El sufrimiento se presenta para el hombre como un pertinaz adversario. En todas las épocas el traba una dura batalla para eximir el dolor, intenta luchas infructíferas, en las cuales agota las fuerzas, el animo y el equilibrio, cayendo, después, en más graves aflicciones.
El hombre trata de pasar incólume al sufrimiento, es la gran meta que persigue. Por lo menos intenta disminuir su intensidad o calmarlo, para disfrutar de los placeres de la existencia en incesantes variaciones.
Al ser inmediatita, le interesa solo el hoy, sin mirar el porvenir. Considerando el sufrimiento como un castigo de Dios, la criatura se impone otras formas de dolor, no dándose cuenta del equivoco en que maniobra.
Sin embargo el dolor no es una punición, es un excelente mecanismo de la vida al servicio de la propia vida.
Fenómeno de desgaste por las alteraciones naturales de la estructura de los órganos - a medida que la energía se altera, viene la deteriorización de la envoltura material que ella vitaliza – esa separación está acompañada por las sensaciones desagradables de la angustia, del desequilibrio y del dolor, de acuerdo con el área afectada del individuo.
Es inevitable que no exista el sufrimiento en la Tierra y en las áreas vibratorias que circundan el planeta, en las cuales se movilizan sus habitantes. El forma parte de la etapa evolutiva del orbe y de todos cuantos aquí se encuentran, marchando hacia planos más elevados.
En la variada génesis del sufrimiento, todo esfuerzo para mitigarlo sin la remoción de las causas, no logrará sino paliativos, postergaciones. Aunque en alguna ocasión premie al enfermo con una súbita mejoría, si la terapia no alcanzó las razones que lo desencadenan, el transitará de una problemática hacia otra sin conseguir la salud real.
Solo cuando el opta por la armonía interior, se opera la conquista de la paz. En tal situación, aunque sucedan los procesos transformadores de la acción biológica, el sufrimiento que emana de eso no afecta la emoción ni se transforma en causa de daños. A semejanza de otros automatismos fisiológicos, la conciencia no registra su manifestación.
Por tanto, el sufrimiento puede y debe ser considerado una enfermedad del alma, que aún se sujeta a las sensaciones y opta por las direcciones que producen desequilibrios. Los intereses inmediatos, las pasiones primitivas impulsan a ser rumbo al gozo, sin la ética necesaria o el sentimiento elección superior, y la arroja en los despeñaderos de los conflictos que generan desarmonía de las defensas orgánicas, las cuales ceden a la invasión de los microbios y virus que destruyen su inmunidad, instalándose , insaciables, devoradores.
De la misma forma, los equipos mentales hipersensibles, se desajustan, abriendo el campo para la instalación de las alineaciones, de crueles obsesiones.
El sufrimiento no es impuesto por Dios, constituyéndose en una elección de la propia criatura, aun mismo, porque su intensidad y duración está en razón directa de su estructura evolutiva, de las resistencias morales característica de su estado espiritual.
Es la sensibilidad emocional la que filtra el dolor y lo exterioriza. Con ella reducida, las agresiones de cualquier orden reciben respuesta de violencia y agresividad.
En las fajas más primitivas de la evolución, se dan los fenómenos de dolor, desgaste, envejecimiento y muerte, debido a que los seres están casi destituidos del raciocinio y emotividad, pues se encuentran en germen, siguiendo una línea direccional autómata, en la cual las excepciones atestiguan el transito de la esencia psíquica hacia estados más elevados.
El sufrimiento es mayor en las áreas moral y emocional, que solo se encuentran en los portadores de un más alto grado de evolución, de sensibilidad, de amor, capaces de superar tales condiciones, sobreponiéndoseles mediante el control de que son portadores, diluyendo en la esperanza, en la ternura y en la seguridad de la victoria las imposiciones aflictivas.
Huir, escamotear, anestesiar el sufrimiento son métodos ineficaces, mecanismos de alineación que postergan la realidad, sumándose siempre con la sobrecarga de las complicaciones consecuentes del tiempo perdido. Una actitud valiente de examinar y enfrentar el sufrimiento, representa un valioso recurso de lucidez, con efecto terapéutico propiciador de paz.
Las reacciones de ira, violencia y rebeldía contra el sufrimiento, más lo amplían, porque desencadenan nuevas desarmonías en áreas no afectadas.
La resignación dinámica, la aceptación del problema con una actitud valiente de enfrentarlo y remover su causa, representan un avanzado paso para su solución.
El equilibrio mental y moral del sufrimiento, es muy significativo y se consigue a través del entrenamiento por medio de la meditación, por la oración, que proceden del conocimiento que ilumina la conciencia, orientándola correctamente.
Se puede decir que la presencia del sufrimiento en el hombre es a causa del distanciamiento del amor, que es su gran y eficaz antídoto.
Interdependientes, el sufrimiento y el amor, son mecanismos de la evolución. Cuando uno se aparta, el otro se presenta. Muchas veces coronando la lucha, en la etapa final, vemos que surgen simultáneamente, sin los daños que normalmente desencadenan.
La historia de los mártires nos testimonia la legitimidad del concepto.
