervivencia y conservación. 
     Nos queda pendiente por tanto profundizar en las emociones de alegría y tristeza desde el punto de vista de su relación con los instintos.

La alegría
      Una vez que el ser humano tiene garantizada su sustento y seguridad material en el presente, aplacado por tanto el instinto de supervivencia, es el instinto de conservación el que toma su relevo, dirigiendo nuestros esfuerzos para garantizar los recursos básicos en el futuro. Asegurada la necesidad material, para uno mismo y su entorno familiar, en el tiempo, el instinto de progreso aparece impulsando a los individuos hacia la evolución, rescatándonos del peligro del inmovilismo (que nos lleva a la ociosidad y a la pereza, como cuna de innumerables vicios).
     Por tanto, sólo atenderemos a nuestro instinto de progreso una vez satisfechos los requerimientos del instinto de conservación y sucesivamente sólo atenderemos dichos requerimientos si tenemos satisfechos igualmente los del instinto de supervivencia.
    Paralelamente, para poder acceder a las emociones de alegría o tristeza, relacionadas como veremos con el instinto de progreso, tendremos previamente que haber calmado o superado las emociones de miedo, sorpresa, ira o aversión. No podemos estar alegres o tristes y sentir miedo.       El miedo ahoga emociones de menor intensidad y las cuatro primeras emociones, relacionadas con los instintos de supervivencia y conservación, son por tanto las emociones que mayor intensidad pueden llegar a movilizar.
    Alegría es el estado de ánimo que obtenemos cuando conseguimos, confiamos o tenemos fe en alcanzar un progreso, un objetivo deseado, un bien o un placer. Es la sensación que sentimos cuando progresamos hacia dicho bien. Por tanto es parte de la recompensa por adelantado y a su vez, el acicate para seguir esforzándonos por dicho progreso. Sin la alegría el camino de la evolución perdería su energía. Nos podríamos quedar entonces estancados a mitad de camino sin fuerzas para seguir.
       Es lo que ocurre cuando carecemos de Fe o confianza. La Fe y confianza es garantía de alegría. Si no tenemos alegría tenemos que revisar nuestra Fe y confianza. "La Felicidad no es de este mundo" (Evangelio según el Espiritismo, capítulo 5, ítem 20) pero por ello tenemos la alegría. La Fe nos da la visión pre-clara de lo venidero, la alegría surge ante dicha visión. Si no tenemos Fe aparece la duda. La duda, en contra de la Fe, nos roba energías mentales necesarias para nuestro avance debilitándonos. La duda es buena en ciertos momentos de crecimiento porque nos impulsa a la búsqueda de conocimiento. Nos protege de la Fe Ciega que nos estanca moralmente y nos acerca a un nuevo despertar cuando adquirimos la capacidad de despertar la conciencia.
La Fe Ciega, que no terminamos de creer internamente, no puede dar una alegría duradera, porque no puede engañar a la sabiduría acumulada en nuestro espíritu, a través de todas sus existencias. Por eso siempre la Fe ciega da paso a la duda, porque nace, en ese caso, del fondo de nuestro espíritu.  La Fe ciega cumple su papel en conciencias dormidas, aferrándolas a estrictas leyes que impiden su extravío moral, pero deja de ser necesaria cuando la conciencia adquiere la madurez del despertar. La duda es la puerta del conocimiento, la llave es la Fe Razonada alcanzada mediante el estudio y la práctica del Evangelio de Jesús.
       La alegría es un adelanto de la felicidad venidera. La alegría está en el camino, en la meta la felicidad. La meta es la vida espiritual, cuando retornemos al mundo mayor después de dejar el cuerpo físico. Mientras tanto, la alegría es lo más parecido que tenemos a la felicidad. ¿Quién podría distinguir un estado de alegría de un estado de felicidad? ¿Conocemos acaso la felicidad? La felicidad, una vez alcanzada, no podría perderse, porque su añoranza nos hundiría en la más dura nostalgia. Si eso no ocurre es porque no conocemos la felicidad, conocemos apenas la alegría, no que no es poco. La sabiduría de la creación posibilita que una vez alcanzada la felicidad no tengamos que desprendernos de ella, salvo sublimes sacrificios, como el realizado por Jesús al encarnar en nuestro mundo.
       Hasta aquí hemos hablado de la alegría de origen espiritual relacionándola con el progreso espiritual. Pero como fiel reflejo del progreso espiritual, tenemos la necesidad de progresar materialmente, gracias al instinto de progreso, causa de la alegría material que nos inunda ante la certeza de nuevos avances, desarrollos y placeres.
       Cuando la alegría es por un objetivo material, nos encontramos que en la mayoría de las ocasiones, la satisfacción producida por dicha alegría, conforme nos acercamos al objetivo, supera con mucho a la propia satisfacción material a alcanzar, encontrándonos que una vez en su posesión, el encanto desaparece o no cumple las expectativas creadas, normalmente debido a recurrentes autosugestiones ilusorias.

