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domingo, 13 de septiembre de 2015

El gran problema

Queridos amigos lectores, os pido disculpas por estos días que hemos estado sin poder ofrecer nuevas publicaciones en ete blog. El problema ha sido una inoportuna avería en mi ordenador, que no se ha solucionado hasta la mañana de hoy.

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EL GRAN PROBLEMA

Amalia Domingo Soler
Libro: Sus más hermosos escritos.
    "En el mundo, lo más difícil, lo que  llega a ser poco menos que imposible, es que uno se pueda consolar cuando es presa de calamidades y contrariedades sin cuento".     Esto me decía una tarde mi buena amiga Glara Ledesma, mujer que nació con mala estrella (como se dice vulgarmente), puesto que su madre murió al darla a luz, y su padre, no sabiendo qué hacer con aquella chiquilla, se casó con la primera desesperada que encontró en su camino.
 Lo que Clara sufrió en su niñez y mientras estuvo bajo la tutela de su madrastra no es para contarlo, pues ésta hizo todo cuanto pudo y supo para martirizarla, uniéndose a su mala intención una serie de circunstancias todas desfavorables para la pobre niña, siendo la principal la fecundidad prodigiosa de la mujer de su padre, que daba a luz muchachos a pares. Clara fue la niñera y el ama seca de todos ellos y el blanco de todas sus diabluras y malignidades, dado que se trataba de una caterva de chiquillos capaces de acabar con la paciencia al mismo Job. Harta de sufrir por todos los estilos, en cuanto se le presentó un pobre diablo, poeta de profesión, con más hambre que un maestro de escuela y que un empleado cesante, se casó con él, poniendo en práctica el amoroso adagio: "Contigo pan y cebolla".
Tantas fueron las penalidades del enamorado matrimonio y tantísimos los días que ayunaron, que el marido no pudo resistir, y una tisis galopante hizo la caridad de concluir con su existencia.     La infeliz Clara quedó viuda con dos chiquillos y en estado interesante.     Su desconsuelo no tuvo límites, porque como algo había de sonreírle en su vida, su marido la había querido con delirio, con verdadera idolatría; hasta le había dedicado los más bellos versos de su fantasía.     En medio de su espantosa miseria, cuando ella llegaba a su casa después de trabajar todo el día en su taller de modista, encontraba los brazos de su esposo, de su enamoradísimo Romeo, los labios llenos de risa, a la vez que oía las frases más apasionadas y las palabras más bellas y consoladoras, anunciándole días de reposo y de próxima abundancia, en cuanto le pusieran en escena su ultimo drama.
  No sólo de pan se mantiene el hombre y Clara tenía media vida asegurada con el entrañable cariño de su pobre marido, rico en ideas y pletórico de lirismos.     Así fue que al perderle, si no puso fin a sus días, se debió a sus hijos que los pobrecitos, vivo retrato de su padre en lo físico y en lo moral, se agarraban a su falda y a las puntas de su mantón y no la dejaban ni a sol ni a sombra. ¡Pobres criaturas!
  La desdichada Clara fue viviendo de milagro; no quedó asociación religiosa que no le diera limosna alguna semana, ni confesor ni predicador que no la recomendara a sus devotas; y entre unos y otros fue viviendo y vive todavía, siempre recordando a su marido, oyendo misas por su alma y llevando a sus hijos al Campo Santo para que se arrodillen sobre la tumba común, donde sabe que arrojaron los restos del difunto, y allí recen por el eterno descanso del padre.  
En medio de sus desdichas, que no son pocas, de su viudez, de su miseria, de sus enfermedades, pues su chiribitil parece un hospital en miniatura; cuando no tiene a dos de sus hijos enfermos, lo está ella... Clara tiene la suerte, la única, de ser muy simpática a todos cuantos la conocen, lo mismo a tirios que a troyanos. De una honradez ejemplar, nadie ha podido encontrar en ella el más leve defecto respecto a su probidad.     Ya le pueden entregar oro molido, que si ella nota que se cae al suelo una partícula del polvo aurífero, busca, mira, se desvive hasta encontrar el punto luminoso que al fin su noble voluntad acaba por descubrir; y adondequiera que va se la recibe con cariño,  y nunca falta una mano compasiva que deje en la suya el óbolo de la caridad.
Mas, como dijo muy bien Fernán Caballero, el pan de la limosna alimenta, pero no nutre, Clara está cansadísima de vivir. -Estudia el espiritismo -le dije-, y hallarás consuelos que no conoces, y descubrirás las leyes del infortunio y de la dicha, y podrás prepararte para más dichosas existencias.     -¡Para nuevas existencias...! -replicó Clara con amarga ironía- Pues, si la que tengo me pesa más que la cruz que le cargaron al nazareno, ¿he de estudiar para enterarme de si me tocará volver? ¡Cualquier día me meto yo en esas curiosidades!... ¡Si no fuera por mis hijos, me hubiera dejado morir sobre la tierra que cubre los restos de mi inolvidable esposo! Harto tengo que hacer con mi desgracia, mi aislamiento, mi falta de salud y mi sobra de escaseces; por dondequiera que miro no veo otra mujer tan desdichada como yo...  
 -Estás en un error -le dije-; hay otras muchas más desgraciadas que tú, muchísimo más.     -¡Imposible! Imposible de todo punto. Tú no sabes lo que sufro, porque no has tenido la inmensa dicha de encontrar un hombre que te amara como mi marido me amó desde que nos conocimos. Es verdad que estábamos muy pobres; es cierto que cuando él vivía yo no encontraba la protección que tengo ahora; pero al llegar a mi casa y encontrarle meciendo la cuna de nuestros hijos al mismo tiempo que escribiendo sus dramas o copiando hojas de una notaría; al encontrar en sus brazos un calor que no se parece a ningún otro, olvidaba todas mis penas y me sentía dichosa. Tal vez ahora no me quede un día sin comer; pero... ¡estoy tan sola! Mis hijos me quieren muchísimo, es indudable, sus caricias me ayudan a vivir, más el vacío que dejó aquella muerte en mi alma, ellos no lo pueden llenar.
Luego, ¡es tan triste vivir de limosna!... Tú bien lo sabes, no es que yo no quiera trabajar; pero de las cuatro partes del año estoy enferma tres, y la cuarta parte lo está mis pobres hijos; así es, que vivo incomodando a todo el mundo, expuesta a la crítica de los unos y a la burla compasiva de los otros. ¿Y aún tienes el valor para asegurar que hay otras mujeres más desgraciadas que yo?
