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domingo, 24 de abril de 2011

El Arado




"Y Jesús le dijo: Nadie que echa mano del arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios." — (Lucas, 9:62.)

     Aquí vemos a Jesús utilizar en la edificación del Reino Divino uno de los más bellos símbolos.
     Efectivamente, si lo desease, el Maestro crearía otras imágenes. Podría reportarse a las leyes del mundo, a los deberes sociales, a los textos de la profecía, pero prefiere fijar la enseñanza en bases más simples, tan simples como un sencillo arado.  El arado es la herramienta de todos los tiempos. Es pesado, demanda esfuerzo de colaboración entre el hombre y la máquina, provoca sudor y cuidado y, sobre todo, hiere la tierra para que produzca. Construye la cuna de las sementeras y, a su paso, el terreno cede para que la lluvia, el sol y los abonos sean convenientemente aprovechados.

     Es necesario, pues, que el discípulo sincero tome  las lecciones  del Divino Cultivador, abrazándose al arado de la responsabilidad, en la lucha edificante, sin retirar de él las manos evitando de ese modo perjuicios graves a la "tierra de sí mismo".
     Meditemos en  tantas  oportunidades perdidas, en las lluvias de misericordia que cayeron sobre nosotros y que se fueron sin ningún aprovechamiento para nuestro espíritu, en el sol del amor que nos viene vivificando hace muchos milenios, en los abonos preciosos que hemos rechazado, por preferir la ociosidad y la indiferencia.
     Examinemos todo esto  y reflexionemos en el símbolo de Jesús.
     Un arado promete servicio, disciplina, aflicción y cansancio; no obstante, no se debe olvidar que, después de él, llegan siembras y cosechas, panes en el plato y graneros guarnecidos.


Comentario:.-  

     Una vez más se pone  aquí de manifiesto que  la misión principal que en general tenemos todos en la vida, es  trabajar  en la siembra y desarrollo de valores espirituales, para nuestro bien y el bien de los demás.  Y este es el Reino de Dios, o mejor dicho,  aquí es en donde comienza el  Reino de Dios en la Tierra. Este  es un trabajo que   necesita ser hecho  con  plena consciencia, con empeño, con firmeza, con ilusión, y sin mirar atrás deteniéndonos muchas veces ante las ilusiones  vanas de la vida, con  una  imaginación desbordante que nos cuenta la historia ficticia de lo que tal vez pudo haber sido  pero que  no fue ni  lo será jamás.

     La mano en el arado viene a  significar  cuando nos ponemos “ manos a la obra” con la intención de hacer un trabajo con determinación y seriedad; un trabajo que no siempre  supone  un esfuerzo físico, sino  que muchas veces lo suele ser de esfuerzo y hasta sacrificio  moral, mental y espiritual, pues es un trabajo difícil al proponernos vencer nuestros propios defectos espirituales y de darnos a los demás, con altruismo y caridad, cuanto nos sea posible.
      El  mirar atrás  en la senda de esta importante labor  que tenemos todos que desempeñar en la vida, cada uno según su medida,  su capacidad y  sus circunstancias,  puede   venir a significar que nosotros mismos muchas veces somos el mayor obstáculo que encontramos para nuestra autorealización, por comodismo o cuando  paralizamos nuestra labor, desanimados  ante nuestros fallos, errores y caídas; cuando parece que nos faltan las fuerzas para levantarnos de nuevo con ánimo y no perder más el tiempo.  También ese mirar atrás lo es cuando en este camino de crecimiento  y desarrollo espiritual, nos dejamos llevar por la pereza  espiritual ante   la atracción de  las cosas materiales,  y nos desanimamos con nosotros mismos y aflojamos el paso   de  nuestra ilusión y empeño, porque como en un espejismo falso y negativo, creemos que estamos solos en medio del dificil  desierto de la vida. Y eso es un gran  error, porque debemos tener muy en cuenta que  jamás estamos solos; Dios nunca deja desamparados a sus hijos, aunque a veces nuestra falta de fe así nos lo haga creer; sino que siempre tenemos cerca amigos espirituales  ( o también  enemigos;  eso depende de nuestra sintonía  vibratoria, mental y espiritual que los atrae o los rechaza). Y estos seres que en buena sintonía nos acompañan e inspiran en cada instante, nos hacen tener siempre presente en cada circunstancia, cual es el camino correcto,o en donde nos hemos equivocado por ser tercos y no haber sabido escuchar sus voces en el fondo de nuestras consciencias.