Pero por encima de todos ellos, se destaca el ejemplo de Jesús, enseñando, por el amor, la victoria sobre el sufrimiento durante toda su vida, principalmente en los momentos culminantes del Getsemani al Gólgota y de allí a la resurrección…
Con mucho amor y cariño de Merchita
Extraído del libro “Plenitud” de Divaldo Pereira Franco
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Todos estamos llamados a multiplicar los valores de Dios en nuestras manos, ya que, estemos donde estemos, todos somos de Dios y la Vida en el Universo, aprendiendo, poco a poco, para reflejar a Dios, la creación de un pozo de luz que es permanente la vida, en favor de nosotros mismos. El camino hacia adelante. Y preservar la seguridad de que sólo el Bien de Todos de acción capaz de trazar el camino hacia el Altísimo, donde la luz divina se encuentran y nos bendiga siempre. (Carreteras secundarias - Chico Xavier / Bezerra de Menezes)
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espiritistas. es
Estos dos fenómenos son variedades de las manifestaciones visuales, y aunque desde luego puedan parecer maravillosos, se reconocerá fácilmente, por la explicación que pueda darse de los mismos, que no salen del orden de los fenómenos naturales. Uno y otro descansan sobre este principio, a saber: que todo lo que sea dicho sobre las propiedades del periespíritu después de la muerte, se aplica al periespíritu de los vivos. Sabemos que durante el sueño el Espíritu recupera parte de su libertad, quiere decir, se aisla del cuerpo, y fue en este estado que tuvimos muchas ocasiones de observarlo. Pero el Espírito, sea el hombre muerto o vivo, tiene siempre su envoltura semimaterial, que por las mismas causas que hemos descrito puede adquirir la visibilidad y al tangibilidad. Hechos muy positivos nos dejan ninguna duda en cuanto a esto; sólo citaremos algunos ejemplos que conocemos personalmente, cuya exactitud podemos garantizar, y todos pueden recoger ejemplos análogos consultando su memoria.
La esposa de uno de nuestros amigos vio diferentes veces durante la noche entrar en su cuarto, con luz o sin ella, una vendedora de fruta de las cercanías, que conocía de vista, pero a la cual no había hablado jamás. Esta aparición le causó un espanto tanto más grande, cuanto que en esta época esta señora no tenía ningún conocimiento del Espiritismo, y que este fenómeno se repitió muy a menudo. Pues la vendedora estaba perfectamente viva, a esta hora probablemente dormía; mientras que su cuerpo material estaba en casa, su Espíritu y su cuerpo fluídico estaban en la de esta señora; ¿por qué motivo? Esto es lo que no se sabe.
En semejante caso, un espiritista iniciado en esta clase de cosas se lo hubiera preguntado, pero dicha señora no tuvo tal idea. Cada vez la aparición se eclipsaba sin que supiera cómo, y siempre que desaparecía iba a asegurarse que todas las puertas estaban perfectamente cerradas, y que nadie había podido introducirse en su habitación. Esta precaución le probaba que estaba bien despierta y que no era juguete de un sueño. Otras veces vio de la misma manera un hombre que no conocía, pero un día vio a su hermano que estaba en California; tenía de tal modo la apariencia de una persona real, que en primer momento creyó en su vuelta y quería dirigirle la palabra, pero desapareció sin darle tiempo. Una carta recibida posteriormente le acreditó que no había muerto. Esta señora era lo que se puede llamar un médium vidente natural, pero como hemos dicho en aquella época no había oído jamás hablar de médiums.
LIBRO DE LOS MEDIUMS - ALLAN KARDEC
CAPÍTULO VII BICORPOREIDAD Y TRANSFIGURACIÓN
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En nuestro pasado se localizan las causas de nuestra ignorancia, de errores practicados, de experiencias mal vividas. La vida en el cuerpo físico, a pesar de transitoria, es la llama que nos coloca en contacto con el servicio que precisamos para nuestra ascensión espiritual. En esa bendita enseñanza nos será posible rescatar, corregir, aprender, conquistar y reunir nuevos aliados para el bien de todos. Además estamos aquí para las debidas reparaciones, reconciliaciones y confraternizaciones con nuestros adversarios del pasado..
Antonio Lima
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A diario, los casos de muertes imprevistas y accidentales, que dejan familias destrozadas anímicamente, se repiten y se repiten, tratando de hacernos insensibles ante tanto dolor y a llegar a creer que esas desgracias ocurren siempre a otras personas lejanas o desconocidas, pero sin embargo sentimos que no estamos libres de su influencia y de que, tal vez, un día nos pueda sorprender a nosotros, en nuestras familias o en nuestros seres queridos.
"Cuando la muerte viene a segar en vuestras familias, llevándose sin contemplación a los jóvenes antes que a los ancianos, decís con frecuencia: Dios no es justo, puesto que sacrifica a éste que es fuerte y lleno de futuro, para conservar a los que vivieron largos años plenos de desengaños; puesto que se lleva a los que son útiles y deja a los que no sirven para nada; puesto que destroza el corazón de una madre, privándole de la inocente criatura que constituía toda su alegría. Humanos, en esto es que tenéis necesidad de elevaros por encima de las pequeñeces de la vida terrestre para comprender que el bien está con harta frecuencia, donde creéis ver el mal, la sabia previsión donde vosotros creéis ver la ciega fatalidad del destino. ¿Por qué medir la justicia divina por el valor de la vuestra? ¿Podéis pensar que el Señor de los mundos quiera, por un simple capricho, imponeros penas crueles? Nada se hace sin un objetivo inteligente, y cualquier cosa que suceda, todas tienen su razón de ser. Si escudriñaseis mejor todos los dolores que os atormentan, encontraríais siempre la razón divina, razón regeneradora y vuestros miserables intereses serían una consideración secundaria que relegaríais a un último plano. Creedme, la muerte a los veinte años es preferible para la reencarnación a esos desarreglos vergonzosos que desolan familias honradas, rompen el corazón de una madre y hacen encanecer antes de tiempo los cabellos de los padres. Con frecuencia, la muerte prematura, es un gran beneficio que Dios concede al que se va y que de este modo se encuentra preservado de las miserias de la vida, o de las seducciones que habrían podido arrastrarle a su perdición. El que muere en la flor de la edad, no es víctima de la fatalidad, sino que Dios juzga que le es útil no permanecer por más tiempo en la Tierra. Es una terrible infelicidad, decís, que una vida tan llena de esperanza, haya sido tan pronto interrumpida. ¿De qué esperanza queréis hablar? ¿De las de la Tierra , de donde el que se va hubiera podido brillar, hacer su carrera y su fortuna? ¡Siempre esa visión estrecha que no puede elevarse sobre la materia! ¿Sabéis cuál sería la suerte de esa vida tan plena de esperanzas, según vosotros? ¿Quién os dice que no podría estar llena de amarguras? ¿Entonces, para nada contáis las esperanzas de la vida futura, cuando preferís las de la vida efímera que arrastráis en la Tierra ? ¿Acaso pensáis que vale más tener una posición entre los hombres, que entre los Espíritus bienaventurados? Regocijaos, en vez de quejaros, cuando Dios quiere retirar a uno de sus hijos de este valle de miserias. ¿No hay egoísmo en desear que permaneciese ahí para sufrir con vosotros? ¡Ah! Este dolor se concibe en el que no tiene fe y que ve en la muerte una separación eterna; pero vosotros, espíritas, sabéis que el alma vive mejor desembarazada de su envoltura corporal; madres; vosotras sabéis que vuestros hijos muy queridos, están cerca de vosotras; sí, están muy cerca; sus cuerpos fluídicos os rodean, sus pensamientos os protegen, vuestro recuerdo los embriaga de alegría, pero también vuestros dolores infundados les afligen, porque denotan falta de fe y son una rebelión contra la voluntad de Dios. Vosotros que comprendéis la vida espiritual, escuchad los latidos de vuestro corazón llamando a esos seres muy amados y si rogáis a Dios para bendecirles, sentiréis en vosotros esos consuelos poderosos que secan las lágrimas y esas aspiraciones maravillosas que os mostrarán el futuro prometido por el soberano Señor."
