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sábado, 1 de agosto de 2015

EL AMOR



La adquisición de la plenitud espiritual 

Durante la revolución bolchevique en Rusia, destaca un extraordinario psicólogo, Gurdjieff, que había dedicado su vida a entender qué es la criatura humana y llegó a decir que es la medida de sus propios problemas. Creó una psicología basada en la penetración del inconsciente del ser humano para encontrar los factores que producen la felicidad o la desdicha de cada uno. 

En aquel momento de la revolución, como era un personaje noble, consiguió del zar de Rusia la oportunidad de salir del país con un grupo de estudiantes de la nobleza, para hacer un viaje muy especial. A la vez consiguió un salvoconducto de los comunistas para poder atravesar las fronteras, pensando en retornar posteriormente. Con un grupo extraordinario de personas interesadas en encontrar la plenitud de la vida, comenzó su viaje dirigiéndose a la India. 

Posteriormente publicaría una obra que sería llevada a la pantalla cinematográfica, titulada la búsqueda de los hombres nobles o sagrados (Encuentros con hombres notables). Después de haber estado en India, visitó China, Japón, realizando investigaciones
Gurdjieff
profundas a respeto de la psiquis y del ser espiritual. Estuvo en Egipto, pero, a medida que el viaje se alargaba, muchos de aquellos entusiasmados seguidores fueron abandonándolo, porque las exigencias de Gurdjieff, eran muchas. Naturalmente para que el ser pueda encontrarse a sí mismo es necesario un esfuerzo muy grande, para penetrar en los abismos de su inconsciente y libertarse de los pantanos del alma. 


Después de casi un año en la búsqueda de hombres y mujeres notables, resolvió retornar a Europa, haciendo un largo viaje hasta Chipre y posteriormente directamente a París. De aquel grupo extraordinario de pensadores, psicólogos, aristócratas, quedó solamente un grupo reducido. Pero Gurdjieff, no era hombre que se desanimaba, gracias a una discípula francesa, consiguió en París una casa maravillosa donde pudo instalar la escuela que se llamaría “La conciencia integral del ser humano”. Allí, entonces, para disciplinar la voluntad y los hábitos de la aristocracia, hábitos de comodidad, de pereza, trabajaba en la tierra, hacía horticultura, jardinería, y al mismo tiempo teatro, estudios profundos de meditación y, por encima de todo, la lucha en contra de su inferioridad moral. 

La psicología gurdeviana tiene como base esencial la inmortalidad del alma. Gurdjieff es pionero en el área de la psicología clásica, para demostrar que la vida tiene un sentido profundo, que es la búsqueda de la plenitud. En ese momento el pensamiento psicológico había abandonado la psiquiatría de Freud. El psicoanálisis estaba construyendo sus escuelas en Europa, pero Freud había sustituido a Dios por la libido, y decía que el ser humano era esencialmente animal. La libido sexual predominaba en la criatura humana, por ser uno de los instintos más antiguos del proceso del desarrollo antropológico. Esto porque la procreación es un instinto básico de que todos los seres vivos necesitan: vegetales, animales y seres humanos. La propuesta de la divinidad del ser humano es una superchería mística de las antiguas doctrinas de la ignorancia. 

Gracias a esta posición dogmática, el notable psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, hubiera adoptado el pensamiento freudiano para entender a los psicópatas del sanatorio psiquiátrico donde él realizaba sus experiencias de estudio del ser profundo. Descendiente de religiosos, no podría huir de esta herencia del protestantismo de su padre, de su abuelo, de su bisabuelo. Pero un día tuvo un sueño, un sueño muy terrible y a partir de este momento se hizo materialista. Abandonó a Dios, las creencias religiosas, y comenzó a pensar cómo explicar el Universo, cómo explicar la vida, divorciándose de Freud, porque él era portador de fenómenos paranormales y uno de ellos aconteció en la biblioteca de Freud, en Viena. Jung comenzó a buscar una palabra que tradujera toda esa realidad que es el inconsciente profundo del ser. Y fue a encontrar la palabra en la doctrina cristiana primitiva, en San Ireneo, que es considerado uno de los padres de la Iglesia Cristiana primitiva. 

La palabra está formada por dos palabras griegas, “arques” y “tipoy”. Con estas «marcas antiguas», Carl Gustav Jung comenzó a construir el edificio de su doctrina profunda, basada en los arquetipos, diciendo que el ser humano proviene de un arquetipo fundamental que él llamaba “el arquetipo primordial”, el viejo, el arquetipo predominante en el Universo. Descodificando la doctrina de Jung llamaremos a este arquetipo Dios o Naturaleza o causa, o εἶδος (eidos); no importa el nombre que se le aplique. De este arquetipo fundamental, hay decenas de otros arquetipos, esencialmente el Self, el ego, la sombra y otros que fueron siendo establecidos para explicar la criatura humana. Cuando se refiere al Self, significa “sí mismo”, el ser profundo psíquico que no se muere. La psiquis después de la muerte del cuerpo permanece y a veces cambia de cuerpos; a esto llamamos reencarnación. Y también estableció el ego, aquello con lo que nos presentamos en la cultura, en la sociedad. Estos dos arquetipos serán predominantes en la naturaleza humana. 

La doctrina de la psicología analítica o profunda intenta explicar las herencias que forman parte de nuestra sombra. Tenemos una sombra fuerte, que son los vicios, las tendencias negativas y tenemos una sombra débil, que es la ignorancia. La misión de la vida en la Tierra es adornar nuestra sombra profunda de claridades. Hacer que ella se haga luminosa y, al mismo tiempo, hacer que la sombra débil se vuelva luminosa mediante la adquisición del conocimiento. Gracias a esta sombra, todos los psicólogos intentan comprender por qué hay personas buenas, personas dignas, hombres y mujeres honorables que de un momento a otro cambian y presentan una faz degenerada, por qué un banquero, un ministro, un hombre público, que tiene la honra de servicios nobles, súbitamente se permite la deshonestidad, una conducta reprochable, por qué maquilla las cuentas de la Bolsa para engañar, sabiendo en su inconsciente que oportunamente se descubrirá esta actuación. Por qué un profesor que lidia con niños, de un momento a otro, se transforma en un pedófilo; por qué un hijo súbitamente parece tener un ímpetu y le quita la vida a su madre, a su padre. 

La doctrina junguiana explica que es la sombra, que Allan Kardec llamará las malas inclinaciones. Estas malas inclinaciones son herencias de nuestras existencias pasadas, y Carl Gustav Jung propone entonces el esfuerzo moral, una ética de respeto por la vida, para lograr la cumbre de la evolución, que se llama “el estado luminoso”. La palabra se deriva del latín “lumen”, luz, que nosotros llamaríamos «el reino de los cielos», porque este estado luminoso está adentro nuestro. El Maestro Jesús dijo: «el reino de los cielos está adentro vuestro» y además Jung establecerá que la vida tiene un principio: no solamente ser humanitario, ser humanitario es un deber, sino trabajar por la humanidad, que es una conquista intelecto-moral. El individuo tiene que alcanzar el estado más elevado, tiene que lograr una posición de relieve. Además del estado luminoso, tiene que conseguir ese estado de ser integral. Los problemas humanos no lo deben perturbar, donde la sombra no se manifieste, porque en el eje Ego-Self es necesario que la sombra del ego se ilumine y se una a la realidad del Self. 

El ser que yo parezco tiene que unirse al ser que soy. Yo no soy Divaldo Franco, yo estoy Divaldo Franco, porque yo soy la suma de todas mis experiencias del Self para llegar a la individuación. Pero, para poder entender eso, a la luz de la ciencia espírita, que es el más notable tratado de psicología humanista, de psicología profunda, porque consigue poner puentes entre las teorías psicológicas y la realidad transpersonal del ser humano, nosotros tendremos que retornar a Gurdjieff. Éste tuvo un discípulo, un ruso inglés llamado Peter D. Ouspensky. Después de una lucha para construir el ser integral gurdieviano, los dos científicos presentaron algunas dificultades y se separaron, haciendo dos escuelas de pensamiento. La escuela de Gurdjieff en los años treinta, antes de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a descomponerse y Gurdjieff, retornó a Rusia, permaneció en el continente europeo. Ouspensky, invitado a ir a Nueva York, tendrá oportunidad de explicar la doctrina de Gurdjieff y establecer que la criatura humana es un desafío a sí mismo, que nadie puede solucionar nuestros problemas, porque nuestros problemas resultan de nuestro proceso reencarnacionista. Somos espíritus en tránsito, etapa a etapa, archivando en nuestro inconsciente individual de Jung y en nuestro inconsciente colectivo de Freud y Jung, las experiencias que un día se transformarán en este estado luminoso. Por lo tanto, en la visión cristiana, «el reino de los cielos», que podremos conseguir en la Tierra como enseña el Espiritismo, no es algo que esté lejos, es algo que está cerca. 