 -Y te lo repetiré cien y cien veces; las hay.     -¿Dónde están? Quisiera verlas.     -No te apures por eso;  las verás esta misma noche.     -¿Esta misma noche?     -Sí; saldrás conmigo, y te convencerás de que en la escala del dolor, lo mismo que en la del placer, nunca se llega al último peldaño; siempre hay gradas que subir o que bajar, ya que a la felicidad la han puesto en la cumbre y a la desventura en el fondo del abismo.
     Y efectivamente, aquella noche salimos Clara y yo y después de recorrer algunas calles, llegamos a la Plaza del Buen Suceso. Allí le dije:     -Ahora vamos a pasar por la calle de Ramalleras, donde hay algunas casas que albergan a varias mujeres más desgraciadas que tú.     -¿Y entraremos en esas casas? -preguntó Clara con febril ansiedad.     -No es necesario; en la puerta de esos tugurios encontrarás a algunas de ellas, cuya sola vista te causará inmensa compasión.
  Entramos en dicha calle y a los pocos pasos encontramos una casucha en cuyo portal estrecho y obscuro se destacaban dos mujeres vestidas de blanco, reclinadas en el quicio de la puerta. A corta distancia me detuve diciendo a Clara:     -Fíjate en esas dos infelices, que pasarán largas horas de la noche en acecho de los transeúntes. Perdida en ellas la noción del pudor, que es el aroma de la mujer, manchan sus labios con las frases más soeces y repugnantes; sus ademanes desenvueltos revelan el olvido de todos los miramientos sociales; convertidas en cosas, venden su cuerpo al mejor postor; para ellas no existe la santidad del matrimonio ni el sacerdocio de la maternidad; si por acaso algún espíritu les pide albergue en su seno, tienen que desprenderse de su hijo en el momento que oyen su primer vagido.
 La meretriz es una esclava, y su esclavitud es peor mil veces que la que sufre la raza negra; las mujeres de color, aun cuando sea por egoísmo de sus dueños, pueden amamantar sus hijos y recibir sus primeras sonrisas escuchando a la vez sus primeras palabras; más la esclava blanca, o ha de convertirse en asesino del hijo de sus entrañas, o tiene que desprenderse de él para siempre.     Y si un día se arrepiente, si se propone entrar por la buena senda, todos los talleres le cierran sus puertas, y como al judío de la leyenda, todos le dicen: "¡Anda... anda!, no queremos calmar tu sed; no te detengas en nuestro hogar; llevas sobre ti la marca de la infamia y de tu degradación".
  Algunas asociaciones religiosas les tienden sus brazos, pero para ellas esto no es más que un cambio de martirio; las buenas madres las obligan a trabajar de un modo brutal, echándoles en cara sus pasados extravíos con la malicia más refinada y la sátira más cruel, como maestras expertas del vicio... Diríase que para ellas escribió el Dante aquellas terribles palabras: "¡Renunciad a toda esperanza!" No; ninguna esperanza les queda. ¿Que están enfermas y van a parar al hospital? Allí no pueden recibir visitas de deudos ni de amigos y conocidos; todos los enfermos tienen el consuelo de ver a lo menos dos veces por semana a las personas queridas, todos menos ellas; y en cuanto pueden dejar el lecho algunas horas, las hermanas de la Caridad las obligan a que ejecuten los trabajos más groseros: ¡he ahí su convalecencia!
   Sigamos andando... ¿ves? Otra casa de lenocinio y otra miserable a la puerta pidiéndole al vicio una limosna. Considera bien todo lo horrible de la existencia de esas mujeres. ¡La mujer! El ser que ha nacido poseído del más dulce sentimiento, el de la maternidad; que desde niña ensaya su papel de madre meciendo y arrullando a su muñeca, vistiéndola, desnudándola, arreglándole su casita, preparándole los utensilios de cocina, haciéndole su comidita viéndose en todas sus tendencias y aspiraciones el arreglo del hogar doméstico y su misión divina maternal...
 La prostituta es la negación de todo esto, la contradicción viviente de la naturaleza femenina; en ella nada queda de la mujer sino un organismo de barro, más o menos bello, más o menos grosero en su forma; de su mente podría decirse que es un desierto de ideas, si no dominara en ella un deseo, mejor dicho, un instinto, el de la explotación, el del engaño y muchas veces el del crimen… ¿Quieres mayor infortunio? Nacer para ser ángel, primero y santa después, con esa santidad sublime de la maternidad, y convertirse en el ser más abyecto y degradado, sin voluntad, sin libertad, hasta el punto que, cuando alguna de esas desgraciadas rompe violentamente su cadena, la autoridad civil la obliga a volver a su cautiverio, entregándola a su dueña, que recoge ansiosa a la esclava rebelde que huyendo de su tiranía se arrojó por un balcón a la calle ¿Quieres mayor desventura humana?
    -¡No quiero ver más; me doy por convencida! -dijo Clara temblando convulsivamente-. ¡Qué horror!... Mi marido me había hablado alguna vez de esas infelices, pero sus palabras no me habían causado la impresión dolorosísima que me producen las tuyas. En comparación de esas desventuradas, tienes razón, ¡yo soy dichosa!... Mi alma sedienta de cariño encontró su alma gemela cuando el sacerdote bendijo nuestra unión me encerré con mi amor en un nido muy pobre, es verdad, pero donde nunca llegó una mirada maliciosa que pudiera profanar nuestra dicha. Al morir mi esposo, su único ruego fue que no les diera padrastro a sus hijos; ruego inútil, porque para mí ya no había hombres en el mundo. Carezco de todo, es muy cierto, pero tengo el derecho sagrado de no separarme de mis hijos; abrazada a ellos me entrego al sueño, y me despiertan sus caricias; cuando están enfermos, me constituyo en su enfermera, y la caridad entra en mi choza y me deja lo más indispensable para alimentarlos. Cuando todo me falte, cuando la desesperación murmure en mis oídos palabras de muerte, vendré con el pensamiento a esta calle y contemplaré a las esclavas que esta noche me has hecho conocer.
  Acompañé a Clara hasta dejarla en su casa y nunca vi su rostro más satisfecho que cuando sus hijos se disputaron sus caricias; todos querían ser los primeros en darle un abrazo y decirle que ya estaban  admitidos en la escuela, donde además de enseñarles las primeras letras, les darían la comida del mediodía.     Clara se dejó acariciar de sus hijos y me miró de un modo harto significativo.     ¡Cuánto, cuánto me dijo su mirada!...  

