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martes, 12 de junio de 2012

Matrimonio y divorcio






Para ser felices todos precisamos de un compañero  con quien compartir ansiedades,  resolver problemas cotidianos, confiar triunfos y reveses, y principalmente  realizar  nuestros deseos  de dar y recibir cariño.

Los objetivos principales  que han de ser alcanzados en el matrimonio es el conseguir  establecer vínculos  de amor,  comprensión  y fidelidad entre marido y mujer, asegurando así el equilibrio emocional.

El matrimonio constituye uno de los primeros actos de progreso  en las sociedades humanas; porque establece la solidaridad fraterna y se encuentra en todos los pueblos, aunque en condiciones diversas. Abolir  el casamiento seria  retroceder  a la infancia de la Humanidad y colocar al hombre por debajo incluso de ciertos animales que les dan el ejemplo de uniones constantes.

Casarse es tarea para todos los días, por lo que solamente  de la comunión espiritual gradual y profunda  es   que surgirá  la integración de los cónyuges en la vida permutada,  de corazón a corazón, en la cual el matrimonio se lanza siempre  para lo Más Alto, en plenitud de amor eterno.

El porvenir de toda criatura está lleno de incertezas e inseguridades,  por eso al contar con un (compañero) u (compañera) que nos ampare y asista en caso de enfermedad o en la vejez, es lo ideal, para la soledad que es muy triste. Los dolores compartidos, duelen menos, y las alegrías con alguien  que vibre a nuestro lado, ganan en sabor e intensidad.

Durante el enamoramiento y el noviazgo, los jóvenes, deseosos, de causarse,  recíprocamente, favorable impresión, empeñándose en mantener una buena conducta, procuran  esconder o camuflar  los aspectos indeseables de sus caracteres.

Viven en estado de encantamiento, estimulados por la atracción física, evitando la menor  alusión a episodios desagradables del pasado de cada uno, para entregarse apenas  a devaneos y fantasías, en el ante gozo de las deliciosas promesas del futuro.

Aunque se observe características comprometedoras o menos dignas,  creen, ingenuamente, que el matrimonio las eliminará o que tendrán fuerzas suficientes para soportarlas, sin prejuicio de la “eterna felicidad” con la que sueñan.

Sin embargo, después  de casados, al conocer la realidad de la vida, comprenderán  que la vida no está hecha  apenas de momentos románticos, exigiéndoles, ahora, arduos trabajos y no pocos sacrificios para los cuales  no siempre están convenientemente preparados.

Algunas veces, sobrevienen  dificultades de orden financiero, que los llevan a sufrir privaciones  nunca antes experimentadas y con ellas acusaciones  y quejas del uno contra el otro.

Las facetas uno del otro que intentaron no tomar en cuenta, empiezan a manifestarse con toda crudeza, generando  conflictos, discusiones, enfados y represalias.

No existe una formula única y por supuesto infalible para la conquista  de la felicidad en el matrimonio.

Existe, sin embargo determinadas condiciones  y ciertos preceptos, dictados  por la prudencia y por la experiencia  de cónyuges  bien sucedidos, que,  si son observados podrán ofrecer a los jóvenes alguna garantía de que “su” matrimonio venga a ser lo más venturoso posible.

Uno de los primeros puntos a considerar es la edad para ese paso. Ninguna fijación rigurosa, cabe aquí, ya que  los grados de madurez varían de individuo a individuo, en cualquier fase de la vida, en función  de las experiencias adquiridas en esta encarnación y en las precedentes.

En la actualidad, la edad más propicia  para un matrimonio estable y feliz, se sitúa entre 23 y 26 años para los chicos y 21 a 24 para las chicas. Diversas investigaciones llegaron a la conclusión de que los  matrimonios malogrados fueron, en su mayoría, motivados por la precipitación, es decir por haberse realizado demasiado temprano.

Otra cosa que influye  en el matrimonio es el grado de cultura y educación.  Lo deseable  es que ambos tengan el mismo nivel cultural y hayan sido educados por padrones  éticos semejantes, pues esto facilitará grandemente la adaptación entre sí.

Las profundas diferencias, una vez pasada, “la luna de miel” en la que todo es deslumbramiento e ilusión, el refinamiento social del cónyuge mejor dotado choque  con la bozalidad, la inepcia,  el desaseo y el mal gusto del otro, lo que tornará  insostenible una vida en común, dando lugar a que alguno o ambos  pasen a buscar  compensaciones  fuera del hogar, junto a otra u otro que mejor les comprendan, aprecie du modo de ser y responda  a sus necesidades más intimas.

Otro contingente  más de la armonía conyugal es el sentimiento religioso, el cual no debe ser subestimado. Al considerar  que la religión es una  característica de la personalidad, se torna penoso, por ejemplo,  a uno de los cónyuges que desease cumplir  fielmente los deberes establecidos por la Iglesia o por las propias convicciones religiosas, tener que soportar, sin enfado o protesta, las propuestas  del otro, ateo o indiferente, que considerase  tales deberes mera simplezas, infantilismo mental, etc.

Es muy difícil mantener la paz doméstica, con un esposo, fanático e intransigente, que intenta convertir al otro  a su credo, importunándolo a cada instante  y con cualquier pretexto con sus discursos de catequesis.