Cuando tenemos paz, tenemos Dios, tenemos armonía, tenemos «el reino de los cielos», el mal no nos hace mal, el elogio no nos transforma en vanidosos, los aplausos no nos transforman en ídolos, porque sabemos que somos ídolos con pies de barro, que fácilmente se rompen y el ídolo cae y se despedaza… 

Al llegar a la conciencia cósmica alcanzaremos la individualidad. Yo soy una individualidad, yo soy el espíritu inmortal, me encuentro en la Tierra para desarrollar una función transpersonal, para amar, porque por medio del amor, el ser llega a la plenitud. Las dificultades, los desafíos son experiencias que archivamos en el alma en nuestro inconsciente, diluidos entre el ego y el Self, y pasamos a decir: ¡Yo soy Dios! Como el Maestro preguntó: «¿No está dicho que vosotros sois dioses?» Por lo tanto, que vivamos como si fuéramos dioses, amamos a aquellos que vienen de otra dimensión, nos admiramos de la ternura, de la dulzura de Jesús y no queremos imitarlo. 

El Espiritismo, por ser la psicología profunda del alma, nos propicia esa plenitud, este estado de superación de las pasiones, herencias de nuestra evolución antropológica. Ya es tiempo de controlar el instinto con la razón, de sublimar la razón con la angelitud por medio de la intuición y vivir en la Tierra, este paraíso perdido al que se refiere Milton, el escritor inglés, cuando habla de un mundo mejor. El Espiritismo pues está en la Tierra para proporcionarnos salud integral. Es inevitable que tengamos enfermedades, pero mantendremos la salud general, este estado de alegría. Una alegría infinita se encarga de dominar nuestras almas para poder decir a Dios, cuánta alegría en conocer la doctrina de su hijo y vivirla, ahora sí, vivirla. Porque el Evangelio interpretado por el Espiritismo adquiere un sabor psicológico para tener una vida social, una vida humana, en los paradigmas de la plenitud. Plenitud, que es la integración perfecta del ego y el Self, y mirarnos los unos a los otros como hermanos, es claro que amando un poco más a éstos, amando menos a aquellos, pero no teniendo rencor, ni sentimientos negativos de nada ni de nadie. 

Divaldo Pereira Franco 
Revista Espírita de la FEE 

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EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS (302)

Mientras la unidad doctrinaria se concreta, cada uno cree que tiene consigo la verdad, y sostiene como verdadero sólo lo que él sabe, ilusión que los espíritus embusteros no dejan de alimentar. En ese caso, ¿en qué puede basarse para emitir un juicio el hombre imparcial y desinteresado? “No hay nube que pueda opacar la luz más pura. El diamante sin tacha es el que más vale. Así pues, juzgad a los espíritus por la pureza de sus enseñanzas. La unidad habrá de lograrse allí donde el bien nunca se haya mezclado con el mal. En ese punto los hombres se pondrán de acuerdo por la fuerza de los hechos, porque reconocerán que en esos hechos reside la verdad. Notad, además, que los principios fundamentales son los mismos en todas partes, y deben uniros en un pensamiento común: el del amor a Dios y la práctica del bien. Sea cual fuere, pues, el modo de progresar que se suponga para las almas, el objetivo final es el mismo, y el modo de alcanzarlo también es el mismo: hacer el bien. Y no existen dos maneras de hacerlo. Si surgieran disidencias sustanciales, en lo que se refiere al principio mismo de la doctrina, disponéis de una regla segura para evaluarlas. Esa regla es la siguiente: la mejor doctrina es aquella que mejor satisface al corazón y a la razón, y que dispone de más elementos para conducir a los hombres al bien. Os aseguro que esa es la que prevalecerá”.
El Espíritu de Verdad


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LEÓN DENIS


El amor, se entiende en la Tierra, como un sentimiento, un impulso del ser, que lo lleva hacia otro ser con el deseo de unirse a él. Pero en realidad, el amor reviste formas infinitas, desde las más vulgares hasta las más sublimes. Principio de la vida universal, proporciona al alma, en sus manifestaciones más elevadas y puras, la intensidad de radiación que calienta y vivifica todo a su alrededor; es por él que ella se siente estrechamente unida al Poder Divino, foco ardiente de toda la vida, de todo el amor.

Antes que nada, Dios es amor. Por amor, creó a los seres para asociarlos a sus alegrías, a su obra. El amor es un sacrificio; Dios extrajo de él la vida para darla a las almas. Al mismo tiempo que la efusión vital, ellas recibirían el principio afectivo destinado a germinar y expandirse a lo largo de los siglos, hasta que hayan aprendido a darse a su vez, o sea, a dedicarse, a sacrificarse por los otros. Con este sacrificio, en vez de humillarse, se engrandecen, ennoblecen y aproximan al Foco Supremo.

El amor es una fuerza inextinguible, se renueva sin cesar y enriquece al mismo tiempo a aquel que lo da y a aquel que lo recibe. Es por el amor, sol de las almas, que Dios más eficazmente actúa en el mundo. Por él atrae hacia sí a todos los pobres seres retardados en los antros de la pasión, los Espíritus cautivos en la materia; los eleva y arrastra en la espiral de la ascensión infinita hacia los esplendores de la luz y de la libertad.

El amor conyugal, el amor materno, el amor filial el fraterno, el amor a la patria, a la raza, a la Humanidad, son refracciones, rayos refractados del amor divino, que abarca, penetra todos los seres y difundiéndose en ellos, hace brotar y florecer mil formas variadas, mil espléndidas florescencias de amor.

Hasta las profundidades del abismo de la vida, se infiltran las radiaciones del amor divino y van a prender en los seres rudimentarios, por el afecto a la compañera y a los hijos, las primeras claridades que en ese medio de egoísmo feroz, serán como la aurora indecisa y la promesa de una vida más elevada.

Es la invocación del ser al ser, es el amor que provocará, en el fondo de las almas embrionarias, los primeros brotes de altruismo, de piedad, de bondad. Más arriba, en la escala evolutiva, entreverá el ser humano, en las primeras felicidades, en las únicas sensaciones de ventura perfecta que le es dado gozar en la Tierra, sensaciones más fuertes y suaves que todas las alegrías físicas y conocidas solo por las almas que saben verdaderamente amar.

Así, de grado en grado, bajo la influencia e irradiación del amor, el alma se desarrollará y se engrandecerá, verá ensancharse el círculo de sus sensaciones. Lentamente, lo que en ella no era sino pasión, deseo carnal, se irá depurando, transformando en un sentimiento noble y desinteresado; el afecto a uno sólo o a algunos se convertirá en afecto a todos, a la familia, a la patria, a la Humanidad. Y el alma adquirirá la plenitud de su desarrollo cuando sea capaz de comprender la vida celeste, que es todo amor y a participar de ella.

El amor es más fuerte que el odio, más poderoso que la muerte. Si Cristo fue el mayor de los misioneros y de los profetas, si tanto imperio tuvo sobre los hombres, fue porque traía en sí el reflejo más poderoso del Amor Divino. Jesús pasó poco tiempo en la Tierra; fueron suficientes tres años de evangelización para que su dominio se extendiese a todas las naciones. No fue por la Ciencia ni por el arte oratorio que él sedujo y cautivó a las multitudes; fue por el amor. Desde su muerte, su amor quedó en el mundo como un foco siempre vivo, siempre ardiente. Por eso, a pesar de los errores y faltas de sus representantes, a pesar de tanta sangre derramada por ellos, de tantas hogueras encendidas, de tantos velos extendidos sobre su enseñanza, el Cristianismo continuó siendo la mayor de las religiones; disciplinó, moldeó el alma humana, amansó el carácter feroz de los bárbaros, arrancó razas enteras de la sensualidad o de la bestialidad.

Cristo no es el único ejemplar a presentar. Se puede, de un modo general, verificar que de las almas eminentes se desprenden radiaciones, efluvios regeneradores, que constituyen como una atmósfera de paz, una especie de protección, de providencia particular. Todos aquellos que viven bajo esta benéfica influencia moral sienten una calma, un sosiego de espíritu, una especie de serenidad que da un ante gozo de las quietudes celestes.

Esta sensación es más pronunciada aun en las sesiones espiritas dirigidas e inspiradas por almas superiores; nosotros mismos lo experimentamos muchas veces en presencia de las entidades que presiden los trabajos de nuestro grupo de Tours. (204)

Esas impresiones se van encontrando cada vez más vivas a medida que se alejan de los planos inferiores donde reinan los impulsos egoístas y fatales y se suben los escalones de la gloriosa jerarquía espiritual para aproximarse al Foco Divino; se puede así verificar, por una experiencia que viene a completar nuestras intuiciones, que cada alma es un sistema de fuerza es un generador de amor, cuyo poder de acción aumenta con la elevación.

