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domingo, 10 de marzo de 2013

Tras los pasos de Jesús




“Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho.” (Juan, XIV, 25-26).



La Religión de Jesús es la eterna Religión de la Luz y de la Verdad. Ella no se limita a la práctica de simples virtudes, tal como los hombres creen. Abarcando los amplios horizontes de la Vida Espiritual, nos enseña los medios indispensables para adquirir la Inmortalidad. La Religión de Jesús no desaparece en la tumba, sino que se eleva como un Sol majestuoso más allá del sepulcro; donde todo parece sumergirse en tinieblas, en la nada, la Verdad y la Vida se manifiesta con todo su fulgor. ¡La Religión de Jesús no es la Religión de la Cruz, sino la Religión de la Luz! ¡No es la Religión de la Muerte, sino la de la Vida! ¡No es la Religión de la Desesperanza, sino la de la Esperanza! ¡No es la Religión de la Venganza, sino la de la Caridad! ¡No es la Religión de los Sufrimientos, sino la de la Felicidad! La muerte, la desesperación, el martirio, los sufrimientos, son oriundos de las religiones humanas, así como la Cruz es el instrumento de suplicio inventado por los verdugos de la vieja Babilonia, de la Roma Primitiva, cuyos señores masacraban cuerpos y almas, infringiendo los preceptos del Decálogo.

La Religión de Jesús no es la Religión de la Fuerza, sino la Religión del Derecho. Cuando las multitudes absortas se acercaban al Maestro querido, para oír sus prédicas investidas de Fe, perfumadas de Caridad y resplandecientes de Esperanza, nunca el Joven Nazareno les hizo señales con una cruz; nunca pretendió poner sobre los hombros de sus infelices hermanos el peso del madero infamante. Por el contrario, los atraía con su mirada piadosa, con sus exhortaciones sublimes y con sus amorosos consejos; para todos tenía palabras de perdón, de afecto y de consuelo. A los afligidos y desanimados les decía: “Venid a mí, vosotros que estáis sobrecargados; aprended de mí, que soy humilde y manso de corazón; llevad sobre vosotros mi yugo, que es suave, mi carga, que es ligera, y tendréis descanso para vuestras almas.” La gran misión de Jesús fue destruir todas las cruces que el mundo había levantado; arrasar todos los calvarios. Él fue el portador del bálsamo para todas las heridas, del consuelo para todas las aflicciones, de la luz para todas las tinieblas. Sólo aquél que tuvo la dicha de recorrer las páginas del Nuevo Testamento y acompañar los pasos de Jesús desde su nacimiento hasta su muerte y gloriosa resurrección, bien podrá valorar en qué consiste la Doctrina del Resucitado.

Es admirable ver al Gran Evangelizador en medio de la plebe harapienta, repartiendo, con todos, los tesoros de su amor. Les hablaba la lengua del Cielo; los convidaba a la regeneración, a la perfección; les hacía percibir el futuro lleno de promesas saludables; los animaba a buscar las cosas de Dios; finalmente, procuraba grabar en aquellas almas, turbadas por el sufrimiento, el benévolo reflejo de la Vida Eterna, que Él tenía por misión ofrecer a todas las almas. Jesús no fui el emisario de la espada, el gladiador que lleva el luto y la muerte a la familia y a la sociedad; sino el Médico de las Almas, el Príncipe de la Paz, el Mensajero de la Concordia; el Gran Exponente de la Fraternidad y del Amor a Dios. A lo largo de los caminos pedregosos por donde pasó, por las ciudades y aldeas, el Maestro animaba a sus oyentes a ser buenos, les mostraba los tesoros del Cielo y a todos les garantizaba el auxilio de ese Dios Invisible, cuyo amparo se extiende a los pájaros del cielo y a los lirios de los campos. Tras su admirable Sermón de la Montaña, y para demostrar la acción de sus palabras, cura a un leproso que, postrado a sus pies, lo adora, diciendo: “¡Señor, si quieres, puedes curarme!” En su viaje por Cafarnaum, un centurión se aproxima a él y le pide que cure a su criado: el ejército celestial se pone en movimiento y el enfermo se restablece.

Llegando a la ciudad de Cafarnaum, entra en casa de Pedro y encuentra en la cama, presa de una fiebre maligna, a la suegra de este. Inmediatamente, a la imposición de sus manos compasivas, la pobre anciana se levanta. Acompañado de sus discípulos, en una barca en el Mar de Galilea, se desencadena una tempestad, el viento sopla fuerte y las olas se encrespan. Los discípulos, llenos de pavor, llaman al Maestro, y a una palabra suya los vientos cesan y el mar se calma. Cuando llegan a la otra orilla, él retira una legión de Espíritus malignos que obsesaban a un pobre hombre. Al salir nuevamente de la tierra de los gadarenos y de vuelta a Cafarnaum, unos hombres se aproximan al Nazareno y le llevan un paralítico que yacía en una camilla. El enfermo recibe el perdón de sus faltas y el hombre, curado, da gracias a Dios. Jairo, uno de los dirigentes de la sinagoga, sabiendo los grandes prodigios realizados por Jesús, corre a su encuentro y le pide que libere a su hija de la muerte. Mientras Jesús camina hacia la casa de Jairo, una mujer que sufría, hacía doce años, molestias incurables, le toca la túnica y sana. Llegando el Maestro a la casa del fariseo, libra a la jovencita de las garras de la muerte. Cuando Jesús sale de la casa de Jairo, dos ciegos corren tras el Maestro, clamando: “Hijo de David, ten misericordia de nosotros” Sus ojos se abren y ellos salen a divulgar, en Galilea, las grandes cosas que el Señor les hizo. En el mismo instante un grupo de hombres le traen al hijo de Dios un mudo endemoniado; Jesús expulsa al Espíritu maligno y el mudo recupera el habla. Y en proporción que las gracias eran dadas, la multitud crecía, porque en ellas crecía la Palabra de Dios; y Jesús andaba por todas partes anunciando a todos el Reino de Dios: contaba parábolas, hacía comparaciones y, bajo la forma de alegoría, propagaba en las almas la Voluntad Suprema para que todos, evitando obstáculos, pudiesen, con el auxilio divino, liberarse de los sufrimientos oprimentes por los que pasaban.