(SANSÓN, antiguo miembro de la Sociedad Espírita de París, 1863).
Evangelio según el Espiritismo, Cap. V Bienaventurados los afligidos, Ít. 21 Pérdida de personas amadas. Muertes prematuras.
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" He aquí una prueba para verificar si tu misión en la tierra ha concluido: Si estás vivo, no ha concluido ". - Federico García Lorca -
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espiritistas. es
La pregunta clave que nos hacemos es si el espíritu, antes de retornar a la materia, puede elegir sus futuras pruebas. La respuesta es sí, aunque con matices.
Evidentemente, si el alma no participara de esa “programación” (*) que elabora antes de descender a este plano, su facultad de libre albedrío quedaría mermada y si existe un causa fundamental en el desarrollo de la vida humana, es precisamente la capacidad del sujeto para elegir. Sin asumir este concepto, nada tendría sentido, porque resultaría no solo inútil sino también desesperanzador creer en la fatalidad como auténtica conductora de nuestra existencia.
Ahora bien, la facultad del espíritu para escoger las pruebas que cruzará en la Tierra no es absoluta. Como en otros aspectos, no se trata de aplicar un criterio de todo o nada sino de grado. Acorde a la ley de causa y efecto, el alma precisa de una serie de ajustes que no pueden ser eliminados o ignorados. Tal es el caso de las expiaciones, coyunturas que muchos deben atravesar de forma obligatoria para ajustar sus parámetros evolutivos acorde a la legislación divina.
Existe una norma al respecto que es muy clara: a mayor nivel de progreso del espíritu, mayor es la capacidad que tiene para confeccionar su propia programación, es decir, el tipo y número de tribulaciones terrenales por las que pasará. Si nos fijamos bien, este fenómeno tiene su lógica y resulta comparable a las distintas etapas de la vida humana. Un niño no posee la misma autonomía para tomar decisiones respecto a su futuro que un adolescente y este, menos que un adulto. Pero incluso en el mundo de los mayores, no todos tienen ni el mismo nivel intelectual ni el mismo desarrollo moral. De aquí que los más avanzados, al contar con más “méritos”, muestren mayor claridad a la hora de entrever el género de pruebas que les corresponde en la próxima vida.
La percepción del estancamiento como fracaso es más intensa en el plano espiritual que en el físico
¿Y qué ocurre si el espíritu sucumbe o no supera las pruebas que él mismo ha escogido? La posibilidad de reencarnar de manera ilimitada contesta a esta pregunta. Sin embargo y como vimos en la primera parte, la paralización del proceso de crecimiento de un ser tiene un nombre: estancamiento. Las almas no retrogradan en su trayecto evolutivo, al igual que el niño que ha aprendido a andar no olvida esta habilidad jamás. Sin embargo, el término estancamiento, desde el punto de vista espiritual, tiene un significado muy diferente al que se le otorga en el plano físico. Esta palabra adquiere un tono más grave, pues el alma una vez errante, puede analizar con mucha mayor lucidez tanto lo que ha realizado en la anterior encarnación como la situación de su estado progresivo actual, una vez sin la atadura orgánica.
Este dato es esencial ya que no evaluamos las cosas de la misma forma en libertad como espíritus que “aprisionados” en la carne. Aunque en la fase terrenal existe una gran preocupación por todo lo que afecta a la propia subsistencia como la salud o la economía, estos aspectos son apreciados por el “desencarnado” desde un escalón más elevado, lo que aporta al ser una mayor amplitud de miras y sobre todo, una mejor comprensión del significado de la vida.
Esta comparación puede asemejarse a la contemplación de un paisaje desde el suelo o desde la cima de una colina. En este último caso, la perspectiva se amplifica y se logra una mejor visión del asunto, que en nuestro caso, implica un entendimiento de por qué estamos aquí y hacia dónde debemos dirigirnos.
Esto es justamente lo que busca el espíritu al proyectar su programación: enfrentarse a las pruebas más convenientes que le sirvan para adelantar en su progreso. Ni más ni menos.
Las expiaciones no dejan de ser mecanismos de corrección en el camino evolutivo del alma
Las llamadas expiaciones, poco recomendables por el sufrimiento que generan pero necesarias para reajustar los ciclos del alma, lo único que muestran es que el espíritu tiene todavía un gran margen de mejora por delante y fija una regla evidente: los errores han de corregirse. Si el espíritu no se inclina por enfrentar dichas equivocaciones, Dios, en su infinita sabiduría y valiéndose de sus colaboradores, determinará lo necesario para “rectificar” las desviaciones de ese camino individualizado que todos debemos recorrer.