Muchísimos seres se creen los más desgraciados del Universo, se consolarían si supieran resolver el gran problema de saber mirar.     ¡Hay tantos lugares de expiación!: las mancebías, los presidios, los hospitales, los asilos de beneficencia, los tugurios de los mendigos, etc., etc., que, bien mirado, nadie tiene derecho, ninguno puede decir en absoluto: "no hay dolor que iguale a mi dolor".

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CUESTIONES SOBRE EL MUNDO ESPIRITUAL QUE NOS PUEDEN PROPORCIONAR ESPERANZA Y PAZ INTERIOR: Reflexión.
*Tenemos un compañero para el desarrollo de nuestra espiritualidad.
*Podemos recurrir a seres más elevados en busca de consejo y conocimiento.
*Todos tenemos a alguien, quizá a varios, que cuidan de nosotros y nos quiere.
*Podemos tener paz y armonía interiores al saber que nuestra transición continuará cuando llegue el momento de avanzar.
* Podemos ayudar a otros en su búsqueda del sentido de la vida.
*Podemos extender nuestro amor altruista.

El conocimiento del mundo espiritual es muy esperanzador, algo que a todos nos es conveniente saber.
Nos hace ver que es mucho lo que podemos hacer por nosotros y por otros, dejar de sentirnos como víctimas de la vida, además que no estamos solos en nuestras luchas y aprendizajes.
Aprovechemos la ayuda y los consejos que nos proporcionan nuestros guías espirituales Y si llegamos a descubrirlo nosotros...tendremos que ponerlo en práctica para iluminación de los demás.
Bueno es saberlo. Cuanto bien le haría a muchas personas estos conocimientos.
Tengan esperanza y conozcan un poquito mas del mundo espiritual al que todos regresaremos algún día.
Imaginemos un lugar como el mundo espiritual donde la raza, el sexo, la edad ,las discapacidades, la enfermedad, las posesiones y la posición social, entre otras cosas carezcan por completo de sentido.

Angeles.C.M.


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PRUEBAS Y BENDICIONES · 
Emmanuel  •  psicografia de Francisco Cándido Xavier
Esforzándote por superar  dificultades y contratiempo, en el área de la reencarnación, recuerda el patrimonio de las bendiciones de que dispones, a fin de que  los problemas y comienzos educativos de la existencia no te sofoquen las posibilidades de trabajar y de auxiliar.
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Atraviesas incomprensiones y tribulaciones en la familia. Entretanto, posees salud relativa y recursos, aunque mínimos, para vencerlas constructivamente hasta que se extingan del todo.
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Sufres  con los obstáculos del pariente difícil. Todavía guardas contigo la luz de la comprensión, de modo a ayudarlo  a resolver los conflictos e inhibiciones de que se siente objeto.
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Trabajas afanosamente en la protección económica indispensable  para varios seres queridos. Más no te escasean energías  y oportunidades de servicio, a fin de  ampararlos hasta que puedan dispensar  el concurso más intenso.
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Respondes por determinada tareas de socorro material y espiritual en beneficio de muchos, y en muchas circunstancias sientes la presencia de la exhaustación. No en tanto, aparecen providencialmente criaturas y acontecimientos que te renuevan las fuerzas  para que la obra continúe.
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Asumiste pesadas obligaciones que te compelen enormes perjuicios a favor de otro, y, algunas veces, te supone en la total imposibilidad de satisfacer a los compromisos  propios. Con todo, nuevo aliento te visita el espíritu  y poco a poco atiendes a la liquidación de todos los débitos que te ornean la responsabilidad.
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En todas  las pruebas  que te salgan en el día, considera la cuota de las bendiciones que te rodean. Y escudándote en la fe y en la paciencia, reconocerás que la Divina Providencia está actuando contigo  y por tu intermedio, sustentándote en medio de los problemas que te marcan el camino, para donarles la solución.