La conciencia del exacto papel de cada uno en la construcción y manutención del hogar; la identidad de propósitos en lo tocante al planeamiento familiar;  a la finalidad espiritual; a la filosofía de vida que esposen; a la certeza de que se aman; a pesar de los defectos de cada uno, incluso sabiendo que ellos persistan después del matrimonio, la aceptación de la familia del futuro cónyuge, tal como ella es; la capacidad reciproca de divergir, sin discutir, y de argumentar, sin pelear, la buena disposición de ambos  de acatarse las opiniones y favorecer la solución de problemas  de interés común, etc. Son otros tantos factores que contribuyen para un matrimonio afortunado.

En la unión de los sexos, a la par de la ley divina material, común a todos los seres vivos, hay otra ley divina, inmutable como lo son todas las leyes de Dios, exclusivamente moral. Quiso Dios que los seres se uniesen  no solo por los lazos de la carne, sino también por los lazos del alma,  con el fin  de que el afecto mutuo de los esposos  se transmitiese  a los hijos y que fuesen dos, y no uno solamente, para amarlos, para cuidar de ellos y hacerlos progresar.

La felicidad conyugal tiene un precio bastante alto, tan alto  que solo podrá ser pagado, a largo plazo, mientras dure el matrimonio, en monedas de humildad, comprensión, paciencia, espíritu de renuncia y gran dosis de buena voluntad en el sentido de adaptación mutua.

Para conseguir la felicidad en común, cada uno de los cónyuges precisa sacrificar un poco de su “yo” para que el “nosotros” se fortalezca y se vuelva cada vez más agradable.  Para ello  la primera cosa que debe ser cultivada, de parte a parte, es el don de perdonar.

Conflictos, discusiones, mal entendidos… son hasta cierto punto  normales  en la vida de una pareja, y, si no hay comprensión y tolerancia reciproca, sentido de minimizarlos y superarlos, el hogar  acabara dejando de ser un reducto de amor, de paz y de alegría, para transformarse en campo de negligencias, deprimente y deplorable.

El apoyo mutuo y un poco de humildad espiritual,  harían desaparecer tantos antagonismos  irreductibles en las relaciones familiares. La Evangelización en el hogar  también es otro recurso muy preciado, ya que el recuerdo de los preceptos de Jesús, sus divinas enseñanzas junto con la misericordia,  les harían soportar  las faltas y las flaquezas  de los que los rodean sin guardarles resentimiento, perdonándolos de corazón.

Sabrían que “ El verdadero carácter de la caridad es la modestia y la humildad, que consisten  en ver cada uno apenas  superficialmente   los defectos del otro y esforzarse  en hacer que prevalezca lo que hay en el de bueno y virtuoso.

Otro factor imprescindible para la preservación de la felicidad conyugal es el dialogo entre los esposos. “El sublime amor del altar domestico anda muy lejos, cuando los cónyuges pierden el gusto de conversar entre sí.

La vanidad y el orgullo son dos sentimientos de los más comunes que pueden anidarse en lo íntimo de las personas. Y son ellos los que, a menudo, provocan  el estremecimiento de las relaciones entre marido y mujer.

“La caridad sublime, que Jesús enseño, también consiste  en la benevolencia que uses  siempre y en todas  las cosas para vuestro prójimo. Por eso la pareja  puede ejercitar esa virtud sublime, dirigiendo palabras de consuelo, de encoraja miento, de amor.

No estamos en la obra del mundo para aniquilar lo que es imperfecto, sino para completar  lo que se encuentra inacabado.

En las esferas elevadas, los espíritus evolucionados consideran motivo de honra el amparo a los compañeros menos desenvueltos  que se adiestran en planos inferiores.

El matrimonio en la tierra puede asumir variados aspectos, objetivando  múltiples fines. Accidentalmente, tanto el hombre como la mujer encarnados pueden experimentar diversas veces el casamiento terrestre, sin por ello encontrar  la compañía de las almas afines  con las cuales realizar  la unión ideal.  Eso  es porque comúnmente, el hombre necesita rescatar  deudas que se contrajeron  a causa de la energía sexual aplicada de forma inadecuada ante los principios de causa y efecto.

 Cuando el matrimonio expiatorio ocurre en segundas nupcias, el cónyuge liberado de la vestimenta física, cuando se ajuste a la afección noble, frecuentemente se coloca al servicio  de la compañera o del compañero en la retaguardia, en el que ejercita  la comprensión y el amor puro.  Si los viudos y las viudas de las efectuadas nupcias en grado menor de afinidad demuestran sana  condición de entendimiento, son habitualmente conducidos, tras la muerte,  a la convivencia  del matrimonio restituido a la comunión, disfrutando posición análoga  a la de los hijos queridos junto a los terrenos padres, que por ellos se someten  a los más elocuentes y polifacéticos testimonios de cariño y sacrificio personal para que atiendan, dignamente, a la articulación de los propios destinos.

Si la desesperación de los celos o la nube del despecho ciegan a uno de los miembros del equipo fraterno, los cónyuges re asociados en el plano superior le amparan en la reencarnación, a la  manera de benefactores ocultos, interpretándoles la rebelión por síntoma enfermizo, sin retirarles el apoyo amigo, hasta que se reajusten en el tiempo.