Tras la muerte física y dentro de la etapa que los espiritistas conocemos como “erraticidad”, al espíritu le son mostradas las imágenes más relevantes de su anterior existencia, tanto las que han contribuido a su progreso como las que lo han demorado. Este proceso implica también enseñar al sujeto los “rostros” de todos aquellos seres implicados o afectados por sus actos.
Una vez “actualizado” el pasado del individuo y comprobado que este ha entendido la situación en la que se halla con respecto a su senda evolutiva, nuestros queridos y sabios hermanos (a los que denomino cariñosamente “programadores”) se encargarán de ofrecerle al alma en espera de “descender”, todo un conjunto de opciones entre las que elegir para proseguir con su adelantamiento. Es el supremo instante de escoger las pruebas por las que pasar una vez asociado a un nuevo cuerpo.
Incluso unido a un cuerpo, el espíritu intuye que la ociosidad tendrá un elevado coste venidero
Ahora se entiende mejor lo que exponíamos antes. Si el espíritu posee un mínimo de luz y de coherencia en sus planteamientos, sabrá lo que tiene que hacer, por lo que tiene que decantarse para avanzar a buen ritmo en su camino ético y de conocimiento. En este sentido, tanto el exigirse poco con respecto a las vicisitudes de la próxima vida como apurar en exceso, resultaría contraproducente. En el primer caso, porque el sujeto tendería al estancamiento con los resultados ya conocidos al regresar al mundo espiritual. A diferencia de lo que entendemos en la dimensión física, para un alma, detenerse en su peregrinar, implica un coste personal muy fuerte ya que se antoja como una pérdida de la oportunidad otorgada para seguir madurando. En el segundo caso, las posibilidades de sucumbir aumentarían en demasía, al no estar el alma lo suficientemente preparada para arrostrar determinados acontecimientos.
Es ahí cuando entra en acción la labor de consejo y guía de los hermanos programadores, los cuales invitan a la persona a seleccionar aquellas pruebas que dentro de un amplio rango le sirvan para adelantar. Así es la jerarquía espiritual, atenta a los méritos de cada cual, lo que permite a unos aconsejar y a otros ser guiados. Qué grandiosa universidad de la vida en la que los profesores más afamados tan solo lo son por sus merecimientos, sirviendo de ejemplo a todos sus alumnos y donde no hay lugar para el engaño o la injusticia.
Las opciones donde elegir, los campos de acción, son tan numerosos que el alma, dentro de su libre albedrío, puede escoger entre muchas coyunturas concretas, propicias para su avance, si son superadas y siempre acordes al principio de acción-reacción.
La conciencia golpea al espíritu a menudo, advirtiéndole que tendrá que "repetir" curso
Alguien podría pensar que este procedimiento resultaría algo similar a cuando hablamos de “saltar con red”, es decir, aunque falles o te equivoques en tu empresa, siempre cabe el recurso de rectificar, de volver a examinarse de la prueba para vencerla definitivamente. Sin embargo, este razonamiento, aunque cierto, no es tan simple como pudiera parecer. Detrás de cada ensayo y error en la existencia, de cada vicisitud terrenal no rebasada, se nos muestra al espíritu preso de un gran dolor, de una intensa desazón, producto de no haber encarado con la debida diligencia el desafío que se le mostraba ante el horizonte. Este abatimiento ya se deja sentir en el mismo plano físico, cuando el pesar se derrumba sobre nuestras conciencias ante el hecho de tener que reconocer que no hemos aprobado los exámenes de la vida.
Por último, cuando regresamos al mundo espiritual, esta percepción, a veces confusa dentro de la estructura orgánica, se torna lúcida y diáfana. Es entonces cuando “comprendemos” realmente el significado de nuestros actos y las consecuencias que han supuesto sobre nuestro crecimiento como almas en perpetuo desarrollo.
En la próxima entrada, abordaremos ejemplos más concretos de nuestra “programación” para dar por terminado este interesante asunto.
Atraigamos con nuestros buenos pensamientos las nobles influencias de aquellos que nos observan y se mueven en torno a nosotros. Aplicando el principio de afinidad (lo semejante se acerca a lo semejante), tendremos el mejor camino para permanecer en armonía. Recibid un cálido abrazo.
José Manuel Fernández.- Blog "Entre espíritus"
Nuestro problema .
En cuanto cultivamos melindres y resentimientos;
en cuanto no podemos aceptar a los propios adversarios en la condición de hijos de Dios y hermanos nuestros, tan dignos de amparo como nosotros mismos;
en cuanto negamos servicio fraterno a los que aún no nos estiman;
y en cuanto nos irritamos inutilmente, la felicidad para nosotros es imposible.
- Libro de Respuestas, de Emmanuel, psicografía de Francisco Cándido Xavier, CEU)
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espiritistas. es
Antes de nada, me parece muy oportuno que pensáramos el papel que deberían tener las religiones, de un modo general, en un mundo perturbado como el nuestro, en el que una post-modernidad desvariada ha impuesto a los individuos un modo de ser y estar en el mundo desamparado de valores superiores. Vislumbramos en el campo de la convivencia social la propagación de una ética inmediata y utilitaria que desacata el deber de considerarnos, en nuestras actitudes, la felicidad del prójimo.
Esa ética forjada en el seno de una vida materialista y de praxis consumista, establece el desorden social y materializa el egoísmo humano de forma avasalladora invadiendo, inclusive, el ámbito de los espacios destinados a la propagación de la fe y de la espiritualidad.
Nos alerta el Benefactor Espiritual “Camilo” que el materialismo penetró en el seno de las instituciones religiosas inauguradas en el mundo, y pasaran a ser gobernadas por el espíritu de la astucia, del engaño, de la explotación sentimental, de la irracionalidad, y de todo lo que se acostumbra a buscar en las casas de fe, como es el auxilio divino para la mejora de la vida material, para tener la oportunidad de tener, de adquirir, de comprar, de consumir, de ganar más con el afán de construir el Reino de los Cielos aquí mismo, entre los desordenes de la Tierra.
