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viernes, 17 de diciembre de 2010

El desafio de la transformación interior


Después de más de seis mil años de historia del hombre en la Tierra, muchos defienden que el mundo continúa en situación de atraso. Las noticias crecientes de violencia, el mantenimiento del estado de guerras en varios puntos del planeta, la enorme desigualdad social que alimenta la miseria y la ignorancia son algunos indicadores que supuestamente justificarían la defensa de este punto de vista.
Como los medios divulgan preponderantemente noticias negativas, la visión global tiende a dirigirse exactamente para esta conclusión. Otra realidad, sin embargo, semejante a la espiritual, ocurre sin que se de la debida promoción pública. O bien nunca estuvo tan de moda. Religiones, ONGS, grupos humanitarios, entre otros movimientos, se esfuerzan en mejorar la condición de vida de las personas y de sí mismas. Es imprescindible saber que la transformación del mundo solamente ocurrirá mediante la transformación de cada uno, la transformación interior.

El núcleo convergente para donde se dirigen todas las acciones del Espiritismo es la transformación moral del ser humano. Transformación que necesita ser entendida como una construcción gradual de valores, una propuesta de plenitud, un proceso liberador de la conciencia y de formación del hombre de bien. No puedo ser  entendida sólo como una contención de impulsos inferiores, sino como la creación de condicionamientos nuevos y elevados. La reforma interior es tomar conciencia de "sí mismo", de la "perfección latente" a la cual nos dirigimos.
Es un acto de auto-educación que no ocurre sin dolor, no obstante, no debe ser encarada como un martirio - que es una forma de autocastigo -, sino como un proceso de concienciación. Crecer no significa sufrir como rescate, representa una posibilidad de educación para propiciar la liberación. No es la intensidad del dolor que educa y sí el esfuerzo de aprender a amenizarlas. Así, la transformación interior debe ser considerada como mejoría de nosotros mismos y no la anulación de una parte de nosotros considerada ruin. Es una propuesta de perfeccionamiento gradual cuyo objetivo mayor es la felicidad.

La transformación interior es un trabajo de proceso y debe ser entendida como la habilidad de lidiar con las características de la personalidad mejorando los trazos que componen sus formas de manifestación como carácter, temperamento, valores, vicios, hábitos y deseos. Una ética de autotransformación implica tener una postura de aprendiz, la observación de sí mismo, renuncia, aceptación de la "sombra", autoperdón, complicidad con la decisión de crecer, vigilancia, oración, trabajo, tolerancia, amor incondicional, socialización y caridad.
Es común oír en el medio espírita la necesidad de "matar al hombre viejo", "extinguir las sombras" o "vencer el pasado". Tales expresiones están equivocadas, pues no eliminamos nada de lo que fuimos un día, nos transformamos para mejor.

En la práctica, el camino a seguir es el de armonizarse con la "sombra" y de conquista del pasado, pues transformación interior no es nada más que dar una nueva dirección a los valores que ya poseemos y corregir deficiencias cuyas raíces ignoramos o no tenemos motivación para cambiar.

No puede ser entendida como la destrucción de algo para la construcción de algo nuevo, dentro de patrones preestablecidos de fuera para dentro, sino, sobre todo, como la adquisición de la conciencia de sí para aprender a ser, a existir, a realizarse como criatura rica de sentidos y plena de utilidad a la vida. Imperfecciones son nuestro patrimonio. Serán transformadas, jamás exterminadas.

Muchas personas poseen indebidamente la idea de que la transformación interior equivale a santidad instantánea. No lo es. Ya está demostrado por la ciencia que la naturaleza no da saltos y, por tanto, debemos alegrarnos con las conquistas paulatinas y permanentes. La imposibilidad de la rápida espiritualización puede resbalar en otro tipo de santidad, la de adorno, de la apariencia, de la superficialidad, lo que es extremadamente nocivo. 
La dimensión empresarial, por ejemplo, vive recientemente una fiebre de cambio abrupta a través de la reingeniería  y el resultado fue casi la extinción de muchas organizaciones que adoptaron esta práctica. La filosofía japonesa del Kaizen, o sea, de mejorías continúas parece ser la más recomendable, tanto para el mundo organizado como para el nivel de los individuos. La propuesta  espírita igualmente es de perfeccionamiento permanente y no de perfección inmediata. El objetivo es ser mejor y no los mejores.

La escritora Louise Hay recuerda apropiadamente que "cuando realmente nos amamos, aceptamos y probamos a nosotros mismos exactamente tal como somos todo en la vida funciona". Es verdad. El primer paso para el  autoperfeccionamiento es el desafío de encontrarse consigo mismo y gustarse del modo que uno es, en la perspectiva de cambio continuado. Allan Kardec también advirtió que el verdadero espírita no es aquel que ya está preparado, sino  el que se esfuerza diariamente en el dominio de sus tendencias inferiores.

Dios permite un nuevo recomienzo todos los días, todos los instantes. Es la gran dadiva a ser aprovechada. Si se cae, se levanta, sacude el polvo y da la vuelta por encima. Chico Xavier acostumbraba a decir que "aunque nadie pueda volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera aun puede comenzar ahora y hacer un nuevo fin". Jesús cuando curaba a los enfermos alertaba que de aquel momento en adelante debería buscar ser una nueva persona cuando aconsejaba "ve y no peques más".

El esfuerzo de cambio gana cuerpo cada día en las personas en el mundo entero. Está claro que pasaremos por situaciones graves que deben ser comprendidas como síntomas de la limpieza del mal en agonía. La fase de regeneración planetaria, poco a poco, avanza, en cuanto la de pruebas y rescates declina.

Un nuevo tiempo surge. Un nuevo hombre comienza a nacer. Ya vivimos tímidamente la mayoría de las ideas espíritas en la tierra que no debe ser confundida con la caracterización emblemática, sino como postura de entendimiento y conducción de la vida. No habrá fuerza que consiga impedir el crecimiento del hombre en este planeta. La era del espíritu lanza sus primeros rayos en el horizonte y se hará un día en la conciencia de todos en un futuro no muy distante.


 Artículo de
Carlos  Pereira

Andrew Jackson Davis




Nació en 1826, en el estado de New York, USA; era hijo de un pobre zapatero remendón, con hábitos alcohólicos, y su madre era una mujer sin instrucción, con tendencia hacia la más vulgar superstición. Sus vivencias infantiles quedaron plasmadas por él mismo, en su libro "La varita mágica", que muestra la vida de un pueblo primitivo rudo e ignorante, pero con una gran avidez de asimilarse a todo lo nuevo; pues en aquellos distritos rurales se desarrollaron en pocos años, el mormonismo y el espiritualismo moderno.

El desarrollo corporal e intelectual de Andrew fue muy lento. Hasta los 16 años su rendimiento escolar era ínfimo, porque su memoria no le permitía asimilar las lecciones. Asistió sólo un año a la escuela, y más tarde a algunos cursos nocturnos, aunque por poco tiempo, mientras trabajaba como ayudante en varios oficios. En los últimos años de su infancia comenzaron a desarrollarse sus fuerzas psíquicas latentes y desde la adolescencia mostró sensibilidad para la clarividencia y la clariaudiencia. En 1843 fue descubierto por el mesmerista M. Levingston, sastre del pueblo interesado en esos fenómenos, quien dejó su oficio para dedicarse a trabajar con Andrew, usando el poder clarividente del muchacho para diagnosticar las enfermedades de los otros. Davis tenía muy desarrollada esa fuerza, común entre los psíquicos, que les permite percibir sin los ojos, incluso objetos imposibles de ver con el órgano visual. De esta forma el organismo humano adquiría una "transparencia" que le permitía diagnosticar la zona o los órganos afectados que producían la enfermedad. En aquellas experiencias, después de salir del trance, Davis perdía totalmente el recuerdo de las impresiones que había tenido, tal como si hubiera sido un sueño; sin embargo, las recordó años más tarde.

Paulatinamente sintió otras fuerzas influyendo sobre él y frecuentemente cuando le hacían preguntas importantes durante el trance mesmérico, contestaba que respondería en su libro. En 1845, tenía 19 años cuando sintió que las entidades le encomendaban la escritura de esa obra; y por alguna razón desconocida la influencia de Levingston no le era suficiente y solicitó el concurso del Dr. Lyon, también experimentador del magnetismo mesmeriano. El médico aceptó la oferta, y condujo al joven a la casa del Reverendo William Fishbourg para que actuara como testigo y secretario.