 Cuando el hogar terrestre es analizado sin preconceptos, permanece estructurado en las mismas bases esenciales, al igual que  los padres humanos, reciben, muchas veces, en el instituto domestico, por hijos e hijas, a aquellos mismos lazos del pasado, con los cuales atienden  al rescate de antiguas cuentas, purificando emociones, renovando impulsos, dividiendo compromisos o esmerando relaciones afectivas del alma  para el alma.

El divorcio, según conocimientos del Plano Espiritual, no debe ser facilitado o estimulado entre los hombres, porque no existen en la Tierra uniones conyugales, legalizadas o no, sin vínculos graves  en el principio de la responsabilidad asumida en común.

Es necesario, que la sociedad humana establezca regulaciones severas a beneficio de nuestros hermanos  contumaces en la infidelidad a los compromisos asumidos consigo mismos, a beneficio de ellos, para que no se unan a mayor desgobierno, y a beneficio de sí mismos, a fin de que no regrese a la promiscuidad envilecida de las tabas oscuras, en que el principio y la dignidad de la familia aun son plenamente  desconocidos.

Es imprescindible que el sentimiento de Humanidad interfiera  en los casos especiales, en el que el divorcio es el mal menor que pueda surgir  entre los grandes  males pendientes sobre la frente  del matrimonio, sabiéndose, por tanto,  que los deudores de hoy volverán mañana al acierto de las propias cuentas.

Si el espirita debe ser prudente, virtuoso, tolerante, humilde y abnegado y caritativo, entre sus hermanos de ideal y en el seno de la Humanidad, ¡Cuánto más debe serlo en la familia! Si son sagrados los deberes que hemos de cumplir  entre nuestros hermanos y en la Humanidad, mucho más lo  son los que tenemos que cumplir en la familia. Porque debemos considerar que, más allá de los vínculos que en esta existencia nos unen  con lazos indisolubles, tenemos siempre historias pasadas, que se enlazan  con la historia presente.

 - Merchita-

Trabajo extraído de los Libros “Evolución en dos mundo”  y “la vida en Familia” ambos de Francisco Candado Xavier.


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lunes, 11 de junio de 2012

EL VALOR DE LA ORACIÓN




En el libro de los Espíritus Allan Kardec, en la pregunta 638, interroga a los Espíritus: “¿Agrada a Dios la Oración ? Respuesta: La Oración es siempre agradable a Dios, cuando es dictada por el corazón, pues para él, la intención lo es todo. Así, preferible le es que sea del interior a la oración leída, por muy bella que sea si fuera leída sólo con los labios y no sentida con el corazón. Le agrada la oración cuando es dicha con fe, con fervor y sinceridad. Pero, no creáis que lo toque la del hombre fútil, orgulloso y egoísta, a menos que signifique, de su parte, un acto de sincero arrepentimiento y de verdadera humildad, pues, no siendo así nada tendrá valor.” Oración es sentimiento. Podemos con las palabras, expresar lo que está en nuestro interior.

Richard Simonetti
     El conceptuado Escritor Espírita Richard Simonetti nos habla de dos tipos de oraciones: La oración horizontal y la oración vertical. La primera tiene bastante significación con las oraciones proferidas en algunas denominaciones religiosas, que son volcadas, exclusivamente, por promesas de ventajas en la vida material, con exorcismos, curas, culto a las imágenes, buscando el dinero del religioso. Ya la oración vertical está directamente envuelta con lo mejor del sentimiento de humildad y de sinceridad de quien ora para el prójimo y para Dios.

     Así, lo que importa, en la oración, no es su duración, la repetición, o ritual, la sofisticación de las expresiones, fundamental es la presencia del sentimiento y de la sinceridad.

     Lo esencial no es orar mucho, sólo orar bien. Esas personas suponen que todo mérito está en el tamaño de la oración y cierran los ojos para sus propios defectos. Hacen de la oración una ocupación, un empleo, nunca sin embargo, un estudio de sí mismas. La ineficacia, en tales casos, no es del remedio y sí de la manera como la aplican

     Aquellos que colocan en la oración los ingredientes de la bondad y de la simplicidad y profunda voluntad de ayudar al prójimo, dispuestos a reconocer sus maldades con el propósito de la renovación, tienen sus dificultades disueltas por los manantiales de bendiciones que se derraman sobre sus cabezas emanadas del Creador.

     En la oración podemos: Pedir y Agradecer. Cuando pedimos directamente a Dios, sin el pago a alguien que sea intermediario, con el fervor del corazón y de acuerdo con nuestro merecimiento, por cierto, recibimos. Cuando loamos la obra Divina, las leyes que rigen la vida y el universo entramos en armonía con el Cosmo. Por último, cuando agradecemos estamos colocándonos en la condición de hijos que tenemos la obligación de colaborar con el progreso material y espiritual de nuestra casa planetaria.

     Finalmente, tener fe es guardar en el corazón la luminosa seguridad en Dios, seguridad que superó el ámbito de la creencia religiosa y haciendo el corazón reposar en una energía constante de realización en la vida y en el bien. ¡Piense en esto!

João Batista Cabral



SER FELIZ

 Si usted quiere ser feliz,
huya de todo asunto vano,
que no aclare la cabeza,
ni ayude al corazón.

En todo lo que suceda
procure la senda del bien,
levántese, ayude, esclarezca,
no piense mal de nadie.