La tristeza
      La tristeza corresponde al estado de ánimo producido ante una expectativa de pérdida, dolor inminente o alejamiento de las metas y objetivos deseados. 
     Nos lleva a la introspección y al arrepentimiento, en su caso, como único remedio para asumir la pérdida o culpa con el mínimo desgaste psicológico, pese al sufrimiento implícito de dicho estado, capacitándonos para la necesaria superación del problema. Sin superación no hay avance y sin avance podemos caer en las dos principales salidas erróneas ante esta situación, la melancolía o la depresión. Melancolía como estado destructivo carente de esperanza que desplaza a la tristeza y la depresión como exageración desmesurada de la tristeza.
      La tristeza pues, nos prepara para la llegada del dolor y este siempre es necesario en cualquier situación de estancamiento evolutivo. Todo evoluciona en el Universo, pero cuando por nuestros propios errores, nos estancamos en el camino evolutivo, el dolor aparece rompiendo las barreras que bloquean nuestro avance. Por ello podemos decir que todo dolor encierra en sí mismo un bien mayor, que no podemos percibir pero por el que, en muchas ocasiones una vez pasado, damos gracias a Dios.
      La tristeza por tanto, debe ser utilizada como remedio justamente para cuando nos alejamos de las metas marcadas por nuestra conciencia, y por tanto nuestro espíritu. La tristeza nos lleva a la introspección como verdadera oportunidad para entrar en contacto íntimo con nuestro ser y reformular nuestros actuales valores, adquiriendo el ánimo y la voluntad necesarias para nuestra futura transformación.
     Dejemos el inmovilismo o estancamiento, el primer paso es siempre el que más cuesta. Tengamos voluntad para crear el hábito salvador que nos permita perseverar y enseguida la alegría aparecerá con las primeras metas conseguidas. La Alegría es un alimento de la Fe, la Fe de la Esperanza y la Caridad («La esperanza y caridad son consecuencias de la Fe» El Evangelio según el Espiritismo Cap. XIX, ítem 11.). ...Y “Sin Caridad no hay Salvación” (Allan Kardec), sin alegría pues, se nos hace el camino hacia la salvación demasiado largo y empinado.

Conclusiones
     Nuestro ejercicio diario será, por tanto, alcanzar la alegría constante, consecuencia de encontrarnos siempre en camino a nuevas realizaciones espirituales, reafirmando nuestra Fe con nuestros actos, siendo conscientes de la certeza de un bien mayor acercándose. Estamos destinados a la felicidad, no nos demoremos por el camino porque “mi yugo es suave y mi fardo ligero” (Mateo 9:30)
     Una vez abrazado el Evangelio, la Ley es suave porque está basada en el Amor. El fardo es leve porque la verdadera carga fastidiosa y causante de infelicidad, la habremos dejado con nuestras pasiones y deseos materiales.
     El Evangelio y la práctica de la Caridad es por tanto la mayor psicoterapia que podemos tomar, fuente de salud, paz, felicidad y alegría en el caminar.
     Para el camino debemos fomentar la alegría, la cual nos embarga al alcanzar la autoconsciencia, mediante la oración y la meditación, haciéndonos conscientes de la realidad espiritual que nos rodea, del auto-conocimiento como fuente de nuevas metas a alcanzar. 
     La verdadera alegría, conlleva el despertar espiritual, el autoconocimiento (pregunta 919 de El Libro de Los Espíritus) nos marcará las etapas a alcanzar, la meta la felicidad verdadera.

     Creamos constantemente expectativas de pérdida que nos entristecen y expectativas de ganancia que nos alegran. Esto es determinante para nuestro estado de ánimo. Eliminemos las expectativas de pérdida comprendiendo que realmente no poseemos nada, sólo somos usufructuarios de los bienes que nos son dados por Dios. Sin apego no hay dolor a la pérdida ni egoísmo, sin pérdida sólo puede haber ganancia, con ganancia Alegría, con Alegría, Confianza, con Confianza, Fe, con Fe, Caridad y con Caridad la “Salvación”.

      Evaluemos día a día nuestro “termómetro” de Alegría. Somos los verdaderos responsables de ello. Buscar la Alegría significa reafirmarnos en nuestros valores, empujar un poco más fuerte, sentir la Fe más dentro, estudiar un poco más, elevar nuestro pensamiento, evitar dejarnos llevar por inercias o inmovilismos. Tenemos todo lo que necesitamos para acceder hoy mismo a toda la Alegría que atesoramos. Sólo tenemos que volver al camino, el camino de la evolución espiritual. La Providencia Divina nos da todo lo que necesitamos en cada momento, tenemos siempre lo necesario. Nuestra es la responsabilidad de hacer que además sea lo suficiente.
       Pongamos todas las mañanas una sonrisa en la cara aunque nos cueste. El cerebro no sabrá que esa alegría es forzada, relajará montones de músculos y nos sentiremos mejor. Cambiemos la perspectiva por una visión espiritual de nuestra realidad, tendremos la segunda relajación, la emocional. Sintamos en cada momento la Alegría de vivir, trabajando la Caridad, sintiéndonos útiles en el día a día, señal de que estamos en el camino, nuestro camino.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre la Tierra y el Cielo"

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Violencia y perdón 

Cartas a sus familiares del Espíritu José Eduardo Jorge, psicografíadas por Francisco Cándido Xavier, con notas e identificaciones que Comprueban el contenido de las dos comunicaciones. Mientras la Familia Jorge, de Riberão Preto, SP, Brasil, ultimaba los preparativos para la fiesta de la partida de fin del año 1979 y la entrada de 1980, nadie podría esperar que en aquella noche de tanta alegría, el joven José Eduardo partiera para el Más Allá, víctima de la agresión de un grupo de asaltantes. 