Durante un largo período de tres años consecutivos, Jesús, todo dedicado a la gran misión que tan bien desempeñó, no perdió un solo momento para dejar bien clara su tarea liberadora. Gran Reformador Religioso, derogó todos los cultos, todos los ritos, todos los sacramentos de invención humana, que sólo han servido para dividir a la Humanidad, formar sectas, constituir partidos, en perjuicio de la unificación de los pueblos, de la fraternidad que él supo proclamar bien alto. Y fue por eso que fariseos y escribas, sacerdotes, doctores de la Ley y pontífices congregados en complot maléfico, hostigaron a la muchedumbre bestializada contra el Cariñoso Rabino, y, unidos a los Herodes, a los Caifases, a los Pilatos y Tartufos; unos por malevolencia sanguinaria, otros por ambición y orgullo, otros por avaricia, vil mercancía, cobardía y servilismo, llevaron al Afectuoso Evangelizador al Patíbulo infamante, torturándolo hasta la muerte. Pero el triunfo de la Verdad no se hizo esperar; cuando todos creían muerto al Redentor del Mundo, cuando creían haber extinguido su Doctrina de Amor, he aquí que la Piedra del Sepulcro, donde habían depositado el cuerpo de Mozo Galileo, estremece al toque de los luminosos Espíritus; la cavidad de la roca se muestra vacía; Jesús se aparece a María Magdalena, resuena por todas partes el eco de la Resurrección.

Triunfante de las calumnias, de las injurias, de los tormentos, de los suplicios, de la muerte, el Hijo Amado de Dios recomienza sus valiosas lecciones, embalsamando a sus queridos discípulos con los efluvios de la Inmortalidad, únicos que nos garantizan Fe viva, Esperanza sincera y Caridad eterna. No valió la prevención de los sacerdotes, la orden de Pilatos; no valieron los sellos que lacraban el sepulcro ni los soldados que lo guardaban; en el amanecer del primer día de la semana todo fue derribado, y Cristo, resucitado, volvió a la arena mundial, victorioso en la lucha contra sus terribles verdugos. Y en su narrativa llena de sencillez, dice el Evangelio, por todos los Evangelistas, que Cristo Jesús apareció después de muerto, se comunicó con los once apóstoles, se apareció a los demás discípulos, y, después, a más de quinientas personas de las cercanías de Jerusalén; les explicó nuevamente las Escrituras, les repitió la Doctrina, que no puede quedar encerrada en una tumba, ni en una Iglesia; delante de ellos realizó fenómenos estupendos, como la Maravillosa Pesca, les anunció todas las cosas que debían suceder, les garantizó la venida del Consolador, les prometió, además de eso, su asistencia hasta la consumación de los siglos, no sólo a ellos, sino a todos los que siguiesen sus pasos y se elevó a las altas regiones del Espacio, desde donde velaría por nosotros.

La Religión de Jesús no consiste en dogmas y promesas falaces; es la Religión de la Realidad. Religión sin manifestaciones y comunicaciones de los Espíritus, es la misma cosa que una ciudad sin habitantes o una casa sin moradores. La Religión consiste justamente en esa comunión de Espíritus, en ese auxilio recíproco, en ese afecto mutuo. ¿Por qué es Cristo nuestra esperanza y nuestra fe? ¿Por qué le dedicamos amor, respeto y veneración? ¿Por qué le confiamos nuestras aflicciones? ¿Por qué le hacemos oraciones? ¿Por qué le dedicamos admiración y le rendimos gracias? Porque sabemos que Él puede y viene a iluminarnos la vida, a fortalecernos la creencia, nos protege y nos ampara, nos auxilia y acaricia, como un padre dedicado proporcionaría la felicidad y el bienestar a sus hijos. Pues siendo Cristo las primicias del Espíritu, como lo afirma el Apóstol Pablo; estando nosotros seguros de que Él resucitó, apareció, se comunicó, ¿por qué no pueden hacer lo mismo aquellos Espíritus que fueron nuestros amigos y parientes, aquellos que vivían con nosotros, manteniendo mutuo cariño? En la Epístola a los Corintios, el Apóstol de la Luz, dice: “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó y es nula nuestra fe.” La resurrección de Cristo implica la resurrección de los muertos; y si fuese contraria a la Ley de Dios, la manifestación, la aparición, la comunicación de los muertos, Jesús hubiera infringido esa Ley; hubiera ido al encuentro de su primer mandamiento, que dice que tenemos la obligación de obedecer a nuestro Padre Celestial, amarlo de todo nuestro corazón, entendimiento y alma y con todas nuestras fuerzas. Pero ya que Cristo se apareció y se comunicó, es una señal segura de que la Ley de Dios consiste en la comunicación de los Espíritus. ¿Jesús no invocó, en el Tabor, a los Espíritus de Moisés y Elías? Esta es la Religión de Jesús, pues se basa en hechos irrefutables; esta es la Religión de la Fraternidad, porque tiene por base el amor verdadero, que no termina en la tumba; seguir los pasos de Jesús es lo bastante para que seamos guiados por Él y venzamos también como Él venció, la muerte, como el triunfo de la Resurrección.

Cairbar Schutel

Extraído del libro "Parábola y Enseñanza de Jesús"

                                        *******************

Se cuenta que un turista,fue a la ciudad del Cairo, en Egipto,a visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros.
Las únicas piezas del mobiliario eran una cama,una mesa y un banco.
-¿Donde están sus muebles? Pregunto el turista
y el sabio, rapidamente le respondió:
-¿Y donde están los suyos?
-¿Los mios?, se sorprendió el turista...pero si yo estoy aquí
solamente de paso!
-Yo también...concluyo el sabio.

Moraleja:
La vida en la tierra es solamente temporal, sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente; pelean, atropellan, calumnian, etc..
y se olvidan tanto...de que hay una justicia divina...de ser realmente felices.


(Aportado por Mónica Boncini )



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Los domingos a las 21,00 horas se os invita a la clase de estudio del Espiritismo por "Grupo espírita Sin Fronteras" dirigida por Carlos Campetti.

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sábado, 9 de marzo de 2013

EL ESPIRITISMO EL GRAN ESCLARECEDOR



   El trabajo del hombre y la ciencia un día conseguirán el gran objetivo de alejar las sombras de este mundo.

   ¡Luz habrá en los cielos! ¡Luz en las conciencias! ¡Luz en los abismos! ¡Luz en todas partes! El reinado de la luz lo han anunciado todos los profetas y el progreso trabaja para que la luz irradie en los mundos de expiación.

   El estudio razonado del Espiritismo hará que los hombres tomen parte activa en el bien a sus semejantes, consagrándose por el amor, al perfeccionamiento para elevarse a través de las buenas obras, convencidos de que, los muertos viven, que los espíritus conservan en el espacio memoria, entendimiento y voluntad, que sólo por la abnegación y el sacrificio en bien de la Humanidad el espíritu se engrandece y penetra en los mundos donde existe la felicidad.

     “La verdad eterna no se encuentra mirando al suelo, se halla abriendo los ojos del entendimiento y preguntando a nuestra historia dónde escribimos su primer capítulo.