Ampare a los hermanos en sus pruebas,
deles  la mano abierta y el alma sana;
Necesitado de hoy,
es benefactor del mañana.

 Guarde paz en la conciencia
atendiendo la Ley Divina;
la flor de la felicidad
no vive sin discicplina.

Conserva la luz que te apoya,
sobre la fe que te bendice,
y sirve sin preguntarte
si tu quieres ser feliz.

Casemiro Cunha
SEÑALES  DE RUMBO, Espíritus Diversos, psicografia de Francisco Candido Xavier, GEEM)



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domingo, 10 de junio de 2012

¿ Por qué nos creó Dios ?






      Eso es algo que tal vez algún día lo sepamos claro o  se lo podamos preguntar a El directamente, pero  por el momento podríamos pensar que el motivo,  tal  vez haya  sido por la dinámica de Su propia Esencia : La vibración permanente de su  Amor.

      Siendo Amor –Energía, se comprende que esta es expansiva y  dinámica, por lo que no  podría permanecer estática y sin actividad creadora, proyectando su inteligencia y su Amor sobre los nuevos mundos y seres creados, por lo que por su propia dinámica existencial,  se realiza y se mantiene a Sí mismo cuando se  irradia  y expande en otros Seres que para existir hemos tenido que ser  creados por El  a  partir  de condensar  las energías cósmicas, creando así la materia  y los espíritus que pueblan  todo el Cosmos, mediante el mecanismo evolutivo y repetitivo de la reencarnación del espíritu por la que  este adquiere las experiencias necesarias  para ir perfeccionándose en contacto con la materia.

     Podemos pensar que siendo criaturas suyas que existimos por Su Amor,nuestro objetivo existencial es el de que  aprendamos algún día a ser  plenamente  felices hasta un grado supremo e inimaginable, sintonizando y colaborando con El en su grandiosa y permanente obra de la Creación,  dejándonos el mérito de nuestro  necesario esfuerzo para  la conquista de la infinita felicidad.

       Normalmente no podemos contestar plenamente  a esta pregunta porque estamos casi infinitamente lejos de comprender qué es Dios en lo mas profundo de Su Esencia, pero sin embargo  mi incipiente intuición humana  en su limitada  capacidad  me dice que esa Fuente de Perfección ,Amor y Felicidad infinitas , ha querido por alguna razón aún lejana a nuestro entendimiento, compartir Sus atribuciones con sus criaturas, y para eso nos ha creado por su Voluntad  de su propia Esencia, como espíritus humanos, en principio sencillos e ignorantes, sometidos al engranaje  del mecanismo evolutivo  y de otras  Leyes que lo complementan y guían hacia la meta, y siendo Dios  mismo esta  meta infinita,, ese es el  Gran Misterio de Su Esencia, incomprensible para nuestras jóvenes y limitadísimas mentes.

     En síntesis, podríamos pensar que Dios nos ha hecho existir para amar y para ser amados, o sea para mantener dinámica la Esencia de Él mismo, que es el Amor, vibración pura y sublime del espíritu.

- Jose Luis Martín -

“ Si no puedes decir nada de Aquel que supera todo pensamiento y toda palabra, ¿cómo puedes preguntar algo acerca de él?”
Anthony de Mello(¿Quien puede hacer que amanezca?)



sábado, 9 de junio de 2012

Amistad





El hombre es un ser gregario por naturaleza.

El siente necesidad de convivencia y contacto con los semejantes.

Justamente por eso, establece vínculos a lo largo de su vida.

Muchos de esos vínculos son prácticamente automáticos, como los que se derivan de la estructura familiar.

Con todo, algunas ligaciones se originan solamente por  afinidad y simpatía.

La amistad es una forma de afecto muy peculiar.

Habitualmente, se afirma que los amigos son la familia que se escogió.

La nobleza de la amistad fue revelada por el propio Cristo.

En determinado pasaje del evangelio, el maestro afirmó  que no llamaba a los apóstoles siervos.

Los llamaba amigos, pues les había dado  a conocer lo que oyera del Padre.

Jesús ofreció a Sus discípulos lo que de mejor poseía: la luz de Sus  enseñanzas y el calor de Su afecto.

Eso es lo que caracteriza la amistad: la parte mejor de nuestro ser.

La amistad no implica posesión, exclusivismo o búsqueda de ventajas.

Nada obliga a mantener los lazos de la amistad. Es la expresión más fraterna de los sentimientos.

Se procura estar próximo al semejante solo por el placer de su compañía.

Por ser tan precioso, ese vínculo debe ser bien cuidado.

Conquistar amigos puede ser más fácil que preservarlos.

En la adquisición de afectos, el carisma personal auxilia bastante. Mas la manutención  del vinculo exige dedicación. Es necesario disponerse a gastar algún tiempo  en el cultivo del afecto  que se granjeó. Entretanto, el comportamiento noble y leal también se hace imprescindible.

La manutención de los amigos poco tiene que ver con lecciones de etiquetas o buenas maneras.

Tales recursos muchas veces apenas esconden  el real carácter de quien aparenta afabilidad. Es relevante asimismo  pulir el propio modo de ser, desenvolviendo nobleza y cordialidad.

Considerando esa realidad, hay innumerables actitudes que se deben evitar en el trato con los amigos.