Durante innumerables sesiones diarias, fue repitiendo bajo trance lo que le dictaban, y luego los experimentadores lo transcribían. Este fue el inicio de su experiencia psíquica que vertió en varios libros, cuyo contenido llamaría "Filosofía armónica". Existe un interesante testimonio de George Bush, profesor de hebreo de la Universidad de New York, testigo de esas sesiones: "Afirmo solemnemente que en sus sesiones, he oído hablar a Davis correctamente la lengua hebrea y hacer gala de tal cúmulo de conocimientos de geología, que son asombrosos en una persona de su edad, aunque se hubiera dedicado varios años a esos estudios. Discutió, con la misma señalada habilidad, las más profundas cuestiones de arqueología histórica y bíblica, de mitología, del origen y afinidades del lenguaje, y del progreso de la civilización en las diferentes naciones del globo, lo cual honraría a cualquier erudito de su edad, aunque para conseguir tal resultado hubiese tenido que pasar por todas las bibliotecas de la cristiandad. Por lo demás, aunque hubiera adquirido todos los conocimientos puestos de relieve en sus sesiones, no en los dos años transcurridos desde que abandonó los bancos de la escuela, sino en toda su vida, con los más asiduos estudios, ningún prodigio intelectual de cuantos el mundo tiene noticia podría compararse con él ni un solo momento, puesto que jamás leyó ni un volumen ni una página."

En 1847, se publicó el libro "Los principios de la Naturaleza, sus manifestaciones divinas y una voz de la humanidad", que contenía una exhaustiva enseñanza espiritual y su correspondiente filosofía, dirigida a servir para el bienestar de la humanidad. Según Rudolf Tischner, en este libro está expuesto "un concepto total del mundo". Es interesante destacar que esto sucedía un año antes de los fenómenos de Hydesville.

Rechazado por algunos eruditos, con el argumento de encontrar conceptos contradictorios e incomprensibles, fue acogido con entusiasmo por otros grandes sectores de los Estados Unidos. Los partidarios aducían como prueba de la legitimidad del dictado espiritual, la escasa instrucción del médium, y un hecho muy importante, la mención de un planeta desconocido, con detalles de ubicación y densidad, que sólo siete meses después recibió el nombre de Neptuno por los astrónomos Urbain Jean Joseph Le Verrier, John Couch Adams y Johann Gottfried Galle.

El desarrollo psíquico de Davis continuó progresando, y antes de cumplir los 21 años ya no necesitaba de nadie para alcanzar el trance.

En 1851 escribió "Filosofía del trato con los espíritus", con una información precisa sobre las relaciones que se pueden establecer con los mismos, suministrada por entidades, especialmente por quien había encarnado a Benjamín Franklin. Éste le describió sus investigaciones en el estado espiritual, con la finalidad de mover objetos y comunicarse con el mundo físico; así como sus múltiples intentos en muchos lugares, hasta conseguir las condiciones necesarias y atraer la atención general. El lector estupefacto se enteró de que los golpes provocados por los espíritus se debían a emanaciones eléctricas propagadas a través de personas con cierta facultad. Este libro logró gran éxito y se propagó por los Estados Unidos, excitando a muchos a la práctica de los fenómenos, por lo que se estimó que en aquella época había en New Yok cerca de 100 mediums y en Filadelfia entre 50 y 60 círculos privados.

Su percepción del mundo espiritual, plasmada en su libro "La muerte y la vida posterior", era muy similar a la de Swedenborg y a la que más tarde describiría el Espiritismo. Habló de una vida semejante a la terrestre, que podría llamarse semi-material, con

placeres y objetivos adaptados a cada naturaleza humana, que la muerte no modifica en forma alguna; y afirmó que el objeto de la vida es merecer una calificación superior y el medio más adecuado para el mejoramiento humano consiste en no caer en los errores o pecados, no sólo en los comúnmente conocidos, sino también en la superstición y la estrechez de miras.

Es interesante notar que en sus notas aparece la siguiente frase, escrita el 31 de marzo de 1848: "Esta mañana, hacia el amanecer, un hálito fresco pasó por mi rostro, y oí una voz tierna y segura, que me decía: hermano, ha comenzado la buena labor; contempla la demostración viviente que se inicia. Me quedé divagando acerca del significado de tal mensaje."

Arthur Conan Doyle diría años después: "Había ido más allá que Swedenborg, aunque no tenía los dones mentales de éste. Swedenborg había visto un cielo y un infierno, tal como Davis los vio y describió con todo detalle. Swedenborg, sin embargo, no pudo tener una clara visión de la situación del muerto y de la verdadera naturaleza del mundo espiritista con la posibilidad, por parte de aquél, de volver a la tierra, según le fue revelado al vidente americano. Ese conocimiento lo obtuvo Davis en una forma paulatina. Sus extrañas conversaciones con los que llamó espíritus materializados eran cosas excepcionales, de las cuales al pronto, no dedujo conclusiones importantes. Sólo más tarde, cuando se puso en contacto con fenómenos espiritistas efectivos, llegó a colegir su verdadera significación. Davis hizo inteligentes recomendaciones a los espiritistas: "El espiritismo es útil como demostración viviente de una existencia futura, los espíritus me han ayudado durante mucho tiempo, pero no han dominado ni mi persona ni mi razón. Pueden y deben realizar los mejores servicios en provecho de quienes están en la tierra, pero tales beneficios sólo pueden procurárselos aquellos que consientan a los espíritus ser sus maestros y no sus dueños, es decir, compañeros y no dioses a quienes adorarse."

jueves, 16 de diciembre de 2010

Declaración inicial


Francis Bacon





'Leer, no para contradecir o invalidar, ni para creer o dar por sentado, sino que para ponderar y considerar.'
Sir Francis Bacon

Existe hoy evidencia innegable de la continuación de la vida. Yo soy un abogado escéptico de mentalidad abierta, un abogado ya retirado y calificado escolásticamente en muchas disciplinas universitarias.

El argumento que sigue no es un argumento académico legal, ni teórico, ni un resumen analítico. Como investigador de mentalidad abierta me propuse investigar la evidencia existente sobre la continuidad de la vida después de la muerte y, con otros, probar las pretensiones de que la comunicación con otras inteligencias del más allá era possible.

Después de muchos años de inve
stigar seriamente, he llegado a la conclusión de que existe una cantidad de evidencia tal que, tomada en su conjunto, prueba absoluta e incalificadamente el caso a favor de la continuidad de la vida. No voy a argüir que la evidencia objetiva sola tenga gran valor. Ni estoy sugiriendo que la evidencia sea aceptada sin dudar razonablemente. Estoy declarando que la evidencia tomada en su conjunto constituye abrumadoramente una prueba irrefutable de la existencia de la vida después de la muerte.

Millones de páginas han sido escritas sobre los fenómenos psíquicos y la investigación científica de la continuidad de la existencia. Usando mi educación professional de abogado y mi entrenamiento universitario en psicología, historia y método científico, he seleccionado cuidadosamente los aspectos de la investigación psíquica y del conocimiento de la continuidad de la existencia, y he argüido el caso de una forma que constituiría técnicamente evidencia objetiva en la Suprema Corte de los Estados Unidos, en la Casa de los Lores de Inglaterra, en la Corte Alta de Australia y en toda jurisdicción legal civilizada del mundo.

Cuando la evidencia objetiva - los fenómenos de la voz electrónica, la transcomunicación instrumental, los experimentos en los laboratorios psíquicos, las experiencias en las cercanías de la muerte, la xenoglosía, los mejores mediums, la mediumnística de la voz directa, las correspondencias cruzadas, los experimentos de Scola, las sesiones por poder, "poltergeist", las apariciones, y toda la evidencia contenida en este trabajo - es considerada colectivamente, el caso de la supervivencia después de la muerte es absolutamente pasmoso e irrefutable.

La evidencia presentada en este trabajo también prueba la existencia de los llamados 'fenómenos psíquicos', los que están interconectados con la superviviencia y que sólo pueden ser explicados satisfactoriamente por la supervivencia del alma individual y de la personalidad después de la muerte.

En términos absolutos la evidencia presentada en este trabajo ha de convencer al escéptico racional e inteligente de mentalidad abierta, o al investigador genuino, de la existencia de la vida después de la muerte.

¿Por qué no sabe más gente de la evidencia científica?

Por muchos años ha habido hostilidad hacia la ciencia psíquica por parte de la prensa hablada y escrita, de las universidades y de algunas iglesias. Los descubrimientos de los científicos serios que trabajan para probar la supervivencia han sido mal reportados, distorsionados e ignorados. Los escépticos de renombre y de mentalidad cerrada han gozado de licencia injusta por parte de la media para ridiculizar, engañar y mentir, con el consiguiente resultado de que el público general sabe muy poco de la cantidad de investigaciones científicas que ha sido acumulada.