     No podemos pretender encontrar en el espiritismo la paz y la calma, porque cuando reconocemos nuestra inferioridad no puede producirnos más que tristeza, y en ocasiones amargo desaliento. Una vez que conocemos la verdad de las cosas, queremos caminar por el camino recto, por eso no queremos seguir viviendo como hemos vivido, sino que por el contrario queremos engrandecernos, liberarnos de la esclavitud, si porque a veces somos esclavos de nuestras malas inclinaciones.

     Cuando comenzamos a estudiar la Doctrina Espirita, comprendemos que no somos víctimas de la arbitrariedad de un Dios caprichoso que crea a su antojo ángeles inocentes y demonios, sino que por el contrario, animado por la inteligencia eterna en la noche de los tiempos nos dijo: ¡Chispa brillante desprendida por mi voluntad del volcán inmenso, donde están en ebullición los soles que mañana iluminarán el Universo! ¡Cruza el infinito! ¡Asimílate si quieres las virtudes de otros espíritus que antes que tú han luchado en los mundos, o embriágate con las pasiones y adormécete con los vicios si te sientes inclinado a rodar por los abismos, y emplea después tu fuerza y tu trabajo para subir desde las cavernas de las sombra a las eternas regiones de la luz!
El Espiritismo gracias a Dios, en los tiempos actuales, lo invade todo. Busca el medio de mejorar las condiciones así morales como materiales del hombre. Busca su bienestar así en la Tierra como en los cielos. Estudia en la historia a la Humanidad, con el geólogo el planeta, con el químico la materia, con el antropólogo y el fisiólogo al hombre, con el astrónomo el movimiento de los mundos. Registra desde el génesis hasta el Apocalipsis, desde los Vedas y Confucio hasta los libros de las teogonías más modernas, para rebuscar en ese sagrado depósito humano algo tradicional que añadir a la verdad.

     Es tan grande y tan sublime la doctrina espiritista, que no es extraño que los mortales rechacen como una locura ese sentimiento dulcísimo de perdón y amor, que ella enseña a sus seguidores.

     El Espiritismo es la catarata universal, es el torrente impetuoso que ha de arrastrar la escoria que hay en la superficie de la Tierra, y como la draga limpia el fondo de los puertos, del mismo modo penetrará en nuestra conciencia, donde se encuentran petrificadas la indiferencia y la duda.

     El Evangelio... Esa recopilación grandiosa de los más sublimes pensamientos. ¡Ese código divino! Esa historia cuyo prólogo fue la muerte de Jesús, y cuyo epílogo aún no ha visto la Humanidad. ¡De qué manera tan absurda y tan errónea ha sido comprendido!.. Hasta que el Espiritismo ha venido a demostrar la base en que se apoyaba esa fábrica grandiosa que se llama Naturaleza: esos millares y millones de mundos animados por el fluido de Dios.
¡Contemplemos el universo y como “Chispas Divinas creadas por Dios” bendigamos al Espiritismo llenos de esperanza, por sus verdaderas recompensas y su inextinguible porvenir!

Extraído de un libro de Amalia Domingo Soler
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                             LA FRASE DE HOY

" Tus pensamientos revelan tus compañías espirituales "
- Andre Luiz-
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viernes, 8 de marzo de 2013

ANTE EL AMIGO SUBLIME EN LA CRUZ/ Dr.Bezerra






Hoy, Señor, me arrodillo ante la cruz donde expiraste entre ladrones…
¡Amigo Sublime, dígnate bendecir la cruces que merezco!...
De Ti anuncio el profeta  que Te levantarías, junto al pueblo de Dios, como arbusto verde en suelo árido; que no permanecerías, entre nosotros, como los príncipes acrisolados en la gloria humana, y si como hombre de dolor, experimentado en los trabajos y sufrimientos que pasarías en la Tierra, ocultando  Tu grandeza a nuestros ojos, a  la manera del leproso  humillado y despreciable,  más que,  en Tus llagas y en Tus pisaduras, serían nuestras iniquidades, redimiendo nuestros delitos;  que podrías revelar al mundo la divinidad de Tu ascendencia, demostrando Tu infinito poder y que, cambia  para el matadero;  y que,  aunque  señalado como el Elegido Celeste, serias sepultado como ladrón común…  Acrecentó Isaías, sin embargo, que después de Tu ultimo sacrificio, nuevas esperanzas surgirían en el plano oscuro de la Tierra, a través de aquellos que serian Tus  continuos dolores, con abnegación  santificante!..
Y Tus lágrimas, Señor, rociaron el desierto de nuestros corazones  las bendecidas simientes de Tus enseñanzas vivas germinaron  en el suelo ingrato del mundo.
Más de diecinueve siglos pasaron y tengo aun la impresión de Oírte la voz compasiva,  suplicando perdón para tus verdugos…
¡Ah! ¡Jesús, compadécete de mis debilidades y ven, aun, a balsamizar mi corazón herido y desalentado!¡Enséñame a desnudar la ultima ropaje de mundana esperanza, dame fuerzas para olvidar las ultimas ilusiones!
Sin que merecieses, atravesaste el camino de dolor, soportando el madero de la ignominia! Ayúdame, pues, a soportar el madero de lagrimas  que merezco, en el rescate de mis inmensos débitos!
Amigo Sublime, que subiste al monte de la crucifixión, redimiendo el alma del mundo, enseñándonos, desde la cima, el camino de Tu Reino, auxíliame a descender para el fondo del  valle del anonimato, a fin de que yo vea mis propias necesidades, en la soledad de los humildes pensamientos.

