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martes, 6 de marzo de 2012

Las tablas de la ciencia





    Algún tiempo atrás,  cuando el hombre comenzó a transmitir por escrito lo que le preocupaba, describió por vez primera un sueño común a todos los mortales: un día podremos saber por qué vivimos en esta tierra; descubrir el motivo de nuestra existencia y la del universo.

    Unos creyeron acceder a este conocimiento decisivo mediante una revelación mística. Otros optaron por encontrar la clave a través de la lógica y la razón. En nuestro mundo moderno, la mayoría ve en la ciencia el camino adecuado para alcanzar este preciado objetivo.

    No obstante, siempre queda algo sin respuesta. La verdad a la que los investigadores creen acercarse una y otra vez resulta ser, una imagen engañosa, una quimera. Aún así, los científicos no han renunciado con facilidad a buscar una explicación definitiva sobre el universo. En el mundo moderno, lo han hecho a partir de un supuesto básico: para poder explicar la existencia del cosmos a través de la razón, es necesario que éste sea, en sí mismo, un ente racional.

    Sabido es que dicho supuesto no ha sido común a todas las culturas. En la antigüedad, muchos pueblos creían que la naturaleza se encontraba bajo el control de unos dioses caprichosos que ejercían un poder arbitrario. Por eso, a los hombres les resultaba imposible comprenderla y mucho más predecirla. Otras civilizaciones consideraron el universo como algo fundamentalmente irracional, puesto que no se le puede aplicar ningún principio de ordenación básica. Nuestras actuales ciencias hunden sus raíces en la Europa medieval y han surgido bajo la influencia doble de los filósofos griegos y de la teología judeocristiana. Los primeros, profundamente convencidos de la fuerza del razonamiento sistemático, creían que al hombre le es posible descubrir la esencia del cosmos mediante el pensamiento lógico. Algunos, entre ellos Pitágoras, pensaban que el universo era matemático por naturaleza y que sólo se necesitaría desarrollar y perfeccionar las matemáticas para poder explicar todos sus secretos.

    En el fondo, los números y las formas geométricas eran para los griegos los eslabones de unión con la lógica fundamental del universo. Esta idea perduró en la lengua latina: la palabra ratio (razón) tenía para los romanos un sentido de clasificación o relación matemática.

     Por su parte, la religión judía aportó la idea de un Dios transcendente que creó el mundo y le impuso sus leyes. Desde esta perspectiva, la evolución del universo es comprensible: comienza con la creación y se desarrolla hasta alcanzar un estado definitivo. De modo que los acontecimientos y procesos ocurridos en la naturaleza aparecen como parte del plan divino.


Las leyes físicas son tan absolutas como antes lo era Dios 

    Esta imagen de Dios como legislador todopoderoso fue transmitida también a la doctrina cristiana e imperó en la cultura europea medieval, mientras se arrumbaba la filosofía clásica. En el siglo XIII, sin embargo, el Viejo Continente volvió a descubrir las obras de pensadores como Platón y Aristóteles, gracias a las traducciones de los filósofos árabes. La mezcla de las dos concepciones del universo puso los cimientos del pensamiento occidental.

    Tomás de Aquino, que estudió en Colonia y se hizo famoso en París, comenzó a aplicar al estudio de la Teología, las rigurosas técnicas de la geometría griega, con sus axiomas (principios no demostrables, pero reconocidos como ciertos) y teoremas (tesis demostrables) . La doctrina tomista imaginaba a Dios como un algo perfecto y racional; es decir, consciente. Este Dios habría creado el universo como signo de su inteligencia superior.

    Lo esencial en este pensamiento es que Dios, el creador, existe fuera del tiempo. Por ello, sus leyes son verdades eternas -algo parecido a lo que pensaban los griegos sobre sus teoremas matemáticos-. El Dios de Tomás de Aquino es abstracto y está por encima de nuestra realidad. A pesar de ello, su idea ha determinado el pensamiento cristiano durante muchos siglos y, por lo tanto, también el pensamiento europeo.

    Todavía cuando Isaac Newton y sus contemporáneos del siglo XVII crearon los fundamentos de la física, estaban convencidos de que con sus descubrimientos seguían las huellas de Dios y de sus obras. Creían firmemente que el orden racional descubierto en la naturaleza tenía su origen en la divinidad. Estos científicos se imaginaban un universo cuyo orden regían unas leyes naturales muy concretas que, a sus ojos, eran ideas de Dios. Tal concepción perduró en generaciones científicas posteriores, que perpetuaron la creencia de que las leyes de la naturaleza son eternas.
    Más tarde, se imaginaron las leyes como algo ´fluctuante libremente´, como simples principios reguladores, que venían dados, sin pararse a pensar más en su validez.

    El  último estadio fue traspasar a las propias leyes algunas de aquellas propiedades que se habían adjudicado al Dios de quien se creía que procedían.

    Así continúa siendo hoy. Los investigadores coinciden en que las leyes básicas de la física son, en general, válidas, absolutas, todopoderosas y eternas. Además, muchos creen que estas leyes son también transcendentes; es decir, que existen por sí mismas, indiferentes al estado físico en el que se encuentre el universo.