Mucha gente genuinamente interesada y ansiosa de explorer esta fascinante area no ha tenido acceso a la información real no prejuiciada porque no tiene la habilidad,o el tiempo, para leer y analizar la enorme cantidad de libros esotéricos y artículos sobre este asunto (ver la Bibliografía). En algunas sociedades estos libros simplemente no están disponibles por causa de censura formal, o informal.

Evidencia objetiva

Para comenzar, conocimiento 'subjetivo' es toda aquella información que no pueda ser verificada independientemente. Esta incluye creencias personales - Cristianismo, Islamismo, Hinduismo, Budismo, Judaismo y otras religiones. El conocimiento subjetivo
también incluye al escépticismo materialista de mentalidad cerrada (uso moderno: una creencia fuerte de que la existencia después de la muerte no existe) porque en el contexto de la supervivencia, ningún escéptico puede usar la ciencia para probar objetivamente que el escepticismo obcecado es científico, o que nada existe después de la muerte.

El significado original del escepticismo se refería al examen crítico de un fenómeno sin aceptarlo ni rechazarlo. El significado original del escepticismo no tenía nada que ver con negar completamente la superviviencia, ni la validez de los fenómenos psíquicos.

Como la religión, el escepticismo obcecado es una creencia subjetiva personal sujeta a errores fundamentales y a una completa desvirtualización porque una creencia subjetiva religiosa personal, o una creencia escéptica, no tiene el soporte de la ciencia; cualesquiera creencias escépticas, así como las creencias subjetivas religiosas, inevitablemente pueden ser absolutamente inválidas.

El conocimiento objetivo -ciencia -existe cuando los mismos resultados y la misma conexión de causa a efecto pueden ser obtenidos en el tiempo y en el espacio. La ciencia es considerada como 'objetiva' cuando una persona siguiendo las formulas científicas, manteniendo constantes las variables, obtiene los mismos resultados. Así, un científico que mezcla ácidos y alkalis en Sidney el año 2000, obtiene los mismos resultados que otro científico trabajando en Moscú el año 2002, o cualquier otro año.

Los estudios de los Fenómenos Electrónicos de Voces (FEV) y de Transcomunicación Instrumental (TCI) han demostrado claramente este elemento de repetibilidad. Los investigadores trabajando por separado en muchos países diferentes han podido duplicar sus respectivos trabajos. Inevitablemente lo objetivo prevalece sobre lo subjetivo.

Pero no todo lo que es ciencia se lleva a cabo en el laboratorio. Dentro de la definicción de ciencia existe también lo que es 'observación científica systemática de un fenómeno.' Por ejemplo, mientras aceptamos y creemos que las tormentas, relámpagos y truenos ocurren, no los podemos duplicar bajo condiciones de laboratorio. Los estudios de casos también son importantes en el método científico. Siempre que haya la adherencia estricta al método científico cuando se mide algo, los resultados de los experimentos son necesariamente científicos.

Advertencia

He encontrado en muchas de las reuniones acerca de la supervivencia que algunas personas aceptan mucho de la información que se les presenta pero algunas quieren enfatizar, o discordar, asuntos como reencarnación, astrología, meditación, oración, cristales o aún ateismo o agnosticismo.

No es mi intención tratar de cambiar las creencias de nadie ni su religión. Esto no es una cruzada religiosa. Esto no es asunto de fe o de creencia. Esto trata de aceptar, o de rechazar, la evidencia objetiva.

La información más importante que Ud. encotrará.

Se le está dando acceso a información muy importante acerca de la supervivencia, indudablemente la información más importante que encontrará en su vida. En última instancia, una vez dada toda la información, el lector tendrá que decider entre aceptarla y rechazarla. Pero si rechaza la evidencia que se le presente, le toca al lector mostrar objetivamente por qué ha rechazado la evidencia

En el pasado, el clero rehusaba aceptar a la ciencia por rezones de conflicto con sus creencias religiosas personales. Cuando Galileo le mostró al Papa el telescopio que le probaría su visión del universo, el Papa dijo que el telescopio era 'el trabajo del demonio' y se rehusó a mirar a través suyo. Pero el clero tuvo que aceptar eventualmente que la ciencia prevalence sobre las creencias religiosas subjetivas. No podría nunca ser de otra manera.

La trampa de la zona de confort

El lector tiene que tomar el cuidado extremo de no caer en la trampa de la zona de comodidad, rechazando la información objetiva sólo porque la información científica objetiva no concuerda con sus creencias subjetivas personales - sean religiosas o escépticas. Cuando hay inconsistencia entre la información objetiva y las creencias subjetivas puede haber necesidad de mayor investigación o de cambiar las creencias subjetivas.

Cuando la gente se siente cómoda con sus creeencias, no acepta cambiarlas aún si la nueva información objetiva y científica demuestra que parte de esas creencias, o toda, es completamente inválida. Muchas creencias vienen a formar parte del conjunto psicológico y emocional de la personalidad del creyente. Esas creencias son muy difíciles de cambiar.

El 'límite de la vacilación'

Aún si la información es científica, inicialmente tendemos a rechazarla si la información es muy avanzada - si reta nuestro 'límite de vacilación' por ser mucho más avanzada que nuestro conocimiento actual - especialmente si la información no concuerda con nuestras creencias religiosas, seculares, historia, cultura, valores y tradición.

Repetidamente hemos tenido que ajustar nuestro sistema de valores y nuestras creencias para acomodarnos a las maravillas científicas tales como el hombre caminando en la luna y las espectaculares exploraciones espaciales. Similarmente hemos tenido que hacer ajustes al tratar con los fenómenos psíquicos.

Por supuesto, la historia y la experiencia demuestran que hay personas más refinadas e iluminadas que pueden ver el valor de la nueva información y asimilarla inmediatamente.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La sexualidad enfermiza

ANOTACIONES SOBRE EL SEXO. MENTES ENFERMAS


El sexo es un departamento orgánico programado por la vida para la reproducción de la especie.

Los Espíritus no tienen sexo, puesto que los sexos dependen de su organización. Hay entre ellos amor y simpatía, pero basados en la concordia de los sentimientos.

Un mismo Espíritu puede animar el cuerpo de un hombre, como el de una mujer y viceversa. Lo que lo guía en la elección son las pruebas por las que tenga que pasar.

Destinado al progreso, que es limitado el Espíritu debe vivenciar cada encarnación ennobleciendo las funciones de que está constituido su cuerpo, para desplegar los valores que duermen en si, latentes.

En cada polaridad, se torna más fácil, cuando no edificante, escoger el próximo emprendimiento. Cuando se corrompe o desvía el rumbo de las funciones, genera perturbaciones emocionales y psíquicas que le imponen duros procesos de recuperación, de los que no se puede eludir con facilidad.

Valiosos capítulos de la Medicina son dedicados a las psicopatológicas sexuales morfológicas y psicológicas, conduciendo al individuo a estados graves de conducta y de vida.

Es necesaria e independiente una nueva ética-moral, a fin de que los valores intercambiados por la sociedad en el curso de los milenios, no se pierdan en el lodazal de las pasiones, y en el desprestigio de las instituciones, como es el matrimonio, la familia, la castidad, la salud comportamental, el grupo social…

El ser humano tras torpes experiencias de convivencia enfermiza, ha logrado que su unión sea por el matrimonio y la monogamia algo muy valioso, en el pasado su unión era una aventura macabra cuyas consecuencias eran imprevisibles para la propia sociedad.

En la época actual, en la tierra, se vive la hora del sexo. El sexo vive en la cabeza de las personas, y parece haber salido de la organización genética donde tiene su sede. El pensamiento es una fuerza actuante y desencadenadora de la función sexual.

Cuando el hombre se deja estimular por el sexo desaliñado, se hace esclavo de una función pervertida de la mente y vive atormentado por las fantasías mórbidas.

Todo ser humano es lo que señalan sus valores éticos, sus aspiraciones, sus sueños, sus luchas, sus grandezas y también sus aprendizajes dolorosos.

Progresando siempre, el Espíritu jamás retrocede en su proceso reencarnatorio, pero puede estacionarse y guardar la reparación de los errores graves cometidos, cuando ya no puede permitírselos más.

El sexo mal conducido, abre campo para terribles connubios obsesivos, abriendo campo a Espíritus atormentados y enfermos que se vinculan al individuo, llevándolo a procesos de parasitosis atroces y de difícil liberación.

Desvíos sexuales, aberraciones en las prácticas del sexo, conductas extravagantes y desorganizadas de las funciones establecidas por las leyes de la Vida, generan perturbaciones de largo curso, que no se recomponen con facilidad, sino a lo largo de dolorosas reencarnaciones eliminadoras y purificadoras.

El respeto y la consideración hacia las funciones sexuales constituyen la mejor terapia preventiva para la manutención de la salud moral, así como el esfuerzo para la posición del carácter, cuando alguien ya se corrompió junto a la terapia especializada, se hacen imprescindibles para la conquista de la armonía.