 
FINANCIACIÓN ESPIRITUAL · 
J. Herculano Pires (Hermano Saulo)

La reencarnación  es una especie de emprendimiento a laque el espíritu  se lanza en el mundo. Al dejar el plano espiritual para volver a la Tierra, el ya tiene en mente su programa. Su permanencia fuera del cuerpo le permite hacer el balance completo de sus menesteres y posibilidades. Analiza el debe y el haber en la contabilidad  de la vida y planea su reequilibrio financiero. Viene a la Tierra con ciertos recursos para los investimentos necesarios. Dispone de las monedas de la comprensión, de la esperanza, de la resignación, del discernimiento, del coraje, de la fe y de la paciencia. Son recursos de la experiencia anterior almacenados en el Banco de la Conciencia.
Más  no siempre, en los aborígenes de las transiciones humanas, los recursos propios son suficientes. Hay momentos  en que parece imposible cambiar las monedas espirituales por las monedas terrenas. Los desajustes y las incomprensiones en el hogar, los desaciertos en la profesión, la incomprensión de los amigos y las ganancias de los compañeros,  la ambición y la frialdad de los corazones, superan mucho la resistencia del espíritu. Es entonces  cuando el precisa recurrir al Banco de la Conciencia, escudado en la fe  y en la paciencia, para obtener financiamiento espiritual.
Emmanuel coloca ese problema en el mensaje en estudio, advirtiéndonos de que todo depende de nosotros mismos. Nuestros propios recursos, aunque mínimos, responden por el crédito de que necesitamos. Basta recurrir a los depósitos de la fe y   paciencia que traemos en nosotros, para que todo se solucione. No hay necesidad  de endosantes terrenos. La economía divina funciona accionada por los mecanismos internos del espíritu. por eso mismo, no hay peligro de rechazo por parte de los banqueros de la Tierra. Y, siendo así, no puede haber desesperación por parte del espíritu necesitado.
La fe  y la paciencia son grandes muelles que nos sustentan y nos impulsan en la ejecución de nuestros compromisos espirituales. Basta que examinemos  la cuenta corriente de nuestro día a día para ver cuántos créditos eventuales fueron abiertos de sorpresa, en las horas más amargas. Son las bendiciones que armonizan las pruebas en el emprendimiento de la reencarnación.

Artículo publicado originalmente en la columna dominical “Chico Xavier pide licencia” del periódico Diario de S. Paulo, en la década de1970

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 LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO

La Antigüedad quedaba envuelta en misterios, solamente accesibles a los iniciados, constituyendo la doctrina secreta administrada en los templos por sacerdotes especializados.

Siempre cuando se hacía revelar, de inmediato era oculta a la curiosidad popular y, muchas veces, mantenida en secreto, de que se utilizaban muchos para la exploración innoble, tornándose sus intérpretes, sin embargo, de acuerdo con los propios intereses.

Condenada por innumerables gobernantes y temida por incontables de ellos, era manipulada por la astucia y habilidad de mistificadores que exploraban la credulidad general, amenazando o liberando de penas que ellos mismos elaboraban, a fin de inspirar temor y respeto.

Aun mismo con el advenimiento del mensaje de Jesús, Sus adversarios denunciaban como interferencia demoniaca, intentando ignorar su legitimidad, complaciéndose así en la irresponsabilidad.

Después de Jesús, paso a ser objeto de teólogos no siempre honestos y convencidos de su realidad, para envolverla en fantasías de lo sobrenatural distante de él elevado significado de que se reviste.

Durante largo periodo en la noche medieval fue severamente perseguida, sin que la perversidad de los insanos enemigos consiguiese disminuirle el brillo y fascinante significación.

Al Espiritismo cupo el elevado ministerio de desvelarla, tornándola anhelada y ofreciendo las directrices austeras y seguras para la conquista de los beneficios de los advenidos durante la existencia planetaria.

Evocándola en la resurrección triunfante de Jesús después de la dolorosa crucificación, la inmortalidad del Espíritu es la más grandiosa revelación del conocimiento humano, que proporciona esperanza y alegría de vivir.

Por más que los enemigos desean creer que El volvería del silencio del túmulo, después de la muerte infamante, helo glorioso, irradiando mirifica luz, que demostraría ser El, el Señor de los Espíritus y el Guía de la Humanidad.

Aunque la ignorancia y la mala fe de incontables personalidades que se eluden con la transitoriedad carnal, la inmortalidad es la vida que se encuentra ínsita en todos, sea en la frágil organización física o en la deslumbrante liberación mediante el fenómeno inevitable de la desencarnación.

La ruptura de la conspiración del silencio en torno de la vida más allá de la vida orgánica, ofrece la certeza del sentido psicológico superior de la existencia terrena, como escuela de mejoramiento moral, objetivando la plenitud a la que todos aspiran.

Es imposible, por tanto, silenciar la verdad e impedir que los inmortales se comuniquen con las criaturas humanas, con el fin de advertirlas y orientarlas en cuanto al significado existencial.