¿Maestro, que representas mi dolor, ante el Tuyo? ¿Quién soy yo, mísero pecador, y quien eres Tu, Mensajero de la Luz Eterna?
¿De cuantas llagas necesita mi frágil corazón para borrar los canceres seculares del egoísmo, y de cuantos azotes precisaré para exterminar el orgullo  impenitente?
¡Ábreme la puerta de Tus consolaciones para que me renueve la luz de Tu Bendición!
No te pido Señor, como el rico de la Parábola, el permiso para volver al mundo, con el fin de anunciar a los que amo la grandeza de Tu poder; entre tanto, ruego Tu auxilio, para que no me falte  visión en el camino redentor. No puedo precipitarme  en el abismo que separa mi fragilidad de Tu magnificencia, todavía, puedo, atravesarlo, paso a paso, como peregrino de Tu misericordia. Mi corazón oprimido y cansado por las sombras de mi propia alma, de la queme deshaga, sin costo, de los últimos engaños, antes de seguir firmemente a Tu encuentro! ¡Despojados de mis transitorios tesoros, manos limpias de las joyas concédeme  que huyeron de los dedos temblorosos, concédeme el apoyo de los caminantes, aparentemente sin rumbo por dirigirse a países ignorados del Cielo!
Me rindo, ahora, sin condiciones,  a Tu amor infinito, Te confió mis ansiedades supremas  y mis sueños más tiernos de luchador, y ya que es necesario abandonar mi viejo cántaro de fantasías, devuélveme  la túnica de las últimas vanidades literarias por el burel humilde del viajero, interesado en alcanzar la cuna distante,  pese a los atajos difíciles y pedregosos!
¡Llena la soledad de mi espíritu con Tu luz como concediste el perdón, un día, la noche de nuestra ignorancia! Descúbreme Tu voluntad soberana, para que yo me abstenga, sin esfuerzo, de las gradas infelices del capricho terrestre! Aunque yo no pueda divisar todos los caminos de la nueva senda, dame Tu claridad misericordiosa, para que mis ojos imperfectos no permanezcan apagados.
¡Maestro, atiende al peregrino solitario que Te habla, al pie de la cruz, con el dolor  sin rebeldía y con amargura sin desesperación!
¡Amigo Sublime, Tu que preferiste el madero del sacrificio, entre el mundo que Te repelía y el Cielo que Te reclamaba, por amor a los hombres y obediencia al Padre, oriéntame en la nueva jornada! Si es posible, retira de la cruz la, diestra generosa, que clavamos en el leño duro de la ingratitud con nuestras maldades milenarias, y bendíceme para el largo camino que he de recorrer!
¡Tengo el alma sombría y helado el corazón!
Y mientras pasan, inquietas, las multitudes ociosas del mundo, en el torbellino del polvo venerado, háblame, Señor, como hablabas a los paralíticos y ciegos de Tu camino:
-“Levántate y vete en paz!¡Tu fe te salvo!...

Por el espíritu Hermano X –del Libro. Lázaro Redivivo, Médium: Francisco Cándido Xavier
Traducido al español por: M. C. R
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      ¿ Quien fue Bezerra ?



El Doctor Adolfo Bezerra de Menezes Cavalcanti, nació el día 29 de agosto de 1831, en Riacho de Sangue, en Ceara
 ( Brasil)

  Aunque sin condiciones económicas, el joven Bezerra se aventuró en la conquista del sueño de hacerse médico, saliendo de su tierra natal rumbo al sur del país. En 1851, el mismo año de la muerte de su padre, se mudó a Río de Janeiro,  ingresando al año siguiente, como practicante interno en el Hospital de la Santa Casa de Misericordia. En horas libres daba  clases de Filosofía y Matemáticas para mantener sus estudios.

En 1861 inició su carrera política, siendo elegido para un cargo relevante en la ciudad de Río de Janeiro,teniendo que desligarse del Cuerpo de Sanidad del Ejército, del que formaba parte como teniente cirujano. En la Cámara Municipal de la Corte desarrolló un gran trabajo en defensa de los humildes y necesitados siendo reelegido para el periodo de 1864 hasta 1868.

Regresó a la política en el periodo de 1873 hasta 1881, ocupando varias veces las funciones de presidente interino de la Cámara Municipal de la Corte, que se hizo efectivo en julio de 1878, cargo que correspondería al de Prefecto, en los días actuales. Nunca obtuvo favores del gobierno para sus candidaturas y era muy querido por los grupos más pobres de la población.

Durante la campaña abolicionista, con espíritu prudente y ponderado, escribió "La esclavitud en Brasil y las medidas convenientes para extinguirlas sin daños para la Nación", y expuso los problemas de su tierra en el estudio "Breves consideraciones sobre las sequías del Norte".

Se convirtió al Espiritismo en 1886, pasando a escribir libros que se harían célebres en el medio espírita. Debido a su espíritu extremadamente pacífico y conciliador, fue presidente de la Federación Espírita Brasileira.

Su espíritu de desprendimiento no le permitió acumular bienes materiales y fue en medio de grandes dificultades financieras, cuando un accidente vascular cerebral puso fin a su vida el día 11 de abril de 1900. Su nombre es reconocido hasta hoy, y evoca el recuerdo de un pasado rico, no en oro, sino en lecciones  de caridad y devoción a la fe abrazada.

( Obtenido de "canal de luz. blogspot.com.br)

(Traducido por Jose Luis Martín)




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miércoles, 6 de marzo de 2013

Los caminos de la vida


León Denis

    Todos los grandes hombres han padecido. Según una frase célebre, todos han sido ilustres perseguidos. Todo hombre que sube se aísla, y el hombre aislado padece, es incomprendido. Un hermoso libro que está por escribir todavía es en el que se contasen los grandes dolores del genio; se vería en él cuán doloroso ha sido el destino de todos los Cristos de este mundo; Orfeo torturado por la bacantes; Moisés enterrado vivo quizás en la cima del Nebo; Isaías partido por la mitad su cuerpo; Sócrates, envenenado por la cicuta; Colón, encadenado como Job y ciego como Homero; Camoens, agonizando sobre un lecho de hospital.

Y lo mismo los grandes inventores; Galileo, encarcelado por la Inquisición; Salomón de Caus, Bernardo Palissy , Jenner, Papin, Fulton y tantos otros que los hombres de su tiempo trataron de insensatos. ¡Locura sublime, como la de Jesús, que Herodes manda coronar de espinas y revestir con manto de púrpura como signo de irrisión! Tal es la historia del genio en la Humanidad. Hay en esto leyes misteriosas, que en otro tiempo los sabios conocieron y hoy yacen olvidadas, y que la ciencia espiritualista de nuestros días ha de reconstituir merced a largos estudios y pasando antes por las mayores contradicciones; pues el castigo de los pueblos consiste en reconquistar al precio de su sangre, de sus sudores y de sus lágrimas la verdades perdidas y las revelaciones olvidadas.

León Denis

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No es distinto en estos tiempos.
Se vislumbra el resurgir de una nueva humanidad no importa lo que el hombre mundano pueda pensar y decir.
El Reino de DIOS vendrá.
Luz Progreso y Amor.
Marco Antuan