La agresividad, en palabras o gestos, sorprende negativamente nuestros afectos.

La negligencia, consistente en dar poca importancia a la presencia de  la palabra de los compañeros, esto hace que no nos procuren más.

La irritación continua torna nuestra compañía aburrida.

La lamentación constante también convierte nuestra presencia en un pesado fardo.

Es preciso considerar que los otros también tienen problemas.

Importa, pues, cultivar la jovialidad.

Ocultar los propios dolores, para no afligir inútilmente a los semejantes, es una forma de caridad.

Así, reflexiona sobre la importancia de los amigos en tu vida.

Piensa como ellos te traen la alegría y  hacen  tu vivir más leve.

Acuérdate del ejemplo de Cristo, que dio lo mejor de si a los compañeros que escogió.

No gastes los preciosos momentos que pasas con tus amigos en futilidades, reclamaciones o bajezas.

Dales tu amor.

Haz de  tu compañía en una fuente de equilibrio, alegría y bienestar.

Muéstrate confiable y dispuesto, cuando  ellos necesiten de ti.

Amalos, con pureza y desinteresadamente.

Al final, amigos leales y cariñosos son uno de los mejores tesoros que se pueden conquistar.

Redacción de Momento Espirita.


 Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final............
- Francisco Cándido Xavier -



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viernes, 8 de junio de 2012

Dios







NO HAY EFECTO SIN CAUSA Y DIOS ES LA CAUSA PRIMORDIAL DEL UNIVERSO



Dios no es una cosa palpable porque no es un ser material, pero sí lo es a través de Su creación, de igual manera que los átomos no son “cosas” en su forma atómica, pero un gran número de ellos unidos repentinamente se hacen visibles y forman un objeto reconocible. En el siglo XIX  Kardec indagó a los Espíritus, “¿Dónde se puede encontrar la prueba de la existencia de Dios?”  La respuesta llega de forma simple y objetiva, con la profundidad característica de los Espíritus superiores: “En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias. No hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre y vuestra razón responderá.”(1)· Por lo tanto, el conocimiento de los pensadores no puede encontrar otra conclusión, sino de que Dios existe y es la inteligencia suprema del Universo.

La Doctrina Espiritista rechaza la fe ciega, defendiendo, con argumentos, la fe razonada, llevando a las personas a que no crean, simplemente por creer, pero sabiendo en lo que creen. Y la principal de ellas es defender la prueba de la existencia de Dios.

Tanto fue el cuidado de no personificarlo que la primera pregunta de Kardec dirigida a los Espíritus fue con la expresión "¿Qué es Dios?” En sustitución a la clásica y antropomórfica pregunta: “¿Quién es Dios?”

Ante la majestuosa obra del Creador, el Espíritu Emmanuel explica que el hombre “observa las dimensiones diminutas del Hogar Cósmico [Tierra] en que se desarrolla. Descubre que el Sol tiene un volumen de 1.300.000 veces mayor; la Luna dista más de 380.000 kilómetros; Marte, distante de nosotros cerca de 56.000.000 de kilómetros en la época de su mayor aproximación, Capela es 5.800 veces mayor, Canopus tiene un brillo ochenta veces superior al Sol” .(2) “ El Sistema Solar posee sólo 9 planetas con 57 satélites en el total de 68 cuerpos celestes. Y para que tengamos noción de su insignificancia delante del resto del Universo, nuestro Sistema Solar compone un minúsculo espacio de la pequeña Vía Láctea” (3)o sea, un aglomerado de cerca de 100 billones de estrellas, con por lo menos cien millones de planetas y, según Carl Sagan, como mínimo cien mil de ellos con vida inteligente y mil con civilizaciones más evolucionadas que la nuestra. (4)

Además del Big Bang - Cosmología Cuántica y Dios, es el libro publicado por el científico Willem B. Drees, Doctor en Física Teórica y Matemática por la Universidad Utrecht y en Teología por la Universidad de Groningen (Holanda), que busca demostrar la existencia de un interés creciente por la investigación científica basada en la certeza de la existencia de Dios. La teoría más moderna del inicio del Universo nos remite no sólo para el Big Bang (la gran explosión) principio de todo, sino para la idea de varios Big Bang, con Universos cíclicos a través de cuatrillones de años. “Delante de estos números pensaríamos haber llegado a la idea de lo que es el Universo; concepción engañosa, pues estas áreas, o mejor, volúmenes, representarían sólo un 3% que sería la totalidad del todo dentro del tridimensional espacio/tiempo que conocemos. Los espacios interplanetarios, interestelares y intergalacticos, obviamente, formarían la mayor parte de aquello que llamamos Universo.” (5)

El gran desafío de la astrofísica, actualmente es la llamada energía oscura y las lentes del telescopio espacial Hubble flagraron el comportamiento de esa energía uno de los mayores enigmas cósmicos. “Al observar supernovas, que son explosiones de estrellas, el telescopio registró el efecto de la aceleración de la luz. El descubrimiento debe ayudar a explicar lo que es la energía oscura que cubre casi todo el cosmos, una fuerza que puede ser responsable por la continua y acelerada expansión del Universo, también llamada partícula Dios”. (6)

Nuestra comprensión de Dios cambia en la misma proporción en que nuestra percepción sobre la vida se amplía. Es una tarea difícil, cuando lo limitado intenta alcanzar lo Ilimitado, o el finito entender al Infinito. Así somos nosotros delante de Dios. Las opiniones científicas aún están divididas cuanto al origen del universo, pero hay unanimidad en un punto, existe orden en el universo.