    La creencia newtoniana en la inspiración divina ha sido definitivamente abandonada, pero no se ha explicado el auténtico origen de las leyes naturales. Es más, resulta curioso que la mayoría de los científicos de hoy en día no malgasten ni un minuto de su tiempo en explicar de dónde proceden los principios de la ciencia. Y eso que esta gigantesca empresa que denominamos ciencia se basa, precisamente, en que el universo es un sistema regido por leyes racionales y aprehensibles.


Un código secreto enmascara los principios naturales

    El recurso a la divinidad resolvió muchos problemas en un tiempo de fervor religioso como el que les tocó vivir a Newton y sus discípulos, pero su abandono crea un vacío serio en el pensamiento de nuestros días. De hecho, si renunciamos a creer en las leyes naturales como ideas de Dios, podemos convertir a la ciencia en algo cercano alo enigmático. Un enigma que se hace mayor cuando se considera que las leyes de la naturaleza no son, de ningún modo, fáciles de entender.
    Piénsese si no en la sencilla ley de la caída de los cuerpos. Galileo Galilei sólo llegó a comprenderla después de haber realizado muchos experimentos y haberla observado cuidadosamente durante largo tiempo. Y cuando luego se atrevió a formularla, chocó con el escepticismo general. El problema es que la mayoría de las personas no pueden ver intuitivamente que los cuerpos, tanto pesados como ligeros, se aceleran del mismo modo al caer bajo el influjo de la fuerza de la gravedad terrestre. Esta ley se oculta también frecuentemente detrás de la máscara de la resistencia del aire, que nos impide acceder al verdadero fundamento de la caída de los cuerpos, si no contamos con un complicado sistema de conocimientos físico-matemáticos.

    En fin, después de olvidar la herencia divina, la ciencia se da cuenta de que las leyes naturales son difíciles de comprender a simple vista, sin la ayuda de elementos transcendentes que expliquen lo que la lógica no puede llegar a abarcar.

    El físico norteamericano Heinz Pagels habló de un código cósmico secreto para referirse a la dificultad de aprehensión de la ciencia. Las leyes de la naturaleza, decía, están redactadas en una especie de escritura cifrada, por lo que no las podemos percibir directamente. La misión de los científicos sería hincarle el diente a este código y descifrar el mensaje, lo que sólo se consigue a través de una equilibrada combinación de experimentos y teoría. Heinz Pagels pensaba que el experimento es una consulta a la naturaleza. En este interrogatorio, el científico recibe respuestas en clave. Luego, el teórico intenta descifrar las respuestas y ordenarlas de una forma racional.

    Pero el interrogante no acaba aquí. En este orden de cosas, los científicos ateos se encuentran ante un nuevo problema. ¿De dónde viene esta aptitud del hombre para descifrar las leyes de la naturaleza? Si nuestras cualidades intelectuales son el resultado de una evolución biológica, igual que nuestras propiedades corporales, será de esperar que nuestra capacidad de deducir las leyes de la naturaleza lleve consigo una ventaja en la lucha por la vida. Pero esto es precisamente lo difícil de reconocer.

    A veces se dice que ya es una ventaja en la vida el poder esquivar los objetos que caen desde lo alto, saltar por encima de los arroyos y poder captar los ritmos naturales, como el de las estaciones del año. Pero estas aptitudes no se consiguen precisamente con la inteligencia, sino que se nos dan de un modo puramente intuitivo. Y no sólo el ser humano lo consigue, sino que también lo logran muchos animales, que ciertamente no pueden desarrollar ninguna facultad de comprensión de las leyes científicas. La capacidad de superar tales situaciones está simplemente archivada en el cerebro, porque se han tenido anteriormente experiencias en situaciones similares. Por ejemplo, cuando nos apartamos al ver caer un árbol, no utilizamos los conocimientos sobre las leyes de la física adquiridos a través de la investigación.
Es cierto que las ciencias de la naturaleza han logrado éxitos altamente espectaculares en los campos de la física atómica y de la astrofísica, pero nadie deducirá que es más fácil sobrevivir en la selva para alguien que sepa penetrar en los secretos del átomo o calcular la estructura de un agujero negro. Evidentemente, nuestros cerebros están adecuados de una forma admirable para comprender los modelos y principios del ordenamiento de la naturaleza, precisamente en aquellos campos que no tienen la más mínima importancia para la evolución biológica de la especie. Sin embargo, en términos estrictos de supervivencia, parecería que gozamos de las mismas ventajas que otros animales avanzados.
El misterio es aún mayor si examinamos cómo se utilizan los conocimientos científicos. La mayor parte de nuestros resultados en el campo de las denominadas ciencias exactas están formulados en lenguaje matemático. Todas las leyes fundamentales de la física se pueden expresar simplemente y de forma resumida a través de fórmulas numéricas.

    La idea que impulsaba a los filósofos naturalistas griegos de la antigüedad de que el mundo do no sería otra cosa que una manifestación de principios matemáticos ha continuado viva hasta hoy, sobre todo en la teoría física.

    Naturalmente, el físico matemático actual tiene en su mano más medios que la sola geometría euclidiana para introducirse en los secretos de la naturaleza. Por ejemplo, puede utilizar modernas ramas de las matemáticas, como la teoría de grupos, la geometría diferencial y la topología. Es tal la importancia de las matemáticas que el astrónomo inglés Sir James Jeans llegó a exclamar: «Dios es un matemático».