Por esto también se explican y se afirman la solidaridad y la fraternidad universales. Un día, cuando la verdadera noción del ser se desembarace de las dudas e incertidumbres que perturban el pensamiento humano, se comprenderá la gran fraternidad que une a las almas. Se sentirá que son todas envueltas por el magnetismo divino, por el gran soplo de amor que llena los Espacios.

Aparte de este poderoso lazo, las almas constituyen también agrupaciones separadas, familias que se fueron poco a poco formando a través de los siglos, por la comunidad de las alegrías y de los dolores. La verdadera familia es la del Espacio; la de la Tierra no es más que una imagen de aquella, reducción debilitada, como lo son las cosas de este mundo comparadas con las del Cielo. La verdadera familia se compone de los Espíritus que subieron juntos las ásperas sendas del destino y son hechas para comprenderse y amarse.

¿Quién puede describir los sentimientos tiernos, íntimos, que une a esos seres, las alegrías inefables nacidas de la fusión de las inteligencias y de las conciencias, la unión de las almas bajo la sonrisa de Dios?

Estas agrupaciones espirituales son los centros benditos donde todas las pasiones terrestres se apaciguan, donde los egoísmos se desvanecen, donde los corazones se dilatan, donde vienen a retemplarse y consolarse todos aquellos que han sufrido, cuando, libres por la muerte, vuelven a juntarse con los bien amados, reunidos para festejare su regreso.

¿Quién puede describir el éxtasis que proporciona a las almas purificadas, que llegaron a las cumbres luminosas, la efusión en ellas del amor divino y los noviazgos celestes por los cuales dos Espíritus se unen para siempre en el seno de las familias del Espacio, reunidas para consagrar con un rito solemne esa unión simbólica e indestructible? Tal es el casamiento verdadero, el de las almas hermanas, que Dios reúne eternamente con un hilo de oro. Con esas fiestas del amor, los Espíritus que aprendieron a hacerse libres y a usar de su libertad se funden en un mismo fluido, a la vista conmovida de sus hermanos. De ahí en adelante, se seguirán unos a otros en sus peregrinaciones a través de los mundos; caminan, de manos dadas, sonriendo a la desgracia y consumiendo en la ternura común la fuerza para soportar todos los reveses, todas las amarguras de la suerte. Algunas veces, separados por los renacimientos, conservarán la intuición secreta de que su aislamiento es apenas pasajero; después de las pruebas de la separación, entrevén la embriaguez del regreso al seno de las inmensidades.

Entre los que caminan en este mundo, solitarios, entristecidos, curvados bajo el fardo de la vida, hay los que conservan en el fondo del corazón el vago recuerdo de su familia espiritual. Estos sufren cruelmente de la nostalgia de los Espacios y del amor celeste y nada entre las alegrías de la Tierra los puede distraer y consolar. Su pensamiento va muchas veces, durante la vigilia y más todavía durante el sueño, a reunirse a los seres queridos que los esperan en la paz serena del Más Allá. El sentimiento profundo de las compensaciones que los aguardan explica su fuerza moral en la lucha y su aspiración para un mundo mejor. La esperanza siembra de flores austeras los atajos que ellos recorren.

*

Todo el poder del alma se resume en tres palabras: - Querer, Saber, Amar!

Querer, o sea, hacer converger toda la actividad, toda la energía, hacia el blanco que se tiene que alcanzar, desarrollar la voluntad y aprender a dirigirla.

Saber, porque sin el estudio profundo, sin el conocimiento de las cosas y de las leyes, el pensamiento y la voluntad pueden desviarse en medio de las fuerzas que buscan conquistar y de los elementos a quien aspiran gobernar.

Por encima de todo, es preciso amar, porque sin el amor, la voluntad y la ciencia serian incompletas y muchas veces estériles. El amor las ilumina, las fecunda, les centuplica los recursos. No se trata aquí del amor que contempla sin actuar y sí del que se dedica a esparcir el bien y la verdad por el mundo. La vida terrestre es un conflicto entre las fuerzas del mal y las del bien. El deber de toda alma viril es tomar parte en el combate, traerle todos sus impulsos, todos sus medios de acción, luchar por los otros, por todos aquellos que se agitan aun en la vía oscura.

El uso más noble que se puede hacer de las facultades es trabajar por engrandecer, desarrollar, en el sentido de lo bello y del bien, a la Civilización, a la sociedad humana, que tiene sus llagas y fealdades, sin duda, más que es rica de esperanzas y magníficas promesas; esas promesas se transformarán en realidad vivaz el día en que la Humanidad haya aprendido a comulgar, por el pensamiento y por el corazón, con el foco de amor, que es el esplendor de Dios.

Amemos, pues, con todo el poder de nuestro corazón; amemos hasta el sacrificio, como Juana de Arco amó a Francia, como Cristo amó a la Humanidad, y todos aquellos que nos rodean recibirán nuestra influencia, se sentirán naciendo para una nueva vida,

El hombre, busca alrededor de ti las desgracias a socorrer, los males a curar, las aflicciones a consolar.

Ensancha las inteligencias, guía los corazones extraviados, asocia las fuerzas y las almas, trabaja para ser edificada la ciudad elevada de paz y de armonía que será la ciudad del amor, la ciudad de Dios. Ilumina, levanta, purifica. Qué importa que se rían de ti. Qué importa que la ingratitud y la maldad se levanten a tu frente. Aquel que ama no recula por tan poca cosa; aunque coja espinos y silbidos, continúa su obra, porque ese es su deber, sabe que la abnegación lo engrandece.

El sacrificio propio también tiene sus alegrías; hecho con amor, transforma las lágrimas en sonrisas, hace nacer en nosotros alegrías desconocidas por el egoísta y el malo.

Para aquel que sabe amar, las cosas más vulgares son interesantes; todo parece iluminarse; mil sensaciones nuevas despiertan en él. Son necesarias la sabiduría y la Ciencia, largos esfuerzos, lenta y penosa ascensión para conducirnos a las altas regiones del pensamiento. El amor y el sacrificio allá llegan de un solo salto, con un único entrechocar de alas.

En su impulso conquistan la paciencia, el coraje, la benevolencia, todas las virtudes fuertes y suaves. El amor depura la inteligencia, engrandece el corazón y es por la suma de amor acumulado en nosotros que podemos evaluar el camino que tenemos andado hacia Dios.

*
A todas las interrogaciones del hombre, a sus indecisiones, sus temores, a sus blasfemias, una voz grande, poderosa y misteriosa responde: Aprende a amar! El amor es el resumen de todo, el fin de todo. De esa manera, se extiende y desdobla sin cesar sobre el Universo la inmensa red del amor tejida de luz y oro. Amar es el secreto de la felicidad. Con una sola palabra el amor resuelve todos los problemas, disipa todas las oscuridades. El amor salvará al mundo; su calor hará derretir los hielos de la duda, del egoísmo, del odio; enternecerá los corazones más duros, más refractarios.

Aun en sus magníficos derivados, el amor es siempre un esfuerzo hacia la belleza. Ni siquiera el amor sexual, el del hombre y el de la mujer, deja, por más material que parezca, de poder aureolarse de ideal y poesía, de perder todo el carácter vulgar, si, mezclado con él, hubiera un sentimiento de estética y un pensamiento superior. Y esto depende principalmente de la mujer. Aquella que ama, siente y ve cosas que el hombre no puede conocer, posee en su corazón inagotables reservas de amor, una especie de intuición que puede dar idea del Amor Eterno. La mujer es siempre, de cualquier modo, hermana del misterio y la parte de su ser que toca el infinito parece tener más extensión que en nosotros. Cuando el hombre responde como la mujer a las invocaciones de lo invisible, cuando su amor está limpio de todo deseo brutal, si no hacen más que uno por el espíritu como por el cuerpo, entonces, en el abrazo de esos dos seres que se descubren, se completan para transmitir la vida, pasará como un relámpago, como una llama, el reflejo de las más elevadas felicidades entrevistas. Son, todavía, pasajeras y mezcladas de amarguras las alegrías del amor terrestre; no andan desacompañadas de decepciones, retrocesos y caídas.

Solamente Dios es el amor en su plenitud; es el brasero ardiente y al mismo tiempo, el abismo de pensamiento y luz, de donde dimanan y para quien asciende eternamente los ardientes efluvios de todos los astros, las ternuras apasionadas de todos los corazones de mujeres, de madres, de esposas, de afectos viriles de todos los corazones de hombres.

Dios genera y llama al amor, porque es la Belleza infinita, perfecta, y es propiedad de la belleza provocar el amor. ¿Quién, pues, en un día de verano, cuando el sol irradia, cuando la inmensa cúpula azulada se extiende sobre nuestras cabezas y de los prados y bosques, de los montes y del mar sube la adoración, la oración muda de los seres y de las cosas, quien, pues, dejará de sentir las radiaciones de amor que llenan el Infinito?

