" ¿Este dogma religioso, es la consagración del de la reencarnación enseñado por los espíritus?
-¿Como queréis que no sea asÍ? Sucede con estas palabras lo que con muchas otras, y es que sólo parecen absurdas a ciertas personas, porque se las toma literalmente, y por semejante razón engendran la incredulidad. Pero dadles una interpretación lógica, y aquellos a quienes llamáis libres pensadores las admitirán sin dificultad, por lo mismo que reflexionan; porque, no lo dudéis, esos libres pensadores no desean otra cosa que creer. Tienen como los demás, acaso más, sed del porvenir, pero no pueden admitir lo que la ciencia rechaza. La doctrina de la pluralidad de existencias es conforme a la justicia de Dios; sólo ella puede explicar lo que es inexplicable sin ella. ¿Como queréis, pues, que ese principio no esté consignado en la misma religión?..............
¿Así pues, la misma Iglesia con el dogma de la resurrección de la carne, enseña la doctrina de la reencarnación?
-Evidentemente. Por otra parte, esa doctrina es consecuencia de muchas cosas que han pasado desapercibidas, y que, dentro de poco, serán comprendidas en este sentido. No tardará mucho en reconocerse, que el espiritismo salta a cada paso del texto mismo de las Escrituras sagradas. Los espíritus no vienen, pues, a destruir la religión, como pretenden algunos; vienen, por el contrario, a confirmarla, a sancionarla con irrecusables pruebas.
Mas, como ha llegado el tiempo de no usar ya el lenguaje fijado, se expresan sin alegorías, y dan a las cosas un sentido claro y preciso que no pueda ser objeto de ninguna falsa interpretación. He aquí porqué, dentro de poco, tendréis gentes más sinceramente religiosas y creyentes que no tenéis hoy.
San Luís -------------------------------
Ama y haz lo que quieras.
Si callas, callarás con amor;
si gritas, gritarás con amor;
si corriges, corregirás con amor,
si perdonas, perdonarás con amor.
(San Agustín)
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y una bendición en forma de lluvia que colmará de bondades su espera…
A los corazones que sufren
con infinita paciencia Jesús les enseña
que si resisten con amor, humildad e indulgencia suyo será el reino de Dios con toda certeza
Confía siempre,
no estás solo, hay una luz al final del camino
aunque ahora tú no la veas.
Imprime a tu vida coraje y amor,
caridad e indulgencia.
El resto es cosa de Dios
Déjalo de su cuenta.
Piensa que todo viene y se va,
que las causas de nuestros bienes, de nuestros males…
están en este lugar o en otra anterior existencia.
Que al amar nuestros males son menos malos
Que debemos mirar de frente, sin rencor.
Que el miedo es humano Que nunca es demasiado tarde para el perdón, ni demasiado pronto para partir… y de esta vida marcharnos Que hay un millón de preguntas y otras tantas palabras desiertas.
Tú lucha con fe y sigue el camino de tu corazón
El resto es cosa de Dios…
Déjale a Él la respuesta.
Por B. ( Aportado por Mariani )
Podemos pasar por momentos de rabia, rencor y envidia… pero esas emociones no deben albergarse en nuestro corazón de forma permanente, deben ser sólo pasajeras, deben quedar atrás. Es necesario que controlemos esas emociones negativas y todo lo que llevamos dentro de nuestro interior.
-Rayen Urquiza -
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" No hay en el Espiritismo, en su cuerpo de doctrina, rigurosamente, una doctrina criminológica que pueda explicar el origen de la violencia. Es verdad, aunque, que sus tesis cardenales inciden fundamentalmente, inevitablemente, sobre algunas tesis de la Criminología y de la Psicología Social. Una de ellas, por ejemplo, es la del criminoso nato. La filosofía espírita afirma que la predisposición criminal, o la disposición para el acto violento, viene del espíritu y no de las glándulas, o de condición instintiva de la criatura, lo que revelaría una condición de imperfección del Creador”. Lo que la ciencia ve como una deformación de orden puramente constitucional o como instinto primordial del hombre, o, aunque mismo, como aprendizaje o herencia eminentemente cultural, la ciencia espírita comprende por otro prisma, porque lleva en consideración, sobretodo, los “antecedentes espirituales”, esto es, el conjunto de disposiciones y tendencias del espíritu, y no, propiamente, las anomalías y deficiencias de la constitución somática o de la estructura psíquica o social del individuo.
El Espiritismo no deja de conocer las acciones advenidas de las glándulas o de las presiones sociales e instintivas de la criatura. Entretanto, lo que él defiende es que ninguno de esos factores tiene predominancia absoluta porque la mayor o menor propensión para la violencia depende, principalmente, del grado de atraso o adelantamiento del espíritu.