    Las matemáticas, en cualquier caso, no nos han sido dadas por la evolución, sino que son un producto de la inteligencia humana superior. Surgen de las partes altamente desarrolladas de nuestro cerebro, el órgano más complejo que conocemos. No resultará entonces raro que un sistema tan evolucionado permita entender los procesos más elementales de la naturaleza. Pero esta posibilidad de resolver problemas de cálculo integral o ecuaciones diferenciales apenas sí supone una ventaja biológica.

    No hay que desdeñar, sin embargo, la importancia de las aptitudes matemáticas en nuestro mundo. Fijémonos, por ejemplo, en la aparición esporádica de genios, que nos sorprenden con sus extraordinarias capacidades. Personajes de este tipo existen en cada generación, lo que demuestra que las aptitudes matemáticas extraordinarias tienen que estar grabadas como factor estable en los genes humanos hereditarios. Pero, ¿por qué?

Ahora se aclaran la mayoría de los procesos de la naturaleza

    En los últimos años se ha impuesto en el campo de la física matemática un objetivo prioritario:   la    unificación. Muchos físicos teóricos esperan y confían en que todas las leyes básicas de la física puedan fundirse en una única super ley. Esta teoría se podría expresar como una breve fórmula matemática, suficientemente corta para que pudiera ser impresa sobre una camiseta. A partir de esta fórmula, se podría deducir luego la descripción de toda la naturaleza.

    El matemático Stephen Hawking estaba totalmente imbuido de esta esperanza cuando tituló su lección magistral de ingreso en la Universidad de Cambridge con la siguiente pregunta:

     ¿Está a la vista el fin de la física teórica? Naturalmente, puede tratarse de un exceso de optimismo. Pero lo cierto es que, en los tres escasos siglos transcurridos desde Newton, la ciencia ha realizado suficientes progresos para poder explicar con teorías matemáticas ya existentes una enorme cantidad de fenómenos de la naturaleza. Muchos físicos creen incluso que tenemos buenas explicaciones para la mayoría de los procesos naturales.

    Por ejemplo, las teorías de las cuatro fuerzas fundamentales, complementadas con la mecánica cuántica, se van confirmando cada vez más con los nuevos experimentos y observaciones. Con estas teorías no sólo podemos hacer comprensible el micromundo interior de un átomo sino que nos sirven igualmente para explicar fenómenos cósmicos. Así, puede decirse que la teoría física disponible actualmente comprende, aunque de forma provisional, una descripción exacta del mundo, desde los campos más pequeños hasta los más grandes.

    Uno puede pensar que las leyes que rigen el universo son demasiado complicadas para nuestra inteligencia. Pero, sorprendentemente, no es así. Es verdad que, según todas las apariencias, estas leyes están consignadas en clave y tienen una enigmática profundidad. Pero, al mismo tiempo, son absolutamente comprensibles, si se utilizan las matemáticas, cuyo grado de dificultad queda dentro de las posibilidades humanas.

    La feliz circunstancia de que esto sea así merece una consideración más exacta. Si lo examinamos, surge algo sorprendente. Un matemático-físico únicamente estará preparado para la investigación básica al cabo de unos 20 años de estudios y formación. Por otro lado, la historia de la ciencia nos demuestra que la mayoría de los grandes avances en este campo ha sido conseguida por científicos jóvenes, cuyas edades rondan los 30 años. Ambos valores se complementan. La duración de la preparación necesaria es sólo un poco más corta que el tiempo de la mayor productividad. En otras palabras, los hombres suelen alcanzar al mismo tiempo una experiencia matemática madura y la creatividad suficiente para poder colaborar en la tarea de descifrar el código cósmico.


Hay verdades matemáticas que son indemostrables

    Hay que recordar que la vida, el tiempo de máxima actividad y el período de formación de una persona son valores puramente biológicos (la formación depende de la capacidad física de aprendizaje) . Todos los valores biológicos, a su vez, se derivan de procesos de selección evolutiva. Resulta, pues, inimaginable que exista cualquier tipo de relación entre estos procesos naturales y la complejidad matemática de las leyes. Por ello es curioso que todos los hombres estén capacitados para comprender los principios científicos en el mismo tiempo biológico.

    Puede haber personas que dejen de lado estas realidades y consideren que carecen totalmente de importancia, que son una casualidad. Pero, en mi opinión, tales realidades indican una profunda relación entre nuestra existencia como seres racionales y la existencia del universo natural con sus diferentes leyes y sistemas. Con ello, no pretendo negar que en el Homo sapiens haya algo especial. Pero afirmo que la aparición del conocimiento, como un fenómeno del universo, en un determinado lugar y en un determinado tiempo concreto, no es ningún suceso casual, sino fundamental.

    Llego a esta conclusión, porque resulta claro que el conocimiento -el nivel más alto de desarrollo- va unido a la estructura del mundo natural, sus leyes y sus partículas -el nivel más bajo de desarrollo-.

     El físico David Deutsch, de la Universidad de Oxford, ha destacado un aspecto especialmente raro de esta relación, al certificar una convivencia extraordinaria entre las leyes matemáticas y las que rigen la naturaleza. Sus ideas tienen algo que ver con la teoría matemática y, por lo tanto, no es tan fácil de explicar. De modo que tendremos que hacer algunas aclaraciones previas.