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LA MEDICINA DEL ALMA
Cuesta imaginar un cuerpo sano que no esté bajo los tratamientos paliativos de la medicina reparadores del alma; después de años de estudio analíticos sobre diversos tratamientos médicos, siguiendo un largo proceso de laboratorio sobre el saber humano en algunas enfermedades concretas; en las cuales, dada la inoperancia en la ciencia del hombre hemos tenido que recurrir a través de los médiums a la ciencia espiritual para el esclarecimiento de algunas enfermedades y comportamientos para las cuales no había respuesta para algunas enfermedades. Ello nos llevó a abrir este espacio sobre la medicina del alma; para ello contamos con profesionales de la medicina en diversas ramas del saber humano, también con al apoyo de los médicos espirituales a los que hemos tenido que recurrir cuando el saber del hombre quedaba limitado frente a un dolor y desajuste mordiente que no sabían cómo silenciar. Enfermos que tenían que ser transportados a las Clínicas Espirituales desde los hospitales terrenos para que hubiese un reajuste espiritual y el enfermo soportara y aceptara aquella enfermedad que necesitaba un reajuste espiritual.Yo no soy médico; mi profesión está relacionada con las artes plásticas; soy escultor y pintor, por lo tanto vengo del mundo intelectual, desembocando en contra de mi voluntad en la mediúmnidad y en el espiritismo, algo que rechace en mis años mozos con todas las fuerzas de mi sentir cuando estaba atrapado por la filosofía existencialista y en la cumbre de mis glorias terrenas. Es evidente que la ley espiritual se impone por encima de los convencionalismos y la conciencia, y determina; ello fue lo que nos llevó a abrir este espacio de ayuda, donde aceptamos la colaboración de todos los amigos que quieran aportar algo en bien de la caridad y la salud del alma, tanto para los hombres como para los espíritus. Mi misión en esta labor de entrega y caridad es como médium de trance, es abrir esa pasarela por la cual se desliza el divino saber de aquellos profesionales que desde el Hogar nos fecunda en bien del adelantamiento en nuestra labor terrena. Nuestra gratitud de todos los que formamos este espacio, materiales y espirituales. Manolo





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martes, 5 de marzo de 2013

DIOS Y EL UNIVERSO: EL GRAN ENIGMA

 
N O T A  para mis queridos lectores:
Os ruego disculpéis mi ausencia de dos días sin  publicar nada nuevo. El motivo de mi ausencia ha sido el haber sufrido la pérdida de mi Computadora por rotura. He adquirido una nueva con un sistema operativo nuevo, con el cual trato de seguir mi actividad con los Blogs.
Hoy me alegra volver a sacar a la luz este nuevo trabajo que debió haber salido el domingo .
Agradecido por vuestra fidelidad, os saludo con todo mi afecto fraterno:
- José Luis Martín-




La vida no es una cosa vana,  la cual puede usarse con ligereza, es una lucha para la conquista del cielo, una obra elevada y grave, de edificación, de perfeccionamiento; una obra regida por leyes augustas y equitativas, por encima de las cuales se cierne la eterna Justicia templada por el amor.

La justicia no es una palabra vacía, en algún sitio existen compensaciones  para todos los dolores, una sanción  a todos los deberes, un consuelo para todos los males.

Esta justicia absoluta, soberana, cualesquiera sean nuestras opiniones políticas y conocimientos sociológicos, no es de nuestro mundo. Las instituciones humanas no son aun instrumento de ella.

Las religiones han perdido mucho de su prestigio, y los frutos envenenados  del materialismo aparecen por todas partes. Al lado del egoísmo y la sensualidad  de unos,  se desarrolla la brutalidad y codicia de otros. Los actos de violencia, los asesinatos  y los suicidios se multiplican.  Hay muchos sinsabores en el planeta Tierra. Esto es el resultado de una falsa educación

El hombre busca en él, el problema del mundo, el problema de la vida. Estudia el Universo, en donde se siente sumergido y ve que dos cosas aparecen a primera vista en el Universo: la materia y el movimiento; la sustancia y la fuerza. Esta  materia y esta fuerza Universales  también las encuentra en si mismo y con ellas un tercer elemento, con cuya ayuda a conocido, visto y medido las otras: la inteligencia.

Si la inteligencia está en el hombre, esta también está dentro del Universo del cual él forma parte integrante. Lo que existe en una parte, de debe encontrar en un todo. La materia es solamente el vestido, la forma sensible y cambiante revestida para la vida; un cadáver no piensa ni se mueve.  La fuerza es un simple agente  destinado a conservar las funciones vitales. Y la inteligencia  gobierna a los mundos y rige el Universo.

La inteligencia se manifiesta por medio de Leyes, leyes sabias y profundas, ordenadoras y conservadoras del Universo.

La materia  y la fuerza se funden  en el éter. El éter  es la materia primera, el abstracto definitivo de todos los movimientos, que es atravesado por innumerables movimientos, radiaciones luminosas y calóricos, corrientes de electricidad y magnetismo. Es preciso que estos movimientos sean regulados de alguna manera. Al final de la escala de las fuerzas, aparece la energía mental, la voluntad, la inteligencia que constituye las formas y fija las leyes.

Pitágoras, Claude Bernard, todos los pensadores  han afirmado que la materia está desprovista de espontaneidad.  Es necesario  volver sobre la necesidad de un primer motor trascendental para explicar el sistema del mundo, al cual el hombre llama Dios. Providencia, Gran arquitecto, Ser Supremo, Padre Celestial, etc. encontrando  el centro, la ley,  la razón universal en la cual el mundo se reconoce, se posee, vuelve a hallar su conciencia y su yo.

Más el leguaje humano  es impotente para expresar la idea del Ser infinito. Poco a poco se levanta el velo; el hombre entreve la grandiosa evolución de la vida  en la superficie de los mundos, comprende que todo está regulado con tendencia a un fin, que no es otro que el perfeccionamiento  continuo del Ser y el mayor aumento en él  de lo bueno y de lo bello.

  La eterna creación, la eterna renovación de los seres y de las cosas no es más que la proyección constante del pensamiento divino en el Universo. Todo se explica y se comprende  con la existencia  de un principio universal, de una energía incesante, eterna que penetra toda la Naturaleza; el es quien regula y estimula esta evolución colosal de los seres  y de los mundos hacia lo mejor, hacia el bien. Dios se revela en el Universo, que es su presentación,  pero no se confunde con el.

Dios absoluto y eterno, conoce nuestras necesidades, oye nuestros llamados  y nuestros pedidos y es sensible a nuestros dolores, es adonde todos los seres, por el pensamiento y el sentimiento, van a buscar las fuerzas, el socorro y la inspiración necesaria  para guiarse en las vías del destino, para sostenerse en las luchas, consolarse en sus miserias, levantarse en sus desfallecimientos y caídas.

No debemos buscar a Dios en los templos de piedra o de mármol, hemos de buscarlo en el templo eterno de la Naturaleza, en el espectáculo de los mundos, en los esplendores de la vida, en los horizontes, en los valles, en las llanuras, en los montes, en el mar, en la morada terrestre.

Dios rige el Universo se oculta a todos los hombres. Las cosas están dispuestas de manera que nadie está obligado a creer en ellas. La existencia del ser se desarrolla y los acontecimientos se suceden  sin relación aparente; pero la inminente justicia  se cierne desde lo Alto, y rige los destinos, según un principio ineludible, en donde todo se encadena  y en una serie de causas y efectos. Su conjunto constituye una armonía que el Espíritu, exento de prejuicios  e iluminado por un rayo de sabiduría, descubre y admira.

Solo conocemos lo más grosero de lo que existe a nuestro alrededor.

 La sabia Naturaleza ha limitado nuestras percepciones y sensaciones. El ser sube uno a uno los peldaños  de la gigantesca escalera que conduce a Dios, y cada peldaño representa para el ser una larga serie de siglos.