El germen de la criminalidad o de la violencia está en relación con el estado moral del espíritu. Las anomalías corporales son instrumentos adecuados a los espíritus en determinados tipos de reencarnación, o sea, hay una evidente correspondencia entre la constitución somática y las pruebas por las cuales la criatura deberá pasar. El Espiritismo, entretanto, no lleva sus conclusiones al determinismo absoluto. En primer lugar, porque toda su estructura filosófica-moral parte de la premisa de la responsabilidad del individuo por sus propios actos y, después, porque la subordinación del individuo las influencias del organismo y de las condiciones sociales están en la dependencia de la evolución moral de él mismo. La visión espírita de lo que sea el libre-albedrío y el determinismo es de fundamental importancia para lo que pretendemos explicar. Para el Espiritismo, ellos son conceptos complementarios, porque coexisten en relación al grado de adelantamiento o no del espíritu. Sólo existe libre-albedrío cuando también está presente la responsabilidad. La Doctrina Espírita admite el determinismo, pero es importante recordar que, en su abordaje, encontraríamos un determinismo “divino”, que es la adquisición del estado de felicidad (una fatalidad que fue “impuesta” a todos nosotros), y un determinismo “relativo”, en que el espíritu recibe sus sanciones morales sobre la base de pruebas y expiaciones, a través de las reencarnaciones sucesivas. El Espiritismo, sin embargo, posee, como uno de sus cimientos doctrinarios, el libre-albedrío, como podemos ver, en la práctica, criaturas que consiguen, en la razón de su desarrollo espiritual, vencer sus propias inhibiciones físicas y resistir a las presiones del medio donde viven, sin huir de las experiencias del mundo y sin apelar para cualquier medio de fuga. Siendo así, la Doctrina Espírita entiende al violento como un enfermo espiritual y no como un producto del medio social ni como resultado de un degenerativo hereditario y, mucho menos todavía, como un ser creado con instinto destructor, del cual él no puede huir. Si el indivíduo fuese fruto de su medio, toda la sociedad bien organizada tendría como producto hombres de bien. Del mismo modo, si admitiésemos la tesis de la hereditariedad, el grado de criminalidad de una família oriunda de padres criminales tendría que ser mais elevada do que vemos normalmente. La tesis del instinto, que atribuyó al hombre un instinto de destructividad (en el que fatalmente el hombre iría a destruirse), va de encuentro a la visión espírita de Dios, ya que la presencia de ese instinto, así comprendido, no es compatible con a percepción de un Padre de Bondad y Amor. (...) La Agresividad, nos recuerda a Joanna de Angêlis, “repunta desde los primeros días de vida infantil y debe ser disciplinado por la educación, en su noble finalidad de corregir y crear hábitos saludables.” La más importante terapéutica es la prevención. Ella exige que todos los adultos que busquen el ejercicio del amor, bajo la inspiración de la doctrina de Jesús, entiendan que necesitamos moralizarnos, para que podamos realmente educar las nuevas generaciones y ofrecerles un ambiente más sano y humano. Richard Sirnonetti nos recuerda que “cuando la contención de la violencia dejar de ser un problema policial y se transforma en cuestión de disciplina del propio individuo; cuando la paz sea producto no de la imposición de las leyes humanas, pero de la observación colectiva de las leyes divinas, entonces viviremos en un mundo mejor.” En realidad, lo que observamos en los días actuales es la liviandad de muchos maestros y educadores inmaduros, sin habilitación moral para tales propósitos, o sea, para la educación de nuevos individuos que aportan en la costra terrestre, facilitando la diseminación de la violencia y de la creencia de que esta forma de actuar es capaz de resolver los problemas de la humanidad. El hombre renovado espiritualmente deberá invertir contra la llaga de la violencia a través de su acción reestructurante de la sociedad, buscando suprimir la injusticia social, luchando contra todas las situaciones que fomentan la miseria económica e instigan el ambiente pernicioso que ahora apuntala, combatiendo, por encima de todo, el orgullo, el egoísmo y la indiferencia presente en el corazón de cada uno. En esa visión, el hombre entenderá que nadie puede omitirse sabiendo que todo tributo de amor, como la paciencia y todo el fruto de luz, como saber, son valiosos tesoros para el futuro en la adquisición de la paz tan deseada. Dice el maestro Jesús, en el Sermón de la Montaña: “Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la Tierra”, en una alusión clara de que sólo aquellos que venzan sus impulsos violentos, haciéndose constructor de la paz, tendrá la oportunidad de habitar la Tierra en su período de regeneración.”
Trecho del trabajo de los Drs. Jaider Rodrigues y Roberto Lúcio Vieira de Souza, intitulado “Visión Psicológica de la Violencia” publicado en el Boletín Médico-Espírita n.° 10.
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La palabra "reencarnación", en Francés, fue creada por Allan Kardec en la segunda mitad del Siglo XIX, y traducida simultáneamente por sabios de la época; como "rencarnation", en Inglés, y, para el español, reencarnación, cuyo significado etimológico en todas esas lenguas es "acción de nuevo en la carne", esto es, el retorno del espíritu a un nuevo cuerpo.
Hasta entonces, se utilizaba en general el termino renacimiento, entre casi todos los pueblos, para designar la idea de lo que entendemos hoy por reencarnación. Pero se empleaban también otros vocablos, para expresar ese fenómeno de la búsqueda de un nuevo cuerpo, por parte del espíritu desencarnado.
Y entre esos vocablos se destacan: trasmigración, metempsicosis, metensomatosis y resurrección. La metempsicosis, más común entre los Hinduistas, admite que el espíritu pueda volver reencarnado, en un ser biológico de otra especie no humana.