    A los ojos de la mayoría de las personas, las matemáticas son una serie casi inabarcable de relaciones formales. Por ejemplo: la cantidad A equivale a la cantidad B, si de la cantidad B se resta la cantidad C. Hay tantas relaciones de este tipo, que una persona sólo podría realizar efectivamente una mínima parte de ellas, aun que dedicara a ello toda su  vida.

    Sin embargo, existe la creencia muy generalizada de que todas las operaciones matemáticas pueden ser realizadas con un ordenador  adecuadamente potente y el tiempo necesario. Es una opinión errónea.

    Juiciosos científicos, como el matemático Kurt Göde1 en los años treinta, demostraron que hay verdades matemáticas que son desde luego ciertas, pero que no pueden ser demostradas. Y esto no ocurre sólo en algunos campos abstractos de las matemáticas, sino también en las operaciones de cálculo cotidianas.

    Poco después de que Gödel publicara su hallazgo, el matemático inglés Alan Turing lo utilizó para demostrar que hay cifras que no pueden ser calculadas. Son cifras que, aunque está demostrada su existencia, no se derivan de ningún cálculo realizado por cualquier procedimiento matemático sistemático (algoritmo). De modo que sólo podemos resolver una pequeña parte de las verdades matemáticas existentes.

    Junto a estas ideas, cobra especial importancia el pensamiento del mencionado David Deutsch sobre la relación entre las leyes matemáticas y las naturales. S gún el físico de Oxford, «el modo de trabajo de un ordenador depende de la estructura del mundo natural. Es una parte de este mundo y por lo tanto consta de los materiales en él existentes. Lo mismo puede decirse del cerebro humano: la forma de calcular de un ordenador o la manera de pensar de nuestro cerebro dependen de cómo sean las leyes de la naturaleza».

    Y de todo esto, ¿qué deducimos? Simplemente, que lo que puede y lo que no puede ser calculado es decidido por las leyes de la física. Ya se ha comentado aquí cómo se adaptan nuestras matemáticas, inventadas por el ser humano, a las leyes de la naturaleza; de qué forma tan magníficamente sencilla pueden describirse con ellas los fenómenos naturales.

    De modo que, con esta apreciación, se cierra el círculo: las leyes de la física permiten que surja un mundo en el que son posibles determinadas operaciones matemáticas que, a su vez, explican las leyes de la física. Trabalenguas éste, que nos lleva a la siguiente pregunta. ¿Es este círculo cerrado algo exclusivo de nuestro universo? ¿Es nuestro mundo el único en el que se puede calcular su código cósmico? Si existen otros mundos, independientemente del nuestro, ¿pueden surgir en ellos también unas estructuras complejas, como los seres vivos biológicos, que sean conscientes de su entorno?  Debemos preocuparnos de estas cuestiones que van mucho más allá del campo de la física, para adentrarse en la metafísica. No conocemos las respuestas. Yo, personalmente, creo que la coincidencia entre seres racionales, capaces de pensar matemáticamente, y la estructura matemática de su mundo es tan improbable que tiene que ser única. La relación descrita entre matemáticas y mundo natural nos proporciona una cadena de pruebas en favor de que la inteligencia no ha surgido casualmente en el universo, sino que es una propiedad fundamental de éste.

    Como comprobantes adicionales, hay que añadir las curiosas casualidades, conocidas bajo el concepto de principio antrópico.

    Desde hace algún tiempo, los científicos han percibido que nuestra existencia depende con una gran exactitud de toda una serie de circunstancias evidentemente felices. 

    Un ejemplo: si las leyes físicas de la naturaleza fueran sólo un poco distintas de lo que son en realidad, no podrían existir estructuras importantes para nosotros, como las estrellas estables que queman hidrógeno, caso de nuestro Sol. Tampoco podrían haberse desarrollado las condiciones necesarias para que surjan y existan seres vivientes biológicos. Sólo en un universo con leyes y condiciones como las que se dan efectivamente en el nuestro podrían surgir seres racionales y preguntarse luego por el sentido de la vida.

   Aún estamos lejos de conocer la conciencia de Dios

 Ya se ha especulado frecuentemente sobre la cuestión de si las leyes de la naturaleza están codificadas de forma óptima. El filósofo alemán Leibniz afirmaba que vivimos en el mejor de todos los mundos posibles. Esto ha hecho que en nuestro tiempo surjan científicos que defienden esta idea y quieren hacer de ella una afirmación matemática exacta.
Al final de estas controversias debe resultar un principio de la máxima multiplicidad. Nadie puede decir qué es lo que ocurrirá en el futuro con el hombre. Quizás los vertiginosos progresos científicos que estamos viviendo actualmente son sólo una escapada solitaria dentro de un desarrollo por lo demás tranquilo.

    Y quizás estemos tan lejos como siempre de conocer la conciencia de Dios.

    Pero yo me siento obligado a creer que, a través de la ciencia, podemos tener efectivamente a nuestro alcance los fundamentos racionales de la existencia natural. Esta confianza se basa en que hemos descifrado ya grandes partes del código cósmico y que algún día conoceremos quizás toda la verdad. Y esto me parece demasiado admirable para que pudiera tratarse de una simple casualidad.

    De un modo extraño, quizás por caminos inescrutables, parece que hubo algo o alguien que quiso que los humanos estuviéramos aquí.