Si los mundos celestes se descubriesen de pronto nos deslumbrarían, quedaríamos ciegos. Pero no nuestros sentidos exteriores han sido medidos y limitados.

El universo se descubre a nuestra vista a medida que la capacidad en comprender sus leyes se  desarrolla y amplifica, en nosotros.  Dios es invisible en ambos lados de la vida, en la tierra y en el mundo espiritual; para aquellos que aun no han alcanzado la pureza suficiente para reflejar sus divinos rayos.

Todo manifiesta la presencia de Dios. La Naturaleza y la humanidad cantan y celebra el amor, la belleza  y la perfección; todo lo que vibra y respira, es un mensaje de Dios, está en cada uno de nosotros en el templo vivo de la conciencia. Allí es un lugar sagrado, el santuario donde se oculta la chispa divina.

Todos debemos aprender  a sondearnos a nosotros mismos, y registras los rincones más íntimos de nuestro Ser, interrogarnos en el silencio y en la soledad. Así aprenderemos a conocernos, a conocer el poder que está oculto en nosotros. El es el que nos eleva  y hace resplandecer en el fondo de nuestras conciencias las santas imágenes  del bien, , de la verdad y de la justicia , honrando a estas imágenes divinas  y rindiéndoles el culto todos los días, lograremos purificarnos  y que  la conciencia  se alumbre, perdiendo las oscuridades que la mantienen cautiva.

El Universo no es como aparece a nuestros débiles sentidos; el mundo físico no constituye nada más que una ínfima parte del mismo. El dominio del mundo invisible es mucho más vasto y más rico que el del mundo visible.

El Universo lo constituye un solo elemento, aunque triple en apariencia. Espíritu, fuerza y materia. Son los tres estados  de una sustancia inmutable en su principio, más variable hasta lo infinito en sus manifestaciones.

El Universo vive y respira animado por dos potentes corrientes: absorción y dispersión. Por esta expansión, por este soplo inmenso, Dios crea. Por su amor atrae hacia El. Las vibraciones de su pensamiento y de su voluntad, fuente primera de todas las fuerzas cósmicas, mueven el Universo y engendran la vida.

La materia, no es más que un modo, una forma pasajera de la sustancia universal para disolverse en radiaciones sutiles que no tienen existencia propia. La filosofía que la toma por base descansa sobre una apariencia, sobre una especie de ilusión.

La ciencia ha estado equivocada durante varios siglos en el análisis  de los elementos que constituyen el Universo y ahora debe destruir lo que penosamente edifico. El dogma científico de la unidad, irreducible e indestructible del átomo, al derrumbarse, arrastra consigo a todas las teorías materialistas.

La existencia de los fluidos, afirmada por los espiritas desde hace cincuenta años, ha sido confirmada de una manera rigurosa por medio de la experimentación. Nos hallamos aun en la aurora del verdadero conocimiento. El mundo invisible se revela como base del Universo, como fuente eterna de las energías físicas y vitales que animan el  Cosmos.

Los fenómenos espiritas de todos los ordenes  se explican por el hecho de que puede gastarse una cantidad considerable y constante de energía sin perdida aparente de materia.

Los aportes, la desagregación y la reconstitución, el paso de los espíritus a través de los cuerpos sólidos, sus apariciones y materializaciones, todo es fácil de comprender cuando se conoce el juego de las fuerzas y de los elementos que entran en acción en estos fenómenos. Toda una revolución se realiza en los dominios de la física y de la química. En todas partes a nuestro alrededor vemos abrirse fuentes de energía, inmensos depósitos de fuerzas muy superiores en poder a todo lo que se conocía hasta hoy. La ciencia se encamina hacia la síntesis unitaria, que es la ley fundamental de la Naturaleza.


El encadenamiento prodigioso de las fuerzas y de los seres se precisa y se completa. Se constata que existe una continuidad absoluta, no solamente entre los dos estados de la materia, sino aun entre estos y los diferentes estados de la fuerza.

La energía parece ser la sustancia única universal. En el estado compacto, reviste las apariencias que llamamos, solidó, liquido y gaseoso; bajo un modo más sutil, la energía es agente de los fenómenos de Luz, calor, electricidad, magnetismo, afinidad química.

Todo se relaciona y encadena en el Universo. Todo está regido por las leyes del número, de la medida, de la armonía. Las manifestaciones más elevadas de la energía confinan con las de la inteligencia. La fuerza se vuelve atracción; la atracción se vuelve amor.

Cada ser posee los rudimentos  de una inteligencia que llegará a genio, y tiene la inmensidad del tiempo para realizarla. Cada vida terrena es una escuela: la escuela primaria de la eternidad.

Todos los seres están unidos unos a los otros e influyen recíprocamente. El Universo está sometido a la ley de solidaridad.

Los mundos perdidos en las profundidades del éter, los millares de astros  que se entrecruzan a millares de leguas, se llaman y se responden. Una fuerza que nosotros llamamos atracción los une a través de los abismos del espacio.

Igualmente en la escala de la vida, todas las almas están unidas por múltiples relaciones. La solidaridad que las liga está fundada en la identidad de su naturaleza, en la igualdad de sus sufrimientos a través del tiempo, en la semejanza de sus destinos y de sus fines.

El alma solo puede progresar realmente en la vida colectiva: trabajando para el provecho de todos. Una de las consecuencias de esta solidaridad que nos une, es que la vista de los sufrimientos de unos altera y perturba la serenidad de los otros.

En las almas evolucionadas el sentimiento de la solidaridad llega a ser tan intenso, que se intercambian  en una comunión perpetua con todos los seres y con Dios. Los espíritus elevados no olvidan a aquellos que han amado, a los que  compartieron  con ellos  sus alegrías y sus tristezas, la queja de los que sufren, que están aun en los mundos infelices, llegan hasta ellos  y suscita su compasión generosa. Ellos abandonan las moradas celestes  para auxiliar  al mundo material.

A veces al contrario, durante el sueño  las almas encarnadas atraídas por sus hermanos  mayores, se lanzan  con fuerza hacia las alturas del espacio para impregnarse de los fluidos vivificantes de la patria eterna. Allí, los espíritus  amigos  los rodean, los exhortan, los animan y calman sus angustias. Después extinguiéndose poco a poco la luz que los rodea, a fin de  que no les deprima la separación, los acompañan hasta las fronteras de los mundos inferiores.

Su despertar es entonces melancólico, pero dulce, y aunque no se acuerdan de su estancia en las regiones elevadas, se encuentran reconfortados y reemprenden  más alegremente la carga de su existencia terrestre.