Aunque algunos subterfugios, que aún permanecen en torno de los vigorosos fenómenos mediúmnicos que dan fe de la sobrevivencia del Espíritu a la desagregación molecular, una nueva conciencia surge en la sociedad, para contribuir significativamente para la conquista del bienestar permanente, para la superación del miedo a la muerte.
Desmitificada, en vez de significar la fatalidad aniquiladora, se torna el ángel libertador del fardo del sufrimiento y faculta el vuelo pleno por el infinito.
El límite a que se está acostumbrado, durante la jornada desde la cuna al túmulo, se amplía, ante la visión majestuosa del Universo, con sus sextillones de astros, que son otras tantas moradas de la Casa del Padre.
Incontestablemente, una existencia corporal es insignificante ante la magnificencia del Cosmo, de modo que la aceptación de ese pequeño periplo disminuye la majestad del Creador.
Lentamente, pues, y con seguridad, la conspiración del silencio en torno de la inmortalidad cede lugar a la convicción de la vida después del túmulo, gracias a la fenomenología mediúmnica presente en todos los segmentos de la sociedad.
Al mismo tiempo, el sufrimiento que alcanza a todos los individuos , después de las jornadas por los gabinetes de la ciencia encargada de atenuarles el dolor y disminuirles el desespero, encuentra en las nobles elucidaciones espiritas el reconforte y el ánimo para los enfrentamientos que discurren de las conductas antes vivenciados, conforme elucida la reencarnación.
Las psicoterapias transcendentales ahora aplicadas encuentran en la inmortalidad del Espíritu y en sus varias encarnaciones los recursos valiosos para los trastornos de comportamiento y los de naturaleza mental, por elucidar la anterioridad de la vida al cuerpo actual, cuando fueron asumidos compromisos ultrajantes que ahora tiene necesidad de ser reparados.
Nada acontece cuando no existe una causa anterior.
La ley, por tanto, de causa y efecto, que responde por los acontecimientos felices o desdichados que tienen lugar hoy en el mundo, como en el de todas las épocas, invita al ser humano a la responsabilidad lúcida y consciente por la necesidad de despertar para la propia realidad.
Ya no hay tiempo para escamotear de la verdad, cuando la comunicación virtual y el conocimiento de algunas leyes universales deslumbran a todos aquellos que se permiten el esclarecimiento y buscan la liberación de las perlas de la intolerancia de cualquier naturaleza, así como de la castración espiritual aun vigente en algunas doctrinas religiosas.
Este es el momento del auto encuentro, de la auto conciencia, de la comunión con Dios.
La búsqueda de la verdad, por fin, conduce al individuo a la plenitud, rompiendo el velo de la ignorancia y del miedo en torno de la transcendencia y grandeza de la vida, que debe ser experienciada con inefable alegría.
Los dolores y los momentos afligidos son accidentes del programa evolutivo que, de ninguna manera interrumpen el flujo del desenvolvimiento de la inteligencia y de la moral.
Jesús había anunciado la Era Nueva del conocimiento y de la felicidad que la Tierra experimentaría.
Siendo así, pues, son estos los días anunciados gracias al Consolador, que vino a repetir las enseñanzas y a decir cosas nuevas que en Su tiempo no podían ser reveladas, por la falta del entendimiento científico en torno a la existencia, así como de las leyes universales.

Joanna de Ángelis.-Psicografia del médium Divaldo Pereira Franco, en la noche del 16 de noviembre del 2013, en Leiria, Portugal, en el Congreso Espirita Portugués.

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viernes, 4 de septiembre de 2015

La Transición Planetaria



Emigraciones e inmigraciones de los espíritus

35. – En los intervalos de sus existencias corporales, los Espíritus están en estado de erraticidad y componen la población espiritual ambiente del globo. Por medio de las muertes y los nacimientos estas dos poblaciones se vierten incesantemente una en la otra; pues, diariamente hay emigraciones del mundo corporal al mundo espiritual e inmigraciones del mundo espiritual al mundo corporal: es el estado normal.
36. – En ciertas épocas, reguladas por la sabiduría divina, estas emigraciones e inmigraciones se operan en masas más o menos considerables, como consecuencia de las grandes revoluciones que hacen partir al mismo tiempo, innumerables cantidades, que son rápidamente substituidas por cantidades equivalentes de encarnaciones. Por lo tanto, es necesario considerar los desastres y los cataclismos como ocasiones de llegadas y partidas colectivas, como medios providenciales para renovar la población corporal del globo y de fortalecerla con la introducción de nuevos elementos espirituales más depurados. Si, en estas catástrofes, hay una destrucción muy grande de cuerpos, solo hay vestiduras despedazadas, pero ningún Espíritu perece; no hacen sino cambiar de medio; en lugar de partir aisladamente, parten en gran número, he ahí toda la diferencia, pues partir por una causa o por otra, no dejan de hacerlo fatalmente más temprano o más tarde. Las renovaciones rápidas y casi instantáneas que se operan en el elemento espiritual de la población, como consecuencia de catástrofes destructoras, aceleran el progreso social; sin las emigraciones y las inmigraciones que vienen, de tiempo en tiempo, a darle un violento impulso, caminaría con extrema lentitud. Es notable que todas las grandes calamidades, que diezman a las poblaciones, sean seguidas siempre por una era de progreso en el orden físico, intelectual y moral y, como consecuencia, en el estado social de las naciones en las cuales se verifican. Es que tienen por objetivo operar una renovación en la población normal y activa del globo.
37. – Esta transfusión que se opera entre la población encarnada y la población desencarnada de un mismo globo se opera, igualmente, entre los mundos, sea individualmente en las condiciones normales, sea por masas en circunstancias especiales. Hay, pues, emigraciones e inmigraciones colectivas de un mundo a otro. De eso resulta la introducción, en la población de un globo, de elementos enteramente nuevos; nuevas razas de Espíritus se vienen a mezclar con las existentes, constituyendo nuevas razas de hombres. Como los Espíritus nunca pierden lo adquirido, traen con ellos la inteligencia y la intuición de los conocimientos que poseen; imprimen, por consecuencia, su carácter a la raza corporal que vienen a animar. No tienen necesidad, para esto, que sus nuevos cuerpos sean creados especialmente para su uso; puesto que existiendo la especie corporal se encuentra dispuesta para recibirlos. Son, pues, simplemente nuevos habitantes; llegando a la Tierra, al comienzo forman parte de su población espiritual, luego se encarnan como los demás.