De ese modo, queda claro que la invasión del materialismo, en el ámbito de las relaciones humanas con lo sagrado, hace que las religiones desnaturalicen su propósito original de conectar al individuo con la Causa Primaria, auxiliándole en su proceso de espiritualizació n que, a su vez, pasaría por el despertar paulatino de la conciencia a las Leyes Divinas.
Así, pertenecería a las religiones enseñar a los individuos como encontrar a Dios, inspirándoles el camino recto de las virtudes a través de un código ético, que no debería mezclarse con la mezquindad humana, debiendo ser tan puro como su fuente inspiradora: la creencia innata de la criatura en la existencia del Creador.
Mientras, la especie humana es hábil en argumentos y actitudes para apartar a las religiones de sus nobles propósitos en la Tierra, lo que es fácilmente verificable en las páginas de la historia del pensamiento religioso, inclusive el contemporáneo, cuando variadas instituciones, se envolvieron en conflictos bélicos, santificados a fuerza de adoctrinamiento dogmático expresivo de la multitud de sus adeptos, adoptando posiciones intolerantes en relación a los individuos que creían en el derecho de la libertad de pensamiento, y el rezar siempre conforme a los dogmas establecidos.
Pero el papel fundamental de las religiones, en un mundo perturbado por propuestas materialistas y nihilistas – defensoras de la desesperanza y del pesimismo como vemos en la actualidad – debería estar en el despertar del ser humano a la espiritualidad, o sea, a los valores éticos vividos, que contribuyen en el proceso de iluminación interior, ya que por eso estamos inmersos en la carne, reiteradas veces por el fenómeno de la reencarnación.
Recuerda el teólogo y filósofo Leonardo Boff que espiritualidad está “relacionada con aquellas cualidades del espíritu humano (…) que traen felicidad, tanto para la propia persona como para los demás.
Quiere decir, que la espiritualidad debe ser fomentada tanto por las religiones, como por las filosofías espiritualistas, promocionando las virtudes del Espíritu, y totalmente encaminada al consciente progreso espiritual del ser.
La vivencia de la espiritualidad, en fin, promueve el aprendizaje de la virtud, esa disposición de la criatura, a la manifestación del bien por pensamientos, palabras y hechos, generándole un estado de plenitud íntima que influencia positivamente a todos con los que convive.
En sus acciones locales, el sujeto virtuoso genera beneficios globales, para la gran familia humana en el sentido de la paz y de la fraternidad universal.
Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, eminente líder espiritual comprometido con la paz del mundo y con el diálogo Inter-religioso, ratifica el pensamiento arriba expuesto, sobre el papel de las alternativas religiosas, cuando afirma en uno de sus brillantes escritos: ”el objetivo de la religión como un todo, es volver más fácil el ejercicio del amor, de la compasión, de la paciencia, de la tolerancia, de la humildad, de la capacidad del perdón y de todas las otras cualidades espirituales.
En fin, la función de las religiones en esos días de desasosiego social deberá de ser de agente educativo en el campo de las virtudes regeneradoras del Espíritu, contribuyendo por lo tanto con el esfuerzo de practicarlas, más allá de los templos, en la vida de relación con los otros y con el mundo, medio por el cual nos hacemos capaces de ascender en nuestra existencia evolutiva.
- Vinicius -
ESTUDIANDO A KARDEC:
“El Espiritismo es una doctrina moral que fortifica los sentimientos religiosos en general y se aplica a todas las religiones. Es de todas, y no es de ninguna en particular. Por eso no dice a nadie que la cambie. Deja a cada cual la libertad de adorar a Dios a su manera y de observar las prácticas dictadas por la conciencia, pues Dios tiene más en cuenta la intención que el acto. Id pues, cada uno al templo de vuestro culto; y así probareis que os calumnian, cuando os tachan de impiedad.”
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Hace algún tiempo, leyendo el periódico, algunas frases nos llamaron la atención. Se trataba de ideas de un escritor afirmando que, cuanto más pesimistas haya, mejor, ya que éstos son los que cambiarán al mundo, una vez que para los optimistas el mundo está óptimo.
Una de dos: o el escritor no sabe el significado de las palabras pesimismo y optimismo, o está intentando aplicar un sofisma.
Pesimismo, según los diccionarios, es "opinión o sistema de los que creen todo pésimo o de todo esperan lo peor."
Optimismo es el "sistema de juzgar todo lo mejor posible; tendencia para creer que todo está bien."
En ningún momento se puede deducir que el optimista sea un ser pasivo, inerte, que nada mueve para mejorar la situación. El optimista es el que percibe que las cosas no están bien, pero sabe que podrán mejorar, y hace su parte.
Ya el pesimista, que de todo espera lo peor, ve delante suyo apenas abismos y tinieblas. Todo para él está pésimo y no hay nada que se pueda hacer para que mejore.
Hay un dibujo animado que refleja muy bien este tipo de gente. Se trata de una hiena, personaje Hardy, de la dupla Lippy y Hardy, que siempre aparece diciendo: "¡Oh vida! ¡Oh día! ¡Oh desdicha!"
Cuando Lippy, su compañero león, la invita para hacer algo, Hardy, inmediatamente expresa su posición de derrota diciendo: "¡eso va a fallar!"
El optimista, a su vez, si nota que el mar está agitado, que el barco puede zozobrar, encuentra siempre motivos para continuar luchando, y, generalmente, logra éxito.
De esta forma, es fácil deducir que si hay alguien que puede modificar el mundo para que sea mejor, debe primero creer que el mundo puede ser mejorado, y esa persona sólo puede ser un optimista, jamás un pesimista, que considera el mundo pésimo, marchando hacia lo peor.
Siendo así, no nos dejemos llevar por sofismas que, sin un análisis más detallado, pueden parecer verdaderos.