Cada uno responde siempre por lo que inspira y por lo que hace. El sexo no fue elaborado para el placer vulgar, sino para las emociones superiores en la construcción de las vidas o para las sensaciones compensadoras cuando está preparado para las dulces vibraciones del amor, manteniendo la afectividad y la alegría de vivir.

El hombre debe reflexionar y actuar de manera correcta en la relación de las funciones sexuales.

Allan Kardec abrió la era del espíritu, insertas en la Codificación y relacionadas con el Universo, la inmortalidad, la Comunicabilidad con los Espíritus, la Pluralidad de los mundos habitados, que la marcha del progreso es infinita.

Son muchos los espíritus que salen con expectativas ricas de esperanzas y proyectos de edificaciones libertadoras aspirando a la felicidad. Una vez inmersos en la niebla carnal, los antiguos vicios y las malas inclinaciones que aun predominan, las atracciones hacia el mal, los choques con los adversarios del pasado, los obligan a ceder a los impulsos inferiores, y como efecto, caen después en las redes de los propios enredos perniciosos.

Aun proliferan los preconceptos, la intransigencia religiosa y el fanatismo entre las criaturas, que prefieren la distancia de su prójimo a la amistad generadora de simpatía y de cordialidad y establecen el buen entendimiento.

El Espiritismo, tiene un papel de elevada relevancia a desempeñar en esta sociedad comprometida y marcada por los efectos dañinos de las actitudes desvariadas, la educación moral y espiritual, objetivo principal del Espiritismo Cristiano, tiene el objetivo de crear escuelas de educación, talleres promotores de acciones ennoblecidas, así como también ambulatorios dedicados a la salud física, mental y comportamental que los desvaríos obsesivos ultrajan.

A través de los tiempos, la conquista de si mismo, la responsabilidad delante del prójimo y la madre Naturaleza, nunca deben salir de la línea de conducta humana, puesto que en eso residen las máximas aspiraciones del Espíritu para la conquista de belleza y plenitud.

Cuando el pensamiento de Jesús predomine en las conciencias humanas, el hombre y la mujer comprenderán que el sexo existe para fermentar la vida y procrear, amparado por emociones ennoblecedoras del intercambio de energías y no para el banquete salvaje de los instintos y de las sensaciones, desbordando en crímenes y destrucción de la vida.

Son muchos los individuos que sienten atracción hacia el mal, hacia las tendencias ascentrales y permanecen recelosos, viviendo el calo-oscuro de la decisión a tomar. Súbitamente, se encaminan hacia la morbidez y el escándalo, convirtiéndose más tarde en lideres y modelos singulares. Demuestran una alegría que no sienten, un cinismo que solo es una mascara que esconde las aflicciones casi insoportables que lo trastornan, sin poderse desvincular por el deseo del placer sin conseguirlo con facilidad.

La gran mayoría desencarnan durante ese comportamiento enfermizo y casi todos son arrastrados hacia el sórdido campo de la lujuria, sufriendo durante decenios y también siglos, hasta el momento que buscan la renovación.

La mente es siempre la constructora de la vida, ofreciendo la energía con la cual son condensados los anhelos y las necesidades de todas las criaturas.

El sexo, está impregnado de sensaciones y emociones, cuando es vilipendiado y ejercido con ignorancia de sus sagradas funciones, se transforma en generador de tormentos que dan curso a otros vicios y alucinaciones, impulsando a sus victimas a las drogas, al alcohol, al tabaco, a la mentira, a la traición, a la infamia y a todo un sequito de miserias morales que entorpecen los sentimientos y obnubilan la razón.

La Tierra en la actualidad vive un periodo de lujuria, de pornografía, de la exhibición de las formas físicas encaminadas hacia el comercio de la lascivia y de la explotación.

En el caso del pedrastra, a fin de ocultar sus conflictos y tormentos sexuales, procura actividades respetables con el fin de ponerse en contacto con sus futuras victimas y no crear sospechas en torno de su comportamiento. Son hábiles en el arte de la simulación, presentándose, gentiles y dedicados, comprensivos y bondadosos, que conquistan a incautos. El camuflaje les brinda posibilidades para los intentos infelices que casi siempre coronan de un éxito temporal…

Algunos in vigilantes como es el caso de los padres que permiten que sus hijos se relacionen con adultos desconocidos, demasiado generosos, permitiéndoles una convivencia no acompañada que termina en descalabro y perturbación. También se da el caso de progenitores desequilibrados, que se tornan explotadores perversos de la prole, que someten a caprichos degenerados de su personalidad psicópata.

Hay mucho por aprender, debatir, vigilar alrededor de las relaciones de adultos malvados con niños inocentes y desprevenidos.

El niño es siempre un Espíritu viejo que conduce muchas experiencias evolutivas, a pesar de la forma en que se presenta. Muchos procesos de obsesión tienen su inicio fuera del cuerpo físico, cuando los culpables y rebeldes, los criminales y viciosos reencuentran a sus victimas en el Más Allá, y se les imantan, en las tentativas infelices y de graves resultados en forma de obsesiones. Muchas veces la obsesión en la infancia es la continuación del hecho precedente de la Erraticidad. No impidiendo la reencarnación, la influencia perniciosa del desarrollo generando graves dificultades en la relación entre los padres e hijos, alumnos y profesores, vida social saludable entre los propios compañeros. Irritación, agresividad, indiferencia, torpeza en el raciocinio, enfermedades físicas y disturbios psicológicos forman parte de las perturbaciones de la infancia, que nacen en la interferencia de Espíritus perversos unos, traicioneros otros, vengativos todos ellos…

Innumerables casos de autismo proceden de graves compromisos negativos con la retaguardia espiritual del ser, que renace con las marcas correspondientes en el periespíritu, quien se encarga de imprimir las deficiencias que les son necesarias para su resarcimiento. Los que padecieron en sus manos crueles, lo acompañan dificultando la reparación, generando situaciones críticas y muy dolorosas, amenazando con improperios y vibraciones deletéreas, pero que registra en las telas mentales.

Los Espíritus renacen en el mismo grupo consanguíneo con el cual avasallaron el orden y desacataron los deberes, por una ley natural de afinidad. Cuando en la infancia, se da la parasitosis obsesiva, sus progenitores, igualmente aturdidos no disponen de recursos para auxiliarlos, utilizando la docilidad, la paciencia, la compasión, el fervor religioso, que siempre se contraponen a las aflicciones de esa naturaleza. Se desesperan con facilidad, aplican castigos físicos y morales injustificables en el paciente infantil, agravando aún más la cuestión por los residuos que quedan en los sentimientos perjudicados, siendo el resentimiento, el odio, la antipatía, la conciencia de la injusticia de que fueron objeto. A medida que alcanzan la madurez y la edad adulta, adicionan a esos trastornos íntimos, la amargura contra la sociedad que no supo respetar sus aflicciones y las agudizaron más con rechazo, ásperas criticas y desprecio…

La obsesión en la infancia es un capitulo muy importante para integrar la relación de las psicopatogenesis, de los disturbios de comportamiento y mentales, necesitando una urgente atención especializada, facilitando de ese modo la recuperación del paciente, para su salud, para el resarcimiento de sus débitos por medio del bien que podrá hacer, en vez del sufrimiento que experimenta.

Cuando en la humanidad resplandezca el conocimiento espirita y las sutilezas de la obsesión puedan ser identificadas desde los primeros síntomas, muchos trastornos infanto-juveniles serán evitados, gracias a las terapias preventivas o minimizados mediante tratamientos cuidadosos que el Espiritismo coloca a disposición de los interesados. En estos casos, la terapéutica bioenergética, su participación en las clases de orientación evangélica a la luz del pensamiento espirita, el agua magnetizada y la psicoterapia de la bondad, del esclarecimiento, de la paciencia de los progenitores la liberaran de la influencia perniciosa, auxiliando al enfermo a tener un desarrollo normal. Concomitantemente, en un ambiente propicio, los Benefactores de la Vida Mayor podrían también conducir al desafecto al tratamiento espiritual desobsesivo, alterando completamente el cuadro en cuestión.

Los débitos contraídos con relación a las Leyes Cósmicas no quedan sin la debida liquidación, cambiando solamente los procesos liberadores, ya que el Padre no desea la muerte del pecador, y si la del pecado, como esclareció Jesús, el Psicoterapeuta por excelencia. Como el amor libera del pecado, todo el bien que se realice a través de la salud comporta mental y psíquica se transforma en recurso terapéutico, liquidando las deudas y compromisos infelices que pesan en la economía de la evolución.