Año Nuevo, vida nueva… 



Sí, tres meses después del desdichado acontecimiento, él regresó a través de la psicografía de Chico Xavier, consolando y esclareciendo a su familia, mostrándose recuperado de la inesperada desencarnación y tranquilo en su nueva vida, la Vida Espiritual. A lo largo de sus mensajes, se intuye fácilmente que la tranquilidad manifestada es el reflejo perfecto del entendimiento y aceptación de las Leyes Divinas, cuando él afirma: “Si pasé por la prueba que me retiró del cuerpo, eso fue una señal de que la Providencia Divina me concedió la oportunidad de sanear mis cuentas pagando mis débitos”; y consecuentemente también de la elevada comprensión ante la agresividad de sus verdugos, perdonándolos incondicionalmente, al decir: “Dios habrá de amparar a los hermanos que me impusieron la pérdida del cuerpo material, así como nos viene amparando a todos nosotros”. 

Querida Madre Lourdes, me agrego a su corazón querido con el de Papá Nagib en este instante en que les dirijo esta ligera carta. Les pido que me ayuden a olvidar lo que pasó. Somos cristianos y personas de fe en Dios. Si pasé por la prueba que me retiró del cuerpo, eso es señal de que la Providencia Divina me concedió la oportunidad de saldar mis débitos referentes al caso en el que me vi envuelto. 

Cuando dejé a mi hermano Nagib Jorge Filho esperándome, mientras acompañaba a una joven que dijo estar en dificultades para socorrer a su madre, supuestamente hospitalizada, lejos estaba de imaginar que yo no la conducía, y sí era dirigida a la prueba y que, por la influencia de hermanos infelices, perdí el cuerpo en un asalto que no deseo recordar. 

Crea Mamá, que yo estaba pensando en el Año Nuevo y en el bien que se debe hacer a los que luchan más que nosotros mismos. Esas ideas fueron para mí iguales a las plegarias que me libraron del miedo y de la angustia. No sentí ningún dolor. Apenas sé que desperté en el regazo de la abuela Rosa, que me hablaba de Jesús. Al comienzo, tuve un impulso de quejarme. Pero ella me pedía que recordase a Jesús el Cristo de Dios. ¿Qué habría hecho Él, Nuestro Señor, para ser asaltado públicamente, apedreado y llevado a la Cruz? Esos generosos recuerdos hicieron que me acordara de sus propias enseñanzas, cuando usted nos auxiliaba a pronunciar de rodillas el nombre de Dios. Entonces, en vez de amargura y resentimiento, me compadecí de los hermanos que ciertamente, eran constreñidos por la necesidad de atacar a sus semejantes, y agradecí a Dios por haber nacido en una casa en la que nuestra mesa fue abundante y en la cual el cariño de los padres queridos era transformado constantemente, en utilidades y beneficios a nuestro favor. 

Pido a Papá Nagib que piense de ese modo, a fin de que la paz se haga en todos. Tengo a los hermanos aguardando el futuro y no deseo que ellos vayan a recordar mi ausencia con ningún sello de crueldad de nuestra parte. Dios ha de amparar a los hermanos que me impusieron la pérdida del cuerpo, al igual que nos viene amparando a todos nosotros.
Roguemos Mamá al Cielo, para que no haya crimen en el mundo en nombre de las necesidades que no deberían de existir. 


Gracias a Dios, estoy tranquilo y pido a los Mensajeros de Bien que socorran a los compañeros que estaban fuera de sí mismos, cuando no consiguieron preservar mi existencia. Todo obedece a las Leyes de Dios que nos piden amor y auxilio de unos para con los otros. 

Queridos Padres, bendíganme y guarden, con mis hermanos, el corazón reconocido del hijo, que tanto les debe y que nunca les olvidará. 

José Eduardo Jorge 

Notas e identificaciones: 
1- Psicografía de Francisco Cándido Xavier, en reunión pública del GEP, Uberaba, 5/4/1980. 
2- Mamá y Papá – María de Lourdes Benetti Jorge y Nagib Jorge. 
3- Dejé a Nagib – Se refiere a su hermano Nagib Jorge Filho. 
4- Abuela Rosa – Rosa Zapparoli Benetti, abuela materna, desencarnada en la ciudad de Brodosqui, SP. Brasil, en 1934. 
5- José Eduardo Jorge – (Riberón Preto, 1957-1979), siempre fue alegre y comunicativo. Un estudiante dedicado que había aprobado la Tercera Serie de la Facultad de Ingeniería de Barretos, SP. Brasil. 