   Artículo de Paul Davies. Profesor de Física Teórica en la Universidad de Adelaida, Australia.
Texto reproducido y digitalizado de la revista Muy Interesante nº 131 – Abril de 1992





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lunes, 5 de marzo de 2012

El despertar de la mariposa





“Reflexiones sobre el paso de la vida terrenal para la espiritual”


Nada nos podemos llevar.

Los Espíritus Superiores respondieron a Allan Kardec que el alma nada lleva de este mundo a no ser el recuerdo y el deseo de ir para un mundo mejor, recuerdo lleno de dulzura o de amargura, conforme el uso que hizo de la vida. Cuanto más pura fuera, mejor comprenderá la futilidad de lo que deja en la Tierra.

En el Evangelio Según el Espiritismo, Blaise Pascal dicto un mensaje que resume bien este aspecto:

“El hombre no posee en si sino lo que puede llevar de este mundo. Lo que encuentra al llegar, y que lo deja al partir, goza de ello durante su permanencia en la Tierra; más, una vez que es forzado a abandonarla, de ello no tiene sino el gozo y no la posesión real. ¿Qué posee en fin?  Nada de aquello que es para el uso del cuerpo, y si todo lo que es de uso del alma: la inteligencia, los conocimientos, las cualidades morales; es lo que trae y es lo que se lleva, y que no esta en el poder de nadie arrebatarle, lo que le servirá más aun en el otro mundo que en este; de el depende ser más rico a su partida  que a su llegada, porque de aquello que hubiera adquirido en bien depende su posición futura.”

Por tanto comprendemos que el Espíritu sufre las consecuencias de todas las imperfecciones que no consiguió corregir en la vida terrena. El alma lleva  dentro de si el infierno o el paraíso, no importa donde  se encuentre.

“A cada uno según sus obras, en el Cielo como en la Tierra: tal es la Ley de la Justicia Divina”, Ya lo decía Allan Kardec.


Si durante la vida terrena, la Entidad Espiritual  la paso solamente preocupada  en satisfacer su propio egoísmo, después en la muerte no puede ultrapasar los planos groseros, las zonas de las tinieblas, las regiones más densas del mundo espiritual.
Adaptación en el Plano Espiritual

Marlene Nobre, en su excelente libro “Nuestra Vida en el Más Allá”  nos relata que “la adaptación “al otro lado” de la vida varía de acuerdo con el grado evolutivo del Espíritu.

Para la inmensa mayoría de desencarnados de evolución espiritual mediana, ella no se hace sino lentamente, influenciada por innumerables factores.

Para los de condición inferior, la permanencia en los planos de sombra representa sufrimiento en diversos grados, vida desorganizada, actos crueles o profundización en los caminos improductivos de la ignorancia, con excesos de maldad.

Los asuntos pendientes de todo orden – financieros, emocionales, afectivos y, principalmente, el complejo de culpa – traídos de la costra, van a ejercer el papel preponderante en el estado de animo de los convalecientes espirituales, influyendo directamente, en la adaptación de ellos a la Vida Nueva.

Otros factores que dificultan la adaptación del espíritu en esta fase de transición en el Nuevo plano, son la salud de los entes queridos que quedaron, y su formación religiosa.
La gran deficiencia de la mayoría de las religiones es que ellas preparan a sus fieles para la muerte.

Como ilustración, vamos a relatar un trecho, extraído del libro “Cartas de una Muerta” dictadas por D, Maria Juana de Dios, madre de Chico Xavier, a través del propio médium, donde relata las impresiones iniciales de sus vida en el más Allá:

“Para mí, mi querido hijo, las ultimas impresiones de la existencia terrena y los primeros días transcurridos después de la muerte fueron muy amargos y dolorosos. Quiero creer que la angustia, que en aquel momento avasallo a mi alma, se originó de la profunda amargura que me ocasionaba la separación del hogar y de los afectos familiares, pues, a pesar de creer en la inmortalidad, siempre me llenaba de pavor  los aparatos de la muerte; y dentro del catolicismo, que yo profesaba fervorosamente, me atemorizaba la perspectiva de una eterna ausencia. Luche, en cuanto me lo permitieron las fuerzas físicas, contra la influencia aniquiladora de mi cuerpo; más fue una lucha singular  la que sustente, como suele acontecer en los corazones maternos, cuando peligra  la tranquilidad de sus hijos. Únicamente ese amor  me obligaba al apego a la vida, porque los sufrimientos, que ya había experimentado, me desprendían de todo el placer  que aun pudiese advenirme de las cosas terrestres.

Sintonía de los dos Planos

En el periodo que se sigue a la muerte física, los habitantes de los dos planos de la vida  continuaran ejerciendo influencia reciproca acentuada, en general  insospechada por los encarnados. Es claro que esta influencia perdurará siempre, más no tendrá el grado de intensidad de los primeros tiempos de la separación. Es natural que sea así porque nosotros  nos alimentamos del magnetismo de las personas amadas. Cuando la muerte nos impone  la separación provisoria, nos sentimos lesionados en el amago del ser,  necesitado de recomponer  las energías básicas, de reparar el circuito de fuerzas magnéticas en el cual nos equilibramos. Este raciocinio es valido para los que se encuentran en los dos planos de la vida.