Metensomatosis, quiere decir cambio de cuerpo, pues que, en realidad, el cambio es de cuerpo, y no del espíritu.
En el caso de la palabra “resurrección”, palabra muy usada en la Biblia, esta era de sentido ambiguo para los Judíos, pues ellos no sabían exactamente si la resurrección seria del espíritu o del cuerpo, aunque prevaleciese más el sentido de la resurrección del espíritu, mientras que el Cristianismo optó por la resurrección del cuerpo, cuando fue prohibida por el clero, la divulgación de la reencarnación.
Así fue que, en el Credo Católico, introdujo la expresión "creo en la resurrección de la carne", en lugar de "creo en la resurrección del espíritu", consecuente con la enseñanza y exégesis bíblicos racionales y no dogmáticos, pues en la Biblia y en el Nuevo Testamento, consta claramente que la resurrección es del espíritu.
Ejemplifiquemos lo que estamos diciendo con una frase de Paulo Apóstol: "Hay dos cuerpos, uno natural y otro espiritual, y resucita el cuerpo espiritual" (1 Corintios 15: 44).
Nota de Cassio: Esta es una de las partes del nuevo testamento, que fue más alterada por nuestros hermanos evangélicos y católicos. La traducción que hace Jose Reis es del original de los primeros evangelios.
Así, quienes creen en la reencarnación, no niegan la resurrección, como lo afirman, frecuentemente, algunos anti-reencarnacioncitas.
Por el contrario, hay quienes creen en más de una resurrección, o sea, la resurrección del espíritu en el mundo espiritual, después de la muerte de su cuerpo, la resurrección del espirito en su nueva reencarnación, en un nuevo cuerpo que nace, y la resurrección definitiva del espirito en el mundo espiritual, cuando se libera de la materia carnal en nuestro Planeta Tierra.
Un espíritu en esas condiciones, solamente vuelve a reencarnar o resucitar en un nuevo cuerpo aquí en la Tierra, si por voluntad propia lo quiere, para, por ejemplo, cumplir una misión especial a bien de la Humanidad.
Y quien creó la frase "creó en la resurrección de la carne" fue el reencarnacionista San Atanasio, la cual hace parte del retocado Credo de su autoría, rezado en las misas, no siendo ella, pues, de la Biblia.
San Atanásio, debería haber querido decir pues: "creó en la resurrección en la carne", y no "DE LA CARNE".
Y podría también haber querido expresar lo siguiente: Creó en la misericordia de Dios, que hará resucitar para mí una nueva carne, un nuevo cuerpo carnal, para que Yo pueda continuar mi evolución espiritual en mi peregrinación terrena.
Jamás existió en la Historia de la Humanidad una creencia tan poderosa como la Doctrina de la Reencarnación, que algunos estudiosos modernos prefieren llamar Teoría de la Reencarnación.
Ella siempre existió en todos los Continentes, en todas las épocas y en todas las religiones. En el Occidente, con el fin de la represión inquisitorial, ella resurgió con toda fuerza, después de haber sido perseguida por la Iglesia durante cerca de mil años.
Y esto paso con el surgimiento del llamado Neo-Espiritualismo, un movimiento de nuevas ideas espiritualistas independientes, de la cual merece destacar el surgimiento del Espiritismo y de la Sociedad Teosófica, bien como el renacimiento de la Masonería y de los templarios, todos estos hechos pasados en el Siglo XIX, el "Siglo de las Luces".
Y fueron esos movimientos filosófico-religiosos que hicieron frente al materialismo representado por el Positivismo, el Darwinismo y el Marxismo, entre otros, pues la Iglesia, con su Filosofía y Teología, estaba impotente para eso. Además, las enseñanzas dogmáticas de ella, estaban creando más ateos que adeptos para ella.
La Iglesia procuró reorganizarse. Pero no puedo contener las nuevas ideas racionales, que pasaron a conquistar a los medios católicos, mereciendo destacar entre ellas la de la Reencarnación, que, en algunas partes del Occidente, principalmente en Brasil, llega a tener la adhesión de cerca de 70% de los católicos. En el Oriente, como se sabe, esa cifra alcanza prácticamente 100% de la población.
Y, en la actualidad, la Teoría de la Reencarnación, va teniendo el respaldo de renombrados científicos de varios segmentos de la Ciencia, como de la Psiquiatría, Neurología, Psicología, Genética e Física Quántica.
La "Word Christian Enciclopedia" de la Iglesia Anglicana de Inglaterra, editada por la Universidad de Oxford (Time-Life nº 18), dice lo siguiente: "500 pesquisidores y 121 consultores, después de visitar 212 países, concluyeron en 100 relatos que, en el año de 2000, la población de la Tierra alcanzaría 6.260.000.000 de habitantes, y que 2/3 de esa población, esto es, cerca de 4.000.000.000 de personas, serian reencarnacionistas".
Estos datos son contundentes, y, por si solos, bastan para demosmostrarnos, con una claridad meridiana, el carácter universal de la Teoría de la Reencarnación.