Segunda carta 

Querida Mamá, estoy uniéndola a Papá en pensamiento, para un abrazo con mi pedido de bendición. Madrecita Lourdes, lo que restó de la aventura del Año Nuevo, es nuestra conciencia tranquila para con Dios. Estamos con esas deudas canceladas. Si fui víctima de hermanos infelices, que me sitiaron con revólveres, y si la propia jovencita a quien ofrecí el aventón en el automóvil, creyendo que le ofrecía una alegría en la víspera de Año Nuevo, me liquidó el cuerpo, después de descender y reunirse al grupo de los hermanos que la esperaban, eso quiere decir que mi deuda habrá sido ante alguna hermana nuestra, en el pasado, sobre la cual no tengo aún suficiente memoria para profundizar en el tiempo. 

Estoy satisfecho. La tristeza pasaría a morar con nosotros si fuésemos aquellos compañeros acreedores de nuestras oraciones. A propósito, agradezco sus oraciones a favor de los hermanos para quien, de mi lado, pido igualmente la protección de Jesús. Estamos contentos. 

Venimos, -abuela Azora, abuela Rosa y el tío Bocha- en una caravana de paz, aprendiendo con nuestros Benefactores lo que se debe hacer para que siempre hagamos el bien, y por eso, no hay motivos para lágrimas. 

Pido que le digan a Nagib, a Eloísa Helena y a Antonio Francisco que no los olvido y que formulo votos por la felicidad y paz de todos. Madrecita Lourdes, informo a nuestra querida Ivonne que el tío Crispín vino también con nosotros y les deja muchos grandes abrazos de añoranza . Todo sigue bien, porque con la bondad de Dios, queremos únicamente el bien. 
Querida Madre Lourdes, con mi Padre y con todos en casa, les pido que reciban el corazón reconocido de su hijo, siempre más suyo ante Dios. 

José Eduardo Jorge 

Nota e identificaciones: 
6 - Psicografía de Francisco Cândido Xavier, GEP, Uberaba, 24/10/1980. 
7 - Abuela Azora – Azora Jorge, abuela paterna, fallecida hace 19 años. 
8 - Eloísa Helena y Antonio Francisco, Hermanos. 
10 - Ivonne – Ivonne Benetti Tavares, tía materna, casada con Juan Crispín Tavares, fallecido hace más de 10 años. 

(Extraído de la obra “Estamos en el Más Allá) 
Anuario Espirita 2016 
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jueves, 19 de mayo de 2016

Origen de la vida sobre Tierra


       
   
    Origen de la vida sobre Tierra.

54. ¿La Tierra fue siempre la morada de los espíritus encarnados, es decir, de los hombres?

− No. La Tierra fue primero una masa de fuego, flotando en el espacio. Después
de haberse enfriado, se volvió habitable; la vida apareció por fases. Los tres reinos de la
naturaleza: los minerales, los vegetales y los animales, se manifestaron con muy largos
períodos de distancia, en intervalos de varias centenas de siglos; luego el espíritu descendió en la carne, y el hombre apareció, resumiendo en su ser todas las vidas graduales de la creación, reuniendo en su persona, por una unión admirable, el alma, la chispa divina, con cuerpo que viene del animal.



55. ¿Podemos creer que el hombre tuvo al animal para antepasado?
Nuestro orgullo repugna a creer esto. El origen del hombre queda todavía misterioso; quizá no es bueno que este misterio sea aclarado. En todo caso, no está prohibido pensar que nuestro espíritu,antes de llegar al grado de evolución del período humano, se haya ejercitado de alguna forma en la vida en las regiones inferiores de la creación. Esto está conforme con las leyes de progresión de la naturaleza. Por otra parte, es cierto que viendo el estado rudimentario de ciertas razas salvajes, y también el retorno a la bestialidad en casa del hombre civilizado,que bien podemos creer que el animal fue el prefacio vivo del género humano.


56. ¿El hombre constituye un reino separado en la creación?
− Absolutamente, sí. Por su cuerpo, el hombre guarda un parentesco con el animal, por el enlace a su carne de un espíritu consciente, el hombre constituye un reino personal sobre la Tierra. Es el resumen
que vive de reinos que le precedieron; sólo, en la naturaleza, es capaz de conocer a Dios; de tener la noción del infinito y la intuición de la inmortalidad, prueba de su aptitud a la supervivencia.



57. ¿La especie humana comenzó sobre la Tierra con una sola pareja, como lo dicen
las religiones y la mitología?

No. Las razas humanas nacieron sobre varios puntos terrestres del globo, simultáneamente o sucesivamente; de ahí su diversidad.


58. ¿Adán no fue pues el antepasado único del género humano?
− Adán es el nombre de un hombre que sobrevivió a los cataclismos que revolvieron la juventud del mundo; tornándose la cepa de una de las razas que lo pueblan hoy. La Biblia conservó su historia y la de sus descendientes; pero Adán no es más que un fragmento de las primitivas humanidades, posiblemente un mito, es decir una alegoría que simboliza las primeras edades de la historia.


59. ¿Es seguro que hubiera varias razas de hombres? ¿Las diferencias quiénes los
separan no son simplemente debidas a influencias superficiales, tales como el clima, la herencia, etc.?