La influencia de los pensamientos y acciones de los que permanecen en la costra es tan significativa que, muchas veces, los desencarnados no consiguen adaptarse a la nueva vida, vagando sin rumbo, perturbados, sin condiciones de asumir sus funciones en la verdadera patria.

Eso acontece porque hay una falta de preparación generalizada ante la crisis de la muerte. Encarnados y desencarnados sufren profundos desequilibrios psicológicos y espirituales, ante la separación que juzgan definitiva, porque para la inmensa mayoría, sin “ojos para ver”, solamente el silencio dolorido responde a las llamadas de parte a parte.

Todo pasa como si los primeros llorasen desesperadamente en un compartimiento de la casa, y los últimos en el otro, más incapaces de entenderse, a pesar de la proximidad, por la absoluta falta de preparación en lidiar con ese tipo de comunicación. Todos gritan, más nadie se entiende.


Un apelo de los desencarnados a los que quedan.

Muchos encarnados claman desesperadamente por los que partieron, vertiendo lagrimas de hiel, cuando no alentando ideas de suicidio e la engañosa  ilusión de reencontrarlos.

Hay mucho desasosiego en la vida psíquica  de los desencarnados, toda vez que los familiares no aceptan la separación o procuran la venganza, en los casos de desencarnación por asesinato, alimentando los sentimientos inferiores muchas veces envueltos en ese proceso.

Innumerables otros comunicantes hablan de la dificultad de adaptación al mundo espiritual por causa de la perturbación de los familiares. Ese desequilibrio, muchas veces  intenso, no les permite la propia renovación en el plano en que se encuentran.

Vamos a destacar algunos trechos de las cartas de los desencarnados en los cuales solicitan la comprensión de los familiares ante la separación. Son puntos muy útiles  para nuestro propio preparación ante la muerte:


(1)     “Veo su rostro sin parar, todo bañado  en lágrimas sobre el mi y su voz le alcanza de manera tan clara que parece colocar los oídos en el corazón. ¡Ha,  Mama!  Yo no tengo derecho de pedir su cariño más siempre lo recibí, más si soy su hijo puedo pedir alguna cosa más a su dedicación, no llore más.” (Alberto Texeira a través de Chico Xavier)

“Evidentemente que no vamos a cultivar falsa tranquilidad, considerando natural que alguien muy querido parta al plano espiritual. Por muy grande que sea nuestra comprensión, con seguridad sufriremos mucho. No en tanto, debemos mantener la serenidad, la confianza en Dios, no por nosotros mismos, más sobretodo en beneficio de aquel que partió. Más que nunca el precisa de nuestra ayuda, y principalmente de nuestras oraciones.
 Realizado con mucho amor y cariño por  Merchita 

([1]e2) Texto extraído de “Nossa Vida no Além” – Marlene Nobre – Ed FE




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viernes, 2 de marzo de 2012

¿Dónde está el Cielo de las religiones?



    Sobre esta cuestión podemos imaginar todo cuanto seamos capaces, al igual que ante la del infierno, tal como han hecho tantos líderes religiosos.
     No hay ningún cielo eterno, pero  en los planos astrales, sí que existen regiones espirituales diferenciadas según los diversos grados de evolución de los espíritus que las pueblan. Pero en todos estos planos mas o menos elevados, hay algo en común: La actividad constante y el trabajo y aprendizaje contínuos, aunque en los menos elevados, los espíritus también tienen sus periodos de descanso,que les son necesarios al igual que también el descanso en imprescindible en nuestro mundo físico.

     Sin el trabajo, la actividad y la evolución contínua en todos los planos espirituales y en los mundos que los componen, no se podría comprender que Dios, que obra continuamente, dejase a los espíritus creados de Su Esencia, estacionados e indolentes, mientras estamos comprobando que en nuestro mundo material, la Evolución de todos los seres y las formas, incluido el ser humano, es una realidad palpable.
     En Espiritismo, la palabra “Cielo” poco tiene que ver con el cielo teológico de las religiones que lo señalan como una suerte estacionaria y definitiva de los espíritus que lo hayan merecido en una sola vida humana.
La palabra “Cielo”, siempre fue utilizada para referirse a las regiones astrales superiores, plenas de mundos habitados por Espíritus buenos, y felices, colaborando con toda la Creación de Dios y con sus hermanos espirituales.

     El Cielo no es un lugar físico o delimitado del Universo, sino un estado vibratorio de unas altas frecuencias de energía espiritual muy elevadas, que está ubicado en los Mundos espirituales existentes en los Planos mas elevados donde se reúnen los Espíritus que gozan de un estado de total felicidad y dicha; este estado al que se le ha calificado muy acertadamente como de “glorioso”, es experimentado por el Ser con arreglo a las cualidades conquistadas que ha hecho suyas y le capacitan para experimentar ese estado de dicha. Cuando digo lo de los planos elevados, efectivamente, son los más elevados o alejados con respecto a la superficie de la Tierra, en la que se superpone o mezcla uno de los planos más inferiores, conocido como “la Costra”. De ahí la presencia más habitual de seres espirituales inferiores que facilmente sintonizan con los seres humanos con un inferior desarrollo espiritual y a los que influyen negativamente en un proceso de vibración semejante y atracción mútuas.