¡ Solamente no lo ve, quien no lo quiere ver! Y esto es ser el peor ciego, según el Maestro de la Galilea.
JOSÉ REIS CHAVES (Belo Horizonte, MG), escritor, conferencista, radialista, parapsicólogo, teósofo, biblista, ex-seminarista redentorista y professor de português y literatura, formado na puc-minas.
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Albert Einstein
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No hay ser humano, por indiferente que sea, que no haya meditado alguna vez, en las horas de silencio a la Naturaleza y a su propio corazón preguntándoles el secreto de las cosas, el porque de la vida, la razón de ser del Universo. Todos hemos intentado alguna vez levantar el velo de la muerte, conocer nuestro destino, saber si Dios es una ficción o una realidad. Ante la dificultad de resolverlo, la incoherencia y la multiplicidad de las teorías que se han presentado, las deplorables consecuencias de la mayor parte de los sistemas conocidos, todo este desconcertado conjunto, a terminado fatigando al espíritu humano, le ha hecho caer en la indiferencia y el escepticismo.
Sin embargo el hombre tiene necesidad de saber; necesita el rayo que lo reanime, de la esperanza que lo consuela y de la certidumbre que lo guía y lo sostiene.
La criatura humana jamás podrá definir o identificar racionalmente la Realidad Absoluta del Creador, por más que sea una partícula divina. Si el hombre lograra tal solución, seria otro Dios para ser descubierto, descrito, identificado. Así como las hojas no pueden sentir o representar al árbol; y las gotas de agua no pueden describir la naturaleza inmensurable del océano, la parte no puede definir el todo, ni el creado a su Creador. Las células del hombre jamás podrán explicar los pensamientos, sentimientos y la correcta configuración del ser humano.
Lo que sobre todas las cosas le importa al hombre es saber: Que es, de donde viene y cual es su destino. Las ideas que nos formamos sobre el Universo y sus leyes y sobre el papel que cada uno de nosotros debe representar en este vasto teatro, tienen una importancia capital, pues con arreglo a ellas debemos dirigir nuestras acciones.
El hombre que ignora su destino se parece a un viajero que recorre maquinalmente un camino sin conocer el punto de partida ni el de llegada, ni por que viaja y, por consiguiente, está dispuesto a detenerse siempre ante el menor obstáculo y perder el tiempo por no importarle nada el fin que debía alcanzar.
El reino de Dios está en el hombre así como en la naturaleza del roble futuro reside en la semilla. Si consideramos a Dios como Espíritu Total y Cósmico, como “llama” o “luz” infinita, por siempre y más allá del tiempo y del espacio, obviamente, los espíritus de los hombres o hijos de Dios han de ser entonces, centellas emanadas de esa eterna, e infinita energía.
Dios es el centro hacia el cual converge y se orientan las potencias de todo el Universo. Es el foco de donde emanan todas las ideas de justicia, de solidaridad y de amor; el fin hacia el cual se encaminan todos los seres, consciente o inconscientemente. Dios es la inteligencia suprema causa primera de todas las cosas. De todas nuestras relaciones con el Gran Arquitecto de los mundos dimana la armonía universal, la comunidad, la fraternidad. En efecto, para ser hermanos se necesita tener un mismo padre, pues bien, ¿Qué otro padre que Dios podríamos tener?
Para vislumbrar esta verdad, el pensamiento debe desprenderse de los preceptos mezquinos y de las prácticas vulgares, rechazando las formas groseras con que las religiones han revestido al supremo ideal. Debe estudiarse a Dios en la majestad de sus obras.
Muchos se preguntan ¿Quién ha hecho a Dios? Esta pregunta no tiene sentido. Dios no es un ser que se añade a la serie de los seres. Es el Ser universal sin limites en el tiempo y en el espacio y, por tanto, infinito y eterno. No puede haber ningún ser superior a El. Dios es la fuente y el origen de toda vida.
Por El se ajustan, unen y armonizan todas las fuerzas individuales que sin El estarían aisladas y divergentes. Abandonadas a si mismas y no estando regidas por una ley y una voluntad superior, esas fuerzas solo hubieran producido caos y confusión. La existencia de un plan general, de un fin común en los cuales toman parte todas las potencias del Universo, prueba la existencia de una causa, de una inteligencia suprema, que es Dios.
El alma de la criatura humana es vitalizada por el Creador. A medida que el hombre amplia su conciencia, en permanente contacto y en forma educativa con la materia de los mundos planetarios, abarca mayor área de lo divino y va percibiendo a Dios con más precisión.
El acaso o un accidente imprevisible, no pueden producir fenómenos y hechos tan inteligentes como es la Vida en el Universo. Los astros que se mueven en dirección a un objetivo correcto y útil, con estructuras estables, perfectas y complejas, demuestra que existe una inteligencia poco común y muy superior, comparado al más avanzado índice de intelecto humano.
Si el hombre supiese describir satisfactoriamente la forma y la esencia de su Creador perdería el constante estimulo de acelerar su ascensión para una vida espiritual superior.