Es preciso nunca haber abierto el alma a estas influencias sutiles para ignóralas o negarlas. Muchas almas terrestres quedan, es verdad, herméticamente cerradas a las cosas divinas o si no, si sienten sus armonías y bellezas, esconden cuidadosamente el secreto a sí mismas; parecen tener vergüenza de confesar lo que conocen lo que de mayor y mejor experimentan. Tentad la experiencia. Abrid vuestro ser interno, abrid las ventanas de la prisión del alma a los efluvios de la vida universal y de súbito, esa prisión se llenará de claridades, de melodías; un mundo todo de luz penetrará en vosotros. Vuestra alma arrebatada conocerá éxtasis, felicidades que no se pueden describir; comprenderá que hay a su alrededor un océano de amor, de fuerza y de vida divina en el cual ella está inmersa y que le basta querer para ser bañada por sus aguas regeneradoras. Sentirá en el Universo un Poder soberano y maravilloso que nos ama, nos envuelve, nos sustenta, que vela sobre nosotros como el avaro sobre la joya preciosa, e, invocándolo, dirigiéndole un llamado ardiente, será luego penetrada de su presencia y de su amor.

Estas cosas se sienten y expresan difícilmente; sólo las pueden comprender aquellos que las saborearan. Y que todos pueden llegar a conocerlas, a poseerlas, despertando lo que hay en sí de divino. No hay hombre por más perverso, por peor que sea, que en una hora de abandono y sufrimiento, no vea abrirse un resquicio por donde se filtren hasta él un poco da claridad de las cosas superiores un poco de amor.

Basta haber experimentado una vez sola estas impresiones para no olvidarlas más. Y cuando llega el final de la vida con sus desilusiones, cuando las sombras crepusculares se acumulan sobre nosotros, entonces estas poderosas sensaciones despiertan con la memoria de todas las alegrías sentidas, y el recuerdo de las horas en que verdaderamente amamos cae como delicioso rocío sobre nuestras almas disecadas por el viento áspero de las pruebas Y del dolor.

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      LA INMORTALIDAD DEL ALMA

"El hombre es esencialmente,un Espíritu inmortal,que no desaparece,por tanto con la muerte orgánica,el perecimiento del cuerpo físico.
Con la llegada del espiritismo,lo que era una cuestión de fe empieza a ser un hecho corroborado por la experimentación y observación.Sin embargo,no es ningún absurdo admitir la inmortalidad del Espíritu humano por fuerza de fe razonada.
la inmortalidad del alma resulta comprobada por el laboratorio mediúmnico del Espiritismo,cuyas sesione prácticas traen hasta nosotros,a los llamados muertos,que simplemente son criaturas humanas desencarnadas,todavía perfectamente vivas,con todas las características que les distinguían de éste mundo,cuando aquí se encontraban en cuerpos somáticos.
Factor importante,principio elemental de toda doctrina espiritualista,el espiritismo comprueba,sin dogmas,sin misterios,racionalmente,la supervivencia del Espíritu,verdad inalienable gracias a la cual construye el sistema con que explica,hasta donde lo permiten las limitaciones de la inteligencia humana,el mundo en que vivimos y el mecanismo de su evolución.
De hecho,nadie muere,puesto que,al desencarnar,dejando en la tumba el cuerpo material,mas vivo que nunca,guardando sus características,no es mejor o tampoco peor de que cuando se encontraba en la tierra" 


- Lidia Gómez-
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viernes, 31 de julio de 2015

¿ EL ESPIRITISMO ES UNA RELIGIÓN ?


     
        ¿HAY ESPÍRITUS?

1. La duda concerniente a la existencia de los Espíritus, tiene como primera causa la ignorancia de su verdadera naturaleza. Se les figura generalmente como seres aparte en la creación, y cuya necesidad no está demostrada. Muchos solo los conocen por los cuentos fantásticos que han oído desde la cuna, poco más o menos como se conoce la historia por las novelas; sin investigar si estos cuentos, separados los accesorios ridículos, se apoyan sobre un fondo de verdad, solo les impresiona lo absurdo; no quieren tomarse el trabajo de quitar la corteza amarga para descubrir la almendra y rehusan el todo, como hacen con la religión los que, por ver ciertos abusos, todo lo confunden en la misma reprobación. Cualquiera que sea la idea que se forme de los Espíritus, esta creencia está necesariamente fundada sobre la existencia de un princípio inteligente fuera de la materia, y es incompatible con la negación absoluta de este principio. Tomamos, pues, nuestro punto de partida en la existencia, la supervivencia y la individualidad del alma, de lo que el Espiritualismo es la demostración teórica y dogmática, y el Espiritismo la demostración patente. Hagamos, por un instante, abstracción de las manifestaciones propiamente dichas, y raciocinando por inducción, veamos a qué consecuencia llegaremos.

LIBRO DE LOS MEDIUMS - ALLAN KARDEC
PRIMERA PARTE - NOCIONES PRELIMINARES -CAPÍTULO I

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          ABRE LA PUERTA

“Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid al Espíritu Santo.” (Juan, 20:22)

Profundamente expresivas son las palabras de Jesús a los discípulos, en las primeras manifestaciones después del Calvario.

Compareciendo a la reunión de los compañeros, esparce sobre ellos su espíritu de amor y vida, exclamando: “Recibid el Espíritu Santo.”

¿Por qué no se unieron las bendiciones del Señor, automáticamente, a los aprendices? ¿Por qué no transmitió Jesús, pura y simplemente, su poder divino a los sucesores? Él, que distribuyera dádivas de salud, bendiciones de paz, recomendaba a los discípulos recibiesen los divinos dones espirituales. ¿Por qué no imponer semejante obligación?

Es que el Maestro no violentaría el santuario de cada hijo de Dios, ni aun por amor.

Cada espíritu guarda su propio tesoro y abrirá sus puertas sagradas a la comunión con el Eterno Padre.

El Creador ofrece a la simiente el sol y la lluvia, el clima y el campo, la defensa y el abono, el cuidado de los labradores y la bendición de las estaciones, pero la simiente tendrá que germinar por sí misma, elevándose hacia la luz solar.

El hombre recibe, igualmente, el Sol de la Providencia y la lluvia de dádivas, las facilidades de la cooperación y el campo de la oportunidad, la defensa del amor y el abono del sufrimiento, el cariño de los mensajeros de Jesús y la bendición de las diversas experiencias; mientras tanto, somos constreñidos a romper por nosotros mismos el envoltorio inferior, elevándonos hacia la Luz Divina.

Las inspiraciones y los designios del Maestro permanecen a la vuelta de nuestra alma, sugi‐ riendo modificaciones útiles, induciéndonos a la legítima comprensión de la vida, iluminándonos a través de la conciencia superior, entretanto, está en nosotros, abrirles o no la puerta interna.

Cesemos, pues, la guerra de nuestras creaciones inferiores del pasado y entreguémonos, cada día, a las realizaciones nuevas de Dios, instituidas a nuestro favor, perseverando en recibir, en el camino, los dones de la renovación constante, en Cristo, para la vida eterna. 

Psicografia de Francisco Cándido Xavier

Por el Espiritu Emmanuel

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LA BÚSQUEDA DE LA ILUMINACIÓN INTERIOR