Este estado reagrupa a los Espíritus en los mundos que existen en los más elevados planos de existencia ; por supuesto, que no hablo de mundos físicos, sino pertenecientes a una dimensión espiritual de frecuencia mucho más alta de la que tenemos naturalmente los humanos en la Tierra.

En este estado existen Seres de Luz que sintonizan con la vibración propia de esos elevados mundos, lo cual les permite permanecer existiendo en ellos. Estos Seres viven y se relacionan entre sí , pudiendo relacionarse también con los de otros planos inferiores a los que ayudan en su ascenso evolutivo. Es una relación que hacen posible porque se les permite la reducción a voluntad de sus propias vibraciones, hasta ponerlas a nivel de los seres y mundos inferiores a quienes desean ayudar o manifestarse. Esta actividad les supone una constante colaboración con la Obra de Dios cual es la Gran Obra de la Creación y su Evolución , lo que les tiene inmersos en una constante actividad que les proporciona un inimaginable estado de dicha. En esos planos y mundos astrales es imposible imaginar en toda su realidad, para el Ser humano en este mundo, cómo es este estado de permanente gozo ; esto les supone como un premio que lograron por los méritos propios de su esfuerzo en conquistar unos valores que les permitieron sintonizar y permanecer en esa elevada frecuencia.

Este estado de felicidad no tiene nada que ver con un estado de anonadamiento o indolencia, como podría parecer por la idea del “Nirvana” budista; por el contrario se debe comprender como un estado de actividad contínua y una ausencia de las ataduras por las deudas contraídas con la Ley de Causa y Efecto, que nos sujetan a los demás Seres que aún estamos en los planos físicos, y por supuesto , tampoco tiene nada que ver con un estado de eterna contemplación estática y ociosa de Dios y es admitida por el Cristianismo a modo equivalente al “Nirvana”.

Tal vez esto cueste comprenderlo a nuestras mentes racionales, pero a través de la meditación, podemos llegar a sentir que esta dicha viene dada por la propia conciencia expandida, y el Ser se siente implicado en una constante actividad, colaborando en la gran Obra Divina de la Creación infinita de los mundos y seres, formando parte activa e integrada en una infinita escala de Amor y Solidaridad que enlaza y relaciona los mundos y a los Seres que los habitan.

El grado de felicidad alcanzado por los Seres cuando llegan a conquistar ese Plano, es proporcional a su grado de elevación y de pureza, que conlleva el profundo conocimiento de muchas cosas. Asimismo carecen de cualquier clase de sentimiento negativo, de necesidad ni de deseo físico , ni tampoco de las pasiones o frustraciones que hacen infelices a los Seres humanos.

El Amor que les une es el motivo de su enorme felicidad, y sobre todo son felices por el bien que hacen, en sintonía con El Creador.

     Si esa felicidad no la pudiesen compartir con otros, no sería auténtica o total felicidad sino solamente un gozo egoísta y limitado. Por eso la felicidad en esos niveles espirituales viene dada por la comunión de pensamientos y sentimientos que unen a los Seres afines entre sí.

- José Luis Martín -


No Juan, no hay tal lugar. El cielo no es un lugar, ni un tiempo.El cielo consiste en ser perfectos”
                             -“Juan Salvador Gaviota”-Richard Bach-

jueves, 1 de marzo de 2012

Como Encontrarnos con Nuestros Guías

    
                                      Comunicado mediúmnico de los Guías Espirituales

       A través de la elevación del pensamiento. Como una luz en el horizonte, como un resplandor en la oscuridad, así somos vuestros guías luz y amor en cada momento, en cada instante.

Esperando vuestra llamada, indicando vuestro camino, aconsejando en cada momento. Os dejamos la libertad de vuestro camino, pero os inspiramos en todo momento para que sigáis el correcto.
       

    Todos habéis venido a la tierra con una misión y nuestra labor es procurar que la cumpláis, mejoréis y avancéis. Siempre estamos ahí, muchas veces presentís y notáis nuestra presencia, pero apenas le dais importancia.

    Debéis de lograr despertar para poder comunicarnos más de lo que lo hacemos. Llegará un día que todo será más natural y la humanidad podrá avanzar.

    Todos somos hermanos y nuestra misión es la de haceros progresar y avanzar hacia la nueva era, hacia la perfección. Limpiar las barreras y sobre todo amar.

    El desarrollo de los guías hacia vosotros, es un amor incondicional, pues solo por amor nos es permitida la ayuda hacia vosotros. Un guía está ahí constantemente ayudando hacia vuestro progreso.

   Conocemos vuestras debilidades y luchamos para que las podáis vencer, os cuidamos y damos fuerza cuando decaéis y es en ese momento cuando más os ayudan, pero en ese momento nunca apreciáis.

     La esencia que os envuelve y el amor que os cubre, son dados y transportados por vuestros guías que siempre están ahí con todos vosotros. Amor incondicional dado y llevado en cada momento de vuestra vida.

   Cuando sufrís nosotros sufrimos, cuando lloráis lloramos, cuando amáis amamos y somos felices, nos importáis con una esencia pura de amor no lo olvidéis.

    A lo largo de vuestra vida solo deseamos y amamos vuestra evolución,  pero os queremos tal y como sois.

    Intentar percibir la presencia de vuestros guías para lograr un adelantamiento, moral e intelectual de vuestro espíritu hacia la ascensión de los tiempos, venciendo las murallas del egoísmo que atrapa al ser humano.