Allan Kardec
Extraído del libro "La Génesis"


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LA TRANSICIÓN PLANETARIA
      Allan Kardec, en las observaciones de los Espíritus Superiores, afirmó que la humanidad estaba entrando en un periodo de transformaciones que debería conducirla a un nuevo nivel de progreso en que el conocimiento de la realidad espiritual y de las Leyes Divinas que nos gobiernan, llevaría a los indivíduos a formas enteramente nuevas de relacionamiento y organización.
     A primera vista, parece equivocada esa apreciación hecha hace 155 años, teniendo en cuenta que después de esta fecha, guerras a escala mundial y sistemas políticos de opresión y exclusión, asolaron nuestro planeta. Actualmente, el mundo atestigua la expansión de la violencia, las drogas , la sexualidad exagerada y una globalización que nos trajo la miseria a millones, con el desempleo y el hambre. Las epidemis mundiales como el sida, diezmando a millones de personas. Sentimos aún la presencia del dogmatismo y del misticismo como formas primarias de adoración a Dios. El culto al hombre, con todas sus imperfecciones, como el afán de dominio y de poder, viene desde hace mucho tiempo, atrasando el progreso espiritual de la humanidad con creencias de un misticismo ciego.
       La observación del Codificador, sin embargo, es correcta, apoyándose en informaciones traídas por elevados mensajeros de la espiritualidad. Originándose de ahí, nuestra extrañeza de una espectativa falsa en cuanto a duración de ese proceso, que por su magnitud, no se desenvuelve en unas decenas de años terrestres, sino, en tiempo mucho mayor.
      Agotados los antíguos modelos de religión y de convivencia social- el primero basado en la autoridad, en la fe no comprendida y en el culto externo, y el segundo en el egoísmo y en la hipocresía- surge, naturalmente, la necesidad de propuestas nuevas, capaces de satisfacer aspiraciones mayores en términos de entendimiento, paz y seguridad y estas, comprendiendo los aspectos materiales y morales de la existencia.
     A propósito y como indicativo de ese cambio, recuerda Kardec el surgimiento, ya en su época, de innumerables instituciones volcadas a la protección, el esclarecimiento y la emancipación de las personas. Asistimos a ese hecho también en nuestros días, a escala aún mayor, aactuando algunas a nivel mundial, que en nombre de la caridad y del Espiritismo que se esparcen por el mundo.....
    La Providencia Divina lo controla todo y una vez alcanzada por una parcela significativa de la población terrena y con la madurez suficiente para la implantación de un nuevo orden social basado en la fraternidad. Por otro lado, es fácil comprender que a medida que el número de conciencias inclinadas al bien, se haga mayor, superará más a los ignorantes y a los viciosos. La influencia del bien será preponderante, determinando aquellos cambios. Los que continúen reincidentes en el mal, después de la desencarnación, no volverán más a la Tierra.
¡ Piense en esto !
    
João Cabral-Presidente da ADE-SERGIPE-Jornalista e Radialista.

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ACCIÓN DE LOS OBSESORES EN LOS CENTROS ESPÍRITAS.


(...) Los que ocasionan perturbaciones no se encuentran solamente en medio de ellas (de las Sociedades y de las reuniones), sino también en el mundo invisible. Así como hay Espíritus protectores de las asociaciones, de las ciudades y de los pueblos, los Espíritus malhechores se unen a los grupos, del mismo modo que los Individuos. Se unen, primeramente, a los más débiles, a los más accesibles, procurando hacerlos sus Instrumentos y gradualmente van envolviendo los conjuntos, por eso que tanto más placer maligno experimentan, cuanto mayor es el número de los que caen bajo su yugo.”
(El Libro de los Médiums, Allan Kardec, item 340.)

Interesados en proseguir usufructuando de los vicios y de lo que consideran placeres, gran multitud de Espíritus todo hacen para impedir cualquier esfuerzo que busque liberar al ser humano de la inferioridad.

A través de los encarnados, tienen esos Espíritus posibilidades de sustentar el intercambio de energías desequilibrantes. Por eso, luchan por mantener las posiciones conquistadas junto a los hombres, como también se empeñan en impedirles la renovación para el bien.

Bajo ese aspecto, toda y cualquier actividad noble que tenga por objetivo librar a las criaturas humanas del yugo de las pasiones inferiores será objeto de sus envestidas, a fin de proporcionarle el desenvolvimiento. Natural es pues, que los Grupos Espíritas que lidian directamente con esos hermanos desencarnados sean blanco de su asedio, que se muestra especialmente intenso.

Todos nosotros, luchadores de la desobsesión, no ignoramos que somos vigilados atentamente por los obsesores. Al unirnos a algún caso de obsesión, automáticamente pasamos a recibir las vibraciones negativas de los perseguidores invisibles, que están actuando en el área bajo nuestro interés. Somos así investigados, analizados, acompañados. Meticulosamente examinados, ellos evalúan nuestra posición espiritual, la sinceridad de nuestros propósitos, la perseverancia en el bien, el esfuerzo que estamos empleando para mejorar y, está claro, las brechas que presentamos. Nuestros fallos y deficiencias son observados y aprovechados por ellos. Tienen incluso la intención declarada de sacarnos del camino, empleando, para alcanzar tal intento, todas las armas de que disponen.

Si estuviésemos invigilantes, descuidados, ofreciéndoles campo a las mentes desequilibradas que se acercan a nosotros y, encontrando desguarnecidas de nuestras defensas, tendrán posibilidades concretas de conseguir nuestro alejamiento y de regocijándose con nuestra caída.