− No se puede negar que existe entre las razas humanas diferencias constitucionales profundas: las del cerebro y del ángulo facial por ejemplo, que son como las medidas de su evolución. Por otra parte, existen tipos intermedios que suponen cruces de razas; y estos cruces de razas necesariamente implican su diversidad.


60. Entonces, si todos los hombres no descienden de la primera pareja, ¿No son todos ellos hermanos? Todos los hombres son hermanos en Dios, lo que es una fraternidad superior,  además, todos ellos son allegados en el sentido que tienen la unidad de naturaleza y la comunidad de sus destinos. Todos ellos son uno por el espíritu que se encarna en cada uno de ellos y que procede de Dios.
Leon Denis.

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      EN EL TRATO CON LOS DEMÁS


Precisamente porque existen tantas opiniones y formas de pensamientos como personas hay, es que la Doctrina Espirita predica y enseña la TOLERANCIA, la HUMILDAD, el AMOR. 
El Espiritista, al igual que cualquier otro ser humano debe prevenir y medir sus opiniones y asegurarse que estas van dichas en forma tal que: diciendo la verdad que profesa, exponiendo sus creencias e ideas, esta, su verdad, su opinión, su punto de vista, no ofende la Fe de los demás. Ese debe de ser SIEMPRE la forma del Verdadero Espiritista,

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Conversaciones familiares del Más Allá

El interlocutor ya no es el mismo. Por la naturaleza de la conversación juzgamos que se trata de un músico, feliz
por conversar con un maestro. Después de diversas preguntas que creemos inútil relatar, Mozart dijo:

1. Finalizad con las preguntas de G…: hablaré contigo; te diré lo que nosotros entendemos por melodía en nuestro mundo. ¿Por qué no me has evocado antes? Yo te habría respondido.

2. ¿Qué es la melodía?

– Resp. Para ti es a menudo un recuerdo de la existencia pasada; tu Espíritu se recuerda de lo que ha vislumbrado en un mundo mejor. En el planeta donde estoy – Júpiter –, la melodía está por todas partes, en el susurro de las aguas, en el murmullo de las hojas, en el canto del viento; las flores murmuran y cantan; todo emite sonidos melodiosos. Sé bueno; alcanza ese planeta por tus virtudes; has elegido bien al cantar a Dios: la música religiosa ayuda a la elevación del alma. ¡Cómo quisiera poder inspiraros el deseo de ver ese mundo donde somos tan felices! Es pleno de caridad; ¡todo allá es bello! ¡La naturaleza es tan admirable! Todo os inspira el deseo de estar con Dios. ¡Coraje! ¡Coraje! Creed en mi comunicación espírita: soy realmente yo quien está aquí; me regocijo de poder deciros lo que sentimos. ¡Que yo pueda inspiraros bastante el amor al bien para volveros dignos de esta recompensa, que no es nada comparada con otras a las cuales anhelo!

3. ¿Es nuestra música la misma que en otros planetas?
– Resp. No; ninguna música puede daros una idea de la música que tenemos allí; ¡es divina! ¡Oh, felicidad! Busca merecer el gozo de semejantes armonías: ¡lucha, coraje! Nosotros no tenemos instrumentos; son las plantas y los pájaros que son los coristas; el pensamiento compone y los oyentes disfrutan sin audición material, sin la ayuda de la palabra y esto a una distancia inconmensurable. En los mundos superiores es todavía más sublime.

4. ¿Cuál es la duración de la vida de un Espíritu encarnado en otro planeta?

– Resp. Corta en los planetas inferiores; más larga en los mundos como el que tengo la felicidad de estar; por término medio, en Júpiter, de trescientos a quinientos años.

5. ¿Hay una gran ventaja en volver a habitar en la Tierra?

– Resp. No, a menos que sea en misión; entonces, uno adelanta.

6. ¿No seríamos más felices si permaneciéramos como Espíritu?

– Resp. ¡No, no! Quedaríamos estacionarios; pedimos reencarnar para avanzar hacia Dios.

7. ¿Es la primera vez que yo estoy en la Tierra?

– Resp. No; pero no puedo hablarte del pasado de tu Espíritu.

8. ¿Podría yo verte en sueño?

– Resp. Si Dios lo permite, te haré ver mi vivienda, en sueño, y la recordarás.

9. ¿Dónde estás aquí?

– Resp. Entre ti y tu hija; yo os veo; estoy bajo la forma que tenía cuando estaba en la Tierra.

10. ¿Podría verte?

– Resp. Sí; cree y verás. Si tuvieseis una fe mayor nos sería permitido deciros el porqué; tu propia profesión es un lazo entre nosotros.

11. ¿Cómo has entrado aquí?

– Resp. El Espíritu lo atraviesa todo.

12. ¿Estás aún muy lejos de Dios?

– Resp. ¡Oh, sí!

13. ¿Comprendes mejor que nosotros qué es la eternidad?

– Resp. Sí, sí, vosotros no la podéis comprender estando en el cuerpo.

14. ¿Qué entiendes por Universo? ¿Ha tenido un comienzo y tendrá un fin?
– Resp. Según vosotros, ¡el Universo es vuestra Tierra! ¡Insensatos! El Universo no tuvo comienzo y no tendrá fin; pensad que es la obra de Dios; el Universo es el infinito.