Mientras la criatura vibre en un estado espiritual primario, no está preparada para entender a Dios y su manifestación Cósmica. El espíritu del hombre necesita emanciparse del instinto primitivo a través del cultivo de los valores divinos, que están adormecidos en su propio “yo”. El hombre debe superar el linaje animal que le plasmo el organismo carnal y realizarse como ser espiritual e integral; necesita adquirir el estado angélico para liberarse definitivamente de las reencarnaciones.
Hasta que esto suceda, debe el hombre asumir una actitud sensata y tranquila; procurar entender los designios divinos a través del respeto y amor a todas las criaturas, que son manifestaciones palpables de la mente Creadora.
El vació y la oscuridad de las doctrinas religiosas y los abusos que han engendrado, son causa de que muchos Espíritu caigan en el escepticismo. Se cree fácilmente que todo termina con la muerte, que el hombre no tiene más destino que desvanecerse en la nada.
Conforme sea en la criatura su experiencia, sabiduría, sensibilidad y evolución, así será su concepción de Dios, sea fantasiosa o realista, nunca alcanzará la solución que sobrepase su capacidad mental.
La idea de Dios y de su existencia es innata en el hombre, porque este es un espíritu, una centella de luz que despierta y evoluciona constantemente en forma inconsciente en el seno del Espíritu Eterno del Creador. Jesús decía “el reino de Dios está en el hombre” y conforme asegura la Génesis “El hombre fue hecho imagen de Dios”.
Los viejos maestros de la espiritualidad de Oriente, hace miles de años, afirmaban que Dios es el macrocosmos, el mundo grande, y el hombre, el microcosmos, el mundo pequeño. Además, corroboran sus enseñanzas explicando: “lo que está arriba, también está abajo, porque el átomo es la miniatura perfecta de una galaxia que palpita en el Cosmos.
La idea de Dios siempre evolucionó conforme al progreso, entendimiento y cultura de la humanidad. A medida que vamos comprendiendo la vida nuestro psiquismo va percibiendo con más precisión la Verdad Cósmica.
No es la lucha para liberarnos de la materia lo que nos ara sentir a Dios sino que ha de ser el binomio “sentir” y “saber” lo que nos ofrecerá la realidad del infinito, pues la libertad sin sabiduría es poder sin dirección. No es suficiente creer en Dios para que la criatura se salve. ¡Creer en Dios no es lo mismo que vivir en Dios! El hombre que no desenvuelve en si mismo los atributos divinos se parece al enfermo, que confía en el medicamento pero no acata la prescripción medica, siguiendo la línea de un enfermo obstinado.
Creer en Dios no quiere decir que se ha encontrado. A Dios el hombre lo encuentra individualmente a través del estudio, de la abnegación, del servicio al prójimo, y sobre todo, en la acción totalmente desinteresada.
Si los atributos esenciales del Creador forman una Verdad, la cual sintetiza el Amor, la Sabiduría y el equilibrio infinito, el hombre debe activar en si mismo estos principios a fin de aproximarse a Dios. Poco adelanta al hombre creer en Dios, si no desenvuelve en si mismo los atributos divinos, que los tiene latentes en lo intimo de su espíritu. La creencia puramente intelectual y especulativa no tiene ninguna finalidad si no modifica la forma de actuar y sentir. La creencia en Dios tiene muy poco o nada de valor, cuando el hombre explota, maltrata, roba, destruye y mata al prójimo. ¿De que le sirve la creencia en Dios al rico si persiste en ser avaro, y egoísta? El que posee fortuna y , especula con la desgracia ajena y atesora dinero para si, rodeado de comodidades, lujos, placeres censurables y olvida a su hermano que gime de dolor, tirita de frió y padece hambre, jamás corresponde a la creencia divina por más que milite en algún movimiento religioso o espiritualista. No importa si debido a su creencia trata de fortificar su fe construyendo iglesias, arreglando templos, contribuyendo con tómbolas o iniciativas de caridad. ¡Generalmente lo hace por ganar el Cielo!
De nada vale que un hombre sea un creyente si aun, no consiguió modificarse interiormente. Son muchos los hombres que creen en Dios, pero son dictadores, ministros corrompidos, parlamentarios que comercian su posición, magistrados interesados, gobernadores deshonestos, comandantes inhumanos, profesionales competentes pero carentes de ética, religiosos fanáticos, sacerdotes lujuriosos.
Comprender a Dios exige de los hombres una realización interna, que consiste en buscar constantemente la sabiduría y el equilibrio psíquico y una acción externa de renuncia y servicio fraterno para todos los seres de la naturaleza. Solo así podrá comprobar que está regido por la sublime inspiración de la creencia. Jamás tendrá autenticidad y fidelidad, si odia, destruye, engaña y cultiva un fanatismo separativista.
El hombre necesita creer para recibir los impulsos íntimos de comunión con su Creador, buscando su ascensión espiritual. Es ignominiosa la creencia que divide a los hombres y los transforma en ruina, odio, tragedia, desavenencias y falsedades, cuyas acciones desmienten el valor autentico de los instintos inferiores de la animalidad. No se puede elaborar una creencia en Dios, cuando esta conduce a sus seguidores a luchas anti fraternas y religiosas, que aniquilan el placer espiritual de vivir.