     No se puede servir a dos señores, tal como indicó Jesús:  A Dios y al mundo. Estamos en el mundo, pero transitoriamente, como aves de paso. Sabemos que en realidad no pertenecemos al mundo terreno sino al  mundo espiritual que es nuestra verdadera Patria final. Por eso, ante la disyuntiva que esta vida nos presenta tantas veces, sepamos qué camino escoger siempre, poniendo la mano en el arado del trabajo espiritual,  sin relentizarnos  en  nuestra labor, y sin volver la vista  atrás, hacia las ilusiones efímeras de este mundo, pues recordemos que ya el Señor nos advirtió que los obreros somos pocos y la mies es mucha.
   
     Vivimos actualmente en unos momentos críticos de cambio global en los que no podemos perder ya mas tiempo; debemos aportar cada día con la máxima ilusión, los ejemplos de caridad y amor que Cristo nos demanda en estos tiempos de cambio; por tanto tenemos claro el camino y la postura a tomar firmemente: !Vamos a trabajar  en la viña del Señor ¡.

- Jose Luis -

( Ver también blog,  inquietudesespiritas.blogspot.com

sábado, 23 de abril de 2011

Visión limitada

Alipio Gonzalez


¿Se considera una persona con una gran visión? Asegura  que puede visualizar todas las situaciones  con una mirada abarcante?
Por más capacitado que sea el hombre, en la Tierra, por más dilatadas que tenga sus posibilidades de percibir situaciones,  comparada con la visión de Dios, se queda muy limitada.
Los seres humanos pueden visualizar una parte muy pequeña de todo lo que los rodea, por la propia condición de inferioridad en la que aun se encuentran,  con relación a los espíritus más evolucionados  y con el Creador.
Jesús es un ejemplo de Espíritu evolucionado y, por tanto, con una visión de las leyes que rigen la vida, mucho más amplia.
 Mientras que nosotros percibimos una pequeña parte de cualquier situación, el la visualiza en su totalidad. Fue por esa razón que Él predijo muchas cosas que aun estaban por acontecer. Observó las causas y previno las consecuencias que, a la luz de la lógica y de la razón, eran evidentes.
Quien conoce las leyes, sabe los efectos que cada acto desencadenará . Por eso afirmó que a cada uno le será dado según sus obras.
En cuanto percibimos, con nuestra visión limitada, a un marido dedicado  al regreso con la esposa enferma, infiel,  y criticamos la situación, quien conoce la ley de causa y efecto visualiza a un espíritu rescatando a aquella alma  que antaño prostituyó y llevó a la locura.
Cuando vemos a una madre sacrificando sus horas al lado del hijito con problemas mentales y físicos pensamos  luego en la injusticia, más el mirar atento a Dios sabe que aquella alma, investida en la noble  misión de la maternidad, es alguien que precisa rescatar el corazón que entonces lo llevo al desequilibrio y al suicidio.
Cuando nuestra miope visión ve a un hijo al regreso con los padres enfermos y dependientes, y juzgamos que algo no es cierto, la mirada de Dios percibe un espíritu en debito para con dos almas que daño y perjudico antaño.
 Cuando vemos padres amargando la presencia de la hija viciada, frágil e insegura dentro del hogar, pensamos en la injusticia, más quien conoce los mecanismos de las leyes divinas sabe que son apenas dos corazones arrepentidos intentando erguir a un espíritu que antes empujaran en un despeñadero de dolor y sufrimiento.
Cuando nuestra mirada contempla  a una criatura esclavizada al trabajo precoz, hablamos  del irrespeto a la infancia, más Dios sabe que aquella alma, temporalmente en un cuerpo infantil, es alguien que uso  de forma incorrecta sus bienes o sus bienes públicos y hoy vuelve al palco terrestre para aquietar la propia conciencia, devolviendo, con el sudor en el rostro, lo que uso indebidamente en el pasado.
Cuando vemos a personas alimentándose de los restos despreciados por los otros, pensamos que Dios debe estar durmiendo, más las leyes de la vida perciben  a alguien que dilapidó fortunas en placeres egoístas, esclavizando a sus hermanos menos favorecidos, que ahora vuelven en la miseria construida por las propias manos.
Y así, tenemos innumerables situaciones que desfilan bajo nuestra mirada de indignación y rebeldía, sin que nos demos cuenta de que todo está bien. Todo está de acuerdo con las soberanas  leyes que rigen el universo moral, tan despreciado en los días actuales.
¿Y por qué Dios nos permite caminar al lado de tanta miseria?
También hay un motivo justo.
Es para que podamos extender las manos y ayudemos a todos aquellos que, bajo el peso de la propia cruz caminan en la dirección de la luz, buscando el redil bendecido  del cual se apartaron, tanto como nosotros, donde todos encontraremos reposo seguro en los brazos del sublime  pastor que a todos nos aguarda, después de vencidas las arduas luchas.
Por tanto,  consideremos que por más que nuestra visión no consiga contemplar  la amplitud de todas las situaciones, Dios sabe. Dios ve. Dios todo provee y prevé.
Nadie es víctima. Puede haber, y hay, injustos e injusticias, más nunca hubo ni habrá injustificados, ante las leyes divinas.