Todos fuimos creados por Dios para la gloria celeste, caminando por los proscenios terrestres, donde desarrollamos potencialidades interiores que son nuestra herencia divina esculpida. “La deducción que se puede quitar de la certeza innata que todos los hombres traen en sí, de la existencia de Dios, es de que Él existe; pues, ¿de dónde les vendría ese sentimiento, si no tuviera una base?” (7) Y Siendo “Dios la esencia divina por excelencia, únicamente los Espíritus que alcanzaron el más alto grado de desmaterializacion lo pueden percibir” .(8)

Señalamos aquí una pequeña digresión: es interesante notar que generalmente, nosotros imaginamos a Dios como alguna cosa absolutamente externa. Pensamos en Dios como un ser o algo separado de nosotros, adviniendo muchos conflictos. Ahora bien, si el Todopoderoso también está dentro de nosotros, podemos transformarnos a merced. Pero si creemos que el Padre celestial está exclusivamente de fuera, entonces suponemos que sólo Él puede cambiarnos y no nos transformamos por nuestra propia voluntad. Nos hallamos entonces, constantemente, en presencia de la Divinidad; ninguna de nuestras acciones le escapan a su mirada; nuestro pensamiento está en contacto ininterrumpido con su pensamiento, habiendo, pues, razón para decir que Dios ve los más profundos pliegues de nuestro corazón.

Albert Einstein, físico alemán de origen judío que dispensa presentaciones “cuando, en 1921, preguntado por el rabino H. Goldstein, de New York, si creía en Dios, respondió: “Creo en el Dios de Spinoza, que se revela por sí aún en la armonía de todo lo que existe, y no en el Dios que se interesa por la suerte y por las acciones de los hombres” .(9) En esta misma ocasión, muchos líderes religiosos decían que la teoría de la relatividad “ encubre con un manto el horrible fantasma del ateísmo, y obscurece especulaciones, produciendo una duda universal sobre Dios y su creación” .(10) Tesis que discordamos íntegramente , pues Einstein confesó a un asistente que en el fondo, su único interés era descubrir si en el instante de la creación Dios tuvo elección de hacer un universo diferente y, si había tenido opción, por qué es que decidió crear ese universo singular que conocemos y no otro cualquiera? Decía aún, “Mi religión consiste en mi humilde admiración al espíritu superior e ilimitado que se revela en los menores detalles que podemos percibir en nuestros espíritus frágiles e inciertos. Esa convicción, profundamente emocional en la presencia de un poder racionalmente superior, que se revela en el incomprensible universo, es la idea que tengo de Dios”. (11)

De la megaestrutura de los astros a la infraestructura subatómica, todo está sumergido en la sustancia viva de la mente de Dios. El físico americano Paul Davies en su libro titulado Dios y la Nueva Física afirma categóricamente que el universo fue diseñado por una conciencia cósmica .(12) El Universo, por lo tanto, constituido por esos millones de soles, regido por leyes universales, inmutables, completas, a las cuáles se hallan sujetas todas las criaturas, es la exteriorizació n del Pensamiento Divino.
- Jprge Hessen -

Una visita al doliente es sagrado recurso de fraternidad para quien suplica desesperado  la asistencia del Cielo, .
- Emmanuel -





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jueves, 7 de junio de 2012

MUNDOS TRANSITORIOS






En el capítulo VI de «El Libro de los Espíritus», titulado «De la vida del Espíritu», hay tres preguntas (234, 235 y 236) que se refieren a los mundos transitorios de la siguiente manera:

 Son «(...) mundos particularmente destinados a los seres errantes, mundos que les pueden servir de residencia temporaria, especie de vivaques*), de campos donde descansan de una prolongada erraticidad, estado que siempre es un tanto penoso. Son posiciones intermedias entre los otrosmundos, graduadas de acuerdo con la naturaleza de los Espíritus que pueden acceder a ellas, donde gozan de relativo bienestar. (...)» (1)

 Los mundos transitorios no sirven para la encarnación de los seres corporales porque «(...) la superficie es en ellos estéril y quienes lo habitan no necesitan nada (...)» (3) y aún su esterilidad es transitoria. Por ejemplo, la Tierra ya fue mundo transitorio «durante su formación». (3) Hoy es clasificado como planeta de expiaciones y pruebas, prestándose, por lo tanto, a la encarnación y reencarnación de Espíritus que necesitan pasar por las vicisitudes que ofrece el planeta. Rodeando a la Tierra, en el plano extrafísico, existen regiones o esferas espirituales de diferentes grados evolutivos, ofreciendo características que varían entre simples lugares de permanencia temporaria y verdaderas ciudades espirituales. Esas regiones se dividen gradualmente en lugares de sufrimiento e ignorancia, hasta aquellos donde el Espíritu, en estado de mayor entendimiento, es feliz. «Considerando a la penitencia en su aspecto expiatorio, existen numerosos lugares de prueba en la esfera invisible para vosotros, destinados a la regeneración y a la preparación de entidades perversas o reincidentes en el crimen, a fin de que conozcan las primeras manifestaciones del remordimiento y el arrepentimiento, que las etapas iniciales de la obra de redención. (...) (7) Estas forman parte de las llamadas zonas inferiores.