En todas las cosas visibles el alma atenta descubre una manifestación del pensamiento invisible que anima el Cosmos. Este reviste para ella un aspecto seductor; es el teatro de la vida  y de la comunión universal, comunión de los seres entre sí y de estos con Dios, su Padre.

La distancia no existe para las almas que simpatizan. El Universo está animado  por una vida poderosa; vibra como un arpa bajo la acción divina. Las radiaciones  del pensamiento  lo cruzan en todas las direcciones, transmitiendo los mensajes de Espíritus a Espíritu  a través  de la vasta extensión. Dios llena el Universo con su presencia, lo alumbra con Su luz y reanima con Su amor.

La oración es la expresión más alta de esta comunión de las almas. Considerada bajo este aspecto, pierde toda analogía con las formas vulgares, con los recitados monótonos en uso, para ser un anhelo en el corazón, que penetra las leyes, los misterios del poder infinito y someterse a el en todas las cosas. ¡Pedid y se os dará! Tomada en este sentido, la oración es el acto  más importante de la vida; es la aspiración ardiente del ser humano que siente su pequeñez y su miseria  y busca poner, aunque sea por un instante, su pensamiento en armonía con la sinfonía  eterna.

La meditación en el silencio y el recogimiento eleva el alma hasta las alturas celestes, donde aumenta sus fuerzas y se impregna  de radiaciones de la luz y del amor divino. ¡Mas cuan pocos saben orar! Las religiones han hecho olvidar la oración, convirtiéndola en un ejercicio ocioso, ridículo, a veces.

Bajo la influencia del Nuevo Espiritualismo, la oración volverá a ser más noble y digna, será cultivada con más respeto hacia el poder supremo, con  más fe, con  más confianza y sinceridad; en un completo desprendimiento de las cosas materiales. Todas las ansiedades  del ser desaparecerán  cuando comprenda  que la vida es una comunión universal y que Dios y todos sus hijos vivimos solidariamente  en la vida. Entonces la oración será el lenguaje  de todos, la irradiación del alma que con sus anhelos  hace oscilar  el dinamismo espiritual y divino.

La oración no puede cambiar nada de las leyes inmutables, ni  modificar nuestros destinos. Su misión es procurarnos consuelos, y luz que nos hagan  más fácil el cumplimiento  de nuestra tarea en la tierra. La oración fervorosa abre de par en par, las puertas del alma, y por esas aberturas penetran y vivifican las radiaciones del foco eterno.

La vida del hombre de bien es una oración continua, una comunión perpetua con sus semejantes y con Dios. No tiene necesidad de palabras ni de formas exteriores para expresar su fe, esta se expresa en todos sus actos y en todos sus pensamientos.  El hombre de bien respira, se agita sin esfuerzo en una atmósfera pura y fluidica, lleno de ternura  para con los desgraciados, de bien querer  hacia la humanidad. Esta comunión constante llega a serle una necesidad, una segunda Naturaleza. Por ella, todos  los Espíritus elevados se sostienen en las alturas sublimes de la inspiración y del genio.

Los que viven una vida egoísta y material, cuya comprensión no está abierta a las influencias elevadas, no pueden saber que infalibles impresiones proporciona esta comunión de alma con lo divino.

El hombre debe volverse de cuando en cuando hasta su Creador y Padre para exponerle  sus flaquezas, sus incertidumbres, sus miserias, para pedirle los auxilios  espirituales indispensable para su elevación. Cuanto más frecuente se hace esta operación profunda y sincera, más se purifica  y enmienda el alma. Bajo la mirada de Dios, el alma examina, analiza sus  intenciones, sus sentimientos, sus deseos, pasa revista a todos sus actos, y con la intención que le viene de lo alto, juzga lo que es bueno y malo, lo que debe activar o destruir. Entonces comprende que todo lo que viene  del yo, debe ser postergado para dar lugar a la abnegación, al altruismo; que en el sacrificio de si mismo  encuentra el Ser el medio más poderoso  de elevación, pues cuanto más da, más se engrandece.


Al observar el cielo, en una noche estrellada, la sensación que recibimos  es la de un majestuosos silencio, pero este silencio es solo aparente, ya que nuestros órganos son impotentes para recibir lo que en el existe. Los seres evolucionados si perciben todos los latidos de la distintas formas de vida que en el se desarrollan.

La ley de las grandes armonías celestes, las podemos observar también, en nuestra propia familia solar. El orden de sucesión de los planetas en el espacio está ordenado por una ley de progresión, llamada ley de Bode. Las distancias son dobles de planeta a planeta, a partir del Sol; cada grupo de satélites obedece a la misma ley. Este modo de progresión, tiene un principio y un sentido. Este principio tiene relación, a la vez, con las leyes del número y de la medida, con la matemática y la armonía.

El sistema solar puede ser comparado a un arpa inmensa, cuyas cuerdas fuesen los planetas. Azbel dice que reduciendo a las cuerdas sonoras la progresión de las distancias planetarias se podría construir un instrumento completo y absolutamente acorde.

Lo maravilloso en ello, es que en el fondo, la ley que rige a las relaciones de sonido, de la luz y del calor, es la misma que rige para el movimiento, la formación y el equilibrio de las esferas, el mismo tiempo que regula sus distancias. Esta ley es también que rige a la matemática, a las formas y a las ideas. ¡Es la ley de armonía por excelencia; es el pensamiento; es la acción divina que entrevemos!

El lenguaje humano es muy pobre, es insuficiente para expresar los misterios adorables de la armonía eterna; solo la escritura musical puede proporcionar su síntesis, comunicar su impresión estética. La música, lengua divina, expresa el ritmo de los nombres, de las líneas, de las formas, de los movimientos. Por ella se animan  y vibran  las profundidades, ella llena con sus ondas  el edificio colosal del Universo, templo augusto en donde resuena el himno de la vida infinita.

Pitágoras y Platón creían  ya percibir la música  de las esferas. Luego, lo que no era más que una intuición, se tornó hoy en un hecho, y mañana será una verdad absoluta, demostrada.

¡Por todas partes las maravillas suceden a las maravillas; grupos de soles animados de coloraciones extrañas, archipiélagos de astros, cometas desmelenados errando en la noche de su afelio; focos moribundos que se reaniman de pronto y llamean en el fondo del abismo; pálidas nebulosas de formas fantásticas; fantasmas luminosos cuyas radiaciones – nos dice Herschel – tardan millones de años en llegar hasta nosotros; formidable génesis de sistemas, cunas y tumbas de la vida Universal, voz del pasado, promesas del porvenir, esplendores del infinito!