Queridos hermanos, queridas hermanas:
Nuestros votos cordiales de mucha paz.
Estuve meditando a respecto de un tema  para conversar  al cierre  de la pauta de este día, conforme venimos haciendo en los últimos años, y me acordé de la vida agitada que todos vivimos, de los desafíos que enfrentamos,  de la carrera contra reloj, de las contrariedades mal absorbidas, de las angustias  no exteriorizadas, y se me ocurrió la idea de que reflexionáramos juntos en torno de un asunto de mucha importancia, que es la iluminación interior.
Nosotros normalmente, los espiritas, estamos empeñados en llevar el mensaje  a todos aquellos  que se nos acercan, tanto como aquellos otros que están a distancia, que serian los gentíles, conforme eran designados en los días de Jesús en Israel.
Las actividades se multiplican, los problemas surgen y no nos acordamos de atender las necesidades de nuestra vida interior. Jamás tuvimos en la Tierra días con tantas dificultades emocionales, de tantos tormentos espirituales como hay en la actualidad, esto es porque estamos atravesando la etapa de la gran transición, que aun no logró su clímax, pero que nos está llevando a situaciones penosas, conflictivas y angustiantes. Necesitamos – pienso –  hacer una pausa para que reflexionemos  en torno de nuestra propia situación ante la Conciencia Cósmica, recordándonos de una indagación que hizo confesor  fraterno  Leone de San Francisco, cuando el estaba limpiando el jardín  a la puerta del monasterio:
¿Si usted supiese, Padre mío, que iba a morir, que haría?
El respondió, suavemente:
Continuaría limpiando mi jardín.
Esa reflexión me  llega a la mente todos los días, en un auto análisis, procuro observar como estaría, en el caso que la pregunta me hubiera sido hecha, si continuaría tranquilamente  haciendo  aquello que estaba realizando, y me sorprendió  al constatar  cuanto aun necesitaría  hacer, a fin de viajar en paz.
Pensando así, anoté algunas reflexiones mentales, iniciándolas por una historia de autoría de Rabindranath Tagore, el poeta indiano, Premio Nobel de Literatura, que dejó más de mil poemas, tenidos por los que lo leen como insuperable en razón de la belleza con que reviste sus mensajes…
Narraré la historia de Tagore con mi propia emoción, lo que no será ciertamente una copia literal de aquello que el escribió.
Se trataba de un místico muy famoso en el Sur de la India, de nombre Upagupta. Upagupta se tornó una verdadera leyenda por el ser que era y por el mensaje de que se hacía portador. Cierto día, llegando a una ciudad muy popular, en plena primavera, se detuvo, a la puerta de entrada de la muralla que circundaba, para mejor aspirar el perfume de las flores y fascinado  por la sombra generosa de un viejo roble, optó por reposar sobre la grama, y adormeció. Estaba, por tanto, en ese estado  de tranquilidad e inconsciencia, cuando percibió algo, y abrió los ojos. Tuvo una visión casi mirifica. Allí estaba una joven de impar belleza, que le sonreia de manera encantadora. Percibiéndolo despertó, y ella le habló:
Deseo invitarte para que  vengas a mi casa. Yo soy vendedora de perfumes… favorezco el encanto de las ilusiones a mis invitados. Resido cerca de aquí, en un casi palacio, donde recibo a mis huéspedes. Hoy es el día en el que celebro mi aniversario, permitiéndome la gentileza de elegir al compañero para mis alegrías. Ya rechace a un sacerdote, a un guerrero, y,sin embargo, te elijo a ti. ¿Tu Vendrás? 
Upagupta la  miró, deslumbrado, y le respondió muy suavemente:
¡Me gustaría mucho ir!... más yo no puedo…
La joven que no estaba acostumbrada a ser rechazada, se retrajo un poco, y le preguntó:
¿Por qué no? A todos los que desean mis caricias, yo cobro una verdadera fortuna por unos pocos momentos de placer,  mientras que a ti no te pediré nada. ¡Existe algo en ti que me fascina! Yo no sabría explicarte. Por esa razón, vuelvo a inquirirte: ¿Vendrás?
En aquel momento ella se había apartado un poco, y Upagupta sentándose la miró, fascinado por su belleza terrena, respondiéndole algo melancólico:
Infelizmente, hoy, yo  no puedo. No obstante, yo atenderé tu invitación en la primera oportunidad, entonces estaré contigo.
Ella sonrió, torpe, y le respondió:
¿Por qué hoy no puedes? Tu sabes que nosotros, las mujeres que vendemos placeres somos como las mariposas, que son devoradas por el fuego  en torno al cual revolotean. Yo no tengo mañana. Todas mis emociones y expectativas de gozos y alegrías son de este momento. ¡Ven! Déjame decirte que descubro  la fascinación que hay en ti: ¡son tus ojos! Ellos irradian suave claridad que me envuelve, y, por eso te digo: Yo te amo. Ven. Por favor. Nunca dije a hombre alguno que lo amaba. ¡A todos yo vendí lascivia, más a ti yo no te cobraré nada, porque te amo!
Upagupta bajo los ojos negros y, al abrirlos, le respondió enternecido:
Más hoy yo no puedo. Un día, que no esté lejos, yo aceptaré tu invitación.
La joven mujer se levantó, enojada, blasfemando, y desapareció por detrás de la inmensa puerta…
Dos años después, era otoño, cuando Upagupta volvió a aquella misma ciudad. No estaban las flores, ni el roble venerado era bello, pero casi desnudo.  Aquella entrada, donde antes medraban tantas flores fragantes y perfumadas, ahora se transformó en depósito  de basura de la ciudad… Animales en descomposición, montones de objetos, hedores pútridos, significando, tal vez, también el otoño de la vida…
El se recordó a la vendedora de ilusiones, cuando percibió algo entre las latas de basura. Atraído por movimientos extraños, observó un cuerpo deformado que se cubría de trapos y, sin dudarlo, consiguió alcanzarlo con las manos en la cabeza que balanceaba sobre los hombros, exudando pus. En contacto con los dedos, los cabellos se liberaron. El se agacho, mientras intentaba erguir el cuerpo herido, y le hablo con tono coloquial:
¡Heme aquí! Yo vengo ahora  a atender tu invitación.
Aquel cuerpo herido retrocedió, intentando huir, mientras una voz atribulada respondió preguntando:
¿Qué quieres de mi? ¡Si viniste a comprar perfumes, no tengo más para vender y, si viniste por compasión, es tarde ¡ huye! Porque si ellos, mis perseguidores, supieran que estás conmigo, también te perseguirán de forma inclemente. ¡Déjame morir en paz!
¡No puedo! – respondió el misionero. No hace mucho, me invitaste para un banquete en tu casa, y yo te dije que iría después… heme aquí, pues llegué ahora.
El ser infeliz retrocedió aun más, la cabeza bamboleaba sobre los delgados hombros, que eran llagas vivas, el rostro cubierto por  la lepra, y los ojos como dos cráteres transformados en depósito de pus, y todo el cuerpo ulcerado, era todo lo que restaba de la sufrida mujer.
Oyéndolo, ella se acordó y le preguntó, atormentada:
¿Por qué te demoraste tanto? ¡Yo te esperé durante esos dos años que pasaron, y tu no viniste! Ahora es tarde para nosotros dos. Mírame: estoy en descomposición aunque viva, no sirvo para nada. Huye, yo te lo pido. Yo te agradezco, porque viniste, más ahora huye…
Habiéndose reclinado sobre ella, le extendió los brazos fuertes y musculosos, la irguió hasta el tórax y la estrecho en un tierno abrazo.
Ella estaba temblando, febril. Con una de las manos, el le limpió los ojos ulcerados, mientras la sufridora intentaba  esconderlos, y entonces le respondió:
Yo te había prometido que después vendría, y aquí estoy.
Infelizmente, llegaste demasiado tarde. Desde aquel día, yo que no tenía alegría de vivir  y fingía, después que te conocí perdí también la falsa postura del placer. Nunca más fui la misma. Todas  las noches yo colocaba en el alfeizar de la ventana  de mi cuarto  una lámpara encendida para que  iluminara tu camino en la expectativa de que vinieras, y no llegaste nunca. Ahora…
Ahora – la interrumpió, generoso – aquí estoy. Ven conmigo, déjame llevarte en mis brazos.
E irguiéndola entre los fríos vientos otoñales, él se adentró por la puerta de la ciudad, acordándose de la frase que ella dijera, y que le balbuceo al oído:
No te extrañe mi procedimiento, más yo también te amo. Ahora yo descubro en tus ojos una extraña claridad que me induce a amarte. Si tu cuerpo no sirve  para nada más, duerme, dame tu alma, y yo la conduciré al Soberano Señor de la vida.
La mujer, temblando y llorando, reposó en el hombro de Upagupta, y liberándose del cuerpo en descomposición se iluminó.
La tradición  respecto de la iluminación interior prácticamente se inicia con Siddhartha Gautama. Después de largas peripecias, cuando él se sintió sombra de una árbol frente a un rio, se iluminó  y se sumergió en el mundo intimo interior para meditar. Días más tarde, un joven discípulo, viéndolo meditando, se conmovió y quedó contemplándolo. Cuando el abrió los ojos, el joven le preguntó:
¿Maestro, tu, eres Dios?
No, no soy.
¿Entonces, tú eres un ángel?
No, tampoco  lo soy. ¿Por qué me lo preguntas?
¡Porque brillas, maestro! ¿Por qué brillas?
Porque estoy despierto, consciente de la verdad. Todo aquel que encuentra la verdad adquiere  brillo interior.
La iluminación forma parte de las enseñanzas de Jesús, por ejemplo cuando El propone: Busca primero el Reino de Dios y su Justicia, y todo lo demás te será añadido.
Buscar primero el Reino de Dios y Su justicia es el grande desafio que todos debemos enfrentar, como aconteció con Pablo, que después de hacerlo y conseguirlo declaró: Ya no soy yo el que vivo, más si es Cristo el que vive en mi.
La iluminación interior recibió, a lo largo de la Historia , innumerables denominaciones como: Mesías, Cristo, paz interna, Paz de Dios que está más allá de la comprensión, Conciencia Cósmica, etc ... Gurdjieff, el gran psicólogo ruso, acostumbraba a decir que era una autorealización, la conciencia objetiva, y Carl Gustav Jung la denominó  como el estado  luminoso, cuando nos enriquecemos de luz.
¿Sin embargo, que es, iluminación interior? No se trata de un estado alterado de conciencia, de paranormalidad, ni de mediúmnidad, o de otra cualquier facultad intelectiva. Se trata de una actividad de auto concienciación, es la revelación de la verdad del Ser (Dios, Ser Cósmico, Ente Supremo), también es la búsqueda  de llegar a ser… Y, por eso mismo, está al alcance de todos los individuos, que no deben postergar su conquista. 
Decía Lao-Tsé:
Quien conoce a los otros es un sabio, más quien se conoce a si mismo es un iluminado.
Porque es muy fácil conocer a los otros, más para auto conocerse, es indispensable realizar esa iluminación, que no pasa desapercibida a Allan Kardec, conforme recordamos, y que se encuentra en la cuestión 919 de El Libro de los Espíritus, cuando el interroga a los benefactores de la Humanidad:
¿Cuál es el medio más práctico y eficaz   que tiene el hombre de mejorarse en esta vida y de resistir a la atracción del mal?
No se trataba de cualquier medio practico, más si del más eficaz. Como consecuencia, la respuesta fue incisiva:
Un sabio de la antigüedad ya os lo dijo: “Conócete a ti mismo”
San Agustín, que dio la respuesta, comentó una bella pagina de filosofía ética, que podemos sintetizar:
Haz como yo. Toda vez que buscaba el lecho para el reposo, procuraba revisar  mis actos de aquel día. Cuando me daba cuenta de los errores, de inmediato, al día siguiente procuraba rehabilitarme. Y cuando estaba seguro, procuraba seguir adelante…
Se trataba de un examen de conciencia. ¿Y por qué examen de conciencia? Allan Kardec, igualmente, tuvo la preocupación con esa conciencia, al interrogar  a las mismas Entidades, conforme la cuestión 612 de la citada obra – ¿Donde está escrita la ley de Dios? – Y recibió la respuesta: En la Conciencia.
Y la segunda respuesta más sintética de la filosofía espirita: La primera es la respuesta  a la cuestión del numero 625, cuando el pregunto: ¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre para servirle de guía y de modelo? – Jesús – fue la respuesta.
De ese modo, la iluminación interior es una conquista que no debemos postergar. Aun más, porque los otros  ven en nosotros lo que no es habitual encontrarse en otras personas…  Por el hecho de ser espiritas, buscando restaurar el Cristianismo en nuestras vidas, presentamos un comportamiento diferenciado de aquel que caracteriza  al ciudadano convencional del mundo, porque luchamos para superar las pasiones innobles, capitaneadas por el egoísmo, para superación  de los vicios , para la eliminación de las sombras. Es necesario que enfrentemos  nuestra sombra para poder diluirla, que realicemos ese  ego – Self, para lograr, aun, según Jung, la individuación, esto es,  tornarnos  un ser integral y no un cualquiera, como aquellos que están en el mundo sembrando las costumbres infelices, las perturbaciones… Habiendo encontrado a Jesús, ya poseemos   la mano en el arado y no miremos más para atrás.
¿Cómo será posible realizar esa iluminación interior? Existen varios métodos. Ella puede venir  suavemente, y poco a poco, mediante el trabajo incesante en el bien, a través de la oración, de la meditación, de la profunda reflexión, o a través de insight. De un momento para otro  ella irrumpe y domina nuestro interior. Yo tengo una experiencia muy curiosa y algo ridícula… Cuando yo era un niño y cantaba el himno a la Bandera Nacional, porque era obligatorio en las escuelas fundamentales,  en el trecho que dice vegetación de estos bosques, yo me conmovía. Yo era un apasionado de Brasil por causa  de la vegetación de estos bosques, porque la vegetación, en el interior del Estado de Bahía, donde yo nací y viví,  era lechuga, col, menta, pimiento etc. Yo reflexionaba: Dios mío, como es posible  los bosques de la col, cilantro, etc.? para mi era demás. Entonces contaba con entusiasmo y orgullo, y, en ese momento, el pecho parecía estallar, porque yo naciera en un país de tanta riqueza. Se pasaron los años, y, aunque adulto  continúe  con la falsa interpretación. Cierto día, andando, súbitamente tuve una iluminación: ¡Dios Mío!  No es verdura, es verdura, son las matas verdes… ¡Ah, que decepción!  Mi iluminación se fue abajo. Entonces, podemos experimentar muchas veces   la iluminación en torno  a nuestras equivocaciones.