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El amor de Dios se extiende sobre todo el universo. Nadie está solo. Por más difícil que sea la situación, confiemos. Dios vela por todos. Dios vela por usted.
Aunque sus pasos sean vacilantes y sus pies estén sangrando, vale la pena seguir un poco más…
Dios vela su camino y sabe cuando su prueba debe tener fin.
Siga al frente y confié. Un mañana feliz será, fatalmente, su recompensa.
Redacción de Momento Espirita 
( Visitar blog     inquietudesespiritas.blogspot.com )

viernes, 22 de abril de 2011

Reencarnación: Efectos psicológicos y sociales



RESISTENCIAS A LAS NUEVAS IDEAS.

    La cultura es fruto de la actuación del ser singular y que simultáneamente, lo influencia y en cierta modo lo somete, en una  dialéctica y continua.


     Existen algunos fundamentos de la cultura que fueron cristalizados por siglos en sucesivas informaciones. Por otra parte, con relación a muchas cosas, la visualidad determina el concepto, aunque mal.
    
Esa es la primera dificultad a ser  resuelta.
   
      Por analogía, recordemos que la cultura ancestral decía que la Tierra estaba parada y que el Sol se movía.  Durante siglos esa era la verdad, porque correspondía a la realidad visual, existencial. Después, por la ciencia y también por la constatación visual, se verificó que la Tierra es solamente un pequeño planeta azul, participando del sistema solar, dentro de una galaxia dentro de otras muchas galaxias, en el universo sin límites.


    Hoy la cultura sabe que la Tierra gira alrededor de sí misma, en un periodo de 24 horas y algunos minutos y que se realiza un movimiento de traslación alrededor del Sol, correspondiendo al año de 365 días.


    Mientras tanto, para la vida común en el día a día ,la Tierra parece  y es vivida como si estuviese parada. Solo intelectualmente se percibe su movimiento.


    De la misma forma, en la vivencia común, la persona nace, vive y muere. Al nacer, el ser humano es un niño que pasa invariablemente por las etapas  del desenvolvimiento físico y psicológico  comunes a la especie y que nada parece resaltar, a no ser en ocasiones especiales, que no sea un ser totalmente nuevo.  No tiene recuerdos vivos del pasado. Se somete al proceso de madurez corporal y psicológica como alguien que nunca hubiese vivido esa experiencia anteriormente.


    Solamente intelectualmente es que se puede entender al ser humano como un espíritu reencarnado. De ahí las dificultades de entenderse como un espíritu adulto  pueden encarnar en una criatura.


    EFECTOS PSICOLOGICOS DE LA DOCTRINA DE LA REENCARNACIÓN

    La insistencia  en afirmar determinados principios, con la autoridad divina, como las iglesias generalmente se tornan, conduce a la inevitable aceptación de ellos como verdad, creando una cultura  especifica. La superación de esos principios, pues, es difícil. La incorporación de nuevos conceptos, que se apoyan en ellos, es tarea  educativa de persuasión y consistencia que demanda tiempo, algunas veces muy largo, pues implica en la reestructuración  mental y psicológica.


    La aceptación de la reencarnación como un fenómeno natural, implica  cambios profundos en la psicología personal y social.


    La naturaleza del ser, su estructura mental, el conjunto de deseos, el posicionamiento moral e intelectual, pasan a tener nuevos fundamentos  y la Psicología tendrá que redireccionar su trabajo, colocando esos componentes en análisis de los factores que concurren para la formación, atracción, y rechazo entre las personas.    


    Instituciones como la familia tienen nuevos parámetros, una vez que cada componente es entendido como un ser vivido, aunque sometido a los padrones  culturales y a las exigencias genéticas, psicosociales.


    Todo el objeto de la existencia terrena  es previsto. Específicamente, debido a la función que cada uno desempeña  y se relaciona consigo mismos, refleja las experiencias de los ciclos existenciales sucesivos sin, con todo, perturbar el ritmo existencial aquí y ahora.


    O sea, la reencarnación no puede alienar el presente, ni mutilar el deseo  y la espontaneidad vivencial, personal. Bien entendida, ella es una retaguardia de entendimiento para mejorar el desempeño de la vida actual.

EFECTOS SOCIALES DE LA DOCTRINA DE LA REENCARNACIÓN.