El optimismo genera entusiasmo, y el entusiasmo es generador de confianza en sí mismo.
Mientras el pesimista ve en la semilla enterrada en el suelo, apenas la podredumbre, el optimista percibe la vida a punto de brotar.
Mientras el pesimista se sienta y observa las sombras que lo circundan, el optimista abre las ventanas de la esperanza y vislumbra, adelante, la claridad que en seguida lo envolverá.
Mientras el pesimista entra en cada crepúsculo, en el mismo cementerio para lastimarse de la muerte, el optimista escala en cada amanecer, la cerca de un jardín para aspirar el aroma de nuevas flores.
***
"El optimismo es estímulo para el trabajo, vigor para la lucha, salud para la enfermedad de los paisajes espirituales y luz para las densas tinieblas que se demoran en victoria momentánea."
ESPECIAL:
Conversando com Divaldo Pereira Franco - volume II
R$ 25,00
Redação do Momento Espírita com base no livro As forças morais, de José Ingenieros e no verbete Otimismo, do livro Repositório de sabedoria, v. II, pelo Espírito Joanna de Ângelis, psicografia de Divaldo Pereira Franco, ed. Leal.
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espiritistas. es
Existe diferencia entre la muerte física y la desencarnación ambas no ocurre simultáneamente. La persona muere cuando el cuerpo denso deja de funcionar, admitiéndose hoy, para la caracterización del óbito, el concepto de muerte encefálica, llamada también muerte cerebral. La desencarnación es otra cosa; el alma desencarna cuando se completa el desligamiento, lo que demanda algunas horas o algunos días.
Podemos valernos, así, del vocablo muerte y del verbo morir y sus derivados, como Kardec hartamente utilizó (Ver el articulo “La muerte en la terminología espirita”, El Inmortal de agosto/93, pág. 14)
Como nos dice André Luiz (estudie y Viva, pág. 119): “Desencarnación es liberación del alma, muerte es otra cosa. Muerte constituye cesación de la vida, putrefacción, moho”.
Fijando algunos conceptos que son fundamentales sobre todo cuando tratamos de extracción de órganos como el corazón, pulmón, hígado, riñones y páncreas, que, de acuerdo con el cardiólogo Ignacio Alfredo Fiorelli, coordinador de la Central de trasplantes de la Secretaría Estatal de Saude de S, Paulo, deben ser retirados con el corazón del donador aun funcionando.
La muerte encefálica, descrita por primera vez en Francia, en la década de los 50, significa que las estructuras vitales del encéfalo, necesarias para mantener la conciencia y la vida vegetativa, se encuentran lesionadas irreversiblemente. En otras palabras, el tronco cerebral no funciona, no existe la actividad cerebral, hay total ausencia de circulación sanguínea en el cerebro y el electroencefalograma mostrará el silencio eléctrico cerebral.
No confundirla con el estado vegetativo, pues en este una parte del cerebro aun funciona, visto que la lesión habrá afectado a una parte de las células neurológicas, más no a las estructuras del encéfalo.
El Consejo Federal de Medicina estableció, en 1991, a través de la Resolución numero 1346, que la muerte encefálica corresponde a un estado definitivo e irreversible de la muerte, pudiendo ser utilizada, sin cualquier duda, para la retirada de órganos para trasplantes.
La sepración del alma no se da instantáneamente; al contrario, ella se libera gradualmente y no como un pájaro cautivo que, de repente, encuentra la libertad. La enseñanza espirita es bien clara: rotos los lazos que la retenian al cuerpo, el alma se libera. (L. E. 155)
Sin embargo hay, una curiosa e importante excepción a ese principio, como vemos en la cuestión 156 de El Libro de los Espíritus, en donde Kardec pregunta: ¿“la separación definitiva del alma y del cuerpo puede ocurrir antes de la cesación completa de la vida orgánica?”. La respuesta es la siguiente: “Algunas veces, en la agonía, el alma ya dejo el cuerpo y no hay nada más que la vida orgánica. El hombre no tiene más conciencia de si mismos y, entre tanto, le resta aun un soplo de vida. el cuerpo es una maquina que mueve el corazón; existe mientras el corazón hace circular la sangre en las venas, y para eso no necesita del alma”. (Vea a tal respecto la enseñanza contenida en el ítem 136- A del Libro de los Espíritus, donde se dice que la vida orgánica puede animar un cuerpo sin almas, más el alma no puede animar un cuerpo sin vida)
Cuando Kardec obtuvo esa respuesta no existía el concepto de muerte cerebral. El se reportaba entonces, con certeza, al coma profundo, con alguna actividad cerebral o la propia muerte encefálica. Ahora, si en la agonía eso puede darse, podemos deducir con razonable dosis de certeza que la muerte encefálica el cuerpo es como “una maquina que el corazón movimentan” y “para eso no necesita del alma”.
André Luiz trata del tema en el cap. XVI, Mecanismos de la mente – Sección de la medula, de “Evolución en Dos Mundos”, en el que nos dice:
“… después de seccionada la medula de un paciente se observa, de inmediato, la insensibilidad completa, el relajamiento muscular, la parálisis y la eliminación de los reflejos somáticos y vísceras, en todas las partes que reciben los nervios nacidos abajo del punto en el que se verifico el prejuicio.”
Añade André que esa parálisis e insensibilidad proceden del desligamiento de las regiones del cuerpo espiritual, correspondientes en los tejidos orgánicos y en el cerebro, como si fuese la retirada de la fuerza eléctrica de determinado sector.
Concluye André: “Semejante desligamiento, sin embargo, no se verifica del todo, lo que acarrearía, en niveles altos, irreversiblemente, el proceso liberatorio del alma con la desencarnación”.
Con esas palabras, André está afirmando que, habiendo una lesión irreversible en una región del sistema nervioso central, ocurrirá el desligamiento de las regiones del cuerpo espiritual correspondientes a la zona afectada del cuerpo físico, y si la región lesionada correspondiera a niveles más altos, esto es, a regiones más próximas del cerebro, ocurrirá el proceso liberatorio del alma. Ahora, si la lesión irreversible afecta el propio encéfalo, que es el centro regulador de la vida, el desprendimiento del alma se hará de forma automática.)