El mal es una condición transitoria, de cuyo reajuste resulta un beneficio para el futuro. Un criminal solo destruye el “cuerpo” carnal y provisorio de la victima, sin llegar a dañar su espíritu inmortal. La ley de causa y Efecto otorga una nueva existencia física a la victima, otorgándole más provecho y compensación porque fue perturbado en su ciclo de evolución espiritual. El homicida, bajo la misma Ley rectificadora, es atraído hacia el camino del sufrimiento, a fin de rectificar ese desvió mórbido que late en su alma y es colocado oportunamente en la ruta del perfeccionamiento espiritual, a fin de proseguir y despertar los valores eternos de la inmortalidad y alcanzar su propia ventura.
El mal es tan solo un accidente en el camino de la evolución, la fase negativa que perturba, pero se corrige, perjudica y después compensa, y que desaparece cuando el espíritu alcanza la fortificación y contextura definitiva, de su conciencia.
En los reinos de la vida física, el sufrimiento y el dolor son características fundamentales para el perfeccionamiento y belleza de las formas y de los seres, bajo la égida de la Justicia verdadera. El dolor y el sufrimiento indeseables, aunque no agraden al hombre, son manifestaciones implacables que subliman a todos los seres creados por Dios a fin de alcanzar estados y niveles superiores.
El hombre por su primitivismo utiliza los recursos y objetos físicos, para manifestar el sentimiento religioso que lleva innato en el alma. A medida que se espiritualiza mejora su concepción respecto a Dios y abarca una mayor área de manifestación Divina. Por eso, Cristo advertía en su evangelio “Buscad la Verdad y ella os libertará”.
Percibir la existencia de Dios es puramente una cuestión de sensibilidad psíquica, pues cuando la criatura siente que existe como una individualidad o conciencia definida en el seno del Cosmos, también, siente en lo intimo de su alma la naturaleza divina y creadora del Padre. El hombre no es un ser estático o el producto del acaso accidental, que después de haber sido creado fue abandonado como una causa sin inteligencia o discernimiento evolutivo. En verdad, es una entidad que evoluciona constantemente, cuyo linaje inferior se apresura y eleva por sobre su especie animal, que le brinda su cuerpo carnal.
Las religiones día a día se debilitan, ante la obstinación de sus responsables que aun conservan y divulgan postulados anacrónicos, supersticiosos y místicos, que no resisten el más diminuto análisis científico.
El hombre del siglo atómico reacciona irónicamente, ante la concepción Biblia y tradicional de un Dios antropomorfo, que puede alegrarse u odiar, premiar o castigar, perdonar o sentenciar. Ya no cree en una divinidad que solo se preocupa con amigos y enemigos de ciertos pueblos. La Administración Sideral providenció la codificación del Espiritismo, a través del trabajo fecundo de Allan Kardec, entregando una doctrina sin dogmas, y cuyos postulados retoman los temas de la Creación, la Vida del Espíritu Inmortal, pero sin forzar el progreso de la ciencia y el avanzado raciocinio del hombre moderno.
El sentimiento ilumina y clarifica la razón, pues mientras el intelecto planifica, investiga y saca sus conclusiones, el corazón sublima la actividad mental, que sobrepasa los límites comunes de las formas físicas del mundo transitorio.
El dogmatismo religioso, actualmente aísla a las personas por fuerza de las preferencias devocionales, exigencias dogmáticas y excéntricas, expuestas por la religión y según el temperamento y costumbres de cada pueblo. En cambio la libertad del culto y la libre investigación que proporciona la actividad científica, puede unir fraternalmente a los hombres y hermanarlos en la búsqueda de Dios y de la vida inmortal.
No existen antipatías ni competiciones, cuando los investigadores se basan en el mismo proceso de investigación espiritual. A medida que el hombre abarca una mayor área de conciencia espiritual, se libera de los dogmas, formulas, ritos y símbolos que lo aíslan de la pureza iniciativa y siente con más precisión la frecuencia divina.
No importan los aspectos que de Dios tenga la humanidad ignorante de la Realidad Divina, lo que más importa es que puedan sentirlo o identificarlo a través de las sabias y justas Leyes, que rigen la Creación.
La sabiduría y el poder de la Divinidad son perceptibles en los sencillos fenómenos de la naturaleza, en las constantes mutaciones de las cosas y de los seres orgánicos del mundo, y ante la sabia intervención humana.
Las criaturas entregadas a la práctica del Evangelio de Jesús y que llevan una vida de constante servicio de amor al prójimo, del cual Francisco de Asís es una de las figuras más representativas, perciben con más rapidez la Realidad Divina, que además se encuentra implícita en el precepto evangélico que dice: “Llamad y se os abrirá”, o “Pedid y se os dará”. De esta forma, los hombres alcanzan la realización por la comunión con Dios.
Cuando el hombre, venga de donde venga, sea religioso, ateo, librepensador, etc., entra en el Espiritismo, se abre ante el un campo tan amplio de investigaciones, que, de momento, no se da cuenta de tamaña grandiosidad. A medida que va ampliando sus estudios y sus experiencias, más ancha se torna la perspectiva de lo que antes le era desconocido, y en todo comienza a ver la grandeza de Dios.