El amor es el único instrumento para regularizar todas las situaciones penosas e infelices de la trayectoria humana. El espirita es, realmente, el constructor de sus emociones que varían de la desdicha a la plenitud. De acuerdo con su comportamiento mental y emocional, la conducta en lo cotidiano se construye proyectando en la dirección del futuro todo ese arsenal de realizaciones que constituyen su patrimonio existencial. El libre albedrio es una concesión divina que tiene carácter relativo y no puede ser ejercido sin responsabilidad por el que lo utiliza.

Los niños y los jóvenes o incluso algunos adultos no madurados psicológica y moralmente, determinadas decisiones no necesitan pasar por el cedazo de su opinión, porque están destituidas del discernimiento no sabrían que o como hacer. Algunos tratamientos quirúrgicos y psiquiátricos son decididos por la familia del paciente, aun sin su conocimiento, con el fin de salvar su existencia. La responsabilidad es el mejor aval para la utilización del libre albedrio, pero que aun le falta a muchos Espíritus durante su actual proceso de evolución.

La vida establece sus códigos y la transgresión de los mismos genera los acontecimientos que se transforman en infortunio para los imprudentes, sean o no conscientes de la responsabilidad en la acción que practiquen. Es obvio, que siempre hay factores ponderables que son tenidos en cuenta, agravando o disminuyendo las consecuencias, conforme la conciencia de cada uno.”

Nadie huye de las leyes de Dios que tienen vigencia en todas partes y que están escritas en la conciencia de todos los hombres. Nadie huye de si mismo, ni de las escenas escabrosas que cometa, del remordimiento que suele dominar por largo periodo. Eso sucede más tarde cuando el espíritu despierta y está dispuesto al rescate, y empieza el periodo de resarcimiento. La punición divina, el pecado mortal nunca se hace de manera destructiva del pecador, sino de forma que lo eleve, invitándolo a reparar todos los daños practicados, mediante acciones edificantes y restauradoras del equilibrio. Por eso es muy difícil juzgar correctamente, por el discernimiento de las causas profundas y la percepción de todo en los acontecimientos, que solo la Conciencia Cósmica penetra. Pero nadie se libera de la culpa, sin padecer sus efectos dañinos y crueles.

Llegará un día en que la perversidad desaparecerá de la tierra y la escabrosidad de las almas será substituida por la compasión y por los sentimientos de amor con respeto por la vida. Ese día está aun lejano, los hechos abominables estarán en las páginas de la Historia como pertenecientes al periodo de brutalidad y primitivismo de la criatura humana, como ocurre con los innumerables fenómenos del pasado… Hasta llegar a ese momento, a todos nos caben las actitudes de ayuda y comprensión, de energía y de bondad, reeducando a los condenados y atendiendo a las victimas, de forma que el equilibrio moral predomine en los confines de la sociedad terrestre. El enfermo transitará un largo camino de recuperación y de reconquista de si mismo.

La sociedad vive, un momento de viles perversiones que se vienen generalizando espantosamente. El sexo se ha tornado en objeto de perturbación y de infelicidad. El matrimonio es un contrato social y moral, de resultados espirituales, uniendo a dos personas por los lazos del amor a fin de edificar la familia, no para transformarse en un burdel de excentricidades profesionales. Muchos cónyuges se encuentran enfermos y necesitan de la terapia de un sexólogo, para que pueda modificar conceptos y reencontrar el equilibrio para lograr la felicidad en el hogar.

Son muchos los hombres y mujeres que reencarnados en las filas de la Doctrina Espirita, conduciendo elevadas responsabilidades en torno a su divulgación y vivencia correcta, después de alcanzar su notoriedad y también respetabilidad en el Movimiento, caen ante las facilidades a favor del uso del sexo irresponsable, comprometiéndose gravemente y generando perturbación en los compañeros que, aturdidos, constatan que la suya no es una conducta ejemplar y autentica. La finalidad del Espiritismo no es otra que despertar al Espíritu para sus responsabilidades y cumplimiento de su existencia cuando se encuentra en el cuerpo, de su realidad cuando está desencarnado a fin de avanzar sin impedimentos en el Gran Rumbo.

El sexo en la Tierra es un instrumento de alucinación, cuando debería ser un bendito mecanismo de vida, construyendo cuerpos que se transforman en talleres de iluminación y escuelas de sublimación para los Espíritus en proceso de crecimiento en la dirección a Dios. Esa des variaciones del sexo, muchos individuos se encarcelan en el gozo, distantes de la responsabilidad y del deber para con su pareja, o a las consecuencias que suceden del acto sexual, tales como la fecundación, el aprisionamiento en la afectividad atormentada, abriendo espacio para acciones criminales como el aborto delictivo y la separación dilacerante de los sentimientos. En su aspecto más grosero imanta al hombre a las pasiones más salvajes, sin que la razón y el discernimiento puedan contribuir a favor de la plenitud sacrificando a aquel que se entrega irracionalmente.

Destacados hombres y mujeres en la Historia lo utilizan para fines innobles, entregándose a aberraciones que hicieron celebres a determinados pueblos y periodos, marcados por sus orgias y aberraciones chocantes que obedecían a pasiones desenfrenadas. Es incontestable la acción del sexo en el comportamiento de la criatura humana, mereciendo estudios cuidadosos y ennoblecedores, a fin de que sea evaluado en el grado y significado que posee.

Sus impulsos y predominancia en el comportamiento son tan vigorosos que van más allá del cuerpo físico y se imprimen en los tejidos sutiles del ser espiritual continuando con sus manifestaciones de variado orden, que al no ser de sublimación y superación, generan un caos emocional y re vinculan al ser al vehículo orgánico que ya e consumió. Mediante la hidroplastia, la fijación en sus sensaciones fortalece la necesidad que se transforma en un tormento en el Más Allá, conduciendo de vuelta a los estados perturbadores de la organización somática. En esa fase, ene se terrible trastorno surgen las auto-obsesiones, las obsesiones que son impuestas a las criaturas terrenas que se encuentran en la misma faja de deseos o entre los desencarnados del mismo nivel vibratorio.

Reunidos en grupos afines, sus exteriorizaciones insalubres eliminan energías de baja calidad, que se convierten en un elemento constructor de regiones infelices donde se agrupan en convulsiones penosas y retienen a aquellos que se convierten en sus victimas, demorándose por tiempo indeterminado hasta que el agotamiento de los sentidos y el tedio los induzcan a cambios de actitud, permitiéndose la ayuda del Amor que los libertará de la dominación exhaustiva y penosa.

El amor es el más vigoroso instrumento de incitación para lograr los imposibles de ser conquistados. El se manifiesta por medio de mil fases, expresándose en todas las aspiraciones del enternecimiento de la comunión afectiva, de la fusión de los sentimientos, que serian éxtasis de la plenitud del sexo en el sentido más elevado y puro.
En la situación que se encuentra el sexo en la humanidad, un estado de locura, carece de ideales de ennoblecimiento y repleto de dolores aflictivos. Millares de criaturas ansiosas y extravagantes se arrojan a los despeñaderos de las pasiones sexuales, buscando el placer inmediato, relajante, lo que no consiguen por medio de los esfuerzos renovadores del amor sin mancha y del bien sin retribución.
Simultáneamente, las legiones de Espíritus viciosos y dependientes de los fluidos degradantes de las sensaciones perversas, sincronizan sus mentes en esos comportamientos enfermizos, pasando a sufrir sus construcciones morbosas y destructoras. Cada día se torna más difícil la salud sexual de las personas, en razón de esos y otros factores que proceden de reencarnaciones pasadas, en los cuales se comprometen con los usos mórbidos de la función sexual o se valen del sexo para fines innobles.

Esa actitud genera, procesos dañinos que los afligen y los obligan a retornar al proscenio terrestre en situaciones deplorables, atormentados ante la multiplicidad de conflictos de comportamiento, para luego caer en los vicios que ahora predominan en los grupos sociales, haciéndolos victimas de si mismos y de otros del mismo tipo, que se les acoplan en complejos procesos de obsesiones perversas y desbastadoras.

Destituido de los equipos sexuales, el Espíritu es neutro en la forma de expresión genética, poseyendo ambas polaridades en las que el sexo que se expresa, equivale a decir que, toda vez que abusa de una función, vuelve a vivenciarla a fin de recuperarla, mediante procesos limitadores, inhibitorios o castradores. No obstante, si insisten en pervertirse, atendiendo más a los impulsos que a la razón, retorna en otra polaridad que no lo capacita para su manifestación que desea corriendo el riesgo de la canalización de energías de forma equivocada. Si acontece así, el fenómeno se torna más grave, produciendo daños peri espirituales que irán a exteriorizarse en trastornos profundos de la personalidad y del aparato genético. Frente a los procesos evolutivos, muchos Espíritus transitan en la condición homosexual, lo que no les permite comportamientos viciosos, estando previsto para el futuro, un número tan importante que llamará la atención de los psicólogos que deberán invertir mejores y más amplios estudios en torno de los hábitos humanos y de su conducta sexual.