Ese insight es el despertar de la conciencia, que nos proporciona la percepción de lo que somos, más también de lo que podremos lograr, dejando un poco a un lado la indumentaria fantasiosa de la humildad que, algunas veces,  no pasa de ser un barniz aparente. ¿Cuántos individuos  que se interrogan, concluyen: ¿Quién soy yo?  Yo no soy  nada,  yo soy una basura.
Ese concepto pesimista  y depresivo nada tiene   que ver con la humildad. Me acuerdo de Jesús  el ser más humilde que estuvo en la Tierra, y nunca se consideró  una basura.
Después de tal conclusión, me descubrí como hijo de Dios. y comencé a sentirme  honrado  con ser hijo de Dios, trabajando para corresponder a la génesis sublime.
Recientemente leí un libro escrito por el Dr. Deán Hamer, un gran estudioso de la genética  del comportamiento. Que se titula La Génesis de Dios.
Después de la descodificación del genoma humano, el constató, con su equipo de investigadores en ese área, que nuestro ADN posee cerca de treinta y cinco mil genes – cuando se pensaba que eran cien mil – uno de esos genes , el definió como siendo el gen de Dios: el VMAT2. El Dr. Hamer, con su equipo, investigó a más de diez mil gemelos idénticos y constató que los gemelos  nacidos en Filipinas – aun siendo enviados, uno para  Australia, el otro para Nueva Zelanda, el otro  a un lugar cualquiera – creían en Dios. Las experiencias fueron largas y ellas constataron que creer en Dios es un fenómeno genético. Tener una religión  es un fenómeno sociológico. Tenemos la religión de nuestros padres, de la familia, del medio social, de la educación. Jesús se refirió a esa cuestión de forma interrogativa. ¿No está escrito que vosotros sois dioses? Por tanto, podéis hacer todo lo que yo hago y mucho más, si quisierais. Entonces, es necesario que desenvolvamos ese Dios interno. También el Dr. Hamer dice que  nuestra fe es natural, es espontanea, siendo científica, aunque sea fe natural. Más allá, Allan Kardec estableció que  la Fe  inavalable solo es la que puede encarar frente a frente la razón, en todas las épocas de la Humanidad.
Reflexionemos: estamos en este edificio, tranquilo y confiados. Nadie pidió a la planta para ver si ella tiene seguridad. Sabemos todos como él es de seguro, sí, ... ¿pero lo será? Esa es la fe natural, pero es científica, porque en nuestro inconsciente, sabemos que esta construcción, cuando fue proyectada, ingenieros y arquitectos calcularon con cuidado las estructuras, las columnas, los soportes, el techo, y después mandaron a la Prefectura para que el departamento de Ingeniería  evaluase el trabajo y lo liberase, conforme ocurrió, siendo autorizada  su construcción, y después, nueva revisión fue hecha para que se concediese su habitabilidad. Entonces, en el inconsciente sabemos de esos trámites legales de seguridad, dando paso  a nuestra fe natural. Cuando entramos en un avión, no se nos ocurre que el piloto esté con un ánimo depresivo y quiera suicidarse en aquel vuelo. En nuestro inconsciente sabemos que los pilotos de aeronaves cada seis meses son sometidos a un riguroso check-up, que evalúa el estado general de su salud. Igualmente sabemos que  es acompañado por un copiloto y el avión posee un piloto automático. Aunque el comandante este en una crisis, no podrá destruir el avión, porque el piloto automático seria  cerrado por el copiloto que comandaría la aeronave. En el caso en cuestión, nuestra  fe es también científica.  Pero, cuando tomamos un taxi, principalmente en Rio de Janeiro, San Paulo, el Salvador, - aun respecto a Brasil, a pesar de sus accidentes – nunca sabemos lo que nos va a ocurrir. Yo estaba en Rio de Janeiro donde proferí una conferencia  un sábado por la noche, y, a las diez horas de la mañana del domingo, yo debería proferir otra  en la Federación Espirita del Estado de San Paulo. Fui al aeropuerto Santos Dumont, para alcanzar el vuelo de las seis   a través del puente aéreo:  son cuarenta o cuarenta y cinco minutos de vuelo. Cuando llegue allá, el hermano tiempo estaba complicado, y el vuelo se atrasó. Conseguí viajar solamente a las ocho, y cuando llegué a San Paulo eran casi las nueve horas. Corrí alcanzando un taxi y pedí al conductor, después de darle  la dirección del Hotel  en el que me alojaría:
Por favor, corra, aunque, con toda prudencia.
Se trataba de un nisei que me miró, y pregunto:
¿Es para correr, o para ir con prudencia?
Yo esclarecí: Corra con prudencia.
El dio un acelerón que me arrojó para atrás, salimos a alta velocidad. Mas adelante había un semáforo en rojo: el lo pasó. Me asusté, en el segundo rojo, también se lo pasó. Quedé muy asustado. En el tercero, una señal verde y paró. Totalmente sorprendido, yo le pregunté:
¿Qué hace? ¡Usted se pasó dos semáforos en rojo y luego en verde usted para!
El miró para atrás  y me respondió con su lógica:
No lo sé, si no viene otro japonés loco en el otro lado?
Yo entonces  me bajé, porque mi fe ni era científica ni natural, y tomé otro coche, por garantía.
La fe, por tanto, es ese instrumento que nos va a llevar, al auto iluminación. Dos grandes especialistas, el Dr. Abraham Maslow – que creó la Psicología Humanista –  y el Dr. Robert Cloninger, uno de los padres de la Iluminación interior  en la actualidad, establecieron que podemos conseguirla a través de tres etapas: la primera etapa, dicen ellos, es el auto olvido, y cuentan la historia sublime de un sacerdote italiano de nombre Mateo Ricci que fue a predicar a China, en los tiempos heroicos de la divulgación del Cristianismo,  y ese hombre dejó todas las comodidades de Italia, aprendió los ideogramas – cincuenta mil – y se adaptó de tal forma a la vida china, que dejó de ser extranjero, para divulgar a Jesús, logrando el auto abandono para poder servir.
La segunda etapa es la búsqueda trascendente, la identificación transpersonal. No olvidaremos nunca de que somos transcendentales.  Y ellos citan a Albert Schweitzer, el mayor músico del siglo diecinueve y parte del siglo veinte, que también renunció a todo para irse a África Ecuatorial Francesa, con el fin de ayudar a las trece etnias en Lambarene, explicando que nosotros, la llamada civilización blanca, tenemos una deuda para con África, de cuatrocientos años de servicio. No solo de esclavitud, sino también de sífilis o de gripe, que son enfermedades que los blancos les transmitieron.
 Y por fin, ellos proponen el misticismo, en el sentido profundo de la palabra, que es la plena integración con el espíritu de Cristo, intentando mantener ese espíritu de Cristo en una constancia continua dentro de nosotros. Entonces, ocurre, paso a paso, la nueva iluminación.
Narraré  una experiencia que tuve hace tres días en San Paulo. Yo me encontraba en Puerto Alegre, coloqué  el carnet de identidad en un bolsillo, y pase  la chaqueta para que un amigo la guardara, olvidándome completamente. Cuando llegue al aeropuerto y fui a presentar la documentación, me acorde  de que deje la cartera en la chaqueta, que ahora no estaba conmigo. Raramente salgo con la cartera, pues casi nunca la uso, más si aquel día, en Puerto Alegre, no sé porque, pensé: llevare el documento para cualquier necesidad, razón por la cual la puse en el bolsillo de la chaqueta. Cuando estaba en el aeropuerto, y me di cuenta, se lo expliqué a la funcionaria que, a su vez, me indicó la necesidad de un documento con fotografía, del que yo no disponía en aquel momento. Felizmente, yo estaba con un amigo de la Policía Federal del aeropuerto, el asumió la responsabilidad, y yo viajé. Llegando a San Paulo, fui a Jaboticabal y a Bebedouro a proferir  palestras  en dos instituciones que completaban, respectivamente, cien años. Sin la documentación, fui a la Delegación de la Policía de Bebedouro, hice una notificación, el delegado, muy gentil, me dio un BO (Boletín de Ocurrencia), que yo no sabía lo que era. Todo bonito, sellado, yo quedé tranquilo. Cuando llegué al Aeropuerto de San Paulo y fui a proceder al Check-in, la funcionaria de la TAM me solicitó el documento de identidad, y como no lo tenía, le entregue el documento de la Policía, y ella me informó que no servia. La ANAC,  según ella, no lo consideraba suficiente. Ella lo presentó a la Junta la cual confirmó su invalidez. La persona de la ANAC mandó llamarme. La funcionaria, para variar, estaba de muy mal humor. (No se por qué algunos funcionarios públicos están con tan mal humor. Podrían dejar el empleo y otros de buen humor los sustituirían. Ella me miró con tan mala cara que yo me sentí intrigado. Yo me controlé, y aclaré:
Yo tengo que viajar. Yo estoy con una persona en la UTI, en Salvador, se está  muriendo, y voy a visitarla. Soy cardiaco y tengo ochenta y un años.
Ella me miro y, mal humorada, respondió:
El señor tiene que rellenar estos dos formularios. Después deberá ir a la Delegación de Policía aquí en el aeropuerto, presentarlos, y, después  de ser revisados, tráigamelos de nuevo.
Preocupado, le informe que iba a perder el vuelo. La muchacha continúo ruda y me dio una respuesta grosera. Tomé los documentos y comencé a orar. Los entregué, ella hizo copias y me las entregó, yendo a revisarlos a la Delegación de Policía. La atendí, apresurado. El delegado los vio y me informó que no eran realmente necesarios, porque yo podría haber puesto cualquier nombre y él no tendría como saber  su legitimidad. Colocó un sello y me los devolvió. Volví, y los entregue a la funcionaria, que los miró, y me informo:
El se olvidó de firmar este otro.
Le pregunté:
¿Hay alguno más? ¿Por qué no me lo entregó la señora?
Toda poderosa, ella concluyó:
Tiene si, el que le voy a dar yo ahora.
Entonces ella tomo otra página, me lo rellenó y me dijo que lo llevase a la Policia. Yo volví corriendo, ahora sin aliento.
¿Y ahora qué pasa? – pregunto el delegado, al que respondí:
Ella mando al señor revisar de nuevo.
El hombre se puso colérico. Procuré calmarlo y el replicó. Cuando retorné, y le entregué, le puso un sello y me ordenó:
Ahora vaya al check-in y muestre todo eso.
Yo contuve la respiración, yo le di las gracias y  atemperé:
Hija mía, yo podría ser su abuelo, por eso me permito darle un consejo: Usted gana para servir – y sentí por ella una profunda compasión.
Trate mejor a las personas. Cada persona  que sale de aquí, con ese tratamiento suyo, sale vibrando contra usted. Usted debe ser muy feliz, tener muchos problemas y recibe esas descargas de odio sin necesidad. Yo le digo esto, porque yo estoy acostumbrado a aconsejar a las personas.
¿Y usted quién es? – Me pregunto, desafiadora.
Yo le respondí con bondad- a esa hora ya no me importaba perder el vuelo – Yo soy espirita, soy Divaldo franco.
¡No me diga! – exclamo. ¡Yo también soy espirita!
Concluí, diciéndole:
Note, si que usted es espirita… (Risas).
Su Divaldo - me preguntó - ¿Puedo darle un abrazo? El señor me disculpa, más yo estoy muy contrariada – y comenzó a justificar su mala voluntad y grosería.
Yo la oía, compadecido, y Salí reflexionando lo que sería la Doctrina espirita para ella,  más allá de un rotulo, de un adorno. Ella debe tener una vida muy difícil. Debe morar en un suburbio, alcanzar varios medios de transporte y vive estresada.