Todos los mundos conjugan sus vibraciones en una melodía potente. ¡El Alma, despojada de los lazos terrenales y llegada a estas alturas, oye la voz profunda de los cielos eternos!
El Universo es un poema sublime del cual apenas  empezamos a deletrear el primer canto. Solo percibimos de él algunos murmullos lejanos y débiles, y ya estas primeras letras del alfabeto musical nos llenan de entusiasmo. ¿Qué será cuando percibamos y comprendamos las grandes armonías del espacio, el acorde infinito en la infinita variedad, el cántico cantado por esos millones de astros que, a pesar de la diversidad prodigiosa de sus volúmenes  y de sus movimientos, concuerdan sus vibraciones en una sinfonía eterna?

El himno que los mundos entonan a Dioses, a veces, como un canto de alegría, de adoración, así como en otras circunstancias es una expresión de lamento, de oración; es la gran voz de las esferas, la suprema armonía de los seres y de las cosas, el grito de amor que asciende eternamente hacia la Inteligencia ordenadora del Universo.

¿Cuándo el hombre sabrá alejar su pensamiento de las trivialidades cotidianas y elevarlo hacia esas cumbres? ¿Cuándo sabremos penetrar esos misterios del cielo y comprender que cada descubrimiento realizado, cada conquista en esta vía de luz y de belleza contribuye a ennoblecer  nuestro espíritu, a engrandecer nuestra vida moral, procurándonos goces superiores a todos los de la materia?

Comprendamos que es aquí, en este esplendido Universo en donde se desarrolla nuestra propia existencia y que estudiarla es estudiar el medio mismo en donde somos llamados a revivir, a evolucionar sin cesar, penetrándonos más y más de las armonías que lo llenan, donde la vida se dilata con florecimientos de almas; el espacio está poblado de sociedades innumerables con las cuales está relacionado el ser humano por las leyes de la Naturaleza y de su porvenir.

El secreto de nuestra dicha, de nuestro poder, de nuestro porvenir no está en las cosas pasajeras de este mundo; el está en las enseñanzas  de lo Alto y del Más Allá. Los educadores  de la humanidad son extraordinariamente inconscientes y extraordinariamente culpables si no piensan en elevar a las almas hacia las cumbres en donde resplandece la verdadera luz.

Si la duda y la incertidumbre nos asedia, si la vida nos parece pesada, si andamos a tientas en la noche en busca de un fin, si el pesimismo y la tristeza nos invaden, no acusemos a nadie más que a nosotros mismos, ya que el gran libro de lo infinito está abierto ante nuestros ojos, con sus magnificas paginas cuyas palabras son grupos de astros y cada letra un sol;  es el gran libro en el que debemos aprender a leer la sublime enseñanza. La verdad está en el escrita  con letras de oro y fuego; el nos llama, solicita nuestra mirada; el es la verdad, la realidad más bella de todas las leyendas y de todas las aficiones.

Esa verdad nos dice que la vida del alma  es imperecedera, de sus múltiples  renacimientos en la espiral de los mundos, de las innumerables etapas en la ruta radiosa, de la persecución del eterno bien en la infinita duración, de la escalada a los cielos  para la conquista de la plena conciencia, de la dicha de siempre vivir para siempre amar, siempre progresar, siempre adquirir nuevos poderes, más elevadas virtudes, percepciones más vastas. Y por encima de todo, la visión, la comprensión la posesión de la eterna belleza, la felicidad de penetrar sus leyes, de asociarnos más estrechamente con la obra divina y con la evolución de las humanidades.

Con estos estudios magníficos la idea de Dios se manifiesta más majestuosa, más serena. La ciencia de las armonías celestes es como el pedestal grandioso sobre el cual  se levanta augusta figura, belleza soberana cuyo resplandor, demasiado brillante para nuestros débiles ojos, queda aun velado, filtrado tenuemente  a través de la oscuridad que nos envuelve.

Dios es más grande que todas las teorías y que todos los sistemas. Por esto no le perjudican ni llegan hasta El los errores ni las faltas que los hombres han cometido en su nombre. Dios está por encima de todo.

No hay nombre para El, y si le llamamos Dios es por falta de una palabra más excelsa – como dijo Víctor Hugo.

El conocimiento de la verdad sobre Dios, sobre el mundo y la vida es lo más esencial, lo más necesario, pues este conocimiento es el que nos sostiene, inspira y dirige, aun a pesar nuestro. Y esta verdad no es inaccesible, es simple y clara, está al alcance de todos. basta buscarla, libres de perjuicios, con ayuda de la conciencia y de la razón.

La existencia de Dios es afirmada por todos los Espíritus elevados. Los que han estudiado el espiritismo filosófico, saben que todos los grandes Espíritus, aquellos que con sus enseñanzas reconfortaron nuestras almas, endulzado nuestras miserias y sostenido nuestros desfallecimientos  afirman unánimemente , proclamando y reconociendo a la suprema inteligencia que gobierna a los seres y los mundos. Dicen que esta Inteligencia  se revela más esplendorosa y sublime a medida que se ascienden los peldaños de la vida espiritual.

Lo mismo sucede con los escritores y los filósofos espiritas, desde Allan Kardec hasta nuestros días. Todos afirman la existencia de una causa eterna en el Universo.

No todas las inteligencias  han llegado al mismo grado de evolución; no todas pueden ver y comprender de la misma manera y en el mismo sentido. Por eso hay tantas opiniones sobre Dios, tantas creencias. La posibilidad que tenemos  de comprender, de juzgar, de discernir, se desarrolla lentamente en nosotros, en el transcurso de los siglos, de las existencias. Nuestros conocimientos, nuestra comprensión de las cosas, se completan y aclara a medida que nos vamos elevando  en la escala inmensa de los renacimientos.

Es cosa sabida: que el que está al pie  de una montaña  no puede ver lo que contempla el que se halla en la cumbre. Pero prosiguiendo  su ascensión, el uno ha de llegar  a ver las mismas cosas que el otro. Igualmente  le sucede al espíritu en su ascensión gradual. El Universo se le revela  poco a poco; a medida que su capacidad para comprender sus leyes se desarrolla y engrandece.

 De hay provienen todas las interpretaciones, las escuelas filosóficas y religiosas que responden a los diversos grados de adelanto de los Espíritus que a ellas se afilian y a menudo en ellas se estacionan.

¡Estamos de pie en la tierra, es nuestro sostén, nuestra nodriza, nuestra madre, cuando elevamos nuestra mirada hacia el infinito, nos sentimos envueltos en la inmensa comunión de la vida; los efluvios del Alma universal nos penetran y nos hacen vibrar el pensamiento y el corazón; fuerzas poderosas nos sostienen, avivan nuestra existencia!
¡
¡Por todas partes donde se extiende nuestra vista, en cualquier parte donde nuestra inteligencia se fija, vemos, discernimos, contemplamos la gran armonía que rige a los seres y que por las vías diversas les guía hacia un fin único y sublime! ¡Por todas partes vemos radiar la bondad, el amor, la justicia!

Extraído del libro  El GRAN ENIGMA de León Denis