15. ¿Qué debo hacer para tranquilizarme?

– Resp. No te inquietes tanto con tu cuerpo; tienes el Espíritu perturbado; resiste a esta tendencia.

16. ¿Qué es esa perturbación?
– Resp. Tienes miedo a la muerte.

17. ¿Qué hacer para no tener miedo?
– Resp. Creer en Dios; sobre todo, cree que Dios no arrebata a un padre útil de su familia.

18. ¿Cómo llegar a esa tranquilidad?

– Resp. Queriendo.

19. ¿Dónde encontrar esta voluntad?
– Resp. Distrae tu pensamiento de eso por el trabajo.

20. ¿Qué debo hacer para depurar mi talento?

– Resp. Puedes evocarme; he obtenido el permiso para inspirarte.

21. ¿Será cuando trabaje?

– Resp. ¡Ciertamente! Cuando quieras trabajar, algunas veces estaré a tu lado.

22. ¿Escucharás mi obra? (Una obra musical del interrogador)

– Resp. Eres el primer músico que me evoca; vengo a ti con placer y escucho tus obras.

23. ¿Cómo se explica que no hayas sido evocado?

– Resp. He sido evocado, pero no por músicos.

24. ¿Por quién?

– Resp. Por varias señoras y aficionados de Marsella.

25. ¿Por qué el Ave … me conmueve hasta las lágrimas?

– Resp. Tu Espíritu se desprende y se une al mío y al de Pergolesi, que me ha inspirado esta obra; pero ya me he olvidado de ese fragmento musical.

26. ¿Cómo has podido olvidar la música compuesta por ti?
– Resp. ¡La que existe aquí es tan bella! ¿Cómo recordar aquello que era todo materia?

27. ¿Has visto a mi madre?

– Resp. Ella está reencarnada en la Tierra.

28. ¿En qué cuerpo?

– Resp. No puedo decirte nada al respecto.

29. ¿Y a mi padre?

– Resp. Está errante para ayudar en el bien; hará progresar a tu madre; estarán reencarnados juntos y serán felices.

30. ¿Viene a verme?

– Resp. Frecuentemente; tú le debes gestos caritativos.

31. ¿Ha sido mi madre quien ha pedido reencarnarse?

– Resp. Sí; ella tenía un gran deseo de elevarse por una nueva prueba y entrar en un mundo superior a la Tierra; ella ya ha dado un paso inmenso.

32. ¿Qué quieres decir con eso?

– Resp. Ella ha resistido a todas las tentaciones; su existencia en la Tierra ha sido sublime en comparación con su pasado, que era el de un Espíritu inferior; por eso es que ha subido varios peldaños.

33. ¿Entonces ella había elegido una prueba por encima de sus fuerzas?

– Resp. Sí, así es.

34. Cuando sueño que la veo, ¿es realmente ella a quien veo?

– Resp. Sí, sí.

35. Si hubiese evocado a Bichat en el día de la inauguración de su estatua, ¿habría él respondido? ¿Estaba allá?

– Resp. Él estaba allá, y yo también.

36. ¿Por qué tú estabas allá?

– Resp. Estaba allá como varios otros Espíritus que gozan el bien y que son felices en ver que glorificáis a aquellos que se ocupan de la Humanidad sufrida.

37. Gracias, Mozart; adiós.
– Resp. Creed, creed que estoy aquí… Soy feliz… Creed que hay mundos por encima del vuestro… Creed en Dios… Evocadme más frecuentemente y en compañía de músicos; estaré feliz en instruiros, en contribuir para vuestro adelanto y en ayudar a elevaros hacia Dios. Evocadme; adiós.

Allan Kardec
Revista Espirita 1858
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Síntomas de la obsesión espiritual y posible ayuda.-