De un modo general en el proceso de desprendimiento, una vez que ha muerto, el Espíritu continúa ligado al cuerpo cuando son en él muy fuertes las impresiones de la existencia física. Los individuos materialistas quedan retenidos por más tiempo, hasta que la impregnación fluídica animalizada de que se revisten sea reducida a niveles compatibles con el desligamiento. Esa demora en el desprendimiento es, sin embargo, necesaria, para que el que ha desencarnado tenga menos dificultades para ajustarse a las realidades espirituales.
El desprendimiento comienza por las extremidades y se va completando en la medida en que son desligados los lazos fluidicos, que prenden al Espíritu al cuerpo. En el libro “Obreros de la Vida Eterna” cap. XIII, el Instructor Jerónimo informa que hay tres regiones orgánicas fundamentales que demandan extremo cuidado en los servicios de liberación del alma: el centro vegetativo, ligado al vientre, como sede de las manifestaciones fisiológicas; el centro emocional, zona de los sentimientos y deseos, situado en el tórax, y el centro mental, situado en el cerebro. Ese fue el orden en como el actuó para facilitar el desprendimientos de Dimas, descrito en el referido libro.
La oración es muy útil en el desprendimiento del espíritu. Allan Kardec relata en el libro “El Cielo y el Infierno” el caso Augusto Michel, ocurrido en 1863, el cual pidió a un médium fuese hasta el cementerio a orar en su túmulo. El espíritu de Augusto Michel suplico tanto, que el médium atendió y, en el propio cementerio, el se comunicó agradecido, aliviado por la constricción que antes preso al cuerpo. Al comentar el caso, Kardec indaga si la costumbre casi general orar al pie de los difuntos no provendría de la intuición inconsciente que se tiene de ese efecto.
Es normal la perturbación que sigue después de la muerte en un caso normal (Ernesto Bozzano, en su libro “La Crisis de la Muerte”, después de examinar 18 casos científicamente documentados, sobre las fases del fenómeno de la muerte, enumera en 12 puntos sus conclusiones. De entre ellos, destacamos los siguientes: a) todos afirmaron haber ignorado, durante algún tiempo, que estaban muertos; b) casi todos pasaron por una fase más o menos larga de “sueño reparador”; c) los Espíritus de los muertos gravitan fatalmente y automáticamente para la esfera espiritual que les conviene, por virtud de la “ley de afinidad”.
León Denis, en su libro “Después de la Muerte”, explica que la separación del alma del cuerpo es seguida por un periodo de perturbación. Ese tiempo es breve para el espíritu justo y bueno, que luego se separa con todos los esplendores de la vida celeste, más es muy largo, algunas veces durando años enteros, para las almas culpables, impregnadas de groseros fluidos.
La perturbación que se sigue al momento de la muerte es tratada minuciosamente en los ítems 149 a 165 de “El Libro de los Espíritus” . El estado de perturbación es un hecho natural en todos nosotros y varía de acuerdo con el grado de elevación moral del que desencarna (LE., 163 y 164)
Cremación
(La incineración de los cadáveres humanos remonta a la antigüedad. En la Edad de Hierro ya existían las necrópolis de incineración, como los “campos de urnas” de Alpiarça, atribuidos a la época celtica, y la necrópolis de Alcacer del Sal, 300 años a. C. La cremación constituía una regla en la Grecia primitiva y entre los romanos y aun hoy es costumbre en varias regiones del mundo, como la India y Portugal.
La Iglesia en los principios del Cristianismo, prohibía la cremación, y el clero romano la condena hasta en los días actuales, ciertamente por coherencia con el dogma de resurrección de los cuerpos, definido en el 40 Concilio de Letrán y se confirmó en el 11 Concilio de Toledo, realizado en 675.
El Código del Derecho Canónigo establece en el Canón 1240, 50, estar privados de sepultura eclesiástica los que mandaran, antes de morir, quemar su cuerpo, además no tendrán derecho a ninguna misa funeral, y a ningún otro oficio fúnebre.)
(Fue en 1774 que se inició el pro-cremación, iniciado por el abad Piattoli Scipion, que se expandió por Suiza, Alemania, Inglaterra, Francia, etc. En Francia, una ley de 1886 garantiza el derecho a elegir para el entierro o la cremación.
En el campo económico, la ventajas de la incineración es evidente. Las dispensas del funeral serian reducidas enormemente. El espacio fisico destinado a los cementerios no seria necesario. En vez de mausoleos, una urna pequeña resolvería el problema.
En el aspecto higiénico, o sanitario, es la solución ideal. Algunos científicos opinan por la incineración obligatoria en casos de muerte por molestias contagiosas, como el tifus, viruela, escarlatina (dolencia infecciosa aguda, caracterizada por fiebre, erupción de pequeños puntos rojos y descamación en largas placas) y otras. En las epidemias, solo el fuego puede realizar un saneamiento en regla.)
Una de las desventajas de la cremación de los cadáveres está en el campo jurídico, pues existen algunos argumentos contrarios a la cremación, ya que destruido el cadáver, la cremación impediría cualquier verificación post – morten que se hiciese necesaria.
En el aspecto espiritual León Denis anota una desventaja, pues que, en general, la cremación provoca desprendimiento más rápido, más brusco y violento de la entidad que desencarna, siendo aun mismo doloroso para el alma apegada a la Tierra. Determinados Espíritus permanecen algún tiempo imantados al cuerpo material despues del trance de la muerte, como acontece principalmente con los suicidas.
El rompimiento del cordón fluídico no siempre se consuma en un corto espacio de tiempo. En esas condiciones, el desencarnado es como si fuese un muerto vivo cuya percepción sensorial, para su desventura, continua presente y actuante. La cremación vendría a causarle un angustiante trauma, lo que sería “aumentar la aflicción al afligido”.