Nunca debemos olvidar que el sexo, como cualquier otro órgano del cuerpo, fue elaborado para la vida y no esta para aquel. Respetar su función valerse de ella con dignidad y elevación, reflexionar alrededor de los objetivos de la vida, forman parte del compromiso para con la existencia, sin la cual son programados dolores y conflictos muy graves durante el transito de las reencarnaciones.

El abuso en la conducta sexual, y su abastardamiento, en la búsqueda atormentada de placeres mórbidos constituye un grave desacato a las Leyes Soberanas, cuyo rescate se torna difícil y de largo curso en regiones de sombra y de dolores acerbos, la ley de destrucción, conforme asevera Allan Kardec, en el Libro de los Espíritus, ejercerá su función, destruyendo para renovar, esto es, llamando al sufrimiento y a los desastres colectivos, a las aflicciones chocantes, a las luchas ensordecidas, a los trágicos acontecimientos para que finalmente , los Espíritus rebeldes despierten para la realidad, para el significado de la existencia terrena, para los objetivos que tienen por delante, haciendo uso del cuerpo, del sexo, pero no viviendo apenas y exclusivamente de ellos y para ellos. Ese abuso resultante de la utilización indebida responde por la locura generalizada que la Vida se encarga de eliminar.

El dolor el gran misionero silencioso y dignificante, lentamente trabajará al ser humano, amonestándolo, esclareciéndolo y conduciéndolo al camino recto, en el cual se valdrá, de los tesoros que se encuentran en todas partes para la auto iluminación y el crecimiento en dirección a Dios. Convirtiendo sus funciones genéticas en fuentes de energía constructiva y trabajando las imágenes superiores que serán creadas la mente con deseos elevados, convirtiendo en co creador de lo bello de lo útil, de lo noble y de la felicidad al ser.

Para que llegue esto, han de pasar muchos siglos de dolor y de prueba, el las cuales el ser humano por libre opción, aun preferirá las obsesiones calamitosas y las pasiones disolventes a la sintonía con la Divinidad.

El imperio de la sensualidad y de la morbidez, por más largo que se manifieste, siempre es de efímera duración y no puede prolongarse indefinidamente sin consumir a aquellos que lo vitalizan. Jamás falta la presencia de la misericordia de Dios al más terrible infractor, como bienaventurado sol que calienta el pantano, quien ni siquiera se da cuenta a fin de purificarlo, sin prisa ni punición. Todos somos hijos de Dios, que nos generó para la felicidad y nunca para la permanente desventura. Si escogemos el mal por Libre opción, y permanecemos en los desvíos, un día llega el socorro, la segura directriz que nos libera de nosotros mismos. Entonces ese es nuestro instante. Pues cada uno siempre elige el camino con el cual más se identifica, permaneciendo en el en cuanto le conviene. Sin embargo, aquellos que nos inducen determinadas actitudes, si no son responsables directos por los acontecimientos, lo son indirectamente, por haber contribuido para la elección de las mismas.

Un día cuando la fraternidad legitima se extienda sus brazos protectores a todos los individuos, los sicarios de ahora se tornaran protectores de sus antiguos victimas o los malos se darán cuenta de la necesidad de convertirse en buenos, a fin de disfrutar de la felicidad en la convivencia ideal, construyendo el mundo anunciado por Jesús.

En esta hora de conturbación moral y de violencia, de agresividad, de aberraciones sexuales, de descontrol general y de sufrimientos de porte, nos cabe a todos, sumar esfuerzos a favor de los principios de la dignidad humana y de la honradez, del equilibrio en el comportamiento y de la educación de las nuevas generaciones, único medio de ofrecer al futuro una sociedad menos perturbada y deslindada de los terribles cepos de obsesión. A la educación moral le cabe la tarea de construir un hombre nuevo y una nueva mujer, quienes formaran una nueva y saludable para el porvenir.

Como doctrina de educación el espiritismo ofrece las mejores recursos y métodos para esa empresa, colocando a disposición de todo y cualquier investigador su patrimonio de informaciones y su excelente laboratorio mediumnico para que encuentre allí el bienestar y el coraje necesarios para el enfrentamiento que se presenta en todos los instantes, en el cual, por ahora, ha predominado lo vulgar y lo perverso, a pesar de los nobilísimos ejemplos de dignificación y nobleza dedicados al bien y al deber.
El conocimiento del Espiritismo aumenta la responsabilidad del individuo, porque le da los instrumentos hábiles para la transformación intima para mejor, demostrando la continuidad de la vida después de la muerte física y los resultados que surgen de la conducta mantenida ante la desencarnación. De esa manera, la Doctrina tiene por meta liberar al ser humano de la ignorancia y del mal, abriendo espacios para la instalación del bien y del conocimiento que trae la felicidad, por medio de la cual es posible la paz con la propia conciencia. No basta saber, es imprescindible aplicar de manera útil el conocimiento que pueda auxiliar al progreso propio así como al de la sociedad.

Es elemental y pocos lo ignoran que la Historia de la especie humana se presenta señalada de periodos de grandes crisis seguidas de fases de prosperidad y reequilibrio. Es semejante a una sucesión de ciclos que se desarrollan como una espiral en constante ascenso. Hay un lento progreso a pesar de los episodios negativos. Probablemente los “Planos Superiores de la Espiritualidad” velan por la humanidad, dosificando sabiamente los “Ingredientes” introducidos en la corriente de la vida: a la par de los espíritus rebeldes, reencarnan también aquellos que luchan por el Bien, por la Ciencia y por el perfeccionamiento del Hombre. El imperio de las sombras está siendo desmantelado lentamente por la luz de la verdad que anuncia la era Nueva para la Humanidad que no soporta más el peso de los sufrimientos y de la falta de paz interior abriéndose para nuevas pesquisas y experiencias en la búsqueda de Dios. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, seguros de que vendrán refuerzos de paz y luz para el trabajo, fortaleciendo nuestro espíritu en su lucha redentora.




Trabajo realizado por Merchita
Extraído del libro “Sexo y Obsesión” de Divaldo Pereira Franco

martes, 14 de diciembre de 2010

Cuento infantil


Buscando solución


El pequeño Gabriel, de sólo siete años, andaba muy triste.


El ambiente de su casa, que siempre estuvo lleno de paz, amor y alegría, ya no era el mismo.

Desde algún tiempo notaba que sus padres peleaban mucho. Apenas se hablaban y, cuando eso ocurría, era para discutir.

Gabriel y sus hermanos, Clarita y Vinícius, poco más mayores que él, se quedaban quietecitos en el cuarto, con el corazón apretado de preocupación, sin  saber lo que hacer para ayudar.

Un día, los padres peleaban tanto que el padre salió de casa golpeando la puerta con estruendo, y la madre se quedo llorando mucho en su habitación.

Gabriel no conseguía pensar en nada más. No estudiaba, no jugueteaba, no conseguía hacer sus deberes y estaba yendo mal en la escuela.


Hacía dos días ellos habían peleado y el padre aún no hube vuelto para casa. Su madre parecía una sombra, siempre con los ojos hinchados de tanto llorar. 

- Mamá, ¿papá no va a volver? – preguntó, preocupado por la situación
La madrecita lo abrazó con cariño y sonrió, afirmando:


Claro que sí, hijo mío. Él está muy ocupado con el trabajo, por eso no ha venido para casa. No te preocupes. Todo va bien.


Pero Gabriel sabía que nada iba bien. Y él pensaba: “¿Qué será de nosotros si papá no vuelve? ¿Como quedará nuestra vida? ¿Será que a él no le gustamos más?”


Pero no encontraba respuesta para esas preguntas. Sin embargo, él sabía que necesitaba hacer alguna cosa.

Se acordó de que su madre acostumbraba a decir que Dios siempre tenía una respuesta para darnos delante de los sufrimientos, y que si a buscáramos en las palabras de Jesús, encontraríamos el socorro deseado.

.
Entonces Gabriel cogió el Evangelio, abrió una página cualquiera, seguro de que Jesús ciertamente lo ayudaría mostrando el camino. A ciegas, colocó el dedito en un lugar de la página. Sus ojos se fijaron en la frase donde había colocado el dedo, y leyó: “Quién pide, recibe; quién busca, halla; y a quien toca a la puerta, ella se abrirá.”


Con los ojos muy abiertos, leyó la frase varias veces. ¡Sí! ¡Mamá tenía razón! Jesús le había mandado la respuesta. Entendió que tendría que orar pidiendo lo que deseaba, y que encontraría un medio de resolver la situación de los padres.