En principio el identificar un caso de obsesión, no es muy sencillo, pues entramos en un campo en el que los psiquiatras y psicólogos, deberían intervenir solamente  cuando estén seguros de que están ante problemas mentales o psicológicos del orden de la salud, pero cuando el caso escapa a una solución por parte de la ciencia psiquiátrica y no se definen claramente los  síntomas en el campo de la salud, la intervención solo cabe a espiritistas experimentados en hacer trabajos de esta clase con el apoyo de alguna mediumnidad que facilite la comunicación y consulta con el plano espiritual, de modo que formando un equipo especializado y formado por espíritas magnetizadores y Espíritus desencarnados que controlan los trabajos para que no se vean perturbados por otros  desencarnados del mismo tenor que el obsesor y que tratan de ayudar a este en sus desviadas intenciones.
Al respecto, son diversos los  cambios en los  comportamientos que se pueden observar en  personas que comienzan a padecer  esta clase de mal espiritual, por ejemplo los hábitos y reacciones habituales de la persona se suelen modificar, llegando a asumir  posiciones y actitudes extrañas y perjudiciales, inducidas sobre aquellos que se les someten, por sus  mentes obsesoras,  cayendo en un foso de sombras  del que es muy difícil y penoso salir.
Conforme sea la constitución temperamental, que es un factor de relevante importancia, el obsesado se vuelve apático,  o  tiende a la depresión y a la melancolía, en razón del mensaje telepático deprimente que recibe,  así como  por los clichés mentales pesimistas o negativos que resuenan en su conciencia.
En el otro extremo, entre los obsesados  de una constitución nerviosa excitable, se producen casos de agresividad y violencia; en desarmonía con sus actitudes habituales  explota frecuentemente por tonterías, de lo cual  luego se arrepiente, exponiendo la constitución psíquica  a altas cargas de energías que dañan los nervios, con los correspondientes perjuicios para su organismo físico-psíquico.
A los hábitos saludables habituales, van sucediendo las reacciones intempestivas, perdiendo los criterios de concepto y de valor que dan lugar a extravíos  y extrañas formas de conducta.
 Cuando la Subyugación es insistente, puede llevar a una especie de locura que no responde a tratamientos psiquiátricos con  una medicación normal. Esta “locura”  solo se puede  tratar con grandes  posibilidades de cura, mediante el adoctrinamiento y la formación moral que se pueden ofrecer  al Espíritu obsesor, llevándole al arrepentimiento, así como también a la víctima de  la obsesión; sin embargo el solo e insistente tratamiento con medicamentos  puede terminar por dañar su cerebro y  entonces la víctima es cuando se convierte en un auténtico  lisiado mental.
      La Subyugación puede ser física o psíquica, o de ambas formas a la vez, según la forma como se manifieste.  La primera no implica la pérdida de lucidez mental e intelectual, porque actúa directamente sobre los centros motores, obligando al individuo aunque  se niegue a obedecer y a ceder ante la violencia que le imprime el obsesor. Llegado a este punto es donde pueden aparecer las enfermedades orgánicas ante el cambio de las condiciones celulares adecuadas que  facilitan las enfermedades orgánicas  por el acceso de virus y bacterias.
      Mediante  esta vigorosa y continua acción fluídica, pueden terminar por dañar los tejidos orgánicos, perturbando el metabolismo en general con los consiguientes perjuicios físicos.
 En el segundo caso el paciente se ve dominado mentalmente permaneciendo en un estado de pasividad, no siendo extraña la tortura emocional y  llegando a perder por completo la lucidez. Así pierde temporal o definitivamente el área de la consciencia, siendo incapaz de expresarse libremente, permaneciendo aturdido. Su visión, su audición y los demás sentidos confunden la realidad objetiva con el imperio de tantas vibraciones que registra desordenadamente en la esfera física y en la  espiritual.
 Estos casos se  pueden  ayudar a  través de  un  diagnóstico  espiritual  hecho   por  alguna   persona  con una facultad intuitiva  y de videncia  muy experimentada  en tratar  esta  clase  de  problemas, y que pueda llegar a establecer el origen del  conflicto  entre el  espíritu  obsesor  y  el  obsesado para  definir las causas del problema  existente entre ambos y tratar de hallarle una solución.
Una vez comprendida la dinámica reencarnatoria que nos relaciona a todos desde unas vidas a otras, se puede llegar a la solución del conflicto mediante el adoctrinamiento y esclarecimiento de ambos, desmontando así los vínculos de odio y de venganza que les unen, y que actúan como un imán entre el obsesor  y su víctima; y también, por supuesto, con mucha oración por  ellos y a ser posible,  junto a ellos.     
Hay que hacerles sentir que la única salida para sus respectivos sufrimientos generados en un pasado común, es el perdón y  el reconocimiento fraterno mutuo como hijos de un mismo Padre que son. Hay que hacerles comprender a los obsesados  que permaneciendo en la construcción del bien, difícilmente les podrán afectar las inducciones perversas o criminales procedentes de las regiones inferiores del plano astral,  sin embargo, si permanecen en posiciones de vulgaridad, placer, impiedad, vicio o desorden, reciben mayor influjo de ondas mentales equivalentes, cayendo cada vez más hondo en las ataduras de sus verdugos, como precipicios de aturdimiento y desequilibrio.
 Tales personas  acuden al descanso físico buscando revivir  y recrear en su mente  las  ambiciones desenfrenadas o  las pasiones perturbadoras, vitalizándolas  cuando no encuentran medios de realizarlas físicamente. Después durante el sueño se desdoblan reencontrándose por afinidad con otros seres - encarnados o desencarnados- con los cuales se identifican, recibiendo una mayor carga de sensaciones de  esas necesidades falsas, o dando cabida a esos estados anhelados que les turban o afligen. Cuando despiertan  encuentran  su mente atribulada  con estas emociones, así como un incómodo cansancio físico y psíquico, encontrando dificultad para fijarse en las oportunidades de realizaciones positivas que   la vida les ofrece, mientras tanto la idea obsesora fijada y viciosa, ya ha quedado establecida a través de ese  intercambio mental nocturno.  
Sin los ejercicios de reflexión más profunda y sin los hábitos saludables de edificación del bien en sí mismos; sin el constante  ejercicio de la oración como intercambio de fuerzas extra-físicas, llegan a aparecer esas actitudes sorpresa que le llegan a empujar hacia la idea engañosa del suicidio en medio de cuadros neuróticos, psicóticos o esquizofrénicos.