 La serie «André Luiz» nos informa respecto a estas diferentes regiones espirituales. En la obra «Liberación», cap. 4 se hace referencia a una ciudad situada «en el vasto dominio de las tinieblas», limítrofe con la Tierra, que es así descrita por André Luiz:

 ««(...) La claridad solar era diferente.

 Un humo ceniciento cubría el cielo en toda su extensión.

 La volitación se había tornado dificultosa.

 La vegetación exhibía un aspecto siniestro y angustiado. Los árboles se cubrían con escaso follaje y las ramas, casi secas, daban la impresión de ser brazos erguidos en súplicas dolorosas.

 Aves agoreras, de gran tamaño, de una especie que podría ubicarse dentro de la familia de los cuervos, graznaban sordamente, semejantes a pequeños monstruos con alas que espiaban a presas ocultas.

 Lo más aflictivo, sin embargo, no era el cuadro desolador, más o menos parecidos a otros de mi conocimiento, sino los llamados angustiosos que prevenían de los charcos. Gemidos típicamente humanos eran pronunciados en todos los tonos (...)» (10)

 En el libro «En el Mundo Mayor» de la misma serie, André Luiz nos da noticias acerca de una organización de asistencia, en una zona intermedia, para la atención a estudiantes relativamente espiritualizados, pero todavía ligados al círculo carnal, y a discípulos recién liberados del campo físico.

 La enorme institución «(...) estaba repleta de seres situados entre las esferas inferiores (...)» (8) y las superiores, seres con inmensidad de problemas, que se planteaban preguntas de toda especie.

 En el libro «Volví», del Hermano Jacobo, el autor nos habla acerca de una colonia espiritual situada en las esferas más elevadas: «(...) El camino que transitábamos estaba bordeado de flores, algunas de las cuales parecían elaboradas con una sustancia radiante, lo que convertía al paisaje en una copia del firmamento. Los árboles próximos parecían cubiertos de estrellas. (...)»

 «Por fin, ¿a qué país fui arrebatado por la muerte? ¿Habría subido la Tierra al Cielo o bajado el Cielo a la Tierra? (...) (6)

 «(...) Vi desdoblarse ante mis ojos extasiados, el paisaje florido y brillante de una aldea feliz (...) Atravesábamos extensas y hermosas avenidas, bordeadas por vegetación caprichosa y agradable, cuando tuve la satisfacción de ver a algunos pájaros, distinguidos por una singular belleza. Cantaban extáticos, (...) glorificando a la Divinidad.» (9)

 ¿Serían mundos transitorios, a cuyo respecto tan poco hablaron a Kardec los Espíritus Superiores, estas mismas colonias o regiones espirituales de que nos habla André Luiz? Es evidente que tales dependencias están destinadas a los Espíritus liberados del envoltorio carnal pero todavía necesitados de reencarnaciones (por lo tanto, Espíritus errantes) e íntimamente ligados a nuestro planeta por las acciones cometidas en el pasado. El hecho de que los Espíritus que elaboraron «El Libro de los Espíritus» hayan afirmado que la Tierra fue un mundo transitorio durante su formación, condujo a Kardec a decir que:

 «(...) De esta manera, durante la prolongada sucesión de los siglos que transcurrieron antes de la aparición del hombre en la Tierra, durante los lentos períodos de transición que testifican las capas geológicas, aún antes de la formación de los primeros seres orgánicos, en aquella masa informe, en aquel árido caos, donde los elementos se encontraban entremezclados, no faltaba la vida. Seres exentos de nuestras necesidades, de nuestras sensaciones físicas, allí encontraban refugio. Quiso Dios que, aún así, todavía imperfecta, la Tierra sirviera para alguna cosa. ¿Quién osaría afirmar que, entre los millones de mundos que giran en la inmensidad, uno solo, uno de los más pequeños, perdido en el seno de la multitud infinita de ellos, goza del privilegio exclusivo de ser poblado? ¿Cuál es entonces la utilidad de los demás? ¿Los habría hecho Dios únicamente para que nos recrearan la vista? Suposición absurda, incompatible con la sabiduría que brilla en todas sus obras e inadmisible siempre que consideremos la existencia de todos los que no podemos percibir. Nadie negará que en esta idea de la existencia de los mundos todavía inadecuados para la vida material y, no obstante, ya poblados de seres vivos apropiados a tal medio, existe algo grande y sublime, en lo que tal vez se encuentre la solución de más de un problema. (3)

 En relación con esas afirmaciones y la comprensión de que los Espíritus de las regiones espirituales limítrofes con la Tierra necesitan volver, nuevamente, o encarnar por primera vez en nuestro planeta, las colonias espirituales descritas por André Luiz no parecen ser los mismos mundos transitorios mencionados en «El Libro de los Espíritus».

 Parece que la obra «El Pensamiento de Emmanuel» refuerza nuestra suposición cuando dice:

 Podemos interpretar de tres maneras, a los efectos de estudio, la palabra «moradas» mencionada en el Evangelio:

 a) Los mundos que componen el Universo, donde otras humanidades realizan su marcha evolutiva.

 b) Las diversas zonas espirituales superiores e inferiores, más allá de las fronteras físicas, donde palpita la vida con la misma intensidad que en las metrópolis humanas.

 c) Los diferentes departamentos de la Mente, donde permanecen pensamientos y reacciones, dramas y tragedias, anhelos y realidades del Espíritu.

 Nadie podrá imaginar cuántos mundos habitados existen realmente; pero ningún espírita pone en duda que innumerables humanidades viven en esos mundos, felices unos, infelices otros.

 Los departamentos de la Mente son, a nuestro entender, otras tantas moradas individuales, como depósitos de las realizaciones más o menos felices de las inteligencias encarnadas o no encarnadas.

 En lo que atañe a las diversas regiones espirituales, sabemos que comunidades redimidas habitan en zonas más elevadas de la Espiritualidad, a las que los obreros aplicados son conducidos periódicamente en un proceso de estímulo al esfuerzo personal.

 En las zonas vibratorias más ligadas a la Tierra se estacionan, temporalmente, almas todavía vinculadas a las sensaciones y problemas de la vida física, debido a que el peso específico de sus organizaciones periespirituales, por presentar cierta densidad, no les permite mayores ascensiones. (...)» (5)

 Como su nombre lo indica, esos mundos no tendrían la superficie física eternamente estéril; como todo evoluciona en el Universo, tanto ellos como los Espíritus están sometidos a la ley del progreso. «(...) Los Espíritus que se encuentran en esos mundos pueden abandonarlos, a fin de dirigirse a donde deban. Imaginaos que fueran como bandadas de aves que se posan en una isla, aguardando a que se recuperen sus fuerzas, para proseguir su destino.» (1)

 Concluimos diciendo que los mundos transitorios posiblemente forman parte de los cuerpos celestes diseminados en el Universo, pudiendo ser un planeta, un satélite o algo similar.

 En fin, las regiones espirituales, también denominadas zonas, colonias o esferas, corresponden a las colectividades de no encarnados existentes en los planos de los Espíritus, vinculadas a este o aquel planeta.

- Xavi- ( Espiritismo Estudios)-

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MUNDOS FELICES

Son mundos habitados por Espíritus que ya realizaron una gran parte de su evolución, y que viven entre ellos la armonía, de la fraternidad y del amor.

Síntesis Doctrinal Y Práctica Del Espiritismo
Léon Denis





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miércoles, 6 de junio de 2012

Espiritismo, Ciencia del Alma






En la Introducción de la Revista Espirita, inaugural, de enero de 1858, Allan Kardec escribió:
“Tal vez nos objeten la calificación de ciencia que damos al Espiritismo. Él no podría, sin duda, en algunos casos, tener los caracteres de una ciencia exacta, y ahí está, precisamente, el error de aquellos que pretenden juzgarlo y experimentarlo como un análisis químico, como un problema matemático: ya es mucho que tenga lo de una ciencia filosófica. Toda ciencia debe estar basada sobre hechos; pero sólo los hechos en sí no constituyen la ciencia; la  ciencia nace de la coordinación y de la deducción lógica de los hechos: es el conjunto de leyes que los rigen ¿El Espiritismo llegó al estado de ciencia? Si se trata de una ciencia perfecta, sin duda, sería prematuro responder afirmativamente; pero las observaciones son, desde hoy, bastante numerosas como para poder, por lo menos, deducir los principios generales, y es ahí donde comienza la ciencia”.
Siempre se cuestionó lo que Allan Kardec quería decir como “ciencia filosófica”. Por el desarrollo de la cultura se puede admitir, sin miedo a equivocarse, que “ciencia filosófica” es, en verdad, lo que se convino en llamar de “ciencias humanas”, ramas del conocimiento, de investigación dirigidas hacia la persona humana, con parámetros y métodos propios, paralelamente a las ciencias físicas, a las ciencias duras, exactas.
Por lo tanto al llamar el Espiritismo de Ciencia del Alma, proponiendo que sea configurado en las bases de una ciencia humana específica y especial, estamos acompañando el pensamiento del fundador del Espiritismo.
Entonces, el Espiritismo es una ciencia del alma, una ciencia humana cuyo objeto es explicar el ser humano como un alma, su estructura, su actuación y su evolución. Con ese carácter puede desarrollar un espíritu crítico y explorar la realidad esencial del ser humano dentro de la ley natural, de la naturalidad de los procesos evolutivos, a través de la reencarnación, como un alma atemporal, inmortal y en crecimiento.

Recibido a través del Canal de CEPA
Traducción: Pura Argelich

Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta

No hay que olvidar, que así como mucha ciencia conduce a Dios y poca nos aleja de él, lo mismo sucede con la creencia en la existencia del mundo espiritual: un conocimiento incompleto del fenomenismo espírita y de sus manifestaciones no convence a nadie, pero el estudio continuo con métodos adecuados lleva al convencimiento: la mayor parte de los sabios o simples estudiosos que han abrazado el Espiritismo, primero lo negaron; después, con poca ciencia, afirmaron los hechos pero negaron la teoría, y luego, al correr de los tiempos, con más ciencia y experiencia, aceptaron esta última.
La ciencia, la verdadera ciencia, no conduce al materialismo sino cuando es incipiente y carece de la madurez necesaria para llegar a las conclusiones espiritistas.
Tomado de la revista “Constancia”


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