Tanto es así, que se queda maravillado ante tanta justicia, tanto amor, belleza y poder. Entonces ve lo que significa su individualidad en esta Creación, comprende que su vida es eterna, por lo menos en principio, y que no se encuentra aquí por acaso, que no es un ser llegado a la Tierra sin motivo ni razón, más que su existencia está ligada al concierto universal de la Creación. Comprende que jamás será abandonado, pues está sujeto a una ley que a todos abarca, y que, con los demás seres humanos, alcanzará por sus esfuerzos, más temprano o más tarde, su felicidad, su belleza y su sabiduría.
Debemos ser agradecidos a nuestro Padre, debemos adorarlo por su grandeza, admirarlo por las maravillas de la Creación y respetarlo por ser uno de sus hijos. Porque en verdad fuimos creados por Dios. El es nuestro Padre, nuestro bien y nuestra Esperanza.
Trabajo realizado por Merchita
.Extraído de diversos libros, entre ellos El porqué de la Vida de León Denis, El tesoro de los Espiritas de Miguel Vives, entre otros.
NO ESPERES QUE TU VIDA CAMBIE, CAMBIA TU Y TU VIDA CAMBIARÁ Desconozco el autor
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Queridos amigos, hola buenos días, observando un poco las debilidades en que los hombres podemos caer, siempre está como falta destacada el orgullo, que es el alto concepto que el hombre se hace de sí mismo. Es una especie de amor propio que nos inspira una idea exagerada de nuestro merito que nos incita a inculcarlo a otros; es un defecto del alma humana, invadiendo lo más intimo de la persona; es el vicio de la inteligencia, así como la humildad es su virtud es la mayor de todas las virtudes y su vicio es el peor de todos los vicios.
El orgullo no se da en las personas equilibradas; estas se rinden a la constatación de la verdad, que rechaza cualquier presunción. El orgulloso no se preocupa de conocer la verdad, sino que solo apenas se preocupa en ocupar una posición en la que pueda ser el centro la norma, libre de cualquier subordinado, pretende que todo este sujeto así mismo.
Cristo prometía el reino de los Cielos a los más pobres porque los grandes de la tierra se figuran títulos y riquezas son recompensas que se conceden a su merito, y creen que su esencia es más pura que la del pobre; creen que todo se les debe, de ahí que cuando caen del pedestal, tachan a Dios de injusto.
Los orgullosos que están ciegos, no se dan cuenta que Dios no hace distinción en el cuerpo del rico y del pobre, ambos desnudos son iguales. El Creador no ha hecho dos especies de hombres. El rico es igual al pobre, esto subleva al orgulloso, y Dios permite, que la altiva frente del orgulloso sea bajada, en la divina balanza todos los hombres pesan igual. Únicamente las virtudes los distinguen a los ojos de Dios. Todos los espíritu son de una misma esencia y todos los cuerpos han sido modelados con la misma arcilla. Los títulos y nombres no cambian en nada las cosas, quedan en el sepulcro.
El obrar bien y con humildad, nos ayudará a que vallamos poco a poco destruyendo los alatares erigidos al orgullo.
Dios hiere siempre a los soberbios, si en ocasiones les deja ascender, lo hace para darles tiempo a reaccionar y enmendarse bajo la acción de golpes, que de vez en cuando, asesta al orgulloso para que les sirva de advertencia. Pero, en vez de humillarse, el orgulloso se subleva. Entonces, es cuando se colma la medida, ¡Dios los derriba por completo, y su caída es tanto más terrible cuanto más alto hayan subido!
El orgullo nos oculta toda la verdad, el hombre sencillo, humilde de corazón, rico en cualidades morales, llegará más pronto a la verdad, a pesar de de la inferioridad posible de sus facultades, en cambio el presuntuoso, vano de ciencia terrestre y sublevado contra la ley, que le rebaja y destruye su prestigio.
Las enseñanzas de los Buenos Espíritus nos ponen de manifiesto, la verdadera situación de los orgullosos en la vida de ultratumba. Los humildes y los débiles de este mundo se encuentran allí más elevados; los vanidosos y los poderosos, empequeñecidos y humillados. Los unos llevan consigo lo que constituye la verdadera superioridad: las virtudes, las cualidades adquiridas con el sufrimiento, en tanto que los otros han de abandonar a la hora de la muerte, títulos fortuna y vano saber. Todo lo que constituye su gloria y su felicidad se desvanece como el humo.
Procuremos analizar si el orgullo forma parte de nosotros, recordemos que las lecciones del Maestro sencillas, encierran, todas, un profundo y edificante mensaje, para restablecer nuestra salud espiritual, pero para eso hemos de aprender a conocernos a nosotros mismos, ya que muchas veces pasamos por alto, defectos que se eternizan en nuestra personalidad, por pasar inadvertidos para nosotros.
Amigos os deseo un lindo día, espero que la Bondad de nuestro Padre siga socorriéndonos en todos los sectores de nuestras vidas, la vida continúa y nosotros debemos continuar, en este nuevo día, glorificando al Señor en el bien hacer en todas las cosas por las que tengamos que pasar en este viernes. Un abrazo fraternal para todos, con mucho amor y cariño de
Merchita
"Agradece a Dios tu existencia.