Gabriel comenzó a orar, pidiendo a Dios que no permitiese que su familia fuese destruida.


Todas las veces que se acordaba del problema, él repetía la oración.


Aquella noche él consiguió dormir más tranquilo.


Por la mañana temprano, despertó con una “idea luminosa” en la cabeza. Cogió lápiz y una hoja de cuaderno y escribió un pasaje para el papá, en estos términos:


Querido Carlos, yo te amo. Necesitamos hablar. Yo te espero en aquel restaurante que la gente siempre acude. Nos vemos a las ocho horas de la noche. Un beso. Fernanda.

Escribió otra nota igualita, sólo intercambiando los nombres, como se fuera el papá invitando a la mamá para un encuentro. Miró las notas, contento con él mismo. Después, todo alegre, dejó la nota para la madre en la puerta de la calle, para que ella lo encontrara al abrirla.

Se arregló para ir a la escuela y, cuando fue a tomar café, notó que la madre ya estaba más animada.

En la salida de la escuela, pasó por el edificio donde su padre trabajaba, que era bien cerca, y dejó la nota al portero para entregarsela. Enseguida, se puso a orar para que su plan fuese bien.

Por la tarde, su madre avisó a los hijos que iba a salir un poco por la noche, fue al salón a arreglarse.

Gabriel no había contado nada a los hermanos, que extrañaron el comportamiento de la madre. ¿A dónde será que ella se  iría?

Por la noche, la madre apareció en la sala, ya toda arreglada y perfumada, avisando:


- No voy a tardar. Cerrar bien la puerta y no salgáis de casa.

Más tarde, cuando volvió, los hermanos tuvieron una gran sorpresa: el papá la acompañaba.


Carlos abrazó a los hijos, con mucho amor. Después de matar la nostalgia, el padre dijo a los niños:


Mis hijos, hoy yo noté el mal que os estaba causando a vosotros. Mamá y yo hablamos de vosotros y decidimos nunca más pelear. Buscaremos acertar nuestras diferencias, de aquí en delante, dialogando en paz. Hoy comprendemos que, si existe amor, no hay nada que no se pueda resolver.


Paró de hablar, enjugó una lágrima y prosiguió:

- Y eso nosotros lo conseguimos gracias a Gabriel, que encontró la manera segura de aproximarnos de nuevo.

Y contó delante de Clarita y Vinícius, que oyeron sorprendidos lo que el hijo había hecho.

Muy admirado, Gabriel preguntó:

- ¿Pero como vosotros descubristeis que fui yo?

Todos rieron cuando los padres mostraron las notas que habían recibido.

Aquella letrita, la misma en las dos notas, y tan conocida, ¡sólo podía ser de Gabriel!

El niño estaba avergonzado por haber sido descubierto. Y el padre, desordenándole los cabellos, dijo emocionado:

- Todos nosotros tenemos que agradecer a nuestro Gabriel, que supo resolver la situación.


Gabriel sonrió, satisfecho y aliviado, y contó:


- Agradézcanlo a Jesús. ¡Fue él quien me mostró el camino!


-Celia Xavier de Camargo ( Tía Celia)

PRESCIENCIA-ADIVINACION



Doble Vista - Conocimiento del Porvenir  Previsiones  (Tomado de Obras Póstumas, de Allan Kardec)
 
Si en estado sonambúlico las manifestaciones del alma se hacen hasta cierto punto ostensible, sería absurdo imaginar que en estado normal estuviese aquella, confinada en su envoltura de un modo absoluto, como el caracol en su concha. No es la influencia magnética la que la desarrolla, sino que la hace patente por la acción que ejerce en sus órganos. El estado sonambúlico no es siempre una condición indispensable para semejante manifestación, pues las facultades que hemos visto producirse en aquel estado, se desarrollan a veces espontáneamente en estado normal en ciertos individuos. De aquí resulta para ellos la facultad de ver más allá del limite de los sentidos; perciben las cosas ausentes donde quiera que el alma extiende su acción; ven, si podemos servimos de esta expresión, a través de la vista ordinaria, y los cuadros que describen, los hechos que relatan, se les presentan como por efecto de un espejismo. Este es el fenómeno conocido bajo el nombre de doble vista.

En el sonambulismo, la clarividencia es producida por la misma causa, con la única diferencia de que, en ese estado, es limitada, independiente de la visión corporal, mientras que en los que están dotados de ella en estado de vigilia, es simultánea. Los tiempos de crisis, de calamidad, de grandes emociones, todas las causas, en fin, que sobreexcitan la parte moral, provocan el desarrollo de aquel. Parece que la Providencia, en presencia de mayores peligros, multiplica alrededor de nosotros, la facultad de prevenirlos. Véase  El Génesis, capítulo XVI: De la presciencia).
 
     Casi nunca es permanente la doble vista; por punto general se produce espontáneamente, en ciertos momentos, sin ser efecto de la voluntad, y provoca una especie de crisis que a veces modifica sensiblemente el estado físico. La vista tiene algo de vaga, parece que se mira sin ver, y toda la fisonomía refleja una especie de exaltación.
 
   Es de notar que las personas que gozan de esta facultad no se dan cuenta de ello; les parece natural como la de ver con los ojos; lo consideran como un atributo de su ser, sin que bajo ningún concepto la reputen excepcional. Añadid que el olvido sigue a menudo a esa lucidez pasajera, cuyo recuerdo, haciéndose mas y mas vago, concluye por desaparecer como el de un sueño.
 
  Hay grados infinitos en la intensidad de la doble vista, desde la sensación confusa, hasta la percepción tan clara y neta como en el sonambulismo.
 
  Faltándonos un término para expresar este estado especial, y sobre todo para designar a los individuos que de él son susceptibles, se ha empleado la palabra vidente, y aunque no exprese exactamente la idea, la adoptaremos hasta nueva orden, a falta de otra mejor.
 
  Si comparamos ahora los fenómenos de la clarividencia sonambúlica con la doble vista, se comprende que el vidente pueda tener percepción de las cosas ausentes: como el sonámbulo, ve a distancia, sigue el curso de los acontecimientos, juzga de su tendencia, y puede, en ciertos casos, prever su resultado.
 
  Este don de la doble vista es el que, en estado rudimentario  da a ciertas personas el tacto, la perspicacia, una especie de seguridad en sus actos, que puede llamarse la certeza del vistazo moral. Más desarrollado, despierta los pensamientos; algo mas aún, presenta los acontecimientos, realizándose o a punto de realizarse, y llegado, en fin, a su apogeo, es el éxtasis en estado de vigilia.
 
  Según dejamos dicho, el fenómeno de la doble vista es casi siempre natural y espontáneo; mas parece que tiene lugar con más frecuencia bajo la influencia de ciertas circunstancias.
 
  Ha habido videntes en todos los tiempos y en todas las naciones: mas parece, sin embargo, que ciertos pueblos tienen naturalmente una mayor predisposición.
 
Se dice que el don de la doble vista es muy común en Escocia. Con mucha frecuencia se observa también en las gentes del campo y en los habitantes de las montañas.
 
   Los videntes han sido juzgados de diverso modo, según los tiempos, las
costumbres y el grado de civilización. Para los escépticos son cerebros echados a
perder, alucinados: las sectas religiosas los han constituido en profetas, sibilas y
oráculos; en los siglos de superstición y de ignorancia, eran hechiceras a quienes
se quemaba. Para el hombre sensato que cree en la potencia infinita de la
naturaleza y en la inagotable bondad del Creador, la doble vista es una facultad
inherente a la especie humana, por medio de la cual Dios nos revela la existencia
de nuestra esencia inmaterial. ¿Quién no reconocer un don de esta naturaleza en
Juana de Arco y en una multitud de otros personajes que la historia califica de
inspirados?
 
    Con frecuencia se ha hablado de las echadoras de cartas que dicen cosas
sorprendentes por su exactitud. Estamos muy lejos de constituirnos en panegiristas
de los que dicen la buenaventura, que explotan la credulidad de los espíritus
débiles, y cuyo lenguaje ambiguo se presta a todas las combinaciones de una
imaginación excitada. Pero, no es nada imposible que ciertas personas que se
dedican a ese oficio, tengan el don de la doble vista, aun a pesar suyo, de modo
que las cartas no son para ellas más que un medio, un pretexto, una base de
conversación. Hablan según lo que ven, y no según lo que indican las cartas que
apenas miran.
 