    De la misma forma, la doctrina de la reencarnación produce profundos cambios en los conceptos de sociedad  y de las relaciones interpersonales. Preconceptos y discriminaciones sufren  un ataque fulminante, porque la prevalencia del merito espiritual desestructura toda una red de erupciones  y condiciones sociales.


    Tal cosa no resolverá, en corto plazo, esos problemas, más si dará un soporte  espiritual realmente amplio, para los cambios en las relaciones humanas.

TEORÍA Y PRÁCTICA

    La aceptación de la reencarnación  tiene que ser hecha, pues, fuera de los parámetros místicos-religiosos  que cercenan la inteligencia de los hechos y procuran, de una forma u otra, la salvación de las personas, centradas en la concepción de la vida terrena como un pasaje  ignominioso, sufrido y expiatorio, preparatorio para la vida eterna y sometido a la voluntad arbitraria de la divinidad. Al contrario de esa limitación, la ley de las vidas sucesivas es un camino de estructuración, vivencia y reciclaje continuo del espíritu en evolución. 


    El ejemplo de las civilizaciones que aceptan livianamente la reencarnación,  no es mas que una mentalidad absurda en términos de  superstición y no utilizan  la ley de las vidas sucesivas de forma positiva, para modificar el panorama, debe ser siempre  recordado, cuando postulamos la separación de la ley de las vidas sucesivas de los parámetros religiosos y místicos. En esas civilizaciones la creencia en la reencarnación es una retorica para justificar el caos social o la formación de castas.


     Por eso, el espiritismo deberá enseñar la reencarnación como una ley natural, instrumento de la Ley de Evolución y desvincularla de las puniciones, del castigo y de la expiación, mientras que sea entendida como una forma de flagelación del alma para purgar pecados.

Jaci RegisTraducido por: M.C.R.


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jueves, 21 de abril de 2011

Singularidad, tiempo e inmortalidad





LA SINGURALIDAD Y EL TIEMPO


El concepto de singularidad valoriza la individualidad, la construcción   y el desenvolvimiento de  la sabiduría del ser en cuanto al ser, dentro de una visión solidaria. Este concepto puede ser explicado en la asertiva: “toda decisión es solitaria, más su realización es solidaria”, que es la base del proceso evolutivo.

    El crecimiento del ser espiritual es temporal. La noción del tiempo es colocada en la dinámica del proceso, sin parámetros cronológicos o comparativos.

    Cada individuo, en su singularidad, describe la curva de su tiempo, tomándola compatible con su disponibilidad de crecimiento,   reflexión, y la estratificación y dinamismo, dando sentido a la adversidad de caracteres y opciones vivencias visibles en la existencia humana.

En ese entendimiento, existe un eje coordinador del proceso de progreso de las individualidades, que es la Ley natural o divina, propuesta por Allan Kardec.

Ese eje establece la reciprocidad del acto  y de la reacción como forma  de conflicto positivo o negativo, generando reacciones  adecuadas  y aprendizaje gradual, por la infinita repetición de procesos, en los cuales  la encarnación, la vida, la muerte y la reencarnación son instrumentos básicos para desencadenar el crecimiento.

EL ESPÍRITU Y LA INMORTALIDAD

La inmortalidad es una característica natural del principio espiritual y, por consecuencia, del espíritu. Es de su naturaleza ser inmortal. Esa afirmación estructural es la que da soporte a la Ley de Evolución.
Siendo inmortal  y potencial, el ser espiritual necesita de instrumentos de  aprensión de los factores externos, de modo a crear condiciones de permanencia de si mismo.  La noción de un alma inmortal, creada junto con el cuerpo  y manteniendo la llama   de la vida  después de la muerte,  sin posibilidades de reciclaje y crecimiento, es comparada a la muerte  total, nada tiene que ver con la inmortalidad  dinámica que el Espiritismo enseña.

La encarnación  y la reencarnación del espíritu hacen parte de los mecanismos de la evolución.

Ella es necesaria para llevar al ser espiritual a la perfección (Le, cuestión 132). La reencarnación es un corolario de ese proceso: “…las encarnaciones sucesivas son siempre muy numerosas, porque el progreso es infinito.” (Ídem, cuestión 169.

El ser espiritual, para su desenvolvimiento integral en relación con los organismos, en la encarnación y reencarnación, se somete a una acción existencial repetitiva: nacer, vivir, morir, renacer. En este círculo completo  se inserta el “estado errante”, el tiempo vivido entre dos encarnaciones, en el plano extra físico.
Ahí está delineado, en líneas sencillas, el proyecto de la evolución de los espíritus.

Jaci Regis