Cara a los acontecimientos de esa naturaleza, se me ocurrió el abordaje, aunque ligeramente, sobre la iluminación interior, nuestra mejora intima. No importa que los otros sepan, más si que estemos serenos, felices. 
Concluiré narrando una historia que leí en Internet y me sensibilizó mucho. Se trataba de un grupo de amigos de una industria metalúrgica (también  lo contaré a mi manera, sin la fidelidad absoluta al texto) Uno de ellos se presentaba  como siendo un hombre austero, introvertido. Parecía encontrarse siempre de mal humor, aunque era gentil. Trabajaba allí hacia cinco  años con los otros directores y, ese periodo, no profirió cincuenta palabras… A la hora del bocadillo, cuando todos se reunían el se apartaba, permaneciendo solo. Uno de ellos, Mauro, muy bromista, bromeaba sobre el colega provocando buen humor. El se llamaba Hernani, y Mauro le hacía bromas, provocando la risa en todo.
Mauro fue, de hecho, el payaso de la corte, en la dirección correcta. Un día, en el momento de desove del salmón, Mauro dijo:
Yo iré a pescar este fin de semana y, si tengo éxito, el lunes, traeré buena parte a los compañeros. Al grupo, en particular, esclareció que iría a jugar una broma a Hernani, colocando para él las vísceras, las cabezas de los peces y las colas para, cuando el abriese  el paquete, todos se reirían a carcajadas. El lunes, cuando retornó al trabajo, Mauro trajo seis paquetes , el de Hernani era un poco mayor. Pidió a todos que hiciesen un semicírculo, invito a Hernani, vino, se sentó, y el fué entregando los presentes, eligiendo el mayor  para aquel amigo. Hernani comenzó a desliar  su paquete y todos notaron que el hombre estaba emocionado. , La nuez de Adán subía y sus ojos tenían lágrimas. El contuvo la respiración y esclareció:
Yo se que ustedes me tienen en pésima consideración. Y yo hago justo eso. Cuando, por ejemplo, yo voy a comer el bocadillo distante de ustedes no es por el motivo que piensan… Mas.. [el no conseguía  hablar y yo quería*  lo que yo quiero decir, es que tengo un gran problema: mi mujer es tetrapléjica, tenemos cinco hijos [y comenzó a llorar] Todo cuanto yo gano es para atender a mi mujer a quien mucho amo.  Yo tengo veinte auxiliares  y cuatro horas  al día para cuidar de ella. Cuando yo llego, por la noche, es para darle un poco de cariño. Tengo que cocinar  para mis hijos. Los dejo durante el día, con la puerta atrancada, y con la alimentación – ellos no frecuentan la escuela  porque no la puedo pagar. Algunas veces, yo me retiro durante la hora del bocadillo, porque me es vergonzoso, yo traigo los restos de los alimentos de casa y no me gustaría que nadie los viese…