    Lo mismo sucede con los otros medios de adivinación, tales como las líneas
de la mano, la borra del café, la clara de huevo y otros símbolos místicos. Las
líneas de la mano tienen quizá mas valor que todos los otros medios, no por si
mismas, sino porque los presuntos adivinos, si están dotados de la doble vista, al
tomar y palpar la mano del que los consulta, se encuentran en relación mas directa
con él, según tiene lugar en las consultas sonambúlicas.
 
   Puede colocarse a los médiums videntes en la categoría de las personas que
gozan de la doble vista. Como estos últimos, los médiums videntes creen, en
efecto, ver con los ojos; pero en realidad es el alma la que ve, y he aquí la razón
porque ven tanto con los ojos abiertos como cuando los tienen cerrados; de lo que
se sigue necesariamente que un ciego podría ser médium vidente lo mismo que
uno que tenga la vista intacta. Sería interesante estudiar si semejante facultad es
más frecuente en los ciegos. Nos inclinamos a creerlo, atendiendo a que, como
podemos convencernos por la experiencia, la privación de comunicar con el mundo
exterior, por falta de ciertos sentidos, da en general más fuerza a la facultad de
abstracción del alma, y por consiguiente, mayor desarrollo al sentido íntimo con el
que nos ponemos en comunicación con el mundo espiritual.
 
   Los médiums videntes pueden, pues, ser asimilados a las personas que gozan de la vista espiritual, pero sería acaso muy absoluto considerar a estos últimos como médiums; porque consistiendo la mediumnidad únicamente en la intervención de los Espíritus, lo que hacemos por nosotros mismos no puede considerarse como un acto mediúmnico. El que pose la vista espiritual ve con su propio Espíritu, y nada implica para la extensión de su facultad la necesidad del concurso de un Espíritu extraño.
 
    Dado esto, examinemos hasta que punto la facultad de la doble vista puede permitirnos descubrir las cosas ocultas y penetrar el porvenir.
En todos los tiempos los hombres han querido conocer el porvenir, y se recopilarían volúmenes sobre los medios inventados por la superstición, para levantar el velo que cubre nuestro destino. Ocultándonoslo, la naturaleza ha sido muy sabia. Cada uno de nosotros tiene su misión providencial en la gran colmena humana, y concurre a la obra común, en la estera de su actividad. Si anticipadamente supiésemos el fin de cada cosa, no cabe duda que se resentiría de ello la armonía general. Un porvenir feliz asegurado privaría al hombre de toda actividad, puesto que no tendría necesidad de ningún esfuerzo para llegar al fin que se propone: su bienestar, todas sus fuerzas físicas y morales serian paralizadas, y la marcha progresiva de la humanidad sería detenida. La certeza de la desgracia produciría las mismas consecuencias por causa del decaimiento; cada uno renunciaría a la lucha con el fallo definitivo del destino. El conocimiento absoluto del porvenir sería, pues, una dádiva funesta que nos conduciría al dogma de la fatalidad, el más peligroso de todos, el más antipático al desarrollo de las ideas. La incertidumbre del momento de nuestro fin en la tierra es lo que nos hace trabajar hasta el último latido de nuestro corazón. El viajero arrastrado por un vehículo se entrega al movimiento que ha de conducirle al término de su viaje, sin pensar en desviarlo porque conoce su impotencia. Tal sería el hombre que
conociese su destino irrevocable. Si los videntes pudieran infringir esta ley de la
Providencia, serían iguales a Dios; de modo que no es esa su misión.
 
   En el fenómeno de la doble vista, estando el alma separada parcialmente de
la envoltura material que limita nuestras facultades, no existe para ella duración ni
distancias: abrazando el tiempo y el espacio, todo se confunde en el presente.
Libre de sus trabas, juzga de las causas y de los efectos mejor que nosotros; ve las
consecuencias de las cosas presentes y puede hacérnoslas presentir. En este
sentido debe entenderse el don de presciencia atribuido a los videntes. Las previsiones no son más que el resultado de una conciencia mas clara de lo que
existe, y no una predicción de cosas fortuitas sin relación con el presente; es una
deducción lógica de lo conocido para llegar a lo desconocido, que depende a
menudo de nuestro modo de observar. Cuando un peligro nos amenaza, si se nos
advierte, estamos en disposición de hacer lo necesario para evitarlo; nos toca a
nosotros hacerlo no.
 
  En semejante caso, el vidente se halla en presencia del peligro que nos esta oculto, lo señala, indica el medio de evitarlo, pero si no se hace, el acontecimiento sigue su curso.
 
Supongamos un coche en un camino que conduce a un abismo que el conductor no puede ver. Es vidente que si nada lo hace desviar, se precipitará en él.
 
Supongamos, por otra parte, un hombre colocado de modo que, a vista de pájaro, domina el camino; que ese hombre, viendo la muerte inevitable del pasajero, pueda advertirle que se detenga o retroceda a tiempo; el peligro será conjurado. Desde su posición, que domina el espacio, ve lo que el viajero, cuya vista está circunscrita por los accidentes del terreno, no puede distinguir; puede ver si una causa fortuita evitará la caída, y conoce anticipadamente, por lo tanto, el resultado del acontecimiento, pudiendo así predecirlo.
 
   Si el mismo hombre, colocado en la cima de un monte, ve desde lejos un ejército enemigo que sigue el camino de una población que quiere incendiar, le sería fácil, calculando el espacio y la rapidez, prever el momento de la llegada del ejército. Si bajando a la población, dice sencillamente: A tal hora será incendiada la población, realizado el hecho, pasará aquí, entre la multitud ignorante por un adivino, un hechicero, siendo así que no ha hecho mas que ver lo que los otros no podían ver, de lo cual ha deducido la consecuencia.
 
   Pues lo mismo que semejante hombre, el vidente abraza y sigue el curso de los acontecimientos: no prevé por medio de la adivinación el resultado, sino que lo ve; y así puede deciros si estáis en buen camino, indicaros el mejor y anunciaros lo que al fin encontrareis. Viene a ser para vosotros el hilo de Ariadna que os enseña la salida del laberinto.
 
Como se ve, va mucha distancia de esto a la predicción propiamente dicha, tal como la entendemos en la acepción vulgar de la palabra. En nada se menoscaba el libre albedrío del hombre, que queda siempre dueño de obrar o no, que realiza o no los acontecimientos por su voluntad o por inercia. Se le indica el medio de llegar al fin; a él le toca emplearlo. Suponerle sometido a una fatalidad inexorable en los menores sucesos de la vida, es desheredarle de su mas bello atributo, la inteligencia, y asimilarle al bruto. El vidente no es, pues, un adivino; es un ser que percibe lo que nosotros no vernos; viene a ser para nosotros el perro que guía al ciego. En este punto nada contradice las miras de la providencia sobre el secreto de nuestro destino; ella misma es quien nos da guía.
 
   Tal es el aspecto bajo el que debe mirarse el conocimiento del- porvenir en las personas dotadas de doble vista. Si este porvenir fuese fortuito, si dependiera de lo que llamamos la casualidad, si de ningún modo se relacionase con las circunstancias presentes, ninguna clarividencia podría penetrarlo, y toda previsión no ofrecería ninguna certeza en este caso. El vidente, y nosotros entendemos por él al verdadero vidente, el vidente serio y no el charlatán que lo imita; el verdadero vidente, decimos, no dice lo que el vulgo llama la buenaventura; prevé el resultado del presente, nada más, y esto es bastante.
 
  ¡Que de errores, falsas determinaciones y tentativas inútiles nos evitaríamos, si tuviésemos siempre una guía segura que nos ilustrase; que de hombres están fuera de su centro en el mundo por no haber sido puestos en el camino que la naturaleza trazó a sus facultades! ¡Cuantos dejan de obtener buenos resultados por haber cedido a solicitaciones perniciosas o por haber seguido los consejos de una obstinación irreflexiva! Una persona clarividente hubiese podido decirles: "No emprendáis tal cosa; porque vuestras facultades intelectuales son insuficiente, por que no conviene ni a vuestro carácter, ni a vuestra constitución física o porque no seréis secundado conforme lo necesitáis o bien porque os equivocáis acerca de la
trascendencia de la cosa, pues encontraréis tal dificultad que no prevéis".
 
En otra circunstancia, diría: "Saldréis bien en tal cosa, si os portáis de este o de aquel modo, si evitáis tal paso que podría comprometeros". Sondeando las disposiciones y los caracteres, diría: "Desconfiad de tal celada que quieren tenderos", y añadiría: "Ya estáis prevenido, he cumplido mi misión; os señalo el peligro;   si sucumbís, no acuséis a la suerte, ni a la fatalidad, ni a la Providencia, sino a vosotros mismos. ¿Qué puede hacer el médico, cuando el enfermo no toma en cuenta sus avisos?
 
- Allan Kardec-
- Trabajo aportado por Juan Carlos Mariani-
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