Muchos son los medios usados por los obsesores, casi todos ellos bastante estudiados, pues ya sabemos que su acción es organizada. Usan de varias técnicas, induciendo en los integrantes de los grupos las ideas que elaboran. Usan, por ejemplo, la idea del comodismo para apartar a las personas de las reuniones, generando argumentos del tipo; “las reuniones son buenas, pero hoy yo no voy porque trabajé mucho”; “yo ya produje mucho en las reuniones, por esto faltar hoy no hace mal”; “yo soy muy asiduo, todo el mundo falta, menos yo”; “estoy cansado, voy a orar en la casa, hace el mismo efecto”, etc.

Procuran diseminar la desconfianza entre los participantes, dando origen a pensamientos de este orden; ¿será que hablaron esto para mí?”; “pienso que están insatisfechos conmigo”; “creo que no confían en mí mediumnidad”, etc.

Son muchos, como es fácil imaginar, los recursos empleados, resaltando también las maniobras en el sentido de agudizar el amor propio, la susceptibilidad, el personalismo, el apego a los puntos de vista personales, la vanidad y toda la cohorte de deficiencias que avasallan al ser humano.

La acción de esos obsesores, lógicamente, no queda circunscrita a los grupos mediúmnicos. Ella se extiende en busca de terreno fértil y lo que fue dicho para las reuniones vale igualmente para todo el movimiento espírita.

Esa es la razón por la cual los Benefactores Espirituales no se cansan de alertarnos, reiterando cada día los apelos a nuestra reforma íntima. La mayoría de nosotros aun somos bastante teóricos, sabiendo de memoria páginas, citaciones, libros, pero consiguiendo poco vivir las enseñanzas adquiridas.

Los perseguidores son conscientes de eso. Saben perfectamente como nos resulta difícil vencer las pasiones que nos esclavizan, sobre todo en las circunstancias del día a día. Es a través de esas pequeñas brechas que intentan debilitar nuestras disposiciones más nobles.

Y, cuando sintonizamos en fajas inferiores, envueltos por esas vibraciones, tropezamos con los problemas de que otros compañeros son portadores, dejando que nuestra inferioridad contumaz asome, surgiendo, en consecuencia, los roces, las riñas, las divergencias difíciles de ser superadas.

No estamos queriendo decir que no deba haber divergencias. Estas son normales, lo que deseamos aclarar es que debemos vencer el apego a los puntos de vista y opiniones personales, los celos y las idiosincrasias que perturban el entendimiento, la fraternidad, la unión. Y no tengamos dudas: de eso se aprovechan los obsesores para fomentar la cizaña.

Es admirable, bajo todos los aspectos, la presciencia de Kardec a ese respecto. Profundo conocedor del alma humana, nos legó preciosas advertencias a las cuales deberíamos estar atentos y, sobre todo, siempre predispuestos a atenderlas. Es de lo que trata el magistral capítulo 29 de “El Libro de los Médiums” – que por si sólo es una base de enseñanzas tan oportunas y actualísimas que se diría haber sido escritas en los días de hoy.

Nuestra preocupación, pues, debe ser la de sentir y vivir las enseñanzas de la Doctrina Espírita, y si alguna competición haya de existir entre nosotros “que no deberá ser sino la de hacer cada uno mayor suma de bien”. (Ob. Cit., item 349.)

OBSESIÓN Y DESOBSESIÓN

SUELY CALDAS SCHUBERT


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¿EL QUÉ, EL CÓMO, DÓNDE Y POR QUÉ PENSAMOS DE ESE  MODO O DE AQUEL  OTRO ?


El pensamiento y el pensar son, concomitantemente,  una configuración del artificio mental o capacidad de codificación mental. El razonar consiente para los seres que moldean el mundo  y con eso luchar en el mundo de un modo concreto en consonancia con sus metas, planes y voluntades. El pensamiento es evaluado como la demostración más tangible  del espíritu humano, por cuanto por medio de representaciones e ideas despunta precisamente la pretensión de este.
El pensamiento es fundamental en el proceso de aprendizaje y es el principal vehículo del proceso de concienciación.  La actividad de pensar confiere al hombre  alas para sobreponer y moverse en el mundo y raíces para profundizar  en la realidad.  Etimológicamente, pensar significa evaluar el peso  de alguna cosa. En amplio sentido,  podemos decir que el pensamiento tiene como misión  tornarse   el valorador de la “realidad”. Según Descartes, el filosofo por excelencia,   “la esencia del hombre es pensar “Por eso profirió: “Soy una cosa que piensa, esto es,  que duda, que afirma, que ignora  muchas, que ama, que odia, que quiere y no quiere, que también imagina y que siente.  Luego quien piensa es consciente de su existencia, “pienso, luego existo.”

Filosóficamente, observamos  que hay la realidad que depende de la existencia de un observador y la realidad que independe del observador para existir.  Elementos como átomos, fuerza, gravedad, fotosíntesis, son ejemplos de lo que existe independientemente del observador – y la realidad natural. En contrapartida, dinero, propiedad y gobierno son ejemplos que dependen de nosotros para existir – es la realidad social, cultural, existencial.  El peso que las ideas  o palabras ejercen sobre nuestras acciones, sobre nuestros estados emocionales, sobre la construcción de nuestras vidas,  casi siempre es inmenso.

Según los Benefactores el pensamiento actúa en la forma de onda,  con la velocidad mucho superior a la de la luz, y la mente es la dinamo generadora de la fuerza creativa. Siendo materia,  la onda mental es formada por corpúsculo (partículas  mentales), para anunciarse como ondas y formas mentales. En situaciones extraordinarias de la mente, excitación de los micros núcleos atómicos mentales, cuáles sean, las emociones profundas, los dolores indivisibles, las laboriosas y aturadas concentraciones de fuerza mental o las suplicas aflictivas, el dominio de los pensamientos emite  rayos muy cortos, teóricamente semejantes a los que se aproximan a los rayos gama.