Los colegas sintieron un impacto. El ahora fue desatando el paquete, y Mauro quiso levantarse para impedir que prosiguiera, mas era tarde. El paquete presentó  su contenido, mas él no miró, y concluyó:
Hoy, por fin, mis hijos comerán salmón. Hace muchos años – cinco años – que ellos no tienen alimentación digna. Más hoy ellos comerán bien.
Solo entonces el miro el paquete abierto, tuvo un choque, cogió una cola del pez, la irguió en el aire, y dijo como todos lo hicieran:
Muchas gracias.
Mauro miró a los colegas. ¡Aquel hombre estaba crucificado! ¡Como es que ellos no lo observaron! Tuvo una iluminación. Se levantó, tomó su propio paquete y lo colocó en el regazo de él. Los otros se levantaron. Cada cual puso su paquete sobre sus piernas, todos le tocaron el hombro, y le dijeron:
¡Disculpenos!
El no dijo nada. A la noche siguiente los siete amigos fueron a visitarlo y allí, ante la esposa  con costras, ellos asumieron el compromiso de cuidar de la familia. Recomendaron médicos más eficientes, enfermeros más hábiles, contrataron una auxiliar de cocina, una empleada para cuidar de la casa, colocaron a los cinco niños en la escuela, y se responsabilizaron por las dispensas. Un mes después la enferma desencarnó sonriendo…
Ya pasaron treinta años. Hernani Hijo, que era el hijo más pequeño, ahora es el presidente de la empresa. Todos se retiraron. Y, cuando terminaron la educación de los hijos del amigo, se preguntaron: ¿Y ahora? Hagamos una ONG para atender a las personas tetrapléjicas, principalmente a sus hijos, que no tienen oportunidad de recibir una correcta educación.
La iluminación interior acontece en cualquier momento, en cualquier instante. El venerable Chico Xavier, el apóstol de la mediúmnidad, decía:
Yo no soy nada, yo soy apenas un cisco [ por causa del nombre Fran…cisco, quita el Fran, queda el cisco] Más yo soy el secretario de los Espíritus que por mi escriben.
Y se auto iluminó. Abofeteado, no reaccionó. Perseguido, sonrió con lágrimas. Y cuando alguien le escupió en la cara, después que él leyera un mensaje familiar, el destinatario reaccionó, ultrajado, gritando:
¡Mentira!
Lo rompió, le arrojaron los pedazos en la cara y la escupió. Todos quedaron petrificados, mientras el hombre salió poseído. Chico quedó muy palido, limpió el rostro e intentó continuar sonriendo. Al día siguiente, el sábado,  como yo había presenciado la escena, la víspera, le pregunté:
¿Y entonces Chico, que paso?
Calmadamente, el respondió:
¡Ah! Hijo mío, cuando llegué a casa, a las dos de la madrugada, Emmanuel estaba en la puerta, y, viéndome muy triste, me pregunto qué me pasaba.  Yo le explique, y el me confortó de la siguiente manera: “Quiero decirte que, la próxima vez que alguien te escupa en la cara, mira para arriba y di: yo creo que está lloviendo!.
Era, por tanto, un iluminado, porque escupir a la cara de alguien  que no reacciona, escarnecer a quien no se puede defender, son actos de suprema cobardía y que muy pocos soportan, manteniendo el coraje de actuar mediante el perdón y la misericordia para con el agresor.
Que nosotros, los espiritas, podamos adquirir esa luminosidad interior, disculpar siempre, entender, no digo perdonar, entender el mal  y a los malos que nos persiguen, a fin de que los otros, cuando nos vean, puedan preguntar: ¿por qué usted es diferente?¿Porqué usted está iluminado?
Y nosotros corriendo, respondamos:
Porque estamos concienciados de la verdad, solo apenas eso.

Mensaje de estimulo espiritual del médium Divaldo Pereira Franco a los miembros del Consejo Ordinario realizado en la Federación Espirita  Brasileña, en Brasil - DF  El 14.05.2009.

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¿ EL ESPIRITISMO ES UNA RELIGIÓN ?

 El Espiritismo no es una Religión: Allan Kardec refutó que se le llamara al Espiritismo una religión en un Artículo publicado en el diario el Universal de París, Francia y lo vemos en la Revista Espirita de 1859, más claro no canta un gallo. Refutación de un artículo Revista Espírita, mayo de 1859 Paginas: #16 • - #18 • Revista Espirita 1859.

 La pregunta es ¿Porque el Espiritismo es catalogado como una religión por una gran mayoría de Espiritistas?, si Allan Kardec dejó en claro que el Espiritismo no es una Religión, ¿Qué ocurrió para que se estableciera esta demarcación en el Espiritismo?. Sin lugar a dudas, el resultado de imponer que el Espiritismo es una Religión obedece a intereses ajenos al Espiritismo, porque Allan Kardec, dejó clara su posición en las siguientes referencias: Revista Espírita 1859 - Refutación de un artículo Revista Espírita, mayo de 1859 - Páginas: #16 • - #18 • Revista Espírita 1859.  

En el Libro de Génesis, lo veremos claramente, más adelante explicado, escrito por Allan Kardec, Ítem #40. En la Revista Espírita 1866 – El Espiritismo no es una Religión. Veamos esto más adelante, también. El Libro de Obras Póstumas de Allan Kardec, también indicado más adelante. En la (REVISTA ESPÍRITA) año 1868, concluyó: “No tiene ninguno de los caracteres de una religión en el sentido habitual de la palabra, no teniendolo el Espiritismo no podía ni debe adornarse con un título sobre cuyo valor inevitablemente se habrá equivocado. Por esta razón dice simplemente: "Doctrina filosófica y moral.” 
De manera, que está más que definido que el Espiritismo no es una Religión. Por lo tanto, los nuevos adeptos al Espiritismo encontrarán en este artículo una explicación detallada de el porqué el Espiritismo no es una Religión. 
La religión interfiere con el Libre Albedrío, seamos libres de Dogmas Religiosos o sea creencias religiosas y de cualquier movimiento religioso, como justificación de que el Espiritísmo es una religión. El Espiritísmo es de TODOS, es para TODA la humanidad, es de Musulmanes, de Ateos, de Cristianos, de Evangélicos, de Hindúes, de Mahometanos, en fin toda corriente de pensamiento 
El Espiritismo no es, pues, una religión: de otro modo tendría su culto, sus templos, sus ministros. Cada uno, sin duda, se puede hacer una religión de sus opiniones, interpretar a su gusto las religiones conocidas, más de ahí a la constitución de una nueva Iglesia, hay distancia, y creo que sería imprudente darle a nadie la idea. En resumen, el Espiritismo se ocupa con la observación de los hechos, y no con las particularidades de tal o tal creencia, de la búsqueda de las causas, de explicaciones que esos hechos pueden dar de fenómenos conocidos, en el orden moral como en el orden físico, y no impone  un culto a sus adeptos , como la astronomía impone el culto de los astros, ni la pirotécnica el culto al fuego. Además: del mismo modo que el sabeísmo nació de la astronomía mal comprendida, el Espiritismo, mal comprendido en la antigüedad, fue la fuente del politeísmo. Hoy que, gracias a las luces del Cristianismo, podemos juzgarlo más sabiamente, nos pone en guardia contra los sistemas erróneos, frutos de la ignorancia; y la propia religión puede en él encontrar la prueba palpable de muchas verdades contradichas por ciertas opiniones; eso es porque, contrariamente a la mayoría de las ciencias filosóficas, uno de sus efectos es el de conducir a las ideas religiosas a aquellos que se desviaron por un escepticismo exagerado. 

La Sociedad, de la cual habláis, definió su objetivo por su propio título; el nombre de: Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas no se parece en nada a una secta; tampoco tiene el carácter de una religión, y su reglamento le prohíbe ocuparse de cuestiones religiosas.

- Frank Montañez -

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