- Jose Luis Martín -

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“Entre las causas más comunes de la obsesión encontramos las siguientes: Malos hábitos y conductas desordenadas”.

                                           - Juan Luis Sánchez -

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PASIONES HUMANAS Y SU INFLUENCIA EN EL PROCESO EVOLUTIVO.

Toda pasión es extremista en su exteriorización. Y aquí está el aspecto negativo de la pasión, aun cuando ésta sea nacida de un ideal sano; pues, el gran mal de toda pasión, está en la intransigencia que el apasionado sostiene, por considerar (sinceramente en muchos de los casos y convencionalmente en otros) que él es el único que tiene la razón o está en la verdad.
Y esta convicción no le permite reconsideraciones acerca de su actitud, de su posición, ni escucha otras razones. La facultad analítica de su mente no funciona por falta de interés en ello y porque su estado emotivo perturba esa facultad de raciocinio y paraliza la voluntad, quedando el individuo a merced de la pasión, como la veleta al viento.
Y perturbadas esas facultades, el afectado es dominado por la turbulencia vibratoria que incide, con mayor o menor intensidad, sobre sus facultades psíquicas: sensorial y emocional; y esta última, a su vez, sobre la mente, produciendo ese estado de apasionamiento que conduce a la intransigencia, creando antagonismos y separaciones en la vida de relación y del hogar.
Y cuando las pasiones son colectivas, consecuencia generalmente del fanatismo ideológico o religioso, crea antagonismos colectivos, conduciendo a las luchas fratricidas y persecuciones sangrientas abominables.
Las pasiones nacidas del celo ideológico, cuando el individuo es víctima del fanatismo, le arrastran a estados emocionales violentos, produciendo un desequilibrio mental-emocional que le lleva a la intransigencia y hasta la violencia, de consecuencias múltiples en las relaciones humanas.
Y de estos estados pasionales, no se han salvado ni las organizaciones religiosas que, según lo demuestra la historia de la humanidad, han llegado al más alto grado de intolerancia y a los excesos y crímenes más abominables.
El gran mal de los estados pasionales, está en el desequilibrio mental producido por la excitación emocional, consecuencia de la falta de control por parte del afectado, sobre sus reacciones; debido a la falta de vigilancia. Y esta falta de vigilancia sobre sus reacciones, mantiene al afectado en un desconocimiento de su condición apasionante, no percibiendo el comienzo de la turbulencia vibratoria emocional. Y aquí entra en función la ley de atracción, esa ley cósmica que hace que cada cosa atraiga a su semejante, convirtiendo la mente del apasionado en un centro receptivo de fuerzas extrañas, ondas-pensamiento errabundas, de la misma naturaleza pasional, intensificando la pasión.
A más de esto, el afectado atrae hacia sí (por afinidad) seres del plano invisible, con las mismas pasiones, que incidirán sobre su mente, empujándole a la ejecución de actos de los cuales habrá de arrepentirse, una vez pasado el efecto perturbador de la pasión.
Para no caer en el estado perturbador de cualquier pasión, necesario es: evitar caer en el fanatismo, que lleva a la intransigencia; respetar las ideas y opiniones de los demás, ya que los demás tienen el mismo derecho que uno; vigilar constantemente los sentimientos y pensamientos (ya que ellos motivan nuestros actos), a fin de evitar la explosión emocional perturbadora.
No obstante, no debemos confundir la pasión con el entusiasmo; ya que éste, cuando está bien orientado, es una fuerza psicodinámica positiva y realizadora. Nadie podrá triunfar en cosa alguna, si carece de entusiasmo; pues, éste despierta el deseo, el cual es imprescindible para poner la voluntad en acción.
¿En qué modo influyen las pasiones en el proceso evolutivo?
En que obstruyen el mismo, retardando el avance espiritual, mientras no sean superados esos aspectos negativos.
Si dominado por una pasión —los celos (amorosos o ideológicos), por ejemplo— yo cometiere la bajeza de una mala acción, colocaría un obstáculo en mi camino de ascensión, el cual me impediría avanzar hasta tanto no fuere dicho obstáculo retirado o superado. Y de continuar en ese estado pasional, por falta de análisis de mí mismo, seguiría cometiendo errores, y por ende colocando más obstáculos, que serían otros tantos impedimentos de avance.
Dicho de otro modo. Las consecuencias creadas por esas malas acciones, recaerían sobre mí, e impedirían el avance en mi camino evolutivo, hasta tanto yo no sufriere las consecuencias dolorosas, por mí libremente creadas.
Solamente después de haber pagado por mis errores, cometidos en momentos de obcecación pasional, podría
proseguir adelante en el proceso evolutivo. Aun cuando esto se dice muy pronto, ello puede significar un período largo, de hasta siglos de expiación en los casos graves.
Por todo lo expuesto, puede apreciarse fácilmente la influencia negativa de las pasiones, cuales ellas sean, en el proceso evolutivo del Espíritu; así como también en la armonía de las relaciones sociales y del hogar, y su influencia en la salud.

Sebastián de Arauco.


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