Decididamente, muchas de nuestras acciones solo acontece porque pensamos algo, deseamos algo,  creemos en algo, tememos algo, o sea,  hay un estado objetivo que provoca un tipo de movimentación en el mundo concreto.  Si eso es hecho – y es difícil, empíricamente, dudar de ese hecho entonces, la interferencia de lo que pensamos sobre lo que vivimos es mucho mayor de lo que, habitualmente imaginamos.  De esta  forma, el dicho popular, “cuidado  con lo que usted piensa”, posee un sentido mucho más amplio.  A rigor, nuestros pensamientos interfieren y determinan nuestras acciones, nuestros posicionamientos, y el mundo en que vivimos se constituye a partir de la interferencia de esas acciones nuestras sobre él.

Tenemos, entonces, pensamientos que generan acciones.  Acciones que generan el mundo, que genera las acciones. El pensamiento del otro que constituye mi pensamiento, que constituye el pensamiento del otro. ¿Cuáles son los límites, las líneas divisorias entre  esos elementos?  Creo no ser posible establecer esos límites, o sea, cuando un elemento termina y el  otro comienza. No hay fronteras, territorios específicos del pensar, del actuar, del yo, del otro. La constatación de la fluidez de nuestro pensar y, consecuentemente, de nuestras acciones, en fin, de aquello que somos, tal vez permita una mejor comprensión de cómo vivir en un mundo, donde no hay  una única posibilidad, más si todas las posibilidades, o sea, donde todo sea  posible.
Bajo el punto de vista espirita, nuestro espíritu residirá donde proyectamos nuestros pensamientos, alicientes vivos del bien y del mal. Los pensamientos negativos corrompen los fluidos espirituales, como los miasmas deletéreos corrompen el aire respirable, o sea, el optimismo es expansión de la luz y el pesimismo es condensación de la sombra. Los fluidos que envuelven a los Espíritus obsesores, o que estos proyectan, son viciados, variando de acuerdo con el grado de imperfección de cada uno, al paso que los que envuelven a los Benefactores espirituales, o que ellos emiten, son puros, tanto como comporta el grado de perfección moral que hayan conquistado.
Otro aspecto a considerar es que tanto los buenos pensamientos como los malos, emitidos por un ser encarnado, afectan, considerablemente, a las mentes de hermanos, también encarnados en fajas mentales equivalentes.  Es imprescindible comprender que, después de la muerte del cuerpo físico, proseguimos desenvolviendo los pensamientos que cultivábamos en la experiencia carnal. El pensamiento actúa y re actúa, acarreando para el emisor todo lo que lo  sustenta, como, también, todo arroja  a quien pretende lograr. Determina para cada criatura los estados psíquicos que varían según los tipos de emoción y conducta a que se aficione.

El sentimiento de amor cristiano puede  impulsar el correcto pensamiento, sin los cuales adolecemos por la insuficiencia de equilibrio intimo, imprimiendo en el cuerpo físico las distonía  y las variadas patologías que le son consecuentes. Para términos de salud, es importante saber cómo estamos pensando. Los pensamientos negativos operan en nuestro estado íntimo  determinada perturbación, instaurando desarmonías de grandes proporciones en los centros del alma y provocando lesiones funcionales variadas. Cualquier dolencia aparece  como efecto, residiendo la causa  en el desequilibrio de los espejos de la vida intima, una vez que los síntomas mentales depresivos influencian  las células fisiológicas.

Recordemos que los efectos de las ansias  y pensamientos indignos que mantenemos se tornan contra nosotros mismos, después de descompuestos en ondas mentales, tumultuando nuestras funciones neurológicas, y esos reflejos imprudentes, propagándose  sobre  la contextura del cortex cerebral, gestionan delirios que pueden transformar del miedo evidente al estado neurótico, circunstancia  en que los obsesores nos alcanzan con arbitrios destructores, directos o indirectos ,transportándonos a lamentables fenómenos de des gobierno psicológico y emocional.  No olvidemos jamás  que exclusivamente  el amor cristiano puede estimular el adecuado pensamiento  y hacernos furtivos de las amarguras. Sin el amor ejercido, adolecemos, espiritualmente, por la carencia de equilibrio íntimo, transmitiendo al cuerpo físico las distonía y las variadas patologías que le son consecuentes. Por eso, necesitamos tener mucho cuidado  con lo que, como, donde y porque pensamos de ese o de aquel modo.

Jorge Hessen

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        BILOCACIÓN

El individuo que se muestra simultáneamente en dos lugares diferentes posee, por lo tanto, dos cuerpos. No obstante, de esos dos cuerpos, sólo uno es real; el otro no es más que una apariencia. Se puede decir que el primero tiene la vida orgánica, y que el segundo tiene la vida del alma. Cuando el individuo se despierta, los dos cuerpos se reúnen, y la vida del alma vuelve al cuerpo material. No parece posible –al menos no tenemos ejemplo de ello, y la razón parece demostrarlo– que, cuando se encuentran separados, los dos cuerpos puedan gozar, simultáneamente y en el mismo grado, de la vida activa e inteligente. Además, de lo que acabamos de decir resulta que el cuerpo real no puede morir mientras el cuerpo aparente permanece visible, dado que la aproximación de la muerte siempre atrae al espíritu hacia el cuerpo, aunque sea por un instante. También resulta de ahí que el cuerpo aparente no puede ser asesinado, porque no es orgánico, no está hecho de carne y hueso. Desaparecería en el momento en que quisieran darle muerte.

- El Libro de los Médiums -

                                                                                                                     
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