     Nunca lo olvidéis, vuestra misión aquí en la tierra es vuestra ascensión aquí en el cielo.

Paz y amor.
Mª Carmen



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miércoles, 29 de febrero de 2012

Buenos días ( Por Merche)

   

     Queridos amigos : Estamos en los momentos en que se está operando la gran transición, y están ocurriendo muchos hechos anecdóticos, sabemos que los que no pasen, no serán olvidados de Dios  el Padre, ellos pasaran algún tiempo  en otras esferas, para aprender las Leyes  del Amor y del Bien, hasta que adquieran  las condiciones  de retornar al planeta, para dar su contribución en el progreso de la Humanidad.

    Somos una familia espirita, con diferentes procedencias,  pero todos nos unimos al que nos dirige que es nuestro hermano mayor Jesús, es El es el Camino, La Verdad y la Vida y con El no nos perderemos.

    Cuando Dios nos coloca en determinado lugar, es seguramente porque allí tenemos alguna tarea.  Cada situación en la vida tiene una finalidad definida. Siempre que nuestros pensamientos objetiven la práctica del bien, no nos será difícil identificar las sugestiones divinas.

    Todos nosotros encontramos en el camino los frutos del bien o del mal que hayamos sembrado. Bienaventurados  los deudores que se hallan en condiciones de pagar.

    Las experiencias dolorosas nos enseñan siempre. Dios reserva trabajo  a todos los que amen la vida sana, los que se entregan al placer, al lujo, al bienestar material y se olvidan de los objetivos de renovación en el camino del bien, experimentan llamadas dolorosas  que si no los hacen reflexionar y cambiar, pueden terminar en la muerte dolorosa del cuerpo.

    Despiertan al otro lado horrorizados, el miedo se apodera de ellos y es  uno de los  peores enemigos de la criatura, porque se aloja en la ciudadela del alma, atacando  las fuerzas más profundas.

   En general, la humanidad, vive en estado de sueño, en letargo y por eso mismo, padece la enfermedad más dominante, que es la ignorancia de si, del destino de cada uno, del significado de la existencia.

   Acomodados en la situación que se encuentran, los individuos, se quejan, pero no hacen casi nada para cambiar  los factores degradantes del conjunto social, algunas veces presentes en ellos mismos, se lamentan, por necesidad masoquista de inspirar compasión; se entregan al hecho por comodidad, no esforzándose, realmente, para conseguir  la superación de los obstáculos que surgen  como amenaza o impedimento para su progreso.

    En el mundo moderno abunda la conciencia de sueño,  por sus concesiones al placer inmediato, sin  aprovechar la oportunidad  para las emociones libertadoras.

   Un día surge, el instante en que el ser se ve inducido a despertar o permanecer en la muerte de la realidad. Pues es necesario  todo el empeño posible,  para conseguir despertar del pasado, y conseguir romper las cadenas  que lo mantienen atado  a la autocompasión e infelicidad, a auto desestimación  y carencia de respeto para con el mismo.
  Estar despierto es encontrarse pleno, conscientes de la realidad interior y de las infinitas posibilidades  de crecimiento que están a nuestro alcance; liberarnos de los miedos que nos inmovilizan  en la inutilidad; descubrir la alegría de vivir y de actuar; ampliar el campo de la  comunicación con la Naturaleza y todos los seres; multiplicar  los medios de dignificación humana, colocándolos al alcance de todos; someternos a la elocuente propuesta de iluminación que podemos encontrar en todas partes.

    Cuando estamos “dormidos”  estamos muertos, desperdiciamos la oportunidad educativa, esclarecedora,  terapéutica, enriquecedora. Y cuando estamos “despiertos” Jesús nos esclarece, con el fin de que avancemos con arrojo en la búsqueda de nuestra auto-identificación.

    Todos los triunfadores fueron personas despiertas para su actividad, para su compromiso con la vida, conscientes del propio valor, sin los sentimentalismos y fugas psicológicas,  de auto desvalorización, de auto punición.

   Cuando estamos despiertos, las conquistas y encuentros  son internos, resplandecientes  y calmos, poderosos como el rayo y suaves como la brisa del amanecer. Portadores de vida, nos conducen  al individuo, en la segura dirección de si mismo, haciendo comprender a los que duermen y no se interesan  por la decisión de entender o comprender la finalidad de la existencia.  Tampoco se irrita o se fastidia o se perturba con aquellos que lo agraden, que lo persiguen, que buscan afligirlo.

    Maria de Magdala despertó de la locura  que la encarcelaba al encontrar a Jesús y se transformo totalmente. Paulo de Tarso despertó,  después del llamado de Jesús  y nunca más fue el mismo; Francisco de Asís aceptó la invitación del Maestro y renació, abandonando al hombre viejo y tornándose el cantor de la Naturaleza, así muchos otros han dejado en la Tierra un ejemplo de lo que significa despertar.

    ¿A que esperamos nosotros! Dentro de la insignificancia de nuestro Yo no debemos olvidar que estar despierto significa encontrarse construyendo, libre de preconceptos y de límites, abierto al bien y a la verdad de la que deberemos tornarnos vanguardistas  y divulgador.

Amigos os deseo un feliz  fin de semana, que Dios nos Bendiga a todos, y un abrazo muy fuerte de Merchita.


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