La posición espirita sobre la cremación de cadáveres (Más Alla de la posición, ya vista, de León Denis, lo que existe son posiciones esparcidas. Richard Simonetti entiende que, aunque el cadáver no transmita sensaciones al espíritu, este experimentará obviamente “impresiones extremamente desagradables” si en el acto crematorio la entidad estuviera aun ligada al cuerpo.
Paul Bodier allá que “la incineración, tal como se practica entre nosotros, es, con efecto, por demás prematura” . Tal vez, por eso el entierro debe ser el proceso normal, solo quemándose los cadáveres con señales evidentes de putrefacción.
Emmanuel esclarece, a través de Chico Xavier, que “la cremación es legítima para todos aquellos que la desean, desde que haya un periodo de, por lo menos, 72 horas de expectación para el hecho en cualquier horno de cremación”. (Vea “Pinga-Fogo en la TV Tupi- SP”, Realizado en 1971.)
Allan Kardec, lo que nos consta, no cuido específicamente del asunto, lo que equivale a decir que la Doctrina Espirita no tiene una posición firmada sobre la cremación de cadáveres.)
Donación de órganos
Este asunto no fue, evidentemente, tratado por Kardec, más el Dr. Jorge Andrea, en su libro “Psicología Espirita”, págs. 42 y 43, examinando el tema, asevera que no hay ninguna duda de que, en las condiciones actuales de la vida en que nos encontramos, los trasplantes deben ser utilizados. “La conquista de la ciencia es fuerza cósmica positiva que no debe ser relegada a posición secundaria por prejuicios religiosos. Por eso, llegará el día en el que podremos evaluar hasta que punto las influencias espirituales se encuentran en esos mecanismos, a fin de que las intervenciones sean coronadas de éxito y pleno entendimiento”.
Preguntaron a Chico Xavier si los Espíritus consideran los trasplantes de órganos una practica contraria a las leyes naturales. Chico respondió (“Entrevistas”): “No. Ellos dicen que así como nosotros aprovechamos una pieza de ropa que no tiene utilidad para determinado amigo, y ese amigo, considerando nuestra penuria material, nos cede esa pieza de ropa, es muy natural, que al despojarnos del cuerpo físico, donemos los órganos prestantes a compañeros necesitados de ellos, que puedan utilizarlos con seguridad y provecho”.)
Todos podemos donar nuestros órganos. La extracción de un órgano no produce reflejos traumatizantes en el periespiritu del donador. Lo que lesiona el periespiritu, que es nuestro cuerpo espiritual, son las actitudes incorrectas perpetradas por el individuo, y no lo que es hecho a el o a su cuerpo por otras personas. Más allá de eso, el donador desencarnado es, muchas veces, beneficiado por las oraciones y por las vibraciones de gratitud y cariño por parte del receptor y de su familia. La integridad, pues, del periespiritu está íntimamente relacionada con la vida que llevamos y no con el tipo de muerte que sufrimos o con el destino de nuestros despojos.
Hay casos, no obstante, que la donación o extracción de órganos no se recomienda. El día 6 de febrero de 1996, atendimos a un Espíritu en sufrimiento, que recibiera el corazón de un joven muerto en un accidente, el cual, sin haber comprendido que desencarnara, lo atormentaba en el plano espiritual, reclamando que se le devolviera el corazón. Curiosamente, el Espíritu que recibiera el órgano sabía que estaba desencarnado y recordaba hasta haber donado las corneas a otra persona.
Indagaron a Chico Xavier: ¿“Chico, usted cree que el espirita debe donar sus corneas? ¿No habría en ese caso repercusiones para el lado del periespiritu, toda vez que ellas deben ser retiradas momentos, después de la desencarnación del individuo? El bondadoso médium minero respondió: (“Hoja espirita”, nov./82, apud “Chico, de Francisco”, pág. 84): “Siempre que la persona cultive desinterés absoluto en todo aquello que ella cede para alguien, sin preguntar al beneficiado lo que hace de la pieza recibida, sin desear cualquier remuneración, sin aguardar gratitud alguna, esto es, si la persona llegó a un punto de evolución en la que la noción de posesión no le preocupa, esta criatura está en condiciones de dar porque no va afectar el periespiritu en cosa alguna. En el caso contrario, si la persona se siente perjudicada por eso o por aquello en el curso de la vida, o tenga recelo de perder utilidades que juzga pertenecerle, esta criatura tiene la mente vinculada al apego a determinadas ventajas de la existencia y con certeza, después de la muerte del cuerpo, se inclinará para reclamaciones, dándoles cabida, generando perturbación en su propio campo intimo. Si la persona tuviera cualquier apego a la posesión, inclusive de los objetos, de las propiedades, de los afectos, no debe de dar, porque se perturbará”.)
Años después de esa respuesta, se registro el caso Waldimir, el joven suicida que fue aliviado en sus sufrimientos post-morten gracias a las oraciones provenientes de la donación de corneas por ella hecha, mostrando que, incluso en las muertes traumáticas como esa, la caridad de la donación, cuando es practicada por el propio desencarnado, es largamente compensada por las leyes de Dios. (El caso Waldimir es narrado en el libro “¿Quien tiene miedo a la muerte?”, de Richard Simonetti.)
Extraído de la revista El Consolador, traducido al español por M. C R
REENCARNACIÓN GILBERTO GELEY
La idea de la reencarnación, está de acuerdo con la anatomía y la fisiología comparadas, las cuales prueban que nada desliga al hombre de los animales y que la idea de que un alma reservada sólo al hombre, es insostenible desde el punto de vista científico. El proceso de encarnación y desencarnación no constituye un privilegio del hombre, sino que es consecuencia de una ley natural y general, que abarca todo lo que piensa, vive y es. Tomado del libro “La reencarnación”
Ver también los Blog inquietudesespiritas.blogspot.com
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ade-sergipe.com.br
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