Alábalo a través de una vivencia sana.
Exáltale el amor por medio de los deberes rectamente cumplidos.
Dignifícalo, siéndole un servidor devoto y fiel.
Preséntalo a la humanidad, convirtiéndote en un ejemplo de amigo y hermano en todas las circunstancias.
Glorifícalo, al trabajar por el bien de todos tus hermanos en humanidad.
Respétalo, al obedecer las soberanas leyes que gobiernan la vida.
Reconócelo en todo y en todos, mediante una vida feliz, en la condición de hijo bien amado."
(Vida Feliz -- Joanna de Angelis)
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Divaldo contó una historia verídica, utilísima para los dirigentes y adoctrinadores de las reuniones mediúmnicas, que dice así:
Una joven ya había pasado por reuniones mediúmnicas de varias Casas espiritas. Se había sometido a la fluidoterapia, al agua fluidificada, afirmando que oraba y que estudiaba la Doctrina Espirita, con el fin de liberarse de la obsesión.
Llegó al Centro Espirita Camino de Redención solicitando auxilio para su perturbación espiritual, pasando a frecuentar las reuniones doctrinarias.
Pasados algunos años, en una de las reuniones mediúmnicas de la Casa, el obsesor fue adoctrinado, como siempre, con amor, más también con dulce energía. El adoctrinador finalizó su trabajo diciendo que había intentado los mejores argumentos, esperando encontrar una respuesta, esperando sensibilizarlo más… no obtuvo éxito.
El Espíritu que se conservó mudo hasta aquel presente momento, respondió:
- Ustedes están engañados. Yo preciso esclarecerles algo. Al principio yo odie a esa mujer. Son reminiscencia de otras encarnaciones que nos perjudicaron mucho. Sin embargo, poco a poco fui observando las lecciones que son administradas en esta Casa de caridad y después de recibir las respuestas para mis dudas, en los diálogos que través con el coordinador de los trabajos, suavice mi carácter, suavice mis vicios, y hoy ya comienzo a vivir una vida diferente, intentando practicar aquello que aprendí. Más, al dejar a la antigua enemiga, percibí que ella me evocaba con sus pensamientos, culpándome, e injuriándome. Así, hoy, yo soy para ella obsesado, y pido a Dios que me libere de ese yugo.
Y el Espíritu se desligo del médium, apartándose.
El director de la Casa hablo con la muchacha sobre lo ocurrido, interrogándola sobre la autoridad de los hechos.
Ella siempre muy calma y paciente pasó a agredir al espíritu con palabras ríspidas. Explicó que, como el obsesor la había perjudicado desde hacía años, impidiéndola de casarse y constituir una familia, ella ahora también lo perturbaba , para que el experimentase el mismo sufrimiento.
El director conservando la calma y con mucha bondad, paso a adoctrinar ahora a la encarnada, esclareciéndola sobre la terapia del perdón, solicitando un estudio profundo de la Doctrina Espirita y su renovación espiritual.
De esa historia podemos recordar que:
1ª Muchos procuran la Casa Espirita para resolver sus problemas espirituales. Quieren librarse de los obsesores, de preferencia rápidamente. Más lo que debemos dejar bien claro para los que nos procuran es que la cura depende de ella misma. La Casa Espirita es un hospital del alma, más si el paciente no toma el medicamento correctamente, este no hará efecto. Y el medicamento está en el Evangelio de Jesús, que nos pide la reforma intima, o sea, la reforma de nuestros sentimientos, pensamientos y actos. Retirando de ella el odio, el rencor, la amargura, el resentimiento, la venganza…
2º La venganza es un indicio cierto del estado atrasado de los hombres que a el se entregan, y de los Espíritus que pueden aun inspirarla. Por tanto, amigos míos, ese sentimiento no debe jamás hacer vibrar el corazón de quien se diga y se afirme espirita. Vengarse, como todos sabemos, es de tal modo contrario a esta prescripción de Cristo: Perdonad a vuestros enemigos.” (Jules Olivier)
3ª Generalmente, vemos un desencarnado obsesando a un encarnado. Más, lo contrario también acontece. Un encarnado también obseso a un desencarnado con recuerdos de odio, rencor, amargura, venganza o por quedar lamentando su desencarnación haciendo que este quede preso cerca de nosotros.
Portado por Marco Aurelio Rocha
Enviado y traducido por Merchita
"Id, pues, y llevad la palabra divina: a los grandes que la desdeñarán, a los sabios que pedirán pruebas, a los pequeños y a los sencillos que la aceptarán, porque sobre todo entre estos mártires del trabajo, en esta expiación terrestre, encontraréis el fervor y la fe. ¡Que vuestra falange se arme, pues, de resolución y de valor! ¡A la obra! El arado está preparado; la tierra espera, es preciso trabajar. Id y dad gracias a Dios por la tarea gloriosa que os ha confiado, pero pensad que entre los llamados al Espiritismo, muchos se han estacionado; mirad, pues, vuestro camino, y seguid la senda de la verdad."
Erasto (El Evangelio según el